Fundación Luís Seoane

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Ginebra, 27 de enero de
¡1964, ay!

Querida Marujiña:

En este momento recibo tu carta, y no me lo creerás, pero “ayer” por la noche pensé: “A Maruja se le debe de estar terminando el Té Midros , y te iba a escribir preguntándote si lo necesitabas y querías que te lo mandase o si tenías hasta tu “hipotético” paso por aquí, que todos deseamos.
Como me interrumpieron, sigo hoy, día 29. Ya te compré el té, que tuve que encargar porque, como ya sabes, no suelen tener cajas de las grandes. Hoy me lo han dado y mañana saldrá. Te lo mandaré por avión. ¿Cómo no me lo dijiste antes? ¡Eres más tonta...! Va por avión, no por la prisa, sino porque es más conveniente y más seguro. No quitaré la caja, si no hay inconvenientes en el correo, porque va más protegido, y si realmente pasa un kilo el contenido sólo con el papel de embalar pasa y tienes lo mismo que llenar formularios para que pase por los servicios de aduana, así que no se gana nada. No me mandes los 23 francos con que me amenazas, en primer lugar, porque no son 23 francos sino mucho menos y, en segundo lugar, porque es más el trabajo que te daría a ti que me daría a mí que lo que vale la cosa. Además, no habiendo en España cambio libre, no creo que te vendan francos y, verdaderamente, Maruja, sé sensata: no vale la pena. Como no veo muestras de que aparezcáis por aquí, te digo “desde ya” que, siendo probable que en todas las cosas que tenéis que arreglar en Buenos Aires os gastéis más tiempo del que vez desearíais, me recuerdas por anticipado que te lo siga mandando de manera que no te falte nunca. Ya sabes que no me cuesta nada hacerlo, mientras siga aquí, y aunque me vaya a París, siempre se lo podré encargar a alguien.
¿Venís o no venís? Ya me han traído casi todos los muebles del dormitorio y tenéis una cama de un metro cuarenta, que supongo que os bastará. Ya os he dicho que el sofá de la sala es también cama o puede serlo y que yo tendré sitio.
Hace unos días llamó por teléfono una amiga vuestra para saber de vosotros. Me dijo su nombre, pero ya sabes lo que te pasa con los nombres que te sueltan de repente: que los entiendes mal y los olvidas pronto. Por la voz, estoy casi segura de que era aquella chica que os llamaba de Juterlaken , y el propio hecho de haberme llamado lo confirma. Dijo que se iba pronto para Buenos Aires y que si no llegabais casi en unos días ya no tendría oportunidad de veros. Le di las noticias, un poco vagas, vuestras (me refiero a vuestros proyectos) que por entonces tenía.
Me alegro muchísimo de que lo de Bandi haya sido una equivocación. No recuerdo si la noticia de la muerte de Cholo os la di yo misma o no, porque en esos días estaba bastante mal. Lo que tuve era pasajero aunque muy doloroso y, muerto el perro se acabó la rabia. Quiero decir que son esas cosas como las gripes y tal, que una vez que se van las olvidas y no las puedes llamar enfermedades serias, aunque te joroban de mala manera durante unos días. Dicen, sin embargo, que pueden requerir una intervención quirúrgica, y en otros casos, se pueden reproducir varias veces con unos días de intervalo. No me ha hecho ninguna de esas dos formas. Y ya es la tercera vez que me pasa. ¡Santa Penitencia, ora pro nobis!
¡Os envidio, malvados gallegos! Eu ben quixera ter unha leiriña, botar unha parolada co meu amigo Carrê na súa casa do Ponte do Pasaxe e aínda un sono na praya de Santa Cristina. Pero son deseos momentáneos, es morriña pura, que casi me enfermó en Buenos Aires, un sentimiento vegetal, si así se puede decir, de árbol desarraigado. La verdad es que no quiero ir a España, y cuando digo “no quiero” no hablo con la cabeza, sino con las ganas. Más aún, quiero no ir. No solamente por las razones que cualquiera que no fuerais vosotros supondría. La única forma de expresar mi manera de sentir es esa, que no es muy explicativa ni muy matizada: “quiero no ir”. Lo cual no quiere decir, etc., etc.
El otro día recibí una carta que dice textualmente: “Conocí a Maruja. ¡Hermosa mujer, vive Dios!” Y agrega luego que, dicho sea sin malos pensamientos de ninguna clase, sólo “por amor” de admiración, en lo que coincido. Es de Quiroga, el padrino de mi hermano, a quien yo quiero tanto y que ahora está en Ecuador, me dice también que le fue imposible ir a la inauguración de la exposición de Luis (supongo que la de La Coruña) por un impedimento que surgió a último momento, y que lamentándolo, tuvo que irse sin veros de nuevo.
Luis: ¿No me podrías mandar los catálogos o lo que sea de tus exposiciones en España?
Y ambos a dos: ¿No me podríais dar vuestra nueva dirección en Buenos Aires, que no la tengo? Esto en previsión de que no paséis por aquí.
No olvidéis que si vais a París no tenéis más que avisar, o no avisar. Tienen las llaves de mi casa mi hermano Javier y mi cuñadísima, Mary Castelo, que viven en 17, Quai aux Fleurs, Paris IV, y siendo vosotros mi necesidad hay de prevenirlos. Obrad con toda confianza y seguridad. Y que esos queridos tontos os calienten la casa, etc., etc.
Por si os vais directamente y no tenéis tiempo o ganas para escribir:
Cariños a los amigos, y si veis a Arturo, un gran abrazo y que escriba:
Mandadme vuestra dirección; que Maruja me avise para que le mande una tonelada de Té Midrós, y aquí estoy “para lo que queráis mandar”.
Ojalá vinierais. Si tardáis algún tiempo, ya os mandaré fotografías, no mías (líbreme Dios) sino del departamento. No sé si os he dicho que pedí una plaza que quedó vacante en la Unesco, pese a que ya llevo metidos en este apartamento, aunque parezca mentira, más de 16.000 francos. Como la han pedido muchos (París, je t´aime) no creo que me la den, sobre todo porque quieren que se traduzca del ruso y yo lo tengo bastante abandonado a causa del dichoso teatro, y luego porque desean “formación técnica o científica”, y resulta un poco feo decir que los documentos económicos o científicos de la Naciones Unidas me los daban a traducir a mí, porque los economistas y otros “titulados” lo hacían muy mal, y los trabajos de revisión y edición que estoy haciendo en el BIT me lo han casi impuesto porque hay una cantidad de publicaciones técnicas, pseudo científicos y económicos que con gran sorpresa para ellos corrijo, rehago, publico mucho mejor que los hombres que tienen allí para hacer eso, doctores de toda clase de cosas, pero que no saben traducir, no saben trabajar. Bueno, estoy hablando tonterías.
Escribí a Antonio Baltar con mucho retraso, porque esperaba tener datos más concretos, y me temo que con excesiva prolijidad. No sé si después de esa carta no me odiará, pero, como yo, cuando me vine de Buenos Aires, no había tenido ni siquiera la idea de que las organizaciones internacionales eran algo en donde no podía trabajar. Tengo un “despiste” no tan grande, pero sí despiste en los demás. Si está enfadado, por favor, “desenfadádmelo”, que tanto él como Mireya son dos seres “à aimer”, y yo, que no sé decirle a la gente que la quiero, cuando la quiero, meto mucho la pata.
Mil cariños. ¡Noticias! ¿Qué vais a hacer? ¿Venís o no venís? Bastan dos palabras y vuestra dirección en Buenos Aires. “And so, to supper and talk” como diría Samuel Pepys.
