Proxecto Epístola

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Antonio Pérez Prado (1926-2009)

Fillo de emigrantes galegos de Lugo foi un médico e escritor defensor dos principais sinais de identidade de Galicia.
Epístolas
8 Destinatario/a [3]
Remitente [5]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Relación Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
1975-09-02 Remitente
de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane
Nova York
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane en 02/09/1975


Buenos Aires, 2 de septiembre de 1975

Mi querido Seoane:

Hace ya largo tiempo recibí su carta. Hoy, como en aquella mía que usted contesta, vuelvo a mis tribulaciones cinematográficas.
Con mil inconvenientes, con periódicas glaciaciones, con prolongadas y vociferantes sequías, con desalientos aluvionales y con varias y firmísimas determinaciones –por cuenta de Prelorán y por mi humilde cuenta– de plantar, abandonar y entregar, quizá con un suspiro de alivio, todo el material filmado, seguimos adelante con nuestro Castelao. Y ahora y aunque parezca mentira –a mí me parece un sueño– estamos ya en la última etapa y es más fácil terminar la obra que dejarla morir nonata. La filmación que resta será la de algunas fotografías que aparecerán en nuestras excavaciones de periodismo arqueológico; unos segundos más o, como diría nuestro barbado Prelorán, algunos pies de film y listo. Tenemos lo suficiente para cien minutos de proyección; el material desechado no es mucho: quizá otro tanto. Esa relación de 2 a 1 es muy económica y debemos agradecérsela a Jorge quien ahora es medio gallego y del todo galleguista. Él supo disparar su cámara con acierto sobre los documentos que allegamos entre todos, batiendo la selva de papel. El ojeador más fértil, Roberto Rodríguez, encargado de la biblioteca del Centro, mostró un ansia venatoria indeclinable.
Yo soy el autor del libro, según rezan los carteles. Mi oficio, sin embargo, tiene más requilorios y fue más complicado; pues debí meter en el asunto a Prelorán, adobar y condimentar a nuestro gusto la marmita, luchar en dos frentes principales y en multitud de secundarios y demostrar, en fin, que la raza de los Gondomares dura tanto como nosotros. A veces, lamento no haber escrito un diario, un journal de la película; otras creo que hubiera sido casi imposible derramar en papeles tantas incidencias y tantas malas sangres, fatigosas dialécticas y tornadizas meteorologías. Pero no sé si alguna vez, con más recuerdos que documentos, no me pondré y, al volar de la máquina, no dejaré crónica del periplo. Le aseguro que tendría su interés y, por lo menos, justificaría tal cual defecto o exceso.
Castelao irá en dos grandes rollos: primera y segunda parte. En 35 mm lo común es tener dos proyectores a mano; en 16 mm eso no suele ocurrir. Hay que contar con un intervalo, pues, que sería brevísimo en caso de no rebobinar enseguida. La banda sonora es del tipo llamado internacional, para distintas versiones. Por ahora grabaremos dos: castellano y gallego.
El orden que sigo en el relato es el lineal y cronológico, casi siempre. Fotografías de Castelao, sus dibujos, las fotografías de personajes o sucesos que fueron importantes en su vida y en lo que más importó a su vida; algunos metros de película que nos lo muestran en viajes, inevitables banquetes y hemerotecas. Ese material gráfico es la imagen que apoyan meses de librerías, archivos y principales: la de Castelao y la del relator; muchas otras, diversas, recitan los famosos epígrafes. Si estuviéramos filmando un libro mío cualquiera, previo y completo, las cosas me resultarían menos inquietantes. Yo sería el autor de unas letras y Prelorán buscaría los señores que las pronunciaran y los escenarios en que lo hicieran. Pero nuestro camino discurre exactamente al revés. Encontramos las escenas, los documentos gráficos y debemos armar –y modificar continuamente, sin perder el norte– la historia para sacarles provecho y ensartarlos como perlas. Imagine mis piruetas.
Después de no pocas escaramuzas iniciales y de un paciente trabajo doctrinario que me dio al fin sus frutos en Prelorán, conseguimos armar una estructura con ritmo cinematográfico –a pesar de la sofocante mayoría de escenas fijas– y, creo, eficaz. Quiero decir que cualquier persona de mediana sensibilidad y completa ignorancia en la materia puede tolerar sin fatigas esa hora y media y ya no puede ignorar quien fue Castelao y cual su lucha y cuales los problemas de nuestra patria gallega.
La película empieza con fotografías de la niñez de Castelao y con su voz. Todos los parlamentos que dice esa voz en primera persona están sacados textualmente de sus obras: libros, discursos, papeles diversos. Yo traduje con fidelidad y recorté con intención y de la manera que convenía según nuestro propósito y las posibilidades de imagen con que contábamos. Prelorán fijaba los estrechos límites temporales. Así Castelao, con fragmentos de su obra, nos cuenta su vida y explica lo que mostramos ayudado por el relator. Pero esa estructura debía contener su mensaje patriótico en forma clara y agónica, dramática. Y yo tenía que hallar la manera de representar o encarnar de algún modo la tontería centralista, la españolada de chafarrinón, el menosprecio de corte. Y entonces, y para los años que llegan al advenimiento de la Segunda República, elegí como figura contrapuntística a don Alfonso XIII. Con la imprescindible y santa pequeña injusticia y perdonable malicia que tienen inevitablemente estas cosas, elegimos entre sus muchas fotografías aquellas que lo muestran en sus diversos años y en su constante bobalicón perfil. Atusándose el bigote en una, vestido como un polista británico en otra, al comando de un luciente automóvil en esta, empingorotado y con charrateras; en un sarao, en un arenal de Marruecos o dando limosnas; en una corrida de toros, en el palacio, en el hipódromo. No es mucha imagen real en total computable, pero cada una de las veces en que interrumpiendo el relato aparece Su Majestad unos compases de pasodoble torero añaden su bronce y su chunga al contrapunto. El ser contemporáneos, tocayos y el haber coincidido etapas importantes de sus vidas en fechas muy cercanas (y el tener muchas fotografías del Borbón, claro) me incitó a brindar a nuestro paisano tan elegante partenaire. Conseguí además, espero, gracias al rey y a sus veleidades, sus tropiezos en Marruecos, sus lances políticos y su política de reinado, mostrar con cierta agilidad esa historia que vivió España y el mundo en los años que van desde Rianxo a esa primavera del 31. Después, apoyo mi contrapunto en los grandes acontecimientos y en algunos de sus protagonistas; el relator apostilla las imágenes del bienio negro, de los estatutos y del Estatuto, la Guerra de España, la Guerra Mundial y el triunfo, la postguerra y la derrota.
Prelorán grabó muchas voces buscando a la de Castelao, que no se pretendía omitir y ni siquiera evocar. Quería un hombre viejo, que no fuera ni se creyese actor, ni locutor. En la del señor Baltar –quien ya dijo todo el texto de Castelao– cree Prelorán haber hallado lo que buscaba. El relator debía ser más joven, con voz y acento diferentes. Luis Medina Castro fue el elegido y ahora ensaya mi texto. Luego, como dije, muchos anónimos cuyo timbre o estilo encajan en los epígrafes. La banda sonora –que incluye música– es cosa de Prelorán y del asesoramiento que me permita.
La tarea de Prelorán ha sido –y es– formidable. No puedo imaginar a nadie tan atrapado por una vida de la que no tenía sospecha y hasta por un país en cuyas venturas y desventuras lo introdujeron no hace mucho mi librito y nuestras charlas. Sus ahogos económicos –aún los domésticos– fueron muy grandes en estos malos tiempos y, con la inocente blandura que usted diagnosticó, Jorge fue lastimado muchas veces por las actitudes del entorno que usted, asimismo, tan certeramente pronostico. En gran cariño y respeto trabajamos durante meses con algunas crisis de su parte. Hace unos días, y sin que esto lleve relación directa con nuestro trabajo, pero sí en forma de bienvenida compensación y alivio, Jorge acaba de ganar (por segunda vez) la beca Guggenheim. Tratará de cumplir la mayor parte de su término en la Argentina.
Quizá, luego de los primeros y muy difíciles momentos, los inconvenientes más grandes que tuve con Jorge fueron debidos a un violentísimo celtismo que contrajo en las páginas de Castelao. Su parte de sangre irlandesa entró en ebullición y pronto mostró un fanatismo digno de cualquier troglodita de la Cova Céltiga. Y hasta con la ayuda de Simón Feldman imaginó una serie de mapas animados con los más peregrinos desplazamientos de las célebres tribus. Llegamos a una etapa en que los celtas y su influencia parecían bastarle para explicar todo y a mis violentos contraataques respondía con santa indignación, hoscos silencios y renovadas guerras y guerrillas. En su casa de él y en la de Simón o en cualquier lado mientras filmábamos –él por los celtas y yo aliado a cualquier otro pueblo histórico que me viniese bien o sólo, a pie firme– luchábamos con denuedo y sin cuartel. Temía yo y temo, pues Jorge me parece incurable celtómano y didactomaníaco, que se malograra nuestro esfuerzo y en especial su magnífico esfuerzo al seguir cualquiera de las teorías históricas más o menos tópicas que luego pasan o pasaron de moda, amén de aguar el mensaje y ablandar el carozo. Y, mañosamente y sin que me faltara razón, le decía que una cosa es