PROXECTO EPÍSTOLAS

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3 MENCIóNS A Xulio César (100-44)

Líder militar e político da era tardorrepublicana. Ao marxe da súa carreira política e militar destacou como orador e escritor.
Epístolas
Mencionado/a [3]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
1973-04-27 Mencionado/a
Carta de Paz Andrade a Seoane. 1973
Nova York
Vigo
Nova York
A Coruña
Transcrición

Transcripción da epistola Carta de Paz Andrade a Seoane. 1973 en 27/04/1973

Vigo, 27 de abril de 1973

Sr. Don
LUIS SEOANE
Pintor
Paseo de Ronda 5-6º izd.
Torre de La Coruña
LA CORUÑA

Querido Luis:

A voltas coa figura de Añón, pra completar o texto d-unha conferencia que fixen hai tempo, volvin a tomar nas maos El álbum de El Miño. N-ésta rarísima colección, sen intuito de atopalo, din co artigo que ti i-eu viramos hai tempo, sobre un Museo de Pinturas en Ourense.
Mandei facer algunhas copias, e como sei do teu intrés por recuperar un rastro tan atraente, envíoche unha d-elas. O autor, como sabes, foi unha figura de gran relevancia na política liberal do seu tempo. Foi defensor de Curros na apelación do seu proceso, e estuvo proposto como Ministro da primeira República. A primeira parte do artigo revela ben a sua formación cultural, mais agora o que pode ter mas intrés son as referencias que fai do Museo de Pinturas d-Ourense, do que hoxe non se conoce nin rastro.
Aproveito a oportunidade pra decirche que temos un neto. Fai catro dias que naceu, e a os ollos d-un abó primeirizo promete sair a raza.

Nosas mellores lembranzas pra Maruxa, que Pilar, Alfonso e Gloria tamen mandan pra ti, coa mais forte aperta do te[u] sempre incondicional amigo,

Valentín

[Anexo.]
[Mecanografado.]

BELLAS ARTES

MUSEO DE PINTURAS DE ORENSE

Las relaciones que hay entre lo bello, lo verdadero y lo bueno, dan a las bellas artes una parte esencial y una influencia sobre las costumbres, que no puede ser omitida sino por el legislador que ignora o no sabe aprovecharse de estas relaciones.
(Filangieri, Ciencia de la legislación).

El esplendor de las bellas artes es un símbolo de prosperidad en las naciones. Cuando la civilización antigua, aislada como el oasis en la inmensidad de los desiertos, se fijaba en un país determinado para derramar en él la semilla de la verdad, la vida de los pueblos estaba como la del hombre sometida a una marcha fatal e inevitable, porque eran desconocidos, o no se desarrollaron aun, los elementos sociales consignados en el evangelio. La libertad del hombre, la igualdad de todos ante Dios, dieron por resultados la soberanía de los pueblos y el dogma sagrado de la fraternidad universal, fin a cuya consecución marchan las naciones realizando la idea del progreso, uniéndose en estrecha alianza para romper de una vez el círculo fatal de Vico, y aspirar constantemente al bien por esa senda misteriosa, de límites desconocidos, trazadas por la mano de Dios en el solemne día de la creación.
Los pueblos antiguos podían morir, porque su vida se alimentaba de conquistas, sus fundamentos eran las cabezas de numerosas falanjes [sic] de esclavos, el sunmun jus de sus legislaciones, era la fuerza o la voluntad de los señores.
Los pueblos de hoy no morirán como los de ayer; en la mente de todos los hombres no hay más que una patria, que es el mundo; ni más fundamentos sociales que el derecho; ni más naciones que una sola, la humanidad.
Pero los primeros tuvieron en el desarrollo de su vida un periodo brillante; igual a la juventud del hombre llenos de glorias e ilusiones de triunfos y conquistas, de expansión y de placeres. Entonces aparece el Genio de las artes, cantando al son de arpa las victorias, trasladando al lienzo los ejércitos de la patria en los momentos del combate, reanimando con los himnos el valor de los guerreros, y fundidendo al mármol inanimado el fuego inmortal de la belleza, y dando a la estatua, el secreto de la espresión [sic].
Y Grecia, coronada con los laureles de Salamina, y tendida en la falda del Olimpo, ó en las plazas del Egeo, escucha con sonrisa en los labios los cantos de sus poetas, contempla las creaciones de Fidias y las pinturas de Apeles el divino.
Y Roma, heredera del genio de la Grecia, llora al percibir las lamentaciones del vate desterrado, mira con dulce arrobamiento al Cesar que entra triunfante en la ciudad, orgulloso con el botín de los vencidos, y acoge en su regazo un libro en cuyas páginas consignara Virgilio el origen divino de la señora del mundo.
Y después del gran cataclismo de la invención bárbara renace el arte, espiritualizado por el Evangelio. Más tarde, Italia reconoce en el Dante a su poeta predilecto, y en Rafael de Urbino, al pintor del Cristianismo, y en Miguel Ángel, ve un segundo creador que dá [sic] a la idea nueva una bóveda inmensa como el cielo, destinado a recibir tal vez por siempre el incienso sagrado del sacrificio.
España, al escuchar los suaves acentos de Garcilaso, amante ruiseñor que anuncia el Siglo de Oro: se levanta hermosa como las zágalas del poeta, toma proporciones gigantescas, lucha, vence, y se duerme después, abrumada con el paso de cien coronas, y arrullada por el deleitoso aliento de sus célebres artistas.
Todos los pueblos, en fin, cuentan ese día de dulzura precursor de la noche de su muerte.
También Galicia ha sido grande.
Durante un largo periodo inaugurado, podemos decir, en el siglo IX con la aparición de las sagradas cenizas de Santiago en Compostela, la religión es dominante. La fé de nuestros mayores erige templos y monasterios, edificios sorprendentes por su lujo artístico. Testigos, la gran Basílica del Zebedeo; el Convento de S. Martín de Santiago, convertido por nuestra edad en Palacio de la Industria; el Monasterio de Osera, llamado el Escorial de Galicia, perla escondida entre montañas, los claustros monumentales de Celanova, y otros mil recuerdos, himnos en piedra, poemas de una edad grande por sus virtudes y sus vicios.

La ciencia no residía en los castillos, donde hablaba la fuerza, su mísera enemiga, pero el monasterio se encargó de alimentarla como a paloma fugitiva de los campos de batalla. El monasterio agrupó en rededor de sí la población; a su sombra se desarrolla el comercio en las ferias y mercados, celebrándolos el día de alguna festividad religiosa; enemigo a veces de los monarcas, les ayuda después de una importante obra, la consolidación de las nacionalidades; alimenta al pueblo con la sana doctrina del Evangelio, y ejerce, en fin, durante cierta época, una influencia saludable en el probreso. No descuidó las bellas artes; en su retiro se desarrolla libremente la inspiración de los artistas, alimentada por la idea cristiana, virgen de celestial sonrisa, que arroja al mundo munumentos [sic] como arroja perlas a la orilla el insondable mar.
Velázquez y Murillo, Zurbarán, y Alonso Cano, Juan de Juanes, y el divino Morales y Rivera, nombres ilustres en la historia de las artes españolas; fueron apóstoles de la verdad, como los que marchan a remotos países en busca de la palma del martirio. Toda idea, antes de ser apreciada por la inteligencia, es sentida por el corazón; el cristianismo para encarnarse en la mente de las naciones, necesitaba escitar [sic] el sentimiento; entonces, del mundo de la luz, brotaron esos genios para revelar al hombre la verdad con su pincel civilizador.
Alzad la frente de la tumba, artistas venerandos, para escuchar una verdad que el buen sentido de mi siglo hace circular de boca en boca; siempre a las grandes almas se han unido grandes desventuras; unos habéis muerto fallecidos por el hambre; a otros, la miseria os obligó a ser el juguete de la voluntad de los monarcas, que se llamaron vuestros protectores para exigir de vosotros la adulación y la mentira; la amargura acibaró vuestra agonía y el olvido veló vuestros sepulcros; pero la nueva generación que nace y se levanta para enarbolar sobre los escombros de la inquidad el pendón de la justicia, al borrar de la memoria los nombres de los que se creyeron superiores a vosotros, os bendicirán como los grandes hombres de vuestro siglo, como los obreros incansables de la civilización.
Quién desconozca la misión social de las bellas artes, desconoce al hombre y las condiciones necesarias para su desenvolvimiento en el tiempo. Las bellas artes bastan por sí solas para darnos a conocer una época dada de la historia. Aquel periodo de fé en que Galicia aparece como madre cariñosa que purifica las conciencias de millares de peregrinos, con el bálsamo de la religión, está escrito en preciosos lienzos que nuestra edad recoge cuidadosa y no destruye, porque es mentira que nuestro siglo haga escisión con lo pasado, siendo la acumulación de vida, la obra constante de progreso.
La provincia de Orense, ese bello florón de la península, ha visto alzarse durante la edad media, sobre la alfombra de sus campos, y al pie de sus montañas, monumentos de grandeza en cuyos pacíficos recintos se desarrolló notablemente la pintura.
Si al cruzar por nuestros valles divisáis las ruinas de algún convento solitario, no profanéis los claustros, habitados por el silencio de los siglos, y en donde no se escucha otro ruido que el murmullo de las fuentes; derramad sobre ellos una palabra de bendición porque han sido el refugio del saber hasta el día en que la ciencia desplegó sus alas de oro y rompió su sepultura. No busquéis allí los lienzos de que os he hablado; venid a la ciudad.
En un gran eficio moderno, destinado a las dependencias oficiales, existe como un centenar de cuadros, procedentes de los monasterios de Osera, Celanova, Melón y San Francisco.
Los límites de un artista no permiten estenderme [sic] acerca del mérito de cada uno de ellos; así me fijaré tan solo en los más notables [En nota: Debo estas indicaciones al distinguido artista Don Constancio López Corona, Director de la Escuela de Bellas Artes de esta capital.]
Llaman la atención dos grandes colecciones, representando una la vida de San Francisco y otra el Apostolado: la primera es de la escuela flamenca, y la segunda pertenece a la española; ésta última debe ser obra de algún discípulo de Rivera, el Españoleto, y al parecer de los inteligentes, el santo Tomé, pertenece al mismo Rivera, según lo indica lo riguroso de su entonación.
