Fundación Luís Seoane

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Vigo 21-nov. 1957
Sr. D. Luís Seoane
Buenos Aires

Mi querido amigo:
Recibí tu carta del día 8, que vino a romper –con gran satisfacción para mí– el largo silencio en que te habías inmergido. Me produjeron enorme alegría las noticias de tus éxitos artísticos. Bien sabes el afecto que por tí siento, y la admiración que me produce tu obra toda.
Me complace que hubiese resultado adecuado mi trabajo para la Enciclopedia. Atendiendo las indicaciones que me haces, te adjunto una nota sobre la obra poética de Varela, para que la incorpores al texto de la conferencia. En la misma nota van dos títulos, para que escojas el que mejor te parezca para poner al frente del librito.
Supongo que recibirías el recorte de un comentario sobre el “Eiroa”, firmado por Sevillano, que te remití junto con la interviú hecha a Río Barja. También imagino que habrá llegado a tu poder el libro de Nina Epton, Grapes and Granite, aunque nada me dices. Días pasados se te envió un ejemplar del volumen de homenaje a Cuevillas. El sábado último te mandé certificada, por correo ordinario, la obra de Barbeito titulada Galicia. Se trata de un libro de lujo, con gran alarde de fotografías y un texto brillantemente escrito. Pero su autor, haciendo gala de un señoritismo estúpido, trata el problema del idioma con evidente mala fé; y al referirse al tema del amor se produce en términos ofensivos, como podrás comprobar por la nota mecanografiada que te acompaño.
“Heráldica de Galicia” no está aún en las librerías. Le escribí al autor para que me envíe un ejemplar. También le escribí a Chamoso Lamas para que me indique donde puedo adquirir la monografía sobre el escultor Prado. Cuando tenga ambos libros, te los enviaré seguidamente.
Ayer falleció en Pontevedra Josefina Blanco, la viuda de Valle Inclán. La enterraron en Cambados.
Dentro de unos días te remitiré los saludos de fin de año que me pides. Los solicité de Cabanillas, O. Pedrayo, García Sabell, Piñeiro y Carballo Calero.
Me ha sorprendido mucho lo que me dices de Antonio Baltar. Si él te dijo que nos negamos a dialogar, no te dijo la verdad, y debo dejar esto bien claro. Conmigo se entrevistó varios días después de hacerlo con otras personas. Que yo sepa, a nadie advirtió que traía vuestra representación. Aunque algunas gentes que tenían noticia de su llegada anunciaron que venía a “inspeccionar” lo que aquí se hacía, nadie tuvo en cuenta esa absurda indicación y todos dialogaron con él de la manera más cortés y natural. Desde el primer momento lo acogimos cordialmente y lo informamos con leal claridad siempre que se dirigió a nosotros. Incluso colectivamente asistimos y participamos en diálogos por él convocados, sin que se nos ocurriese –como sería por otra parte natural– preguntar por el verdadero origen y por los fines verdaderos de sus modo de actuar. Apenas llegado aquí, se rodeó de un grupo muy significativo, y empezó a actuar de acuerdo con él. Su línea de conducta con respecto a nosotros se mostró bien clara: o aceptábamos sus puntos de vista, o seguía adelante con ellos prescindiendo de nosotros. Ahora bien, como nosotros teníamos un punto de vista elaborado sobre la realidad viva del país, y fundado en la experiencia de una larga y difícil actuación, y ese punto de vista no coincide con el que aquí improvisó Baltar sobre la marcha, era lógico que éste no nos convenciera. Y más si se tiene en cuenta que algunas de sus ideas eran bastante absurdas, quizás por ser fruto de la improvisación.
Como ves, lo que él llama dialogar consiste en aceptar lo que, según su criterio, debía hacerse, sin considerar para nada nuestra labor. Por aquí hay cinco ó seis personas, cuando más, que se ocuparon exclusivamente de sus propios problemas, y jamás mostraron interés por otras cosas. Su actitud, puramente negativa, se limita a criticar lo que los otros hacen, pero sin que ellos den la menor muestra de realizar nada. Y estas personas han sido las que coincidieron con Baltar en el propósito de imponer puntos de vista, que los demás tendríamos que acatar sumisamente.
Estoy absolutamente seguro de que tú, en nuestro caso, procederías de una manera idéntica. Y te equivocas grandemente cuando dices que a tí te podría ocurrir lo mismo que le ocurrió a Baltar. A poco que medite sobre el asunto, debes comprender que aquí encontrarás siempre la profunda estimación amistosa y artística de todos los que somos sinceros amigos tuyos o admiradores de tu obra. No puedo creer que a tí se te ocurriese convertir esta entrañable amistad o esta admiración artística, para imponer normas a quienes fuimos elaborando todos esos elementos de nuestra conducta en una experiencia tenaz y nada fácil, a lo largo de muchos años.
Creo, pues, que la información que Baltar te dio no es nada objetiva. Y de ella ha nacido, sin duda, el comentario injusto que nos dedicaste en la revista. Conozco de sobras tu cordial emoción y admiro demasiado la gran labor que llevas realizando, para que dé cabida a la menor sombra entre nosotros.
Ya ves que te hablo con toda lealtad, porque estimo que no debo ocultarte mi pensamiento.
Con saludos afectuosos a Maruja, y de Evelina para los dos, te envía el cordial abrazo de siempre
Fdez del Riego

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