Epistolario Rosalía de Castro

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Waldo Álvarez Ínsua (1858-1938)

Xornalista galego, foi un dos máis significados representantes do rexionalismo na emigración a Cuba, onde residiu entre 1877 e 1898 e fundou o xornal El Eco de Galicia (1883). Unha vez retornado a Galicia, pertenceu á Cova Céltica e chegou a presidir a Liga Gallega da Coruña. Álvarez Ínsua deu varios testemuños da amizade que o vinculan ao matrimonio Murguía-Castro. Por mediación de Ángel Baltar, alcalde de Padrón, e Secundino García (que lle fixeron chegar un telegrama informándoo dos problemas económicos e de saúde de Rosalía de Castro), Álvarez Ínsua mobilizou o Centro Galego da Habana co propósito de recadar fondos a beneficio da escritora (Barreiro, p. 220). O intercambio epistolar entre Álvarez Ínsua e Murguía documenta asemade o apoio recibido polo escritor logo da polémica acollida do seu libro Los precursores, así como o financiamento do Centro para os proxectos historiográficos de Murguía. Tamén é nunha carta de Murguía a Álvarez Ínsua onde o home da autora dá por primeira vez noticia da súa vontade de que os seus orixinais sexan queimados á súa morte (Barreiro, p. 447).

Fontes
Barreiro Fernández, Xosé Ramón (2012). Murguía. Vigo: Galaxia.


1 Destinatario/a [1]
Mencionado/a [1]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
1884-02-04 Destinatario/a
de Rosalía de Castro, a Waldo Álvarez Ínsua
Padrón
A Habana
Orixinal Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Waldo Álvarez Ínsua en 04/02/1884

Señor don Waldo A. Insúa - Habana.

Muy señor mío y de mi consideración: Son tan escasos los números de El Eco que llegan a nuestro poder que la primera noticia que tuve de lo que se pensaba hacer en mi obsequio en La Habana fue por medio de mi antiguo amigo, señor don Ángel Baltar, alcalde de esta población, cuando se presentó en nombre del Centro Gallego a pedirme permiso para dar una función dramática en mi beneficio. Juzgue usted, por tanto, de mi sorpresa.
Nada sabía de que hubiese usted publicado artículo alguno en mi favor -que a haberlo leído ya hubiera yo escrito a usted dándole gracias-; nada de lo que, merced a su iniciativa, se pensaba hacer en mi obsequio; nada, en fin, de que fuese deudora a mis paisanos en general y a usted en particular de la espontánea muestra de cariño y estimación que tan inmerecidamente acaban de otorgarme. La soledad en que vivimos no permitió tampoco que nadie me hablase de su artículo, cosa que siento en el alma, pues temo que haya juzgado mal de mi silencio; hoy mismo no puedo referirme a dicho trabajo más que por lo que se desprende de los últimos números recibidos. Mas no por eso, sean los que quieran los términos en que se haya expresado, que yo bien sé habrán sido siempre superiores a mis merecimientos, dejo de quedarle, y de todo corazón, perpetuamente agradecida.
Adjunto va, para que me haga el obsequio de publicarla en su revista, la carta de gracias a mis paisanos. Bien siento que las palabras sean en ocasiones tan impotentes para decir lo que uno siente que no permitan expresar con toda la verdad que desearía y era necesario los sentimientos que experimento; mas han de perdonármelo todo mientras llegue aquel día y ocasión oportuna en que me sea dado probar a todos ustedes cuán lealmente agradezco y cuán profundamente queda grabada en mi alma el hecho y la consideración que con él me han demostrado, tomando una parte tan directa y tan espontánea en las contrariedades que experimento.
Supongo que por este correo nuestro amigo don Alejandro Chao remitirá a la Propaganda los primeros ejemplares de mi nuevo libro de versos En las orillas del Sar, que según telegrama del impresor está ya listo para ponerse a la venta. Si antes de salir el correo recibiese alguno, tendría sumo gusto en remitirle el que le he de dedicar, como una muestra de distinción y agradecimiento. Temo, sin embargo, que no llegue a tiempo y que, por tanto, no me sea posible mandarlo hasta el próximo inmediato correo.
Mi esposo, que acaba de llegar de Madrid y se halla sumamente ocupado, piensa escribirle muy pronto: mientras no lo hace da a usted infinitas gracias por todo y se le ofrece para cuanto lo considere útil. Me encarga asimismo ruegue a usted que, si no le fuese muy molesto, se sirviese enviarle el número en que se publicó el primer capítulo de la biografía de Serafín Avendaño, pues no lo recibió, ni tampoco el ejemplar de La Nación Española, de Buenos Aires. También había de agradecerle, ya que no el número de El Eco en que se publicó un artículo y romances de Silvana, que le remitió hace tiempo, una copia al menos de dicho trabajo y romances.
Creo será más que excusado añadir aquí que aprovecho gustosa la ocasión que se me presenta de hacer a usted patente toda la estimación que me merece y le profeso, no sólo por el acto que respecto a mí acaba de llevar a cabo, sino como al defensor de nuestra patria Galicia. Sea o no necesario, siempre será un hecho que ahora y en toda ocasión puede contar con la inútil pero sincera amistad de su siempre afectísima y segura servidora q. b. s. m.,
Rosalía Castro de Murguía
S/c., Padrón, 4 de febrero de 1884