Fundación Luís Seoane

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La Coruña, 14 de abril de 1970

Queridos Emma y Rafael:

Llegamos el domingo de Madrid. Mañana, 15, se clausura la exposición que tiene mucho éxito de público y de crítica a pesar de la galería, una galería dirigida por gente buena, pero inexperta. La crítica resultó inusitada. Me dedicaron, en general, mucho espacio en los diarios con grandes elogios a mi pintura. Por televisión, fuera de lo acostumbrado, se ocuparon de la exposición durante un cuarto de hora aproximadamente, señalándola como una de las más importantes celebradas últimamente en Madrid. Vendí hasta ahora cinco cuadros y estoy muy contento de haberla hecho. También entregué las ilustraciones del Martín Fierro, me parece que resultan más criollas que las pensaba. Se trata de más de cincuenta dibujos a la aguada haciendo casi memoria de trajes gauchos y soldados y no distrayéndome en vacas, perros y aperos del campo en la provincia de Buenos Aires, sino ilustrando el texto de Hernández, incluso con la única escena del Martín Fierro que puede considerar escabrosa una censura estrecha y estúpida, cuando el gaucho Cruz encuentra en su rancho al oficial con su mujer. Una escena, por otra parte, interesante en nuestra época dominada, según dicen, por el sexo. Claro, la época con cada novedad ahora apenas alcanza a media docena de años. Antes era mucho más extensa, abarcaba muchos años de historia. Lo que se elogiaba en 1965 no tiene apenas vigencia en 1970, en arte, y en general, en todo. Pero los años que vienen hasta el 2000 pueden traer muchas sorpresas. El hombre comienza a enfrentarse con la máquina. Un señor Lafuente, de Málaga, astrólogo, acaba de querellarse con una computadora. Es el primer pleito de este carácter que existe. Parece que la computadora provee de datos con grandes errores astronómicos y geográficos. El cerebro electrónico parece no tener la fantasía que tiene que ser necesario para un oficio tan necesitado de promesas y futuro, o posee quizás una fantasía más mecánica muy distinta a la que puede crear e imaginar el cerebro humano. Creo que en Italia ya hubo antes de este pleito una joven que compitió con una computadora en cálculos venciendo ella, la joven, y ahora es posible que gane el pleito el malagueño Sr. Lafuente. Pero ahora recuerdo que no es de 1970 el pleitear hombres contra máquinas. En los códigos de justicia militar se juzgaba, creo que aún debe juzgarse en algunos países, a los cañones, fusiles, etc., que fallaban por algún motivo perjudicando al soldado o al militar en general, soldados u oficiales. Igualmente, se juzgaba y castigaba, al igual que a las máquinas, a los animales, el caballo que había dado una coz a un capitán, al burro que se empeñó tercamente en no andar evitando la puntualidad de un transporte, etc. Esto no es fantasía mía, tampoco tiene nada que ver con la posible máquina, sino realidad, una realidad no sé si pasada, expresada en reglamentos y códigos. Resulta, pues, el pleito del astrólogo señor Lafuente el primer pleito civil contra una máquina, en este caso seguramente la más importante de las máquinas. Una computadora, algo que yo no entiendo y que por ignorancia, me merece igual respeto que la telegrafía sin hilos o un milagro religioso.
De arte, no vi casi nada nuevo. Una exposición muy importante del siglo XVII italiano perteneciente a museos españoles y que alcanza una cifra considerable de obras maestras. Posiblemente, es España el país que más tiene de pintura italiana de ese siglo, el siglo del “manierismo”, de los Carracci, Guido Reni y Caravaggio, entre muchos. Resulta notable ver las muestras de ingenio de esta especie de barrocos que no son exactamente barrocos, los alardes geométricos, la búsqueda de ornamentales. La exposición se celebró en el Casón del Buen Retiro, un palacio que posee una gran bóveda pintada por otro italiano, Giordano Bruno. Se trata de un siglo como el que iba a seguirle y como el anterior, en que España tenía virreyes en Nápoles y Sicilia, como los tuvo en Milán. Éste es, en parte, el secreto de la abundancia de arte italiano en España, aparte de una coincidencia de gustos en esa época, el tenebrismo y el claroscuro fuertemente contrastado, Caravaggio y Rivera.
Esto es todo por hoy. Esta mañana apareció La Coruña con el cielo despejado, sin apenas niebla y el sol le reduce encanto a la ciudad, se vé que más allá de los próximos edificios no hay misterio alguno. Queda la línea del horizonte en el mar que promete misterios, aunque queda demasiado lejana.

Un abrazo de Maruja y mío para todos los amigos, Noemí, Maya, pasada al enemigo, al ingeniero Herman, los Martínez Vallerga, los Epstein, etc., a todos, y uno muy especial para Carlos, Eduardo y vosotros, de:

[Seoane]

Ficha documental [Imprimir]
  • Colección:
    Fundación Luís Seoane
  • Data: 14/4/1970
  • De:
    Luís Seoane
  • Para:
    Emma Lifschitz
    Rafael Lifschitz
  • Orixe:
    A Coruña
  • Ficha descriptiva:
    [Carta mecanografada]
  • Localización física:
    Fundación Luis Seoane
  • Termos clave: