Epistolario Rosalía de Castro

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Camilo Álvarez de Castro (1806-1887)

Emparentado con Rosalía, este sacerdote e erudito formouse no Seminario de Ourense e mais nas universidades de Santiago de Compostela e Salamanca, exercendo, nesta última, como profesor de Teoloxía. Participou en varias comisións provinciais para a conservación do patrimonio e a instrución primaria e exerceu diversos cargos eclesiásticos, particularmente o de cóengo na Catedral de Salamanca; por esa razón asinaba a súa correspondencia como El Chantre. A súa grande complicidade intelectual co matrimonio Murguía-Castro levouno a axudalos na venda dos seus libros e a colaborar na procura de datos eruditos para o Diccionario de escritores gallegos de Murguía, onde conta con entrada de seu como escritor. Murguía salienta que foi poeta en castelán e en galego e Rosalía de Castro dedicoulle o poema 18 de Cantares gallegos. Cando este poemario saíu publicado, Álvarez de Castro felicitou á autora cunha carta escrita no galego de Celanova, nun momento no que a correspondencia privada adoitaba escribirse en castelán. Nela narra a súa saudosa relación con Galicia, celebra a musa popular rosaliana e láiase da escaseza de literatura galega de exaltación nacional, como en Escocia e Irlanda así como o seu interese pola literatura oral. Consérvanse varias cartas súa dirixidas a Murguía.


Fontes
Ruiz de Ojeda, María Victoria Álvarez (1999). “A primeira carta en prosa en galego moderno: Camilo Álvarez de Castro escribe a Rosalía sobre Cantares gallegos (1863)”. Grial, n.º 143, p. 455-474.

Barreiro Fernández Xosé Ramón / X.L. Axeitos (2005). Cartas a Murguía. 2 vols. A Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza.
1 Mencionado/a [1]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Santiago de Compostela
Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía

Santiago, lunes
Querido Manolo: Hoy pensaba recibir carta tuya, pero me he engañado; sin duda es temprano todavía, pero no deja de impacientarme esta tardanza sobremanera, pues deseo muchísimo saber cómo te encuentras por esa. Yo sigo mala y bastante del estómago y del vientre, pero al mismo tiempo no pasa de ser una de aquellas vueltas antiguas que no quieren abandonarme completamente, y espero que pronto cesará.
La pequeña sigue buena y me pregunta siempre cuándo vienes. Ayer recibí esa carta de Paz que te remito. Está bien trabajada y parece que dice verdad; indudablemente tiene talento. También recibirás otra del Chantre que te remito por correo con el mismo sobre...
El tiempo ha empezado hoy a nublarse, y viene el invierno, de lo que me alegro, pues los días buenos me cansan ya porque no me dejan trabajar... Anteayer fui a Conjo y nos enseñaron el Cristo. Me ha gustado muchísimo el rostro, y una Virgen de los Dolores que hay allí también me pareció buena, aunque era ya algo noche y no la pude ver bien. El Cristo nos lo enseñaron con luz. Yendo a pasear hacia allí, entramos después con unos señores y nos aprovechamos de la ocasión. ¡Y el bosque qué hermosísimo estaba! Era materialmente el suelo un mar de hojas secas; no quiero decirte cuánto me acordé allí de ti. Pero estuve muy triste. ¿Cuándo nos veremos? Ya me parece que hace un año que no te he visto. Adiós, querido de mi corazón, y haz cuanto te sea posible por que esta separación no dure mucho. Un beso.
Rosalía