el celtismo –actitud emocional y hasta postura existencial muy digna y aún política, si a mano viene– y otra son las precisiones eruditas sobre temas que ni él ni yo dominábamos y sobre los que, para colmo, no había acuerdo. Y que si todo lo que sabemos o podemos llegar a saber sobre los misteriosos celtas y los indudables romanos y los suevos y todos los que usted quiera se demostrara falso o cosa de fantasía y sueño, no por eso iban a terminar o torcer su modo esas injusticias que denunciábamos ni desaparecería con un suspiro esa nación que defendíamos. En verdad, creí muchas veces haber derrotado a los queridos celtas y otras tantas volvían ellos y acometían mandados por el barbado Prelorán (¿No será Breogán?) y hasta por Simón quien armó con su entraña pétrea un inesperado celtismo. Créame Seoane que si los celtas hubieran tenido tanta resistencia e insistencia como la de estos buenos amigos en el día de hoy y en nuestra Galicia no hablábamos ningún latín corrompido sino algo así como el gaélico.
Prelorán es, como usted sabe, muy trabajador, muy ingenuo y hasta inocente. No puede ni pretende usufructuar grandes lecturas ni mayores erudiciones, pero cuando se le mete una idea entre pelos y barbas es de ver como echa luego raíces y lo mueve a lecturas atragantadas, y florece y frutece y vierte por fin sus jugos en una suerte de breves trabajos cuidadosamente mecanografiados y sometidos, con toda gravedad, a mi crítica. ¡Y menudas angustias las que me dan esas prosas! Esas afirmaciones impávidas que debo atenuar para eludir el traspiés o los azotes de cualquier crítico; esas detonantes ingenuidades quizás inofensivas en un cine-club, pero suicidas frente a otros públicos más sólidos y esos crasos errores que debo tratar suavemente con injertos, barroquismos y sutiles alquimias y procurando no lastimar... Y no hay más remedio que hacer la cirugía porque los trabajosos trabajos de Jorge son la base o el texto mismo que imagina para comentar su lenguaje cinematográfico, sus escenas filmadas, expresión ésta sobre la que reina con absoluto imperio y de la que es más celoso que Otelo. Con aparente docilidad y sin tontas veleidades literarias (Jorge carece –¡felizmente!– de cosquillas) Prelorán acepta mis recortes o mis rechazos y ortopedias, pero vuelve luego con otro texto y torno yo a mis cosméticas y podaderas. El proceso tiende a repetirse y adquirir la mecánica del cuento de la buena pipa y, en cuanto me descuido, de sutil contrabando y con nuevas ropas trata Jorge de volver a pasar un argumento que le suena bien o un clan entero de celtas.
Este didactismo de Prelorán me saca el sueño y me hace temer empresas tan gratuitas como las de explicar que el Mediterráneo está rodeado de tierra y, para colmo, relleno de agua y otras enfadosas disgresiones. Como Prelorán no andaba muy enterado de las andanzas de todos esos iberos, celtas, romanos y bárbaros, moros y cristianos, Prelorán cree su deber exponer el asunto a la manera audiovisual para beneficio y remedio de quienes padezcan esa misma falta. Y como Prelorán no conocía nuestra tierra, sus gentes y su drama, él cree lícito admitir en ambas primitivas inocencias un nexo causal. Y –repite– para conocer Galicia es necesario saber que es Galicia (lo que en su idioma significa tener una idea de su historia... si fuera posible con mapas animados por el amigo Feldman). En fin, que termino usando contra todos aquellos pueblos la energía con que luché contra nuestros celtas. Pero no será fácil impedir algunos mapitas –temo– y haré lo que pueda por evitar que nos den al traste con el esfuerzo y terminemos provocando la zumba de los inteligentes y el aburrimiento de los simples. ¡Qué falta me hace usted, Luis, en estos momentos! Estoy solo en la parte que de verdad interesa y soy el único que puede manejar el negocio y salvar nuestras almas y llevar las aguas discretas a nuestro patriótico molino.
Seoane: quisiera lograr una película rescatable, eficaz, decorosa, permanente; y lo quiero sobre todo por usted y también por Eduardo quienes, en estos Buenos Aires me desbravaron un poco en galaicología y me abrieron generoso crédito de amistad y confianza. Entiendo que nosotros, los hijos de gallegos que llegamos a su lado, tenemos el deber de retornar una obra que justifique tan altos magisterios. Y si meu señor Sant-Yago me da forzas, como a Gaiferos, llegaré, no al Pórtico de la Gloria, pues no tengo para el pasaje, pero sí quizás a salir del anónimo etcétera y ser nombrado en la Enciclopedia Gallega (ver art. sobre Alén Mar...)
Un gran abrazo. No gaste su tiempo en contestar, salvo para ordenarme lo que fuera o para darme un consejo sobre toda esta lata. Quiero decir que mucho quisiera unas líneas suyas, pero no me atrevo a pedirlas.

Cariños a todos y muy especialmente a Maruxa.

Pérez Prado

P.S. Si todo anda bien, creo que la película podría verse allá en noviembre. (Prelorán insiste en procesarla en el exterior, para mejor calidad; eso puede demorarnos, pero no creo que más allá del citado mes).
Salta 760, 3ºB

1975-04-28 Destinatario/a
de Luís Seoane, a Antonio Pérez Prado
Madrid
Nova York
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Luís Seoane, a Antonio Pérez Prado en 28/04/1975

Madrid, 28 de abril de 1975

Sr. D. Antonio Pérez Prado
Buenos Aires

Mi querido amigo:

Debo respuesta a dos cartas suyas. Debo respuesta a otras cartas de otros amigos míos en ésa y unas líneas primeras de llegada a todos. Pero desde que llegué, no hice más que sentirme confuso, desorientado y trabajar para una exposición que se inaugura mañana. Tengo todo el material para concretar una monografía sobre el gran dibujante satírico de este siglo, el catalán Bagaría, y aún no pude empezarla. Por vez primera, dudo de todo y noto algo que cambia en mí y creo se lo debo a las circunstancias de que escribía Ortega. Todo es largo de explicar. Yo que odio la soledad me la estoy explicando en aquellos que la aman y la gozan. Me explico al ermitaño y al pescador de caña. En cuanto a ustedes comprendo por todo lo que pasan con motivo de la película sobre Castelao. Sobre todo lo que debe pasar Prelorán, tan ajeno a nuestro modo de ser, tan sin defensas para las sutilezas de las gentes gallegas. Cuando me escribió la primera carta, imaginé que ocurriría algo así, que todos tendrían ideas para que las desarrollasen Prelorán y usted y que lo que tenían que dar, dinero, lo harían discutiendo y muy mezquinamente. De Castelao en Buenos Aires no se puede hacer, pienso, película alguna. Sólo de su obra, la de Buenos Aires y la de aquí. Ni siquiera los emigrantes de que se podría sacar partido son los que Castelao estimó más. Aquellos que salían de Galicia hacia lo desconocido de cualquier muelle de los puertos gallegos. Perplejos ante el porvenir, temerosos y esperanzados a un tiempo, deseando romper con el pasado, con su país y no deseando dejarlos. Aquel, repetido hasta el infinito, convertido repitiéndose en multitud, que embarcado, apoyando su cabeza en los brazos le hace decir a Castelao: “Deixa raíces na terra. Voltará”. No, esos con quienes Prelorán y usted se comprometieron y discutieron no son los emigrantes que Castelao quiso y queremos nosotros. Éstos están en sus casas amorriñados, sin esperanzas, solos, con los recuerdos de sus casas de Galicia. No son los transformados en aventureros, los corrompidos por la lucha de muchos años para sobrevivir, los que están dominados por el deseo de mandar en otros, los que sustituyeron las normas morales heredadas por otras más elásticas que les sirvan para acomodarse al medio en que viven. Hablan de Castelao y no lo leyeron. Les gusta el Castelao de los chistes. Qué chistoso es Castelao, me dijo un día un directivo del Centro Gallego y no supe qué decirle, o sí supe y no me atreví. Al anunciarse la ida de Castelao a Buenos Aires, Cuadrado y yo decidimos publicar Cincuenta homes por dez reás como homenaje a su llegada y publicamos Cincuenta hombres por dos pesos. Se pusieron a la venta en un banquete de más de mil personas que organizó el Centro Gallego para su recibimiento. La venta la efectuaban muchachas de los coros gallegos vestidas con los trajes regionales ofreciendo el libro de mesa en mesa. Vendimos siete ejemplares. Se trataba de un número cabalístico. Resultó entonces que los chistosos fuimos Cuadrado y yo. El libro terminó como otros libros de Hórreo, Dorna y Camino de Santiago, en las librerías de la Calle Corrientes incluido en los paquetes de a tantos pesos el lote. Allí se agotó.
En cuanto a conocimiento de la colectividad, creo ser un sabio. La defiendo porque creo que en sus deformaciones tienen que ver esas circunstancias a que antes me referí y que acompañan al hombre y, porque en ella, o en sus gentes aisladas, continúa existiendo cierta ingenuidad saludable. A mí, después de todo lo ocurrido conmigo, de sabotear mis libros, de silenciar cualquier noticia sobre mí, me escriben para que envíe una colaboración sobre Castelao. Así mismo invitaron a alguna otra gente de Galicia. Por mi parte, no contesté para no agriar más las pocas relaciones que existen entre los actuales dirigentes del Centro Gallego y yo, consistentes en las que puede mantener cualquier asociado. Por todo esto, comprendo lo que les ocurre a ustedes, a Prelorán y usted con ese hueco, megalómano señorito de aldea que es Pampillón.
Trabajo bastante. Mañana, ya la dije, inauguro una exposición aquí en Madrid. En septiembre, tengo otra en La Coruña y debo hacer un álbum de grabados para una editorial de jóvenes de Madrid e ilustrar con grabados también Los sueños de Quevedo. Aparte, publicaré otro álbum de dibujos el mes que viene. Haré lo posible para que lo que me rodea influya lo menos posible en mí. También ahora empezaré a escribir cartas a mis amigos y familiares. Las primeras que escribí no llegaron en general, no sé por qué. Tuvimos que llamar a mi hermano por teléfono, pues no sabíamos qué ocurría, no sabemos qué ocurrió con ellas. Con Díaz Pardo, organizamos la inauguración de la Galería Sargadelos de Madrid, equivalente a la de Barcelona. Constituyó un éxito. Exposición del libro gallego, de grandes fotografías sobre Galicia, de ejemplos prehistóricos prestados por la Universidad, azabaches, mapas, etc. Una idea bastante completa de Galicia colgada de las paredes y en vitrinas. Hasta ahora se pronunciaron dos conferencias, una de Ramón Piñeiro y otra de García Sabell, extraordinarias las dos. Faltan, serán a fines de mayo, otras dos, de Rof Carballo y Rafael Dieste.
Traté de contestar a sus cartas, en realidad, no las contesto. No sabría qué decir a la primera, por la segunda le felicito, huelga cualquier comentario. Se trata de una carta de justiciera.

Con saludos a su madre de Maruja y mío, reciba un fuerte abrazo mío:

[Seoane]

1975-04-02 Remitente
de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane
Nova York
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane en 02/04/1975


Buenos Aires, 2 de abril de 1975

Mi estimado Seoane:

Hace un tiempo (fecha 14 de febrero) mandé a usted una larga carta que no tuvo respuesta. De las explicaciones posibles, elijo, para su silencio, la más cómoda para mí y supongo que no recibió esas páginas. Va, entonces, fotocopia del duplicado.
Prelorán está en La Pampa filmando. Antes de salir, presentó una suerte de presupuesto glogal cuya suma dejó turulato a Valentín Fernández. Con los aumentos, desvalorizaciones y escaseces que nos llueven el costo pronosticado trepa a once o doce –o trece– millones. En fin, mucho más de lo que se pensaba y sobre todo muchísimo más de lo que nuestro inefable Valentín cree posible lograr mediante su esforzada campaña. El asunto tomó un cariz desagradable; hubo charlas desapacibles entre Prelorán y Valentín y Mabel anduvo a los saltos cuando partió el cineasta. Los cabildeos incluyeron una cena tormentosa y, por fin, se recortaron un poco los costos, pero no mucho. En resumen, que los ambiciosos planes quizá deban recortarse también y la película resulte más pobretona o –es de temer– menos entusiastamente creada por Jorge. Durante unos meses, trabajamos duro; yo casi me hice un experto dentro de las posibilidades de quien no conoció –ni vio jamás– al personaje que buscábamos evocar. Yo, por mi parte, reaccioné ante las dificultades económicas y, sobre todo, a la manera como fueran expuestas, con un desaliento mortal. Mi esperanza es la de que Prelorán alargue su viaje por los arenales pampeanos y me deje reponer; luego, una vez aquí, nos reuniremos y veremos qué podemos hacer con el material filmado y con los recursos posibles. Esas son mis dudas nuevas; las viejas, que usted comprenderá muy bien y que persisten, son las que menciono en la carta anterior, hoy fotocopiada.
Y otra fotocopia le mando. Es para que siga el increíble asunto del librito sobre los gallegos y del inefable instituto que orquesta Pampillón. Mi carta es la de un tipo justamente indignado que, sin embargo, no dice todo. La pena es que a pesar de mi reserva, el asunto basta y sobra para que lo gocen muchos y quizá lo usen menos deportivamente.
Espero sus comentarios; mientras reciba mi cariño de siempre y trasmita mis respetos a Maruja.

Antonio

Antonio Pérez Prado
Salta 760, 3ºB
Buenos Aires

1975-02-14 Remitente
de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane en 14/02/1975


Buenos Aires febrero 14 de 1975

Mi querido Seoane:

Circunstancialmente varias y, creo que debo aceptarlo, un poco de resistencia interior, demoraron esta carta imprescindible. Cuando me llamó usted antes de partir, le dije que hubiésemos tenido que hablar en eso días y –añadí– trataría de reemplazar ese diálogo con una o más cartas. Y aquí me tiene, cumpliendo con esa necesidad que es también una obligación; escribo en mi bufete hospitalero, en un pronto, sin buscar elegancias y apenas levantando mi cabeza sobre un mar de inquietas dudas. Trataré de ser claro, sincero como lo fui siempre que pude y ahora sé que puedo y debo. Le pido que con su tradicional franqueza me responda; sus consejos, absoluciones o palmetazos serán por mí bienvenidos una vez más y de todo corazón.
A riesgo de fatigarlo, será menester un poco de historia. Usted conoce a Jorge Prelorán y a sus deseos de filmar una película sobre nuestra Tierra y pueblo; es, creo, uno de los frutos que ayudarán a perdonar las muchas faltas de mi librito, pues en él descubrió este niño grande a nuestra Galicia y empezó a dolerle nuestro drama. Pero entre los sueños del filme y su concreción mediaba un abismo de millones que sólo pudimos rellenar con amistad y fantasía. El asunto trascendió, sin embargo, y lo comentaron algunos paisanos. Por fin y como residuo, quedó en el aire la sensación de que yo conocía a un gran experto en cine –y, para colmo, americano– a quien las cosas de Galicia interesaban. Y un día, en el Centro Gallego, me abordó Valentín Fernández con la pregunta de si a ese amigo que decían que yo tenía podría hablársele de un trabajito profesional: el de poner en mínimas condiciones potables unos cuantos metros de película que guardaban en el Orensano.
Y lo puse en contacto con Jorge y vimos ese material. Castelao aparece algunos segundos, el resto son escenas donde con gran tenacidad y cómplices sonrisas aparecen y desaparecen –y, fatalmente, reaparecen– el señor Puente y el señor Prada más algunos otros, menos perseverantes. Ese malísimo documento, al que no falta cierta macabra inocencia, incluye como agregado metros filmados en Galicia y en España donde con buena vista alcanzan a verse lugares en los que vivió Castelao.
Prelorán dijo que no quería hacer, a estas alturas de su vida y evolución creadora, tareas como ésta que le pedían, de mínimo profesionalismo, aún si cumplían con las amenazas de pagarle bien. Él buscaría un amigo capaz y esa compaginación, pegoteos y mínimas tijeras que pedían los dejaría satisfechos a corto plazo y costo. A esta declaración de asepsia o voluntad artística siguieron días y semanas de avances y retrocesos, danzas y contradanzas cuyo detalle menudo es inútil. Lo cierto es que, paso a paso, con americana tenacidad por el lado galaico dirigido por nuestro robusto paisano y con barrocas gallegadas por cuenta del indeciso Jorge, llegose a un acuerdo muy alejado del proyecto original. Prelorán, a quien entre tanto zambullí en el mundo plástico de Castelao, filmaría una película con toda libertad y como él sintiera la cosa. Sólo pedía un algo así como una beca, una asignación mensual capaz de mantenerlo durante los seis meses previstos fuera de otros compromisos y dedicado, pues, plenamente a su nuevo personaje. Habría que pagar las facturas que apareciesen en concepto de película –en blanco y negro, pero muchísimos rollos– y quizás otros gastos. (Para dar a usted la información más completa: los honorarios totales de Prelorán fueron por él fijados en dos millones y medio, que prefería en cuotas mensuales durante el semestre) Jorge pidió todo el material gráfico posible, independencia y un asesor que trabajaría duro y en equipo durante los seis meses y que él elegiría. Por supuesto que resulté yo y que abrumado por las dudas y las reservas que usted supone ni siquiera acepté: simplemente descubrí que estaba metido en el asunto sin remedio. Alcancé, sí, a declarar exigencias mínimas: yo colaboraría si entendíamos todos que se trataba de una película de Jorge Prelorán sobre Castelao; empresa que requería dineros, materiales y cierto asesoramiento; que como en cualquier trípode bien equilibrado cada una de las patas valía tanto como las otras y sólo valía en conjunto; nadie, pues, fuera de Prelorán y en tanto creador, podía llamarse campeador en la odisea. Exigí también libertad para moverme por sobre los valados, los muros y los fosos que separaban a quienes pudieran colaborar o a quienes yo debía informar. Hablaría con todos y con la mayor franqueza; así lo hice y hasta ahora sin tropiezos. Prada, Faustino Iglesias, Abraira, Pita, el Tacholas, etc.., me ofrecieron lo que tenían luego de conocer de qué se trataba. Se realizaron las filmaciones. En lo de Prada, por ejemplo, sudamos varias horas bajo lámparas y por fin le quedamos dos veces la instalación eléctrica. Con artes diplomáticas que hubiera consentido Gondomar, pero con la mayor limpieza y claridad pasé de Fulano a Zutano que se detestan y de Mengano a Perengano que no pueden verse. Al parecer, todos comprendieron como traté de convencerme yo de que se trataba de una oportunidad para divulgar la obra de Castelao y que no era el caso de hacerle el caldo gordo a nadie aunque a la postre se lo hiciéramos... Actué con una voluntariosa inocencia y con una instrumental ingenuidad, pero sin ocultar, ante cada uno de los bos e xenerosos, mis dudas y recelos.
Llevamos gastado lo que a mí me parece mucho dinero. Hay pilas de rollos filmados y estamos a pique de terminar con el registro gráfico; la casa de Prelorán es un museo de material tridimensional aunque no creo que podamos mostrar nada muy original. En fin, pronto vendrá la tarea en sí y quien sabe qué con ella. Trataré de salvar para nosotros a la película. Jorge puede hacer otra gran obra de arte de las suyas, quizá, pero si alcanzo mi propósito, no quedará el filme en eso, con ser tanto, y llevará expresado el compromiso ineludible.

Seoane: retomo la carta unos días más tarde. La independencia que goza –por ahora– Prelorán, me tranquiliza por un lado y me inquieta por otro. Es una especie de fértil retiro donde no llegan las interesadas presiones y es una patente de corso que Jorge puede usar como un niño en una confitería: probando lo que solicita el gusto o el capricho y dejando a un lado, quizás, el alimento de substancia. Claro que soy yo quien tendría que guiar a Jorge y darle un rumbo a seguir, una inexcusable melodía a tocar para que la adorne, si quiere, con variaciones y genialidades. Pero no es fácil, ya lo veo. Ayer, por ejemplo, pasé unas seis o siete mortales horas para convencer al barbado de que lo del 28/6/1936 es el meridiano al que corresponde ajustar el tiempo de la película. En otros términos: que hasta esa fecha se trepa por distintos caminos de diferente conciencia y desde allí se baja lentamente. Y que tanto la subida como el descenso existen y cobran sentido contempladas desde la cima. Y que luego de aquel 28 de junio y en dramática dialécticas con las Españas y el mundo entero se pierde con un juego de altibajos donde alternan los zumos frescos de la esperanza con las amargas hieles de la impotencia y los vidrios molidos de la tradición.
Como Jorge es, además, músico, creí lícito apelar a metáforas de pentagramas y le dije que, a mi juicio y aparte de todo lo que inventara su genio y enriqueciera la línea interesaba, sobre todo, esa línea: un crescendo donde hasta el clímax jubiloso, un calderón de hora estelar y epifanía; y un descender quebrado, luego. En esa lisis, el nervio vertebral de nuestro drama concierta su diálogo con la esperanza escuchando los ciegos instrumentos: desde las trompetas claras y los timbales limpios al ovillo enfermizo de tantos y tantos violines sin que falte la prestidigitación de las arpas. En fin: Gondomar tratando de venderle whisky a su Graciosa Majestad, sólo que con un propósito nada tabernario. Y Prelorán, que naturalmente carece de mucho de lo que nos sobra y quiere a nuestra Tierra, pero todavía ella no le duele, respondía con iracundas genialidades y afirmaciones técnicas. ¡Eso no es cine! ¡Eso carece de ritmo cinematógrafo! ¡No se puede; no tengo, no veo, no sospecho imágenes para dar fondo a esa historia! Pero creo que lo dejé preñado: me pidió, al fin, agotado y meditabundo, una suerte de guión esquelético donde yo, para su información, le diese formalmente mi idea de lo que tenía que ser la película. En eso estoy.
Quizá dentro de algunas semanas y seguramente dentro de un par de meses sabré con alguna certeza si el medio año que le regalo a esta patriada está justificado. Y usted conocerá entonces mi desaliento, mi conformidad o mi esperanza.

Con el afecto de siempre y con mis cariños para Maruja le envío un apretado abrazo.

Antonio

Antonio Pérez Prado
Salta 760, 3ºB
Buenos Aires

P.S. En un momento, se entreveró en el proyecto S. Feldman, quien tiene una gran experiencia en lo que llaman ellos animación (o sea, filmar estampas, dibujos, etc.). Hasta llegó a pedir un millón de pesos en concepto de honorarios y se aceptó su ingreso al equipo –y todo por sugerencias del propio Prelorán–; sin embargo, se apartó luego, excusándose por su mucho trabajo. Alcanzamos a charlar y me dijo del cariño y admiración que por usted siente. Y, por fin y al fin, tome al pie de la letra todo lo que le dije y no acepte por ahora otras versiones... que ya las vi impresas y no del todo veraces.

