Epistolario Rosalía de Castro

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Alejandra Martínez-Murguía (1859-1937)

Primoxénita de Rosalía de Castro e Manuel Murguía, tivo como padriño a Alejandro Chao. Formouse como debuxante e por esa razón participou na formación artística do seu irmán Ovidio. Colaborou con debuxos en La Ilustración Cantábrica e La Ilustración Gallega y Asturiana e consérvase un retrato de Rosalía feito por ela. Estreita colaboradora do seu pai, debuxou monumentos, edificios e obxectos para ilustrar o traballo do historiador. Viviu na casa do seu avó paterno, Juan Martínez Castro, cando os pais residían na Coruña. Foi vivir a Madrid co seu pai cando este asumiu o cargo de director de La Ilustración Gallega y Asturiana, entre 1879 e 1882. Encargouse da queima dos papeis inéditos de Rosalía de Castro, atendendo á vontade expresa da escritora. En diversas ocasións informou sobre as calidades musicais da súa nai, que adoitaba tocar varios instrumentos. Interpretou varias veces en público a Alborada composta por Rosalía de Castro, e por esa razón actuou como informante para os folcloristas Casto Sampedro e Perfecto Feijoo.



Fontes
Naya, Juan (1974). “El final de una estirpe: Rosalía de Castro y Manuel Murguía”. Boletín de la Real Academia Gallega, n.º 356, p. 24-49.

Filgueira Valverde, Xosé (1986). “Rosalía de Castro e a música”. Actas do Congreso Internacional sobre Rosalía de Castro e o seu tempo. Santiago de Compostela: S.P. da Universidade de Santiago de Compostela, p. 33-56.
7 Mencionado/a [7]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía

...Antes que se me olvide. ¿Le cogiste a Correa el original de Romana? Persíguelo, a ver si tiene ahí lo que le falta al que me mandó Alejandro, pues en el medio y catorce...
…sectos por mi gran sala y ponerme a trabajar. Recibe toda mi alma y besos de tu pequeñita que quiere que le traigas una virgen vestida del sol y calzada de la luna. Poca cosa. Tu Rosa

Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Santiago de Compostela
Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía

Santiago, lunes
Querido Manolo: Hoy pensaba recibir carta tuya, pero me he engañado; sin duda es temprano todavía, pero no deja de impacientarme esta tardanza sobremanera, pues deseo muchísimo saber cómo te encuentras por esa. Yo sigo mala y bastante del estómago y del vientre, pero al mismo tiempo no pasa de ser una de aquellas vueltas antiguas que no quieren abandonarme completamente, y espero que pronto cesará.
La pequeña sigue buena y me pregunta siempre cuándo vienes. Ayer recibí esa carta de Paz que te remito. Está bien trabajada y parece que dice verdad; indudablemente tiene talento. También recibirás otra del Chantre que te remito por correo con el mismo sobre...
El tiempo ha empezado hoy a nublarse, y viene el invierno, de lo que me alegro, pues los días buenos me cansan ya porque no me dejan trabajar... Anteayer fui a Conjo y nos enseñaron el Cristo. Me ha gustado muchísimo el rostro, y una Virgen de los Dolores que hay allí también me pareció buena, aunque era ya algo noche y no la pude ver bien. El Cristo nos lo enseñaron con luz. Yendo a pasear hacia allí, entramos después con unos señores y nos aprovechamos de la ocasión. ¡Y el bosque qué hermosísimo estaba! Era materialmente el suelo un mar de hojas secas; no quiero decirte cuánto me acordé allí de ti. Pero estuve muy triste. ¿Cuándo nos veremos? Ya me parece que hace un año que no te he visto. Adiós, querido de mi corazón, y haz cuanto te sea posible por que esta separación no dure mucho. Un beso.
Rosalía

Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Orixinal Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía

...nos hallamos demasiado lejos. Paciencia. Ninguna contestación tuve de Joaquina, y no quiero mandarle más a la niña, a no ser que tú me mandes otra cosa. Que se lo coman y se lo guisen todo.
Nada sabía de que Compañel estuviese enfermo. Cierto es que no tenía por quién. Apresúrate, sin embargo, a hacer cuentas; bueno será. Si yo fuese hombre, saldría en este momento y me dirigiría a un monte, pues el día está soberbio; tengo, sin embargo, que resignarme a permanecer encerrada en mi gran salón. Sea. Adiós. Recibe todo mi corazón y perdóname cuanto te hago sufrir: tú eres el que tienes que perdonarme a mí y no yo a ti. He leído ayer un cuento de Poe, precioso aunque sencillo. Allí comprenderías que era poeta. Otro que he leído de él, de un género opuesto, se parece al modo de escribir de Larra. Las damas verdes de Jorge Sand tienen muchísima semejanza en cierto estilo con mi joven azul. ¿Qué te parece? Van a decir que he querido imitarla.
Cien besos y adiós. Voy a pasearme un poco por tu cuarto, pues tengo los pies helados.
Tuya,
Rosa

Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Orixinal Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía

Mi querido Manolo: no debía escribirte hoy, pues tú, que me dices lo haga yo todos los días, escaseas las tuyas cuanto puedes, pues casualmente los dos días peores que he tenido, hasta me aconteció la fatalidad de no recibir carta tuya. Ya me vas acostumbrando, y como todo depende de la costumbre, ya no me hace tanto efecto; sin embargo, estos días en que me encuentro enferma, como estoy más "susceptible", lo siento más. Te perdono, sin embargo, aunque sé que no tendrías hoy otro motivo para no escribirme que el de algún paseíto con Indalecio, u otra cosa parecida. Pero no reñiremos por esto, cuando tan desdichados somos ya. Yo prosigo con mucha tos, mucha más que antes, aunque me cesaron los escalofríos. Sin embargo, se me figura que este golpe ha sido demasiado fuerte y que si llego a sanar, que no lo sé, me han de quedar restos y reliquias. Ya sabes que no soy aprensiva y que cuando estoy buena no me acuerdo de que he estado enferma, pero te aseguro que éste ha sido un golpe de lanza soberano y que no sé cómo quedaré. Te confieso que lo mismo me da, y que si en realidad llegase a ponerme tísica, lo único que querría es acabar pronto, porque moriría medio desesperada al verme envuelta en gargajos, y cuanto más durase el negocio, peor.
¿Quién demonio habrá hecho de la tisis una enfermedad poética? La enfermedad más sublime de cuantas han existido (después de hallarse uno a bien con Dios) es una apoplejía fulminante, o un rayo, que hasta impide, si ha herido como buen rayo, que los gusanos se ceben en el cuerpo convertido en verdadera ceniza. Pero dejemos de hablar de esto, puesto que, según todas las trazas, sea hoy, sea mañana, más tarde o más temprano, pienso que tendré que morir despacio y a modito, y sin duda será un bien, porque en realidad me hallo cada vez menos resignada, y por lo mismo menos a bien con Dios; y de este modo, muriendo de repente, me iría muy mal.
Pero reflexionando en lo que te escribo veo que soy una loca, y tienes mucho que perdonarme. Tú ya sabes que cuanto estoy enferma me pongo de un humor del diablo, todo lo veo negro y, añadiendo a esto que no te veo y nuestras circunstancias, malditas cien veces, con una bilis como la mía, no hay remedio sino redactar una carta como esta, precisamente cuando va dirigida a la persona que más se quiere en el mundo, y a la única a quien se le pueden decir estas cosas. Perdóname, pues, y sobre todo no me hagas caso. Muchas veces he creído que iba a morirme y aún estoy [viva, y probablemente esta vez, si] Dios quiere, sucederá lo mismo.
Sigo tomando la leche de burra, pues el buen médico no me dijo ni oste ni moste, ni me dio más remedio; hoy compré otra botella de cerveza, y le regalaré a esos ladrones con título 28 cuartos. Gallinas no quiero comprar más; lo mismo me he de morir de un modo que de otro. Hoy cuando quise mandarte los libros ya era tarde, pero mañana irán sin falta trece tomos y La guerra de los dioses, que bien harías en quemarla, más bien que en darla a nadie, pues esas obscenidades ensucian en donde están. Veremos si mañana soy más feliz que hoy. Se me olvidaba. Tu tía Teresa está ahí, pues al pasar por allí la niña la vio, pues la llamó ella y le dijo que me diese un recadito, y que no venía por aquí porque estaba sola la tía Pepa. Yo no salgo, pero aunque así no fuera, no iría a verla. Respecto a lo que me dices de comprar sillas para tu cuarto, etcétera, nada haré…

1861-12-16 Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía
Santiago de Compostela
Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Manuel Murguía en 16/12/1861

Santiago, 16 de diciembre de 1861
Mi querido Manolo: Hemos llegado a esta ayer domingo, a las ocho de la noche, sin novedad particular, aunque llenas de aburrimiento y de cansancio. Después de venir la mayor parte del camino como en una prensa, se ha roto el eje de una rueda, por lo cual hemos tenido que venir desde antes de Lugo a paso de galera. Llegamos a La Coruña a las doce de la noche, aburridas y disgustadas, porque desde cerca de Betanzos hasta llegar a La Coruña, la niña vino con un cólico, que le pasó porque Dios lo quiso, pues con nada pudimos acudirle: pero como es tan fuerte, sanó sin remedio alguno. Mamá, el primero y segundo día, se mareó espantosamente, y yo me indispuse del estómago, de
comer la comida fría, en tal disposición que en lo restante del camino no hemos comido otra cosa que un té en Sanchidrián, una taza de caldo más allá de Valladolid, un chocolate en León, otro en Astorga y un café en Lugo. Así llegamos a La Coruña, donde no quisimos cenar nada, tomando al otro día otro café antes de almorzar, a pesar de lo cual nos llevaron en la dichosa Coruña, por dormir y el café, 24 reales...
Ahora vamos a otra cosa. En Santiago hace un frío espantoso y apareció a mis ojos tal cual lo he descrito en Mauro. Jamás he visto tanta soledad, tanta tristeza, un cielo más pálido. En cambio, La Coruña estaba hermosísima. Una temperatura de primavera y un sol brillante. Estaba por quedarme ya en ella. Si aquí me fuese mal, allá me iba, pues ya tenía un sitio muy bueno, y bien amueblado, donde por tres duros al mes me ponían servicio, habitación y planchado. Lo demás está tan caro en Santiago como en La Coruña.
Por ahora me encuentro aquí en extremo descontenta. Santiago no es ciudad; es un sepulcro. No vayas a creer, sin embargo, que ya tengo melancolía, que voy a enfermar. Nada de eso. Solo tengo una pequeña indisposición al vientre efecto del viaje. Por lo demás, estoy bien. Mamá y la niña también están buenas, gracias a Dios.
He llegado aquí con cinco duros; pero ya no tengo más de tres, y no creas que he gastado un solo maravedí en nada, pues lo he pasado hoy con una economía que pienso no sea mañana tan excesiva, pues casi he comido. El dinero se ha ido en pagar a los que trajeron el equipaje, en comprar varias cosas, porque no había nada en casa, y aún tengo para mañana, además de los tres duros, dos pesetas, y leña, y pan, y carne y algunas otras pequeñeces. Creo que no puedes…

1883-04-23 Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Ángel Baltar Varela
A Matanza
Padrón
Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Ángel Baltar Varela en 23/04/1883

Sr. Dn. Ángel Baltar
La Matanza, abril 23 de 1883
Muy estimado amigo: La dadora me ha entregado un tomo de El Foro y los 60 reales producto de los otros dos que se han vendido; por todo ello le doy a V. las más expresivas gracias, rogándole nos dispense tan repetidas molestias.
Por lo que toca a Las Glorias Nacionales de que me habla en su atenta, por más que he buscado sólo pude dar con el tomo segundo que le remito, pero ya escribo a Murguía preguntándole por el primero, que tendrá V. en su poder tan pronto me dea razón de él.
Mucho agradezco los afectuosos recuerdos de su apreciable familia, a la cual se servirá hacerle presentes los nuestros, en especial los de Murguía y Alejandra, quienes en sus cartas suelen enviarlos para V. V. preferentemente.

1887-07-10 Mencionado/a
de Rosalía de Castro, a Eduardo Pondal
Orixinal Transcrición

Transcripción da epistola de Rosalía de Castro, a Eduardo Pondal en 10/07/1887

Sr. D. Eduardo Pondal

Mi apreciable y distinguido amigo: He tenido el gusto de poder recibir su atenta carta y me apresuro a decirle son en mi poder los 400 rs. que V. ha tenido a bien entregarle para mí a don Felipe Núñez.
Doile a V. un millón de gracias por las molestias que en nuestro obsequio se toma, y le suplico nos dispense el que le obliguemos, impulsados por la necesidad, a ocuparse de la venta de una mercancía que, como V. dice muy bien, tan poca salida tiene en nuestras plazas, aunque es posible que por esta vez consista la escasez de compradores en lo flojo del género.
Mucho le agradezco, asimismo, las benévolas frases con que procura alentarme, pero, creyéndolas inspiradas por su generosidad y la buena amistad que nos profesa, no pueden hacerme esperar en la inmortalidad, que nunca le estuvo reservada a las medianías en cuyo número me encuentro. Trabajo, pues, amigo Pondal, porque las circunstancias me obligan a ello, y al trabajar lo hago como puedo y sé, en aquello que siento y es más grato a mi corazón, el enaltecimiento de nuestra amada Galicia.
Y a propósito de esto, ¿cuándo saldrá a la luz el poema que tiene V. anunciado? Yo lo espero con ansia hace tiempo y lo mismo les pasa a todos los amantes de la verdadera poesía y que desean refrescar el entendimiento con algo selecto y delicado. V., que es de los verdaderos elegidos, es el que no debe dormirse ni un día; no nos haga, pues, esperar mucho la publicación de su obra, que supongo, a juzgar por su índole y el amor con que V. parece tratarla, ha de superar todavía en mérito a las que todos conocemos.
Sin más, con afectuosos recuerdos de Alejandra, tengo la satisfacción de repetirme su admiradora y afectísima amiga
q.s.m.b.
Rosalía Castro de Murguía.
Lestrove, 10 de julio – 1881