Existe otra colección de grandes cuadros que representa la familia de San Rosendo. Todos éstos parecen ser de don Diego de Fierro, pintor de Cámara de Carlos IV, según una inscripción que se ve en el dorso de uno de ellos.
Más que por la ejecución, aunque hay en él bellas cabezas, es notable por el asunto un cuadro de grandes dimensiones. Es el árbol genealógico de la orden de San Francisco. En él están representados por categorías los P.P. que alcanzaron el don de Santidad, los mártires, los pontífices, los cardenales y obispos.
En la esquina izquierda interior se ve el retrato bien ejecutado de Fr. Damián Cornejo, Obispo de Orense; y esta circunstancia ha ce sospechar que el cuadro, de autor desconocido, ha sido pintado de su orden.
Entre los infinitos retratos, citaré tan solo el del R. P. Maestro Fr. Manso Izquierdo, Genral de la congregación de San Benito; y el de nuestro ilustre compatriota, el venerable y erudito Feijóo; el primero muy notable por la ejecución; el segundo por la exactitud.
En otro cuadro de tamaño natural se ve a San Francisco meditando sobre la pasión de Jesucristo; sobresale por el misticismo y es del estilo de Zurbarán.
Vese en un lienzo bastante deteriorado, una pintura que representa a San Bernardo, arrodillado ante la imagen de María; me ha llamado la atención por el colorido, y porque el apellido de su autor, me hace creer que es uno de los muchos hijos dignos de Galicia, ignorados como todo lo de nuestro país. En una esquina del lienzo se conserva esta inscripción: J.A. Amoedo, 1751.
Sobre el mismo asunto hay otro cuadro muy bueno, muy superior al primero, de la escuela sevillana. Es notable también una Virgen de Alonso Cano, digna de estudio por la excelencia de sus paños y la delicadeza de los contornos, en especial de las manos.
Pero lo superior a todo elogio es una bellísima Virgen de la Ascensión, que se sospecha con fundamento sea obra del pincel de Mateo Cerezo. Sobresale este cuadro por la actitud, las sombras, la expresión y el colorido. No tiene inscripción alguna que pueda darnos luz sobre el artista que la pintó: la perla del Museo es de un autor desconocido.
Basta lo dicho para dar a conocerse algunos de los monumentos del museo de Orense. También es suficiente para que nuestro patriotismo no se satisfaga con la conservación de dichos cuadros en las salas y pasillos de una casa de oficinas; es necesario un salón especial, grande y decoroso para conservarlos, no como muebles de adornos, sino como restos de un periodo de grandezas, no unicamente para conservarlos, sino también para que el joven inspirado pueda cultivar el gusto, y desarrollar imitando, el sentimiento de lo bello. Pero en esta cuestión, como en otras muchas, se tropieza con una dificultad gravísima; cuando se despilfarra dinero en sueldos y pensiones la digna comisión de monumentos a duras penas [h]a podido conseguir la pequeña cantidad de 3.000 reales anuales, con los que tiene que atender a los gastos de secretaría y a la conservación de tantos lienzos. Séame lícito deplorar aquí la escasa significación política de las provincias y recordar al gobierno de la nación el imprescindible deber de fomentar el desarrollo de las artes. En este punto es donde conviene imitar el ejemplo de la Francia; hay en sus departamentos museos tan notables como en la cabeza del imperio.
No desdeñen los gobiernos las palabras del célebre juriconsulto Filangieri: un pueblo apreciador de la belleza está más dispuesto que otro para conocer la verdad y practicar el bien.
Y si llegase un día en que las cuatro provincias gallegas se uniesen para formar con sus tesoros un museo de antigüedades y bellas artes. Galicia entonces daría al resto de la península un elocuente ejemplo. Y puede hacerlo, tenemos monumentos que atestiguan la dominación de los celtas y los suevos, inscripciones, torres, puentes, bustos, columnas miliarias que nos prueban la de la reina de las naciones; por todas partes encontramos ruinas, tradiciones y cantares poéticos, recuerdos del poder feudal; y en la cuna de los Moures, Castros, y Villamiles, de los Feijos, Aguirres y Faraldos, nacen genios, que mueren muchas veces por falta de aire que respirar.
Abrazaos provincias hermanas, al percibir el cántico lisonjero del genio del porvenir; que ese abrazo de santa fraternidad, oh Galicia, ha de salir un día, yo lo espero, el ángel de tu redención y tu ventura.

JUAN MANUEL PAZ.

Orense, se[p]tiembre de 1859

Artículo publicado en ALBUM DE EL MIÑO, páginas 492 a 495. Se editó en Vigo, en 1858, establecimiento tipográfico de D.J. Compañel, c/ Real núm. 14. El autor, aunque no firma con el segundo apellido es Don Juan Manuel Paz Novoa.

1975-02-14 Mencionado/a
Carta de Seoane a Rafael e Emma Lifschitz. 1975
A Coruña
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola Carta de Seoane a Rafael e Emma Lifschitz. 1975 en 14/02/1975


La Coruña, 14 de febrero de 1975

Sres. Emma y Rafael Lifschitz
Buenos Aires

Queridos amigos:

Acabamos de pasar el mes en ésta. Estuvimos en Madrid y Barcelona unos días reviendo museos, volviendo a ver las obras de los pintores que uno estima, encontrando obras de artistas que fueron incorporados últimamente, etc. En Madrid, acababa de celebrarse una gran exposición de Nolde que no llegamos a ver, se abrieron nuevas galerías y las subastas donde algunos artistas alcanzan precios fabulosos; se realizan más a menudo de lo que conviene al arte. En Barcelona, volvimos, como siempre, al Museo Picasso que siempre nos parece espléndido y al Museo Marés de escultura, también extraordinario en cuanto se refiere al románico y al gótico, en general, todo él. En la misma calle donde está el de Picasso, calle de la Moncada, se abrió en otro palacio gótico la sucursal de la Galería Maeght de un gran lujo y con una exposición de pintura contemporánea, desde Braque, Picasso, Matisse, Léger, Chagall, etc., hasta Tàpies y algunos más nuevos. No hemos ido esta vez al Museo Románico, pero quizás volvamos a Barcelona. Mi exposición en la Galería Aele, en la que expuse en el 73, se inaugura el 29 de abril. Espero que me vaya bien. Trabajo mucho desde hace unos días y estoy haciendo unos paisajes que siguen a los que expuse en la última exposición de Buenos Aires. Trato de conseguir, con tonos planos y con un grafismo elemental, de dar la idea del paisaje de aquí. Hasta ahora estoy satisfecho del trabajo.
De Buenos Aires sabemos noticias policiales por los diarios de aquí. La Nación aérea a la que nos suscribimos antes de venirnos apenas nos llega algún ejemplar. A Carlos lo suponemos casado y le esperamos, lo mismo que a vosotros y a todos aquellos amigos que se animen a venir hasta este fin del mundo romano, el Finisterre de las tropas de Julio César, o mejor dicho, uno de los Finisterres, el otro estaba y está en Bretaña. Estos días son espléndidos de lluvia y de tormentas en el mar. Las olas son gigantescas y se suceden unas a otras. Nosotros las estamos viendo desde la ventana. El cielo gris está casi blanco y el mar de un gris verdoso pálido, color acerado, como la hoja de una espada. Está bellísimo. Todo lo demás no cuenta. De aquí no sabemos nada. Vimos hasta ahora parientes, amigos y trabajamos.
Os rogamos nos contéis noticias de ahí. De todo lo que vaya ocurriendo. Deseamos saber, resulta una curiosidad, si alguien tiene esperanza de algo. Un abrazo de Maruja y mío para todos vosotros, padres, hijos y nueras para los amigos comunes:

