Carmen Muñoz Manzano

Malpartida de Plasencia, 1906 - A Coruña, 2002

Biografía

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Carmen Muñoz Manzano

Malpartida de Plasencia, 1906 - A Coruña, 2002

Autoria: Rosario Portela Yáñez

DOI: 10.17075/adg.2718

Activista cultural nas dúas beiras do Atlántico

Carmen Muñoz Manzano, tamén coñecida polo seu pseudónimo "Beatriz Galindo", naceu en Malpartida de Plasencia en 1906, no seo dunha familia acomodada. Logo de realizar os seus estudos de Maxisterio, primeiro en Salamanca e logo en Madrid, aprobou as oposicións de Inspectora de Ensino Primario, con destino na súa terra, Cáceres. Alí, vai colaborar coas Misións Pedagóxicas, e grazas a isto ten ocasión de coñecer o que será o seu home, Rafael Dieste, “un home culto e delicado” con quen casa en Santander o 3 de setembro de 1934. Cando estalou a Guerra Civil, atopábase co seu home en Madrid; terá unha destacada actuación na defensa da Segunda República, tanto en labores pedagóxicas como en publicacións culturais. En febreiro de 1939 terán de saír de España: Rafael irá ao campo de concentración de Saint-Cyprien e ela, ferida, conseguirá chegar a París. Logo, compartirán 22 anos de azarosa vida no exilio (París, Bos Aires, Cambridge, Monterrey, Bos Aires…) até o seu retorno a España en 1961.

Instalados nun principio en Rianxo, en 1964 consegue reingresar no seu posto de inspectora de ensino, con destino na provincia da Coruña. Van residir entón entre Rianxo e A Coruña, onde mercan un piso. Xubílase en 1976 e a partir dese momento dedícase por completo á obra do seu home.

Culta e intelixente, posuidora dun castelán digno dun profesor da Institución Libre de Enseñanza, testamenteira da obra e a memoria do seu home, de quen será, ademais de amantísima esposa, arquiveira, copista e editora; o seu nome merece tamén un lugar na historia do exilio. Logo de coñecer a Rafael Dieste e de vivir sempre “pendiente de su marido, como una alumna enamorada” (en palabras de Juan Gil-Albert), estivo vivindo nos lindes da literatura, na que non chegou a entrar dun xeito definitivo porque se dedicou en corpo e alma á obra do seu home, e as súas tentativas creativas quedaron nalgúns escritos de divulgación e outros traballos por entregas baixo o pseudónimo “Beatriz Galindo”.

En Monterrey (México), impartiu clases no Instituto Tecnológico; e en Bos Aires traballou dende a casa para a editorial Atlántida, facendo revisións de libros e traducións, deu algunha conferencia (por exemplo, unha sobre Dulcinea) e tamén impartiu clases cubrindo interinidades. Pero Carmen Muñoz escribiu, ademais, centos de cartas; cartas magníficas que constitúen un interesantísimo documento histórico que reflicte a aventura humana e literaria de Carmen e Rafael Dieste, pero tamén as vicisitudes vitais dos seus destinatarios, tanto do seu círculo de amigos exiliados (Luís Seoane e Maruxa, Lorenzo Varela, Antonio Baltar e Mireya Dieste Fernández, Enrique Casal Chapí, Antonio Sánchez Barbudo, Arturo Serrano Plaja…) como dos amigos que van xurdindo no exilio (Gabriel Zaid, Esther de Cáceres, Federico Lachica, Isaac Díaz Pardo…).

En 1981, falece Rafael Dieste, que será enterrado no seu Rianxo natal. O 13 de abril de 2002 falece na Coruña Carmen Muñoz e, como culminación dunha vida en que estaba destinada a reunirse de novo con Rafael, será tamén enterrada en Rianxo, vila da que era filla adoptiva e na que se sentía en perfecta harmonía. Galega de adopción, Carmen Muñoz Manzano aquí quixo vivir e aquí quixo ser enterrada, voluntariamente.

Como citar: Portela Yáñez, Rosario : Carmen Muñoz Manzano. Recuperado o 05/04/2020 do Álbum de Galicia (Consello da Cultura Galega) http://consellodacultura.gal/album-de-galicia/detalle.php?persoa=2718 DOI: 10.17075/adg.2718]

Obra sobre Carmen Muñoz Manzano

VÁZQUEZ GUNDÍN, M.: «Homilía no enterro de Carmen Muñoz», Encrucillada, nº 128 (maio-xuño 2002), p.72
Fonte: exemplar da Biblioteca do CCG
AXEITOS, X.L., «Carmen Muñoz, «voluntaria» de Galicia», Boletín Galego de Literatura, nº 25 (2001), p.147-156
Fonte: http://dspace.usc.es/
AXEITOS, X.L., «Dos arquivos de Rafael Dieste: cartas de Otero Espasandín e Alicia Ortiz ós Dieste e a Carmen Muñoz», Boletín Galego de Literatura, nº 12, 1994, p. 115-122
Fonte: http://dspace.usc.es/
Poema de Lorenzo Varela dedicado a Carmen Muñoz (1960)
Fonte: Rafael Dieste (1889-1891). Unha Fotobiografía, Edicións Xerais de Galicia, 1995

Epístolas de

Aviso Listado automático de documentación relacionada con Carmen Muñoz Manzano nos fondos documentais en liña ofrecidos polo Consello da Cultura Galega.
Carta de Muñoz Manzano a Luís e Maruxa Seoane. 1962

Rianjo, 6 de noviembre, 1962

Muy queridos Maruja y Luis:

¿Cuántos meses van ya desde que recibimos vuestra última carta? ¿Cuántos, pues, aguantando las ganas de escribiros? ¿Y por qué, entonces, no lo hemos hecho? (Estoy usando el plural sin consultar con Rafael, pero creo que puedo usarlo). La única explicación verdadera en este caso –cosas accidentales aparte– es que se va aplazando el hacerlo por la esperanza de que habrá un momento propicio, en que se tendrá el humor adecuado y más claro lo que se quisiera decir. Pero resulta que en las actuales circunstancias, personales, nacionales, e internacionales, si se deja transcurrir más tiempo, lo único que se logra es que se acreciente la complejidad de lo que podría ser tema de comunicación o de comentario.
Así pues, hoy, abandonado todo propósito de cargar muchas cosas en el barquito de esta carta, voy a limitarme a que os lleve como carga fundamental la seguridad de nuestro –si es posible– acrecentado afecto, y después, al acaso, las noticias y comentarios que vayan viniendo, en el orden que se presenten...
Recuerdo que dije en Buenos Aires: “Estaremos, por lo menos, un año en España. Las impresiones de la primera temporada seguramente son demasiado optimistas; después debe haber una reacción, quizá demasiado pesimista, y hay que esperar un tiempo más para tener una opinión un poco equilibrada de cómo son ahora las gentes de España y cómo es la vida española”. Acerté aproximadamente en la valoración temporal de las dos primeras fases; pero no en la de la última. Resulta que no basta un año: parece que es necesaria la vida. Un extranjero puede entender las coas más pronto, quizá no en profundidad, pero sí en un esquema útil; pero yo, con mi pequeña cabeza, fracaso irremediablemente, porque el sentir –sobre todo ese sentir colectivo que rodea y envuelve y modifica el sentir personal– el sentir no me deja pensar. Aquí, en España, no puedo pensar sobre España. A veces me rebelo un poco de ser más pueblo de lo que realmente quisiera, por un instinto de regateo, de no hacer total e incondicional entrega de sí. Hemos pasado muchos años fuera; somos –queramos o no– extraños a muchas cosas; sentimos nosotros esa extrañeza y sentimos que, en cierta medida, la sienten los demás. Gustaría entonces –y no creo que por simple egoísmo– disfrutar de las cosas buenas: la maravilla de sentirse en el propio estupendo país, con su naturaleza, con sus gentes, y con las obras de los que nos precedieron; y también sufrir las aciagas: las muertes, naturales o por accidente, las desgracias en que no interviene el hombre como animal político. Pero, se quiera o no, hay que sentir también otras muchas cosas, que pertenecen a un tejido en que tienes que renunciar –para no ser injusto– a mantener tus fronteras entre bien y mal, y encomendarte a tu brújula intuitiva. La mía es muy fina, y así y todo –o quizá por eso– hay veces que oscila, como entre dos Nortes.
Bueno, no divaguemos. En una carta reciente –y después de varios meses de incomunicación desde que estuvieron aquí en febrero– nos pregunta Barbudo: “¿Seguís estando contento de haber vuelto a España? No le hemos contestado todavía, y no hemos hablado del asunto, pero la respuesta es: sí. Es decir, si ahora, después de haber vivido aquí, nos encontrásemos de nuevo en Buenos Aires –y aun descontando lo que haya empeorado la situación argentina desde entonces– volveríamos a hacer nuestros equipajes para venirnos a ser felices o desgraciados, según cuadre. Y conste que echamos mucho de menos Buenos Aires, y que nos encantaría ser ricos para poder ir de visita frecuente.
Desde luego, a los pocos meses de estar aquí (nosotros llegamos a Rianjo coincidiendo con una época de gran prosperidad) vimos claramente que Magdalena tenía, en general, mucha razón. Entre otros males, España, país de buenos artesanos, está decayendo en ese sentido rápidamente. De Rianjo es una sangría continua hacia Holanda, Alemaña, Bilbao. Excelentes artesanos se van de marineros, y cada vez se labran menos tierras y peor. De momento traen dinero, se hace su casita o arreglan la vieja y hay una prosperidad como de lotería; pero las tareas y oficios fundamentales desmejoran en cantidad y calidad de mes en mes. Nosotros, simplemente, no hemos podido conseguir en todo el verano que nos arreglen a fondo el tejado de la casa. Lo que se ve por aquí es una mezcla rarísima de prosperidad y pobreza, de progreso y de rutina, de capacidad personal y escaso rendimiento, de inteligencia y dispersión.
A los pocos meses de haber venido –todavía en luna de miel con el país y con las gentes– un episodio de orden particular y doméstico nos afectó de un modo que podría parecer desproporcionado (prueba de que para nosotros no era sólo particular y doméstico o no lo era superficialmente). Me refiero a la injustificada marcha del matrimonio que había estado al cuidado de Olegarita y de la casa; gentes a las que creíamos fundamentalmente buenas y fieles y a las que considerábamos como de familia. El desconcierto que nos produjo su comportamiento fue muy doloroso, porque venía a ser una especie de demostración de que se nos consideraba como intrusos: por mucho afecto y consideración que mostrásemos veníamos a ocupar un sitio que ya otros consideraban como suyo. Y esto que sucedía en la propia casa, se adivinaba entonces como amenazando en torno.
*
Han pasado unos días y he perdido la pista de lo que quería decir. Me parece que lo último lo había traído especialmente a cuento para explicar nuestra prolongada permanencia en Rianjo. Como tuve que encargarme de la casa y del cuidado de Olegarita, a quien de ninguna manera queríamos dejar en manos extrañas sin tantear primero hasta dar con alguien de plena confianza, tuvimos que quedarnos aquí en Rianjo, sin poner casa en Madrid. (Creo que lo intentaremos en enero, aunque nos intimida un poco la merma de nuestros ingresos por la baja del peso argentino). Esa ha sido también la causa de que no hayamos entrado en relación más frecuente y directa con el ambiente intelectual español. Hemos hecho una vida un poco retirada, que es a lo que tendemos si no hay especiales solicitaciones de fuera. En muchos aspectos, pues, no tenemos experiencia. ¿Es eso beneficioso o perjudicial? No sé. En otros tenemos una experiencia rica y honda, no fácilmente comunicable quizá, pero que no es pesimista.
Bueno, mejor es que salga esta carta tan aplazada otra vez. Ya Rafael os dice cuánto nos gustaron los hermosos libros de Unamuno y Lorca y cómo nos hemos alegrado del premio Palanza para Luis. También nos alegramos mucho –en otro origen de cosas– de las mejoras de Ranelagh. ¿Cómo os va en el nuevo y espacioso departamento?
Escribidnos. No os venguéis.

Saludos a todos los amigos, sin olvidar al ingeniero Díaz, aunque no nos visitó por segunda vez como había prometido. Para vosotros, con muchas felicitaciones, un fuerte abrazo de

Carmen

[Manuscrito:] Que se consideren nombrados todos los buenos amigos, pues a todos los tengo muy en el recuerdo.

Carta de Muñoz Manzano a Luís e Maruxa Seoane. 1962


El Castro, 19 noviembre 1962

Queridos Luis y Maruja:

Hemos pasado unos días en el Castro que, a pesar de haber coincidido con mal tiempo, nos parece un paraíso.
Nos vamos forzados por pequeños deberes que exigen fechas; si por gusto fuera, nos tendrían que echar. Aparte de Isaac y Mimina, los chicos son formidables: guapos, simpáticos, inocentes... y la casa y todo lo que compone el ambiente, resulta, como ya sabéis, agradabilísimo.
Y de nuevo, como siempre, tenemos que asombrarnos de que Isaac sigue yendo y viniendo a Magdalena. Eso sólo puede suceder por los extremos: o por avaricia o por generosidad. Siendo imposible en este caso el primero, queda el segundo, del que se beneficiarán muchas cosas, si no exagera hasta el extremo de transplantar a estos tres preciosos arbolillos...
En mi última carta, demasiado respetuosa para vuestras decisiones, no quise apremiaros para que os vinieseis. Pero creo que hice mal. Vuestro sitio está aquí. Alguna vez he oído la frase: “Luis tendría que volver a empezar” (lo cual no es cierto porque, para cualquier país, incluido el suyo, Luis tiene ya mucho camino andado). Pues que vuelva a empezar, si ésa es la condición. Le sobran amor a su tierra y capacidad de trabajo para ello. Esta es mi versión de las conversaciones que hemos tenido con Isaac y Mimina; mejor dicho, de las conclusiones a que he vuelto a llegar; a las mismas que llegó hace mucho tiempo.
Nada más, pues he de poner unas palabras a los demás amigos, si llega el tiempo.

Un gran abrazo

Carmen

Carta de Muñoz Manzano a Luís e Maruxa Seoane. 1963


Rianjo, 19 de febrero, 1963

Queridos Luis y Maruja:

Seguimos muy contentos con las noticias de vuestro próximo viaje. Ayer nos dice Esther en una carta que salía el 2 de marzo. Quisiéramos unas líneas vuestras diciéndonos si venís por mar y si hacéis alguna escala en España en vuestro viaje de ida a Suiza.
Además del gusto de saludaros, tendríamos un pequeño encargo que haceros: Gabriel nos trajo de regalo un termómetro-barómetro-higrómetro, comprado en Ginebra, y no funciona bien. Escribimos a la casa y no hay otra manera que llevarlo por mano para evitar los gastos y enojos de aduana. Es una cajita de 19x8x5 centímetros, que no os molestaría mucho si está en vuestros planes hacer escala en Vigo.
Esther ha sentido que no vaya la solapa de Rafael en su libro. Ayer nos mandó una carta del señor Vázquez, de Ed. Losada, en que éste le aconseja no cambiar la tapa por diversas razones, todas de buen sentido. Las cosas se pusieron así, ¡qué se le va a hacer! Esther está muy agradecida a Luis por su viñeta y por la ayuda en la edición. Gracias también por nuestra parte.
Adjunto una carta para Citania, pidiendo unos ejemplares del libro de Rafael. No sé la dirección. Acaso podéis llamar por teléfono, para que los envíen.
Hemos estado preocupados con Olegarita, que tuvo un gran trastorno de origen hepático. Ahora está ya mejor, y esperamos que pronto pueda recobrarse.
Está lloviendo furiosamente –ahora siempre llueve furiosamente–; pero al parecer Galicia es el edén comparada con otras regiones. Todos estos días la radio y la televisión no dan sino desastres en Córdoba y Granada.

Perdonad tantas molestias. Saludos a los amigos y para vosotros un abrazo de Rafael y

Carmen

Carta de Muñoz Manzano a Luís e Maruxa Seoane. 1972


La Coruña, 28 de diciembre de 1972

Queridos Luis y Maruja:

La feliz noticia que me ha dado Mimina de que salís el día 2 de Buenos Aires me ha ocasionado un sobresalto y me han hecho subir el rubor a las mejillas.
¿Cómo dar alas a esta carta para que lleguen antes de vuestra salida? Me temo que no sean bastante rápidas las del avión y, así, la encomiendo a San Cristobal, patrón de los viajes, y a Santa Rita, abogada de imposibles.
No quisiera que os pusierais en camino hacia España con la más leve duda sobre nuestro largo silencio, cuando habéis estado tan presentes en nuestro recuerdo, en nuestras conversaciones, en nuestras esperanzas.
Supimos por Mimina de los malos ratos de Maruja –colgada–, y de que ha superado, como era de esperar, la dura prueba. (De Maruja se esperaba naturalmente que lo supere todo). Supimos de la exposición y de los repetidos y merecidos éxitos de Luis; y hemos recibido esas gentiles muestras de amistad: los dibujos de Rafael y Eladio en La Voz de Galicia, con sus elogiosos artículos, el envío de las Crónicas Marcianas –que he vuelto a leer con interés, aunque las había pedido para Fermín– y El hombre iluminado, y del mismo autor, que no conocía.
Hace pocos días, nos ha llegado A maior abondamento, conmovedor y apasionado libro, precioso en todos sentidos. Y hoy el hermosísimo Intentando golpear ideas, que nos ha entregado la pareja Marijke y Ramón Temes, a los que hemos estado a ver al H. Atlántico.
Ha sido un año muy complicado. Mucha parte en nuestro silencio ha tenido La saga de los Díaz Pardo, tremendísima, desconcertante, desesperante, tiernísima. No era posible contarla ni había modo de resumirla. La sufríamos. Ahora las cosas están muy encaminadas. “Después de la tempestad viene la calma”, se dice. Y parece que estamos ya en la calma o cerca de ella.
Nos entristecieron mucho las desgracias familiares: la muerte de Eladio Dieste –el hermano mayor después de Enrique– y de mi hermano Nazario, también magnífica persona.
Rafael refundió el nuevo libro que iba a entregar a Seminarios y Estudios –lo han terminado hace unos días– que es, al parecer, el último del ciclo filosófico-matemático, y que termina muy felizmente sus investigaciones.
Yo he tenido más trabajo del que puedo desempeñar: en la Inspección, en casa, y quizá no tantas fuerzas como antes. Con todo, me siento animosa.
Como podréis suponer, toda la conversación con los Temes ha girado en torno a vosotros. Os tienen a los dos gran admiración.
Así que nos hemos entendido muy bien. –Por ellos sabemos que Maruja manejará en breve su 124, por favor, no desde Madrid en este tiempo. Que empiece por estas rutas, más familiares y de temperatura más benigna. ¡Bravo por Maruja!
Y el caso es que no tengo más tiempo de escribiros porque quiero que salga ésta.
Queden presentes estas verdades:
Nuestro silencio ha estado lleno, a partes iguales, de vuestro recuerdo y de amistosos remordimientos.
Hemos agradecido profundamente vuestros signos de amistad. Estamos contentísimos de que vengáis.
Dad un abrazo en nuestro nombre, al despediros, a los buenos amigos: Marika y Varela, Baudi, los Scheimberg, etc. Un etcétera que vosotros sabéis llena.
Saludos de Mireya, que estos días está en cama con gripe, complicada de sinusitis. Ya va mejor.

Muy feliz Año Nuevo, y feliz viaje. Con un abrazo de

Carmen

Carta de Muñoz Manzano e Dieste a Luís e Maruxa Seoane. 1974


La Coruña, 7 de enero, 1974

Queridos Luis y Maruja:

Al volver La Coruña, después del proyectado viaje por tierras de Carmen, nos encontramos con dos cartas vuestras, una de ella –abierta por inadvertencia– destinada a Mireya y que hoy mismo será reexpedida a Buenos Aires, aun cuando suponemos que habréis tenido ya varias ocasiones de veros y de hablar ampliamente. La destinada a nosotros, de Maruja en nombre de los dos, no puede ser más encantadora y fortificadora. Si hay un gran ejemplo de amistad clara, honda, sencilla, buena en toda ocasión y por todos los costados, para nosotros es la vuestra. Falta nos hace, en medio de tanta aridez y tanto enredo. Gracias, Maruja, por tu precioso testimonio.
Nos detuvimos una noche en Rianxo. Allí Carmen Iglesias nos dijo que Mimina, en nuestra ausencia, había telefoneado desde Cervo para darnos noticia del fallecimiento de la madre de Luis, y ahora Carmen acaba de comunicarse con Mimina, para concretar más las circunstancias. Nos dijo todo lo que, según ella, ya sabéis: y respecto a nosotros, lo que suponíamos: añadido a vuestro dolor el gran pesar de no haber estado presentes, haciendo tan poco tiempo que os habíais ido. Pero habríais tenido que ser adivino. Os entendemos bien y nos imaginamos vuestro desconcierto. Tenemos muy presente a tu madre, Luis, con la parte de afecto que nos corresponde. Ni de lejos podría asemejarse al vuestro, pero es auténtico, firme, verdadero –como lo era ella misma.
Por la conversación telefónica de Mimina, nos enteramos de la muerte del tan querido y admirado Scheimberg. (Escribiremos enseguida a Aída).
En el vistazo que di a la carta destinada a Mireya, registré al vuelo los pasajes que se refieren a nosotros en relación con Buenos Aires. (Noticias transmitidas también a Carmen por Mimina).
Sentimos la recaída de Luis por efecto del calor. Por suerte, tenéis ahí muy buenos médicos, aparte de la casa espaciosa y refrigerada... Suponemos que es cosa accidental, aunque un tanto cargante para cualquier paciencia. Resulta ocioso aconsejársela a Luis, no porque tenga mucha, sino porque seguramente está ya haciendo uso de toda la disponible.
Por aquí, las cosas están un poco oscuras o, más bien, nebulosas. No es posible hacer pronósticos, ni siquiera aproximado, para el 74. De todos modos, ha habido hasta ahora bastante merma y quizá siga. Ya iremos viendo. Por si vale de ensalmo, digamos como siempre: Feliz Año Nuevo! Debo terminar. Para los dos un fuerte abrazo de

Rafael y Carmen

Carta de Dieste e Muñoz Manzano a Luís e Maruxa Seoane. 1976

Rianjo, 7 de julio de 1976

Queridos Maruja y Luis:

Gracias por vuestra carta del 29 de junio, que nos llegó hace pocos días. En realidad, éramos nosotros los que estábamos más en falta, pues ni os felicitamos el Año Nuevo. Pero, en fin, no es cuestión de faltas entre nosotros, ni de dudas que interese la comunicación, que se sabe deseada por ambas partes. Se trata más bien de una dificultad que se produce a veces por querer dar el cauce adecuado a lo que se quisiera decir sin las limitaciones que imponen las circunstancias. Pero cuando se vence ese momento, se alegra a la otra parte y uno mismo se siente más ligero.
En este tiempo transcurrido desde que os fuisteis, os hemos acompañado a distancia y estamos ya deseando teneros cerca. Yo creo, nosotros creemos, que debéis ir pensando en regresar definitivamente a España o, al menos, en vivir aquí la mayor parte del tiempo. Debe terminar ese distanciamiento de personas valiosas, cuando hay aquí tanto que hacer y parecen estar mejorando las posibilidades de hacerlo.
Recibimos el hermoso Insectario, que ya habíamos disfrutado y comentado en los originales. Es estupenda, además, la edición en conjunto. No se consuela uno de que sigamos perdiendo en España –y sobre todo en Galicia– las posibilidades de tu importantísima colaboración por dificultades que nos parecen superables. Esto en cuanto a la posible editorial, pero hay además el Museo, las artes populares y todo lo que comprendido en el esquema del Laboratorio de Formas. Que no se haya hecho hasta ahora, no significa que no pueda hacerse en adelante. Las cosas requieren sus plazos y nunca es tarde cuando la dicha es buena, dice el refrán. Y esa dicha es buenísima, en cualquiera de sus modalidades.
Hemos mandado nuestros saludos a Cuadrado, pero no le hemos visto todavía. Por diversas circunstancias, no nos resultará fácil por esos días ir a Vigo y a Santiago. Por otra parte, hacía un calor tremendo, impropio de Galicia. Pero ya procuraremos verle, naturalmente. Tampoco hemos visto a Varela, aunque hemos hablado con él por teléfono.
Como no me es posible escribir hoy la extensión deseada, me tomo la libertad de enviaros copias de cartas escritas a Antonio Dieste I y II, así como a Gabriel, para enteraros de lo que ya conocéis por otras fuentes, pero que acaso os den nuevas perspectivas.

Rafael completará estas líneas con otras suyas. Un gran abrazo para los dos de

Carmen

[Escrito por Rafael Dieste:] Queridos Luis y Maruja: Carmen desea que esta carta, con todo su acompañamiento, alcance el correo de hoy, y me parece muy bien. Faltan unos minutos. ¡Qué lástima no poder llamaros por teléfono a la Torre Coruña! Pasaríamos una tarde feliz, pese a todos los embrollos del mundo, que cuando no se pone bárbaro, se pone anfibológico. Me sumo a las exhortaciones de Carmen, pero teniendo claro que me mueva ante todo el deseo de vuestra cercanía. Debo decirte que a Claudio le gustó el Insectario. No cabe más. Abrazos,

Rafael

[Manuscrito por Carmen Dieste na marxe esquerda:] Muy afectuosos saludos a todos los buenos amigos que mencionas.

Carta de Dieste e Muñoz Manzano a Seoane. 1976


Rianjo, 7 de septiembre de 1976

Querida Maruja:

Hace unos días nos sorprendió ver en La Voz de Galicia la nota necrológica sobre tu hermano Emilio. No sabíamos que estuviese enfermo, así que nos tomó completamente de improviso. Desde entonces os estamos recordando especialmente, pues sabemos por experiencia lo que desconcierta la noticia del fallecimiento de una persona querida cuando se está lejos, sin poder acompañar a los demás familiares, y sin sentirse acompañado por ellos. Aunque de lejos, hemos compartido hondamente vuestro sentimiento.
Te mando también los elogiosos recortes de prensa, en que se le trata con un gran respeto y simpatía, y esto no sólo por su influjo, sino por sus excelentes cualidades personales.
Me vi en dificultades para mandar el pésame a tu cuñada, porque recordaba perfectamente su fina y agradable presencia, pero no su nombre. Pero no quise esperar a más información desde aquí, y le escribí de todos modos.
Justamente, acabamos de llegar de La Coruña, donde habíamos estado una semana, con motivo de asistir Rafael a la reunión anual del Patronato del Museo Carlos Maside y subsiguiente comida en Sada, donde vimos a todos los amigos menos a García Sabell, que había ido a un congreso. Álvaro Gil está mal, pero me parece mejorado con relación a la última vez que le habíamos visto. Antonia, bien, un poco menos alegre que otras veces. No pudo asistir Dónega a la comida porque estaba gravísima la cuñada de Fernanda, que falleció. Asistieron también Marika y Varela, a los que hemos visto con alguna frecuencia mientras hemos estado en La Coruña. Marika tuvo un incidente de salud, pero ahora se encuentra muy recobrada. Estuvimos comiendo con ellos y Fermín y Jenny en la Casa del Mar, y el día que nos vinimos a Rianjo habían ido con Isaac y Mimina a Sargadelos. Eso es un indicio de mejoría porque antes no se habían animado a hacer ese viaje; no sólo eso, ni siquiera a ir a nuestra casa.
Rafael escribió días pasados a Frontini. Por ahora estamos descansando y dejando correr el verano, que ya va tocando a su fin. Habíamos quedado un poco maltrechos de la temporada anterior. (Suponemos en vuestro poder una carta y varias fotocopias que la acompañaban).
Os recordamos mucho, y deseamos que anticipen lo posible vuestro regreso.

Un gran abrazo para los dos

Carmen y Rafael

Saludos a los buenos amigos

Carta de Muñoz Manzano e Dieste a Luís e Maruxa Seoane. 1978

La Coruña, 18 de noviembre, 1978

Queridos Luis y Maruja:

Anteayer hemos recibido la carta de Maruja, que hemos leído con gran interés y emoción. Dice Maruja que no sabe quién debía carta, y me parece que somos nosotros, pues aunque Rafael me dice que habíamos enviado como carta a García-Sabell, no deja esto de ser sólo un sofisma. Lo cierto es que desde la venida de Domingo, que nos anunció que nos traía el cuadro, estábamos pendientes de deciros que llegó... y no ha llegado todavía a nuestras manos.
Hemos estado sin atrevernos a preguntar y sin ver apenas a Domingo a causa de numerosos viajes: a Madrid, a Francia, a no sé qué otros sitios, hasta que hace unos días nos dijo que le había llegado por fin el cuadro y que nos lo entregaría la semana próxima –que es ésta–, pero no podrá ser, porque ha salido con los Reyes, acompañándolos, con otros invitados especiales, en su viaje a América. Según nos dijo, había perdido la pista del cuadro durante varias semanas y no se atrevía a vernos hasta que por fin llegó a su poder con toda normalidad. Estamos deseando verlo, y muy seguros de que nos ha de seguir gustando mucho, no sólo por todo lo que hay detrás de su motivación –para nosotros entrañable–, sino por el cuadro mismo que creemos recordar perfectamente.
En este largo tiempo, ha habido muchos días iguales, sin mayores acontecimientos, con un poco de impaciencia por mi parte de promover nuevas ediciones de los libros de Rafael. Pero últimamente parece que hay, en efecto, algún movimiento. Rafael se decidió a reunir en un volumen los artículos en gallego de su primera etapa de Vigo en Galicia y principalmente en El Pueblo Gallego, que son muy bonitos y en gran parte muy actuales.
Estábamos metidos en la labor de recolección y corrección, cuando se presentaron –después de varios meses de prometerlo y cuando ya dudábamos de que hiciesen el viaje– Gabriel Zaid y su mujer, Bárbara (o Basia) Batorska, polaca de nacimiento, pintora y persona muy agradable en todos sentidos. Después de pasar pocos días en La Coruña y Rianjo, nos invitaron a ir con ellos a Barcelona y Madrid, elegidos estos sitios porque Gabriel deseaba obligar a Rafael a hacer algunos contactos editoriales. Estuvimos una semana en Barcelona (entre trabajo y turismo), fuimos un día a Valencia a ver a Gil-Albert (que está notablemente disminuido físicamente, pero muy bien en general) y ocho días en Madrid, contando sus cercanías. Disfrutamos verdaderamente del viaje, y en todo momento nos hemos sentido queridos, tutelados, admirados y hasta mimados; con la más espontánea reciprocidad de nuestra parte, por el lado afectivo, dada la maravillosa calidad cordial y espiritual de estas personas.
En efecto, se hicieron algunos contactos editoriales y es de suponer que algo va a salir, aunque estamos todavía en la primera etapa de propuestas y currículums (currícula).
Por otra parte, Estelle Irizarry terminó y tiene ya aprobado su libro para la Editorial Twaine, en inglés, y se ha decidido a emprender otro en español –a entregar en agosto– que, en principio, editaría El Castro. También va a hacer la edición anotada del Félix Muriel para colección Letras Hispánicas de Ediciones Cátedra de Madrid. Es admirable la devoción con que se ha embarcado en el estudio crítico de la obra de Rafael.
De salud estamos muy bien, gracias a Dios. Rafael debe tener hecho un trato particular y oculto con el tiempo, para que se deslice sin tocarle. Y yo, en el afán de no dejarle a solas con tantos papeles sin ordenar debidamente, no tengo otro remedio que defenderme lo mejor que puedo.
Se ve que Luis superó, en efecto, los pequeños achaques de salud, pues un libro de 72 grabados y cinco exposiciones, ya es algo para competir consigo mismo –no sé a quien le pondría comparar– en las mejores épocas.
En algún momento, nos desconsoló mucho el rumor de que os quedabais definitivamente en la Argentina; no obstante, nunca acabamos de creerlo del todo y, en efecto, hace ya tiempo que tenemos la noticia contraria, ahora confirmada por ti.
Quisiéramos, sin embargo, que en febrero hicieseis ya la movida definitiva, sin otro viaje posterior. Pero desde fuera no podemos pretender ver las cosas en su realidad. Ciertamente asusta el trabajo que tenéis que hacer, ¿no será mejor hacerlo ya, luego, luego? –como dicen creo que en México. Tú me responderás, Maruja, que la detención temporal del cuadro es un ejemplo de que hay que preparar bien las gestiones, pero con un ligero retraso, ha llegado. En fin, vosotros sabéis mejor, si es que lo sabéis, pues es natural que tengáis muchas dudas. Es que también me parece mucho desgaste preparar dos viajes internacionales más. En fin, probablemente estoy argumentando movida, inconscientemente, por nuestro deseo de teneros aquí.
Ya deseamos que vengan José Luis y María Elena para que nos cuenten cosas de vosotros, que ahora me doy cuenta de que si cumplieron el calendario previsto, habrán llegado o estarán a punto de llegar.
A Varela y Marika los vimos en Madrid, en casa de Carlos Gurméndez (donde, naturalmente, os recordamos). No diré que pueda daros buenas noticias; Marika está como más parada; habla muy poco y tiene como que concentrarse varios minutos para terciar en la conversación con alguna pequeña frase de aclaración o comentario, que era –eso sí– siempre oportuna. Varela está más grueso, con más barba y se mostraba con ese humor que adopta, entre bromas y veras, para defender su intimidad, sin dar pie a que se le hagan preguntas. Dan la idea como de vivir en transitoriedad indefinida. En cuanto a su peligro, la bebida, tenemos más bien la impresión de que se ha moderado. Aun cuando allí tomó unos cuantos wiskies, no pasaron de lo que puede ser casi normal en una reunión prolongada. Nos dijo Isaac que, según Paz Andrade, tienen en el puerto de Vigo unos cuantos contenedores con muebles y efectos traídos por Marika, lo que supone unos gastos muy crecidos. En fin, si se supiese que tienen para vivir de rentas, sería muy tranquilizador, pues –según dijo también Isaac– Varela rehuye hablar de proyectos de trabajo.
Mireya está también en transitoriedad indefinida, si bien más normal, tranquila y acompañada, en Rianxo. Allí se pasa el tiempo, con ligeras excursiones a Padrón, a casa de Isabel Baltar, o a La Coruña cuando tiene que hacer alguna gestión. Alude, de tarde en tarde, a que dentro de unos meses volverá a América. Yo no le pregunto para que no lo tome como presión. En general, está bien.
El nuevo edificio del Castro y la instalación provisional del Museo Carlos Maside quedó muy bien, según os habrán ya dicho José Luis y María Elena. Isaac y Mimina, como suelen, cada uno en su normalidad. La familia y los asuntos prosperan.
A Dónega le absorbe su cargo, le vemos muy poco. Fernanda ha estado con unas arritmias de corazón un poco inquietantes, per se siente mejorada, aunque no hayan desaparecido. Quizá se esforzó mucho la primera temporada de ser Marino conselleiro, llevándole casi diariamente a Santiago. Ahora, en general, va en tren.
Fermín y Jenny, siempre los mismos, son realmente casi las únicas personas con quienes tenemos algún esparcimiento. Fermín terminó su Diccionario Castellano-Gallego, que pronto irá a la imprenta.
En cuanto a la situación política, todo es muy cuesta arriba, a pesar de la buena voluntad de la inmensa mayoría. El terrorismo de izquierdas y derechas no ceja en sus propósitos de desestabilizar todo lo que se ha conseguido, que no es tan poco, si se afirmase y se pudiese continuar en paz. En fin, tenéis que venir a contribuir a arreglarlo.
Os recordamos siempre con todo nuestro ya antiguo cariño y admiración. Nuestros saludos a los Baudizzone, Frontini, Aída, los Sofowich, los Burd y los que por ahí queden de amigos.

Un gran abrazo de,

Carmen y Rafael

Carta de Dieste e Muñoz Manzano a Luís e Maruxa Seoane. 1979


Plasencia, 2 de enero, 1979

Queridos Maruja y Luis:

Al ponerse a dictar estas líneas a Carmen, me doy cuenta de toda la importancia y variedad de emociones que tendría que comunicaros y de lo difícil de afrontar esa variedad sin que lo más penoso le deje a uno sin ánimo para hacer adecuada mención de lo más conformante o positivo. Comprenderéis, pues, muy bien que apenas pueda hacer otra cosa que una sencilla enumeración de sorpresas, afectos, desolaciones y esperanzas, todo ello sin mucha ilación ni el detenimiento que sería necesario.
Del fallecimiento de Lorenzo apenas puedo deciros nada que no sepáis, por íntimo que sea. Lo habíamos visto en Madrid muy poco antes en la casa de los Gurméndez y en compañía de Gabriel y Basia, su mujer. Estaba muy sereno y de un humor directo, cordial y expansivos. El diálogo destellaba graciosamente por todos sus ángulos y no había en él nada de lo que ahora pudiera parecernos un presagio. Así, aun contando con su deficiente disciplina en lo tocante a la salud, la noticia de su fallecimiento, que nos comunicó Isaac por teléfono desde Sargadelos, fue para nosotros una total sorpresa. Mimina e Isaac vinieron enseguida a La Coruña y con ellos tomamos el mismo avión para Madrid. Como el fallecimiento se había producido en la ambulancia que le llevaba a la clínica, se alargaron los trámites y no pudimos ver a Lorenzo hasta dos días después, en la capilla ardiente del Instituto Anatómico Forense. Su rostro tenía gran sosiego, en el que dominaba su profunda inocencia y el sentido reverencial que tuvo siempre para el misterio humano de la vida y la muerte.
Apenas hace falta ponderaros, tratándose de vosotros, la trascendencia que ha tenido para mí, y creo que en igual grado para Carmen, la desaparición de Lorenzo, presente siempre en nuestra imaginación no sólo como amigo, sino como alentador de nuestros mejores planes y trabajos. Con pocas o muy superficiales enmiendas en su régimen de vida y, sobre todo, con un decidido retorno a Galicia, habría tenido un importantísimo papel en esta nueva etapa de nuestra tierra. Pero estas cuentas no entran en el sentir más hondo, que es el de la amistad, y el más desconcertado. Valentín Paz Andrade me dijo que os había escrito.
Os escribimos desde Plasencia, a donde hemos venido, como de costumbre, a despedir el año viejo en compañía de Vicenta y de los familiares extremeños –jóvenes y niños– que en estos días la rodean. (Anoche estuvimos en casa de Rosa Mary y vimos el cuadro de Luis, que lucía como una joya, enmarcado en la casa que él mismo nos recomendara).
En vísperas del viaje, nos llegó el libro de grabados de Luis, especie de Summa gráfica de su visión de Galicia y, al mismo tiempo, del amplio repertorio de recursos que han ido caracterizando, dando fisionomía peculiar a sus dominios en el arte del grabado. Naturalmente, a esto se une la poesía de los temas, pero consustanciada con los grabados mismos. Quizá sin proponérselo, el índice tiene todas las virtudes de una evocación literaria.
No muchos antes, Domingo nos había hecho entrega del cuadro prometido. Es tal como lo recordábamos, y al mismo tiempo modernísimo o, si queréis, de un encanto perenne, ajeno al pulso de las fechas. ¡No pasan siglos por él! De todos modos, para nosotros evoca el momento en que surgió de la manos de Luis y, como es obvio, de su espíritu, momento que podríamos calificar de milagroso recordando el frescor e intensidad con que unos cuantos (incluido Lorenzo) nos sentíamos vivificados en nuestros pensamientos e imaginaciones por el común recuerdo de Galicia. Es curioso que al desarrollarlo brotaron una tras otra dos exclamaciones que rara vez pueden ir juntas: “¡Formidable”... y enseguida: “¡Encantador!”
Nos alegró mucho la noticia de vuestra venida que si es, como decís y nos confirmaron José Luis y María Elena, en febrero, podemos ya llamar cercana. La alegría se relaciona ante todo con nosotros mismos, con nuestro régimen de vida, que será más grata y sociable cuando estéis en Torre Coruña; pero también con lo que pueda afectar a Galicia y a la obra y posibles iniciativas de Luis. Todavía no podemos anticipar cuál será en conjunto la imagen de Galicia, lo mismo en el orden práctico que en el cultural –que es también práctico– en la etapa que se avecina. Hay nombres nuevos para nosotros, al parecer de buenas gentes, pero en los que no se puede por ahora fundar presagios claros, esperanzas concretas. Los hay también de alta y manifiesta calidad, pero se da el fenómeno curioso de que la situación presente, en cierto modo prologal, en lugar de suscitar la deliberación conjunta, sobre muchas cosas, ha producido una cierta dispersión o, en todo caso, multitud de juntas, técnicamente necesarias –supongo– y, al lado de eso, una gran escasez de diálogo entre las personas que nos consideramos afines. Vuestra venida contribuirá mucho a corregir este desequilibrio. Pese a todas las anfibologías, el espíritu constructivo y la voluntad de concordia siguen siendo las notas dominantes en la España actual. Creemos, pues, poder anticiparos que os encontraréis a gusto, y que no es pura fórmula, de esta vez, la tradicional salutación... ¡Feliz Año Nuevo!

Con la esperanza de que así resulte, os envían un fuerte abrazo

Rafael y Carmen

Bibliografía

- MUÑOZ MANZANO, C.: Epistolario, (ed. de X.L. Axeitos & R. Portela Yáñez), Sada, Ediciós do Castro, 2005, (Biblioteca del Exilio, VII)
- AXEITOS, X.L. (coord.): Rafael Dieste (1889-1891). Unha Fotobiografía, Vigo, Edicións Xerais de Galicia, 1995.