Me olvidaba de deciros, por si Núñez Bua sigue con su proyecto, que los muebles que he comprado ahora son de madera de teca, como los que tiene la Boutique Danoise que tanto le entró por el ojo. Que la casa que me los ha vendido, sin tener una tienda tan visible, sigue un poco el mismo procedimiento. Principalmente muebles, que se fabrican en la Suiza alemana; luego “algo” de lámparas, de adornos, de jarrones, de alfombras, de colchas, etc.; lo suficiente para ayudar al cliente con ideas, pero no como para competir con las casas que sólo venden una de esas cosas. Sé ahora también otros detalles que le podéis decir a Núñez Bua (en primer lugar, que de su ahijado “nunca más se supo” y que si sigue interesado en venir a Suiza, no tiene más que escribirme): la casa Altamira vende, por ejemplo, con el cuádruplo de su precio los mantos de Lorca que utilizan aquí como alfombras (y bien bonitos), una de las cuales nos prestaron (que utilizamos como mantel) cuando hicimos El mejor alcalde. Que casi todas las cosas que tiene esa casa son simples imitaciones (hablo de muebles); te lo demuestra que para esa misma obra nos prestaron (gracias a los buenos oficios de condesa de Cabarrús) cuatro o cinco “viejas” sillas, que a una, porque evidentemente en de madera “fresca”, se le rompió una pata, que yo, personalmente, aunque no era culpa mía, le dije a la gente del grupo que, costara lo que costara, yo pagaba la silla, y que esta gente de Altamira dijo que (al parecer la dueña o la encargada general) ya la arreglaría y que no tenía importancia... Amigos míos se han traído de Madrid imitaciones mucho mejores. No sé si recordaréis un mueble de esquina que salió en Las cartas boca abajo. Fue el único mueble de esquina que pudimos conseguir. No era absolutamente necesario, pero yo había montado los movimientos de la obra pensando en que un mueble de esquina era fácil de encontrar, y no. Y todo estaba prendido con alfileres y la gente que trabajaba en la obra estaba haciendo, durante todo el tiempo de los ensayos, dobles jornadas de trabajo, por una u otra razón. Mejor que cambiar movimientos era buscar el mueble. Bueno, pues el mueble, “soi–disant” español, tenía todas las apariencias de un mueble portugués y además “no iba”, pero no había otro. Pues, ese mueblecito de nada, que parecía hecho en cartón piedra, y no en madera, tenía como precio en Altamira 4.500 francos, si he de creer a Aída Cabarrús que mentir no miente, pero que, a veces, te dice y augura cosas que te hacen dudar de todo. Ella lo consiguió, y ella previno, puesto que o no nos hacen un seguro por esas cosas que tenemos en préstamo para el hecho o no sé qué otra dificultad hay.
A parte de eso, “he renunciado a las tablas”, como una vedette cualquiera. No me gusta hacer las cosas mal. Y no puedo ser el hombre orquesta. Si mi sueldo, por importante que sea, no me da con holgura para satisfacer las necesidades de otros, que tienen que ser satisfechas, tengo que renunciar a hacer “mal y en malas condiciones” una cosa que me gusta, para hacer otra que es necesaria hacer. No es sacrificio; no quiero ponerlo así. Siempre me ha jorobado eso tan español de “la intuición”, el, llamémosle talento personal. “Yo” estoy por los oficios, por el conocimiento lo más profundo posible de la profesión que uno ejerza, y no por “moralismo”, sino por placer. Sólo se gusta de lo que se conoce. Y cuanto más se lo conoce, tanto mejor.
Cuando me vine de Buenos Aires, quise hacer algo en París, seguir cursos de dirección escénica, etc., pero empecé a trabajar inmediatamente y ya no pude, porque me tuve que venir a Ginebra, ¡Qué se le va a hacer!
No dejéis de mandarme vuestra dirección en Buenos Aires ni de avisarme si queréis algo.

Mil cariños.

Amparo

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