Diego Gelmírez y los inicios del Románico en Galicia
Ramón Yzquierdo Perrín


doi:10.17075/SECXEL.2013.007

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I. Introducción histórica

Diego Gelmírez1 tuvo un destacado protagonismo en los comienzos y desarrollo de la arquitectura y arte románicos en Galicia tanto por los cargos que desempeñó como por el complejo momento en que vivió, además de por sus hábiles relaciones con los reyes leoneses, y el fluido entendimiento con Roma y la poderosa abadía borgoñona de Cluny. Tal cúmulo de circunstancias y su singular aptitud para seguir siempre el mejor camino propiciaron que su personalidad haya sido irrepetible en nuestra historia.

Cuando Europa rebasa el año mil, temido e incierto para quienes eran conscientes del momento que vivían, la coyuntura económica y social de buena parte de los nacientes países les permite compartir unos principios comunes sobre los que nacen y se desarrollan nuