Fundación Luís Seoane

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Madrid, 29 de julio de 1968

Luis Seoane
Buenos Aires

Mi querido Luis:

Sigo siendo un correcto corresponsal... Lo que pasa es que de tres cartas que me has escrito por lo que me dices, sólo he recibido la de fecha 24 de julio... La leímos con María y los chicos en nuestra casita de Olmeda de las Fuentes. El lugar, paisajísticamente inefable, lo encontraron Álvaro Delgado y sus gentes. Y allí tenemos el refugio de fin de semana. En este lugar, concretamente, aguantan los rigores de la canícula Clara Eugenia, mi hija, y Carolina, mi nieta. Se trata de un prodigio rubio, de ojos azules, que tiene a estas alturas tres meses y un día. Y no hay que deciros que se os recordó, y muy cordialmente.
Celebro extraordinariamente tu exposición retrospectiva, por lo que tiene de gloria ideal y fiduiciaria. Uno, en lo que a lo artístico se refiere, sólo tiene que contaros: que lo echaron una vez más, del vertical y sindicalista PUEBLO; que luego hizo algunas cosas en el BLANCO Y NEGRO y que ahora –¡oh descanso!– no tiene tribuna en este plano de cosas. Sin embargo, fuimos también este año invitados a LA CRÍTICA DE LAS ARTES, el cursillo que se celebró en la Magdalena (Santander), al que acudió todo el conjunto de fuerzas vivas calificado en el país –te recordamos con Castro Arines–, donde pasamos la veintena primera de julio.
Bianco evidentemente me escribió proponiéndome, después de un cambio de cartas, que me ocupe en sendos libros de Juan Ramón Jiménez y Cernuda. La tarea primera la iniciaré lo antes posible. Pero no puedo dejar mis dos artículos mensuales de ABC, mis ocho o diez de la radio, mis dos de la ESTAFETA LITERARIA –donde me gustaría escribir algo sobre tus retratos furtivos cuando los reciba–, y últimamente mi frecuente colaboración en una página literaria que ha iniciado INFORMACIONES, en donde ya he publicado DESDE UN MIÉRCOLES CENICIENTO (cuento) y EL ESCRITOR Y SU PROPAGANDA. Ando metido, con la novela MANUEL –¡aquella que el señor Asturias, mi amigo Losada y otros, declararon complicada y llena de peligro en un concurso, según Beatriz Guido– en algo que si se resolviera a mi favor me haría un hombre. No lo creo. Y sigo como siempre dándole a esto de la tecla, porque lo piden y porque gusta.
Una noticia, familiarmente sensacional, es la de Myriam: quiere casarse a mediados de octubre. Está en relaciones hace poco más de un año con un chico aparejador, que trabaja en cosas de la construcción, y les ha dado muy fuerte. ¡Otra que se nos va! Isabel anuncia boda para más adelante, pero informalísticamente. Rafael dejó sólo una asignatura para septiembre de su carrera de médico, iniciada este año.
¿Qué sabéis de Núñez Búa? ¿Salió para su viajazo el bueno de Norberto Frontini? Lamento que no me llegara tu primera carta al regreso, porque parece que me hablabas de sucesos y amigos. Insiste, hombre; no trabajes demasiado. Noticias hispanoargentinas, tengo pocas. Recibí un libro de Rossler, donde vi un poema dedicado a ti; llegaron tres o cuatro, mas bien inominados... La Bulrich pasó para París, pero no tocó Barajas... Lo más importante es ese presunto ejército porteño-montevideano. Del que prefiero no hablarte.
Hay malas noticias respecto a la salud de Blas de Otero y la Albornoz. Ayer murió Antonio Oliver Belmás, el marido de Carmen Conde. De los Barbudo, que pasaron larga temporada entre nosotros, no he vuelto a tener noticias desde que los supongo en Wisconsin. Plaja estuvo en Madrid, y ni siquiera me vio.
Por lo demás, continuamos en la misma tensión y estilo que cuando nos dejasteis. Tristes a veces con nuestra gran cantidad de problemas. Y con coraje y alegría en las restantes ocasiones.
Con muchos saludos para Maruja de los dos y los chicos, lo que quieras para ti de quien contesta en cuanto recibe cartas. Un abrazo

Enrique

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