1973-06-22 Destinatario/a
de Luís Seoane, a Antonio Pérez Prado
A Coruña
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Luís Seoane, a Antonio Pérez Prado en 22/06/1973


A Cruña, 22 de xunio de 1973

Dr. Antonio Pérez Prado
Buenos Aires

Meu querido amigo:

Recibín o seu libro adicado que vostede me mandou e logo un paquete que remitiu a Editorial, e a mañífica resposta ó periodista de Faro de España e Núñez Búa, o da radio, non o bo. O libro, espléndido. Teño pensado facer unha nota pra La Voz de Galicia onde veño colaborando semanalmente. Penso que a editorial debía distribuílo en España, remitilo especialmente a Galicia pra se vender nas librerías, pois cavilo que tería moito éisito. Supoño que o terá tamén ahí onde sería moi espallado. O libro feito con amor, ironía e sin evitar as verdades por desagradables que sexan vén sendo un verdadeiro canto a Galicia, como di vostede ó final da súa carta ós malditos. Quixera telo escrito eu, e xa o digo todo.
Atopei a Palmás en Madride, onde dende o mes pasado fixen una exposición de óleos con moito éisito. Estaba estudando custiós referidas ó seu traballo. Aínda non veu a Galicia. Polo que a min se refire, publicaron en Galaxia un tomo de crónicas miñas feitas para pasar pola radio, unhas setenta, que estase vendendo moi ben e tivo crónicas moi boas. Tidúase Comunicacións mesturadas e remitireille un exemprar tan pronto teña algús.
Estos exemprares dos seus que me acaban de chegar distribuireinos entre algunhas xentes deiquí, entre elas ó direitor de La Voz de Galicia. Sei que a Piñeiro gustoulle moito.

Unha grande aperta de Maruja e miña agradecéndolle moito a súa adicatoria:

[Seoane]

1973-05-05 Remitente
de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane, a Maruxa Seoane
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane, a Maruxa Seoane en 05/05/1973


Buenos Aires, 5 de mayo de 1973

A Luis Seoane y Maruja

Queridos amigos:

Acabo de llevar al correo unos ejemplares de mi librito que allá vuelan por vía aérea; hace unos días firmé pocos, recién salidos del horno, con la promesa de los editores: “salen ya, por avión”. Pero como los conozco y como sé a qué atenerme en cuanto a velocidad repetí en un caso –el de ustedes– y así recibirán dos copias con lo que, por lo menos, nos aseguramos contra extravíos, demoras y otras malandanzas.
Como ven, todo sufrió gran retraso y por mi parte no sabía qué decirles a no ser repetir, por carta, lo que los dueños del negocio me repetían de viva voz: “la semana que viene, sin falta”. Pasaron muchas semanas y en ellas, es verdad, pasó de todo: accidentes, un grave problema de familia con la correctora que trabajaba en las pruebas... desde Montevideo, etc. (En el etcétera va, nada menos, una bomba: en la madrugada del 13 de marzo y con el habitual sigilo una persona (o personas) no identificada(s) colocó el artefacto explosivo: la detonación nada sigilosa terminó con todos los vidrios y algo más de la calle Talcahuano entre Corrientes y Lavalle. La bomba fue colocada en el local de ventas de la editorial, precisamente en el destinado a estos libros y, como ya andaban por los aires algunas de las polémicas, no faltó quien –en broma– asignara a nuestros adversarios el pirotécnico chiste. Claro que sería mucho pedir y que a lo mejor la explicación que se le ocurrió a la Policía sea la más arrimada: que alguien, de pronto, se dio cuenta de que le explotaba la bomba cuyo destinatario sería el juez electoral, por ejemplo, en su bufete de los Tribunales. Con susto, pues, y en cualquier umbral la dejó poco antes del estampido. Pero la verdad es que ese alguien se ocupó de meterla muy adentro y el destrozo fue mayúsculo).
Habrán recibido , también, la carta con que respondo a los del Faro. Todo ocurrió por una audición de La gallina verde en la que dialogué toda la mañana con Héctor Grossi. Allí, por ser en vivo, me despaché a gusto y el asunto causó mucho revuelo. Manuel Núñez Búa me vapuleó por radio y el Faro reprodujo el vapuleo con algo más, como postre. Mi carta –que mandé también a otros amigos– pretende contraatacar: no hubo más respuestas. En cuanto a presentaciones por radio y TV, con el ánimo de ayudar al librito, les diré que tengo varias en mi agenda. La primera va mañana (Radio Belgrano) y el lunes (pasado mañana) voy en vivo y otra vez en la célebre gallina verde (ahora en Radio Continental). Luego, allí mismo, grabo audiciones para esa misma onda y para todos los días de la semana que será la primera del libro en su aparición pública. El domingo 13 salgo dos veces por LSI (Municipal) y no sé en qué momento me filmarán para Canal 7 (con Tomás Eloy Martínez y otros). Mientras tanto los paisanos no se quedan quietos: Pampillón me informó que tenía que donar un par de ejemplares a la Biblioteca del Centro y presentar una nota pidiendo autorización para vender la pavadita en el kiosko. Era casi seguro que la nota sería despachada favorablemente. Por otro lado (por otros paisanos), las cosas despiertan mucho entusiasmo y el breoganazo de Abraira quiere, como temía, organizar una gran comida donde cientos de pollos terminarán sus vidas. Todo esto antes de leer el libro: ahora, que tiene un ejemplar, quizá cambie de opinión. De cualquier modo, yo les dije que no era partidario de esos holocaustos si bien me avenía a lo que significara difusión del libro y de su eventual mensaje. Los editores, por su lado, tienen confianza y me pidieron más libros, ya que soy tan divertido. Un tema, sobre todo, los subyuga y lo creen justito para mi estilo: es el de los argentinos que se arruinaron en París tirando manteca al techo. Yo les digo que nada sé y que no quiero ponerme a estudiar un tema forzosamente, pero los tipos no dejan.
En cuanto a las cosas por aquí hay mucho que contar. La situación, como sabrán, está que arde. Quizás Palmás, en persona, les dé una visión más prolija y viva de lo que cabe, normalmente, en una carta. Secuestros, ejecuciones según unos y asesinatos según otros, etc. La última, de las gordas, fue la del almirante Quijana a quien todos conocimos por TV, ya que nos explicó minuciosamente lo de Trelew. Lo mató a tiros el gallego Fernández Palmeiro a quien la policía encontró muerto en un departamento céntrico. Antes habían llegado al lugar multitud de coronas de flores y periodistas a quienes se avisó por teléfono. El chófer del almirante alcanzó de un tiro a Palmeiro sin impedir que éste se alejara en una moto y llegara hasta ese lugar donde lo encontraron. Mientras el vino sube, la leche sube, la carne sube, todo sube y el termómetro baja: estamos ya con los primeros fríos del buen otoño porteño.
Por fin y por no alargar esto en resumen de lo que nos interesa: El libro estará en todas las librerías pasado mañana, lunes 7 de mayo.
Durante los primeros días, lo acompañarán una serie de audiciones donde seguiré contribuyendo a la úlcera de don Braulio y de sus lectores así como a la dispepsia de Manuel N. B. y de sus oyentes por Iberoamericana.
Cuando haya críticas, lo sabrán. (Las espero de dos tipos: las adulcigadas y convencionales y las virulentas por los que descubran el sayo a su medida).
Y como siempre, les deseo mucho bien, muchísima suerte en Madrid y en donde cuelguen grandes nostalgias por Buenos Aires y un feliz regreso. En verdad, que me gustaría charlar con ustedes: les debo muchas horas amables, mucho estímulo y un librito que tendría que haber sido mejor, pues tuvo los mejores padrinos... Pero, como dijo Cervantes, todo ser engendra a su semejante.

Un abrazo y mis saludos a todos los amigos, que son los de ustedes y los de nuestra Tierra.

Antonio Pérez Prado

Salta 760, 3ºB

1973-03-20 Destinatario/a
de Luís Seoane, a Antonio Pérez Prado
A Coruña
Bos Aires
Transcrición

Transcripción da epistola de Luís Seoane, a Antonio Pérez Prado en 20/03/1973


La Coruña, 20 de marzo de 1973

Sr. D. Antonio Pérez Prado
Buenos Aires

Mi querido amigo:

Empiezo a escribir algunas cartas. De cierto modo, estamos pasando el precio de adaptación necesario para sentirme con la debida nostalgia y tener verdadera conciencia de la lejanía de muchas cosas que queremos. Además estoy trabajando para una exposición que se celebrará en Madrid alrededor del 20 de mayo. No sé nada de su libro y estoy realmente interesado en saber si salió, se distribuye y si está a la venta o está esperando abril o mayo para su distribución. En caso de haber salido, le pediría que enviase ejemplares a La Voz de Galicia, a su director Francisco Pillado y al administrador Santiago Rey, es decir, tres ejemplares, pero dos de ellos dedicados. Otro a Miguel González Garcés, Casa de la Cultura. Jardín de San Carlos. La Coruña, que seguramente le dedicará un artículo. Y, por favor, el mío que estoy deseando tenerlo, pues creo, como usted sabe, que este libro es muy importante para crear interés entre los gallegos sobre ellos en relación con Buenos Aires. Si salió, me gustaría conocer la reacción de los primeros lectores.
Aquí todo aparenta estar muy tranquilo. Vive uno en La Coruña en una especie de Nirvana, tal es nuestra quietud reflejo de la ciudad. Maruja encontró dos argentinos que trabajan aquí, uno de ellos un taxista y otra la propietaria de una perfumería. Es posible que constituyamos, de continuar aquí, la Casa Argentina o el Centro Argentino, para enjuagar juntos nuestras nostalgias. Galicia está muy bella, pero demasiado tranquila, aparentemente indiferente y lejos de todo.

Un gran abrazo de Maruja y mío:

[Seoane]

Esta carta se la enviamos a casa de Palmás por ignorar su dirección.

1968-05-27 Remitente
de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane, a Maruxa Seoane
Nova York
Madrid
Transcrición

Transcripción da epistola de Antonio Pérez Prado, a Luís Seoane, a Maruxa Seoane en 27/05/1968

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Madrid, 27-V-68

Queridos Maruja y Luis:

Estuve con Marcial y, si bien no hicimos negocios, hicimos –sí– amistad, lo que importa más. Es un hombre que vale la pena conocer y les agradezco el que me lo hayan facilitado.
Rof Carballo anda con mucho trabajo. Traté de no quitarle tiempo y apenas nos vimos. Escribirá para vosotros.

Bueno, un cariñoso saludos desde los Madriles y mi afecto de siempre.

Antonio