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Historia

El gallego hoy

Susana Seivane pertenece a una nueva generación de artistas que emplea la lengua gallega en los medios de masas. Foto: María X.

Desde la muerte de Franco, los avances para la situación del gallego, sobre todo en lo que hace referencia a su estatus legal y a su promoción, avanzó notablemente. Fue desarrollado un cuerpo legislativo que parte de la Constitución y del Estatuto de Autonomía de Galicia, posibilitando que el gallego hoy sea lengua cooficial en Galicia junto con el castellano, que haya una enseñanza obligatoria desarrollada en parte en gallego o que haya una televisión y una radio que emitan íntegramente en gallego. Con todo, todas estas mejoras no se acompañaron de lo que de verdad importa, un incremento en el uso oral de la lengua.

Sumario

1. El marco legal

Con la llegada de la democracia se produce un reconocimiento oficial del gallego. La Constitución española de 1978 abre la puerta para el reconocimiento de las otras lenguas españolas. En el Estatuto de Autonomía de Galicia de 1981 (art. 5) se declara el gallego lengua cooficial y “propia” de Galicia y se reservan para las instituciones autónomas (Xunta y Parlamento) las competencias plenas en el proceso de normalización del idioma gallego.

En el Estatuto de Autonomía de Galicia de 1981 se declara el gallego lengua cooficial y “propia” de Galicia y se reservan para las instituciones autónomas las competencias plenas en el proceso de normalización.
Así, se establece que los poderes públicos de Galicia garantizarán el uso normal y oficial de los dos idiomas y potenciarán el uso del gallego en todos los planos de la vida pública, cultural e informativa, y dispondrán los medios necesarios para facilitar su conocimiento.

Además de los citados, el texto legal más relevante en materia de idioma es la Lei de normalización lingüística (1983) del Parlamento de Galicia. Según esta ley, nadie podrá ser discriminado por razón de lengua, estableciendo que el gallego es la lengua oficial de las instituciones autónomas, de su administración, de la Administración local y de las entidades públicas dependientes de la comunidad autónoma. Por otra parte, los poderes públicos se ven obligados a promover el uso normal de la lengua gallega en sus relaciones con los ciudadanos. En concreto, la Xunta está obligada a adoptar las medidas necesarias para asegurar la progresiva normalización del uso del gallego en su ámbito de actuación, incluidas las corporaciones locales.

En conjunto, se trata de una ley bastante ambiciosa para las circunstancias en que fue aprobada, que posibilitó avances incuestionables y que abría posibilidades que no fueron agotadas. El tiempo reveló que las dificultades para el avance de uso del gallego no provenían de ésta, sino de la persistencia de arraigadas y paralizantes inercias en sectores importantes de la sociedad gallega que los poderes públicos no siempre supieron vencer. Desde la reciente oficialización del gallego hasta nuestros días, la situación evolucionó de forma lenta y desigual.

En teoría, en el acceso a la función pública y en la promoción dentro de la carrera, el conocimiento del gallego debería, como mínimo, contar como mérito y, en algunos casos, ser requisito indispensable; pese a esto, a día de hoy, la Administración no está plenamente galleguizada. En la Administración de justicia y en la Administración periférica del Estado se produjeron escasos avances. La Administración autónoma presenta un balance más satisfactorio.

De los trece periódicos que hay actualmente en Galicia, sólo uno está íntegramente en gallego.
El Parlamento de Galicia probablemente sea la institución de su rango más galleguizada del país, pero su relevancia administrativa es escasa. En los ayuntamientos se han producido los avances probablemente más importantes, jugando un papel relevante los servicios de normalización lingüística (también denominados departamentos de lengua gallega), que proliferaron de un modo bastante irregular a partir de 1990. Organismos públicos, como los de salud, y empresas y fundaciones públicas o semipúblicas ofrecen un panorama, en general, insatisfactorio.

2. El sistema educativo

En Galicia, los niños tienen derecho a recibir la primera etapa de enseñanza en su lengua materna y se obliga a las autoridades educativas a arbitrar “las medidas encaminadas a promover el uso progresivo del gallego en la enseñanza", estableciéndose como objetivo mínimo que “al finalizar los dos ciclos en que la enseñanza de gallego es obligatoria los alumnos conozcan el gallego en los niveles oral y escrito, en igualdad con el castellano”.

Desde principios de la década de los ochenta se ha emprendido un intenso trabajo de reciclaje lingüístico en gallego de profesores de los niveles primario y medio, mediante cursos de lengua y literatura gallegas a los que a lo largo de la década asistieron una buena parte de los profesores en ejercicio. Desde comienzos de los noventa se adoptan previsiones para la creación de equipos de normalización lingüística y la elaboración de planes de normalización en los centros de enseñanza, y se establecen líneas de ayuda para la promoción de actividades de fomento del gallego.

En general, puede decirse que a día de hoy se ha logrado delimitar y centrar las diferentes iniciativas en torno a los que se consideran como los dos objetivos principales de este ámbito: convertir el gallego en lengua vehicular del sistema educativo y lograr que el alumnado obtenga una competencia lingüística plena en las dos lenguas oficiales (gallego y castellano) al finalizar la enseñanza obligatoria. A pesar de los incuestionables logros -desiguales dependiendo del nivel educativo-, queda todavía mucho camino por recorrer para que estos objetivos realmente se consigan.

3. Los medios de comunicación y las industrias culturales

De los trece periódicos que hay actualmente en Galicia, sólo uno está íntegramente en gallego (Galicia Hoxe). En los demás, el idioma no está totalmente ausente, aunque sí arrinconado en la información cultural y en las columnas de colaboradores. En la prensa no diaria, destaca un semanario de información general (A Nosa Terra), que sale regularmente desde hace más de veinte años, y un mensual de información y debate (Tempos Novos). Con una difusión más restringida, hay que señalar los trimestrales Grial (de gran tradición), Encrucillada, A Trabe de Ouro y Agália. Además, comienzan a abrirse paso publicaciones especializadas, de variada periodicidad.

La edición de libros en gallego se incrementó de forma muy notable en el período que estamos describiendo, pasando de 187 títulos editados en gallego en 1980 a 1.826 en el 2005.

En lo que atañe a la televisión, en 1985 se creó la Compañía de Radio-Televisión de Galicia, de titularidad autonómica; y, a partir de ahí, comenzó a emitir la televisión gallega, básicamente en gallego, con una notable audiencia y algunos éxitos destacables.

La emisora de radio que muestra un mayor comporomiso con el uso y promoción del idioma gallego es la Radio Galega, cuya titularidad es pública.

La edición de libros en gallego ha aumentado considerablemente en el período que estamos describiendo, pasando de 187 títulos editados en gallego en 1980 a 1.826 en 2005. Con todo, hay que mencionar algunos problemas, como la abrumadora presencia de la edición institucional, la excesiva atomización de las empresas editoras gallegas y la peligrosa dependencia del mercado escolar.

En cuanto a la producción musical, hay que señalar la renovada fuerza de la música “de raíces”, lo que en nuestro caso quiere decir de inspiración (más o menos vaga) popular-tradicional, o bien sencillamente “celta”; y la apropiación desde la experiencia gallega de la música popular internacional contemporánea, esto es, el pop-rock.