[Seoane]

1977-05-16 Mencionado/a
Carta de Seoane a Parker. 1977
A Coruña
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola Carta de Seoane a Parker. 1977 en 16/05/1977


La Coruña, 16 de Mayo de 1977

A Margot Parker
Buenos Aires

Querida Margot:

Nos alegramos mucho que estés pintando, aunque te parezca broma, es uno de los modos de luchar contra la bronquitis y contra todo, y, trabajando, vas realizando tu propio homenaje a los que has querido y quieres, al mundo. Todos estamos de paso pero tenemos la esperanza de que quede algo nuestro; quienes somos de naturaleza gallega tenemos el oscuro presentimiento de continuar de alguna manera poblando un espacio entre la niebla, o acompañando a un ser de otra especie que peregrinará, porque no lo hizo en vida, a una ermita de la costa del norte de Galicia, donde creo termina el Mar de los Ártabros, que se llama San Andrés de Teixido. Este país está cubierto por la más rica variedad de verdes que puedas imaginarte y el mar y la cima de las montañas se diluyen en nieblas. Así, casi siempre, es el mes de Mayo en cuyos días se alternan las lluvias. Yo estoy muy metido en casa y trabajo.
A otros amigos les digo que hice una serie de grabados. Veinte de ellos están destinados a un álbum, Imaxens celtas, del que hablaremos a nuestro regreso, pues se trata de figurar un desarrollo estético realizado en la prehistoria por los celtas a través de medallas y monedas partiendo de la figuración naturalista. Los celtas no expresaban literariamente su pensamiento. No poseían alfabeto alguno y su sentimiento lo fijaban a través de sus figuraciones y con el tiempo de los signos que las recordaban.
Galicia posee un tesoro de insculturas abstractas grabadas en sus rocas, en joyas y en algunas rudas esculturas de guerreros. Las medallas y monedas son de los celtas de Europa oriental, de los de ambas orillas del Rhin y de los galos, los irlandeses, bretones y gallegos no hicieron monedas, eran orfebres o al menos no tuvieron el sentido del ahorro de los galos por ejemplo y por eso no perduraron sus monedas. A orillas del Rhin estaba establecido un orfebre celta gallego cuando llegaron las tropas romanas, creo que en época de Cesar o éste dirigía esas tropas, así lo cuenta un cronista de entonces.
A ese mundo dedico este álbum que grabé en madera de camelio, la madera más dura que trabajé nunca, haciendo que me hiriese constantemente con la gubia la mano que sujetaba el taco de madera. Efectivamente, la Fundación Miró es una maravilla pero tambien lo es como ciudad y por amor a la cultura, Barcelona, que mantiene dentro de su recinto 26 museos, acabo de leerlo, de los cuales yo sólo conozco seis o siete. Y uno piensa que vive en ciudades cuatro o cinco veces más grandes que apenas pueden sostener dos o tres.
De no haber nacido de origen gallego me hubiese gustado serlo de origen catalán. Creo que de ser de otro origen español –perdóname esta digresión– me gustaría ser de Cataluña, de León o de Andalucía, o tambien de Castilla la Vieja, no de la Nueva, ni de La Mancha, ni del Mediterráneo, con la excepción de Cataluña. A todos, sin embargo, prefiero Galicia. Somos un misterio para el resto de los españoles. Tenemos hadas, nieblas y un cielo poblado de muertos, aparte de los fantasmas, y, personalmente, tres pensamientos a un tiempo en la cabeza, según fama, o como dicen los madrileños somos el hombre que estando en una escalera, los ajenos a Galicia no saben si sube o baja. A mi me gustaría saber que los demás no saben si subo o bajo, si voy o vengo y en cambio saber yo todo eso de ellos. Es un buen modo de defenderse.
Creo que he escrito mucho. Te mandamos, Maruja y yo muchos abrazos:

[Seoane]