Fundación Luís Seoane

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Carta de Serrano Plaja a Luís e Maruxa Seoane. 1954

11/1/1954
Clavé i Sanmartí, AntoniColmeiro, ManuelPicasso, Rossi, AttilioScheimberg, SimónSeoane, LuísSeoane, MaruxaSerrano Plaja, Arturo
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11-1-54

Queridos Seoane y Maruja:

Si yo no tuviera una confianza ilimitada en vosotros, creo que no me atrevería ni a escribirles. Mas como sí que la tengo, abuso de ella, viniendo así a ser esta carta un verdadero abuso de confianza. Lo peor de todo es que ni siquiera tengo una excusa para presentar por haber dejado de escribir durante tanto tiempo. No me ha pasado nada, no me he muerto ni he tenido cálico biliar, ni me han metido en la cárcel ni nada. Nada.
¿Qué, pues, deciros, a más de desearos y de muy verdad –aunque tal vez ya vosotros no creáis en verdad ninguna que venga de mi parte– que os vaya lo mejor posible en 1954? Bueno, sí, algo más puedo deciros –siempre con la intención de justificarme, si es que puede, ante vosotros y que será algo vago, pero que me permitiréis que lo deje así: digamos que he estado tan aburrido de mí mismo durante tanto tiempo que ni siquiera por correspondencia me atrevía yo a exponer a mis amigos al contagio de enfermedad que tan pesada resultaba ya para mí mismo.
En fin, yo pensaba ya escribiros estos días, de cualquier modo. Pero la puesta en marcha, o si queréis, el acicate para hacerlo de una vez ha sido la llegada, ayer, de una tarjeta postal de Schoemberg. Sí, figúrate tú, Luis, de él mismo. De manera que casi me dan ganas de sacar a relucir lo de los escondidos caminos de la Providencia, etc. Claro está que tú has comprendido ya y entonces no te extrañará mayormente: la dicha tarjeta era tuya, en el sentido de que era la reproducción de algo tuyo. Te aseguro que cuando he dicho antes lo del acicate, casi tiene un sentido literal, porque al verlo fue como si de verdad la vergüenza me diese un formidable espaldarazo para decirme: “de hoy no pasa”. Y aún con todo, pasó de hoy, ya que esto fue ayer. Pero al fin y al cabo aquí estoy. Y no sólo para escribiros y deciros que os deseo muy buen año y alegrarme de que os vaya lo mejor posible, y recordaros mucho más que mejor, sino también con la formidable pretensión que sigue: yo quiero saber que, a pesar de todo, no estáis enfadados conmigo. Lo cual quiere decir que, aun reconociendo que tendríais más que derecho a ello, yo os ruego que no sea así; y que si lo era, que me perdonéis y que tal manera de perdonar se manifieste aunque no sea más que en dos palabras –literalmente, dos palabras– pero que me lleguen pronto. Ale, sed buenos y hacedlo, pero ahorita, ya mismo.
Las tales dos palabras es lo que podríamos llamar la ración mínima; peor no está de ninguna manera prohibido que se multipliquen, como los panes y los peces. Ni –tampoco– que fueran para anunciarme o, mejor, confirmarme el anuncio que algunos amigos me dieron de que pensáis volver por aquí. Esa, por ejemplo, sería una excelentísima manera de desearme buen año para el 54.
De mí, no sé bien que podría contaros. Vivo, que no es poco, aunque como antes os decía, por momentos soportándome apenas, lo que es más que mucho, como pesadez. Escribo, no mucho, algunos poemas como resultado concreto. En prosa, tengo comenzadas tres novelas que han sido otras tantas derrotas para mí ya que ninguna he conseguido terminar. En los momentos de optimismo me da por echarle la culpa a Francia o, con más precisión, a mí mismo por seguir viviendo aquí. Pero ya digo que se me ocurre en los momentos de optimismo. Por lo demás, y por lo que sé de los amigos míos que andan por ahí (y ahí es desperdigados por América) parece que tampoco se sienten contentos, y entonces yo trato de consolarme con ello, por lo mal de muchos, consuelo de tontos, pero consuelo al fin. De vez en cuando traducen por aquí alguna cosa mía. Y en estos últimos meses que acaso siento una mejoría en el sentido de que me siento con mayor acopio de energía (que me da de sí por lo menos para tratar de escribir a los amigos de quienes me acuerdo con simpatía) me he hecho algunas promesas solemnes de las que no me atrevo a hablar, porque yo mismo no estoy muy seguro de cumplir. Por de pronto, hace algún tiempo mandé una novela mía a México donde, al parecer, la van a publicar. Pienso hacer otro tanto con algunos poemas. Leo lo que puedo. Voy a las exposiciones (a propósito, la última de Clavé que yo no sé si es buena o mala, aunque a mí me parece que es buena, ha tenido un éxito sin precedentes: el mismo día de la apertura, en Drouan David, había vendido todo) aunque no a todas. Alguna vez veo a Colmeiro, muy de pascuas a ramos y para jugar una partida de ajedrez que le gano invariablemente lo que le da una furia realmente divertida y me hace unas teorías formidables para demostrarme que, aunque yo le gano, él juega muchísimo mejor que yo. Es un tipo de lo más curioso aunque excelentísimo. Ya le conocéis.
Últimamente, estas Navidades he tenido dos buenas cosas: una, la visita de mi hermano que, al cabo de los años, ha conseguido un pasaporte y ha estado pasando unos días con nosotros; otra, que por esos mismos días cayó por aquí Rossi. Yo no sé si vosotros le teníais el mismo aprecio que yo, mas como el mío es grande, por eso digo que su venida, con su mujer, fue una buena cosa para mí: venía a organizar la Trienal de Milán y le estuve sirviendo de intérprete con mucha gente absurda, pero nos reímos mucho y lo pasamos bien. Él acaba de organizar en Milán la exposición de Picasso que quizá es la más importante que se ha conseguido hacer en los últimos treinta años picassianos, ya que ni en Roma, poco antes, consiguieron como logró Rossi presentar, simultáneamente, a más de los cuadros de aquí el Guernica del Metropolitan, y varios de los Picassos que están en Moscú. En consecuencia, el éxito ha sido fabuloso: 185 mil visitantes y 65 millones de liras. Y, en consecuencia, también, para Rossi un éxito de organización que cotiza, creo, en forma de autoridad y respeto.
¿Qué más? Yo creo que, de no ponerme a escribir un libro de memorias, así, en carta, no me queda más por decir. Ah, si: el chico este año es el primero de la clase por dos meses seguidos y, como yo, en general, nunca conseguí ser si no el último o poco menos, estoy de un orgullo paternal formidable; aunque en el fondo, en el fondo, casi desconfiado e inquieto: eso, ser el primero, me parece a mí tan anómalo que no sé, no sé...
Y termino. Recibid un abrazo mío bien fuerte y bien verdadero, como quisiera dárosle materialmente. Dad saludos de mi parte a los amigos que supongáis que los apreciarán como recuerdo y vosotros sed buenos, no me toméis en cuenta el que haya dejado de escribiros durante tanto tiempo y contestad. Por mi parte, prometo solemnemente que si veo que lo hacéis, es decir, que lo pasado pasado, me portaré como persona seria. Otro abrazo

Arturo Serrano Plaja

Ficha documental [Imprimir]
  • Colección:
    Fundación Luís Seoane
  • Data: 11/1/1954
  • De:
    Arturo Serrano Plaja
  • Para:
    Maruxa Seoane
    Luís Seoane
  • Ficha descriptiva:
    [Carta mecanografada con firma autógrafa]
  • Termos clave: