Fundación Luís Seoane

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París, 1-1950

Querido Seoane:

Inútil decirle que hace ya tiempo que quería escribirte. Inútil, por lo mismo, que es la pura verdad. Pero cada día hay alguna nueva preocupación, un nuevo inconveniente y así todo va quedando lamentablemente aplazado. Si a eso unes que de cosas prácticas nada podía decirte, tendrás explicado mi largo silencio.
He estado alguna vez con nuestro amigo-pez, por lo ocurrido, Gascó Contell. Tardó mucho en venir de España adonde de nuevo se fue al cabo de veinte días o poco más, de estar aquí. Las dos veces que conseguí verle, estuvo tan cordial como siempre y más anguila, si cabe, que nunca. Pero, con todo, a una cosa me respondió concretamente y es al decirme que con respecto a la credencial que te hacía falta, el mismo día –me aseguró bajo palabra de honor– que recibió tu carta, había hecho expedir el documento. Puede ser que sea así. Cuando te ataque a ti como hoy a mí la angustia epistolar y te decidas a ponerme unas letras, ya me dirás lo que hay de esto. Por lo demás no ya es que no soltó prenda alguna, sino que ni siquiera las dejó ver. Ahora está entusiasmado con la instalación en España –aunque el repinta su entusiasmo con un barniz de escepticismo que él cree muy disimulado y de buen tono– donde va a hacer ediciones de la Ilustración y qué se yo cuantas cosas. Desde luego, muy interesado en tener noticias de Buenos Aires, es decir, noticias tuyas aunque él no crea en América, estribillo que ya conoces. Y eso es todo. Precisamente, porque eso es todo, creo que no te he escrito antes. Ya que de no ser lo del envío de tu credencial (lo que sí he de creer en Gascó, hace mucho tiempo que está resuelto) no tenía nada que decirte con respecto a este.
Y de otras cosas, no mucho más tampoco. Aquí sigue mi vida monótona; he cambiado de liceo y estoy un poco mejor. Estos últimos tiempos ha pasado aquí mucha gente de Argentina, entre ellos Araoz Alfaro, a quien sabes que me une gran amistad, y por esa misma razón he estado más disperso que de costumbre. Ahora están aquí los Dieste, de regreso de Londres, y los Aparicio. Los Dieste no parecen tener planes muy determinados aunque por el momento creo que se quedarán aquí por lo menos unos meses. He visto a Colmeiro después de su regreso de España hace dos días. Al mismo tiempo, he tenido otras noticias de España. Todas se corroboran unas a otras y todos son para nosotros, o al menos para mí, sumamente desconcertantes aunque por otra parte, muy esperadas y muy de acuerdo a lo que previamente se pudiera pensar del problema. Si tuviera que resumir en una sola frase mi impresión, con todas la deformaciones que eso supone, mi opinión es que cada vez nos vamos aproximadamente más a la categoría, poco envidiable, de rusos blancos. Y lo que es peor que no se ven –o al menos yo no veo– no ya muchas, sino alguna manera de poder remediar a eso. Todo ello me hace sentir una inquietud cada vez más desagradable y que contiene dentro de sí, por lo mismo que ahora mi vida parece trazada con una estabilidad provisoria, pero estabilidad al fin, una posibilidad, vaga y que yo mismo no consigo analizar, de cambiar todo. No ya por intervención de mi voluntad, sino como presintiendo que aún sin ella algo me llevara a que sea así. En fin, como ves, un puro lío.
De noticias un poco más concretas y mínimamente agradables que, aparte de aparecer al fin, como creo que te había ya dicho, apareció también en Europa mi novela Don Manuel de León, en tres números y creo que saldrá en libro una vez pasado este verano. Dios lo quiera, ya que eso, siendo tan poca cosa, será algo.
Si alguna vez escribes, como yo quisiera, aunque no me atreva ni a pedírtelo de cara, por lo que yo he tardado en hacerlo, dame noticias vuestras en primer término, y también de los amigos comunes a quien veas: Varela, los Alberti, Baudi. Ah, como es otra noticia, no quiero desaprovechar la ocasión de dártela: mi casa de Alba ya tiene tejado nuevo y contiene una cama, una mesa y tres sillas. De modo que, cuando volváis, si os encuentro con valor para ello, ya sabéis donde podréis pasar temporadas o años enteros si os gusta.

Y nada más de no ser que este año 1950 te sea tan leve y agradable como para mí mismo lo quisiera. Muchos saludos a Maruja de parte nuestra y un gran abrazo para ti de

Arturo

Ficha documental [Imprimir]
  • Colección:
    Fundación Luís Seoane
  • Data: 1/1950
  • De:
    Arturo Serrano Plaja
  • Para:
    Luís Seoane
  • Orixe:
    París
  • Ficha descriptiva:
    [Carta mecanografada con firma autógrafa]
  • Termos clave: