Epistolario Rosalía de Castro

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Tomás García-Lugín

Curmán de Rosalía e fillo da súa tía, María de Castro Abadía, que estaba casada con Tomás García-Lugín Armero. O matrimonio García-Lugín de Castro tivo outros cinco fillos: Carmen, Mª Socorro, Mª Concepción, José e Manuela. Con estes primos compartira Rosalía os tempos de Santiago en que participara nas actividades do Liceo de la Juventud. Segundo J. A. Durán, cando Rosalía chega a Madrid, foi á casa da súa tía María que quedara viúva recentemente, onde a esperaban tamén os seus primos Carmen e Tomás.

Fontes
Barreiro Fernández, Xosé Ramón (2012). Murguía. Vigo: Galaxia.
Caamaño Bournacell, José (1968). Rosalía de Castro, en el llanto de su estirpe. Madrid: Ediciones Biosca.

Referencias web
Durán, J.A. (s.d.) “Rosalía de Castro en Madrid”. La cueva de Zaratustra. link (consulta 3-2-14)
1 Mencionado/a [1]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Orixinal Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía

Mi querido Manolo: acabo de recibir el parte, que me alegró el corazón. Son las once y media de la mañana, y ya empezaba a estar impaciente, pues desde ayer, viernes, que le esperaba. Ahora, como esto no me satisface bastante, estoy deseando recibir la tuya, para saber las particularidades del viaje, y qué aposento has encontrado ahí.
Como aquí hace ahora muy buen tiempo, me estoy imaginando el sol de Madrid, y a ti, paseando por todos aquellos lugares de que yo me hallo tan lejos. Te confieso que paso momentos bastante tristes, aun cuando los hermosos días que está haciendo parece que me dejan respirar algo más libremente.
Ayer fui a paseo con Peregrina Compañel y con Tomás, y entramos en San Lorenzo. Excuso decirte cuánto me acordaría de ti. Vi aquel patio plantado de bojes con aquella fuente profunda y aquella virgen de piedra, todo lo cual me ha dejado encantada. ¡Qué silencio tan inmenso! ¡Y tú nunca has querido llevarme allí! De buena gana hubiera pagado una habitación en San Lorenzo para poder escribir en aquel claustro Romana. Es imposible que no saliese una cosa buena. En el claustro de Conjo no se retrata un olvido tan completo como en el de San Lorenzo. No parece que han pasado por aquel convento treinta años de olvido, sino treinta siglos...
Hoy hace un día tan hermoso como el de ayer, y Tomás, Peregrina y yo cogeremos de nuevo por el camino de Noya. Voy a estar muy triste. Cuando tú te vas parece que me llevas la salud, pues vuelvo a hallarme sin apetencia, y hago malísimas digestiones. Si sigo así voy a enflaquecer. Pero ya pasará. Te remito esa carta para que la contestes de palabra. Recibe mi corazón.
Rosalía, la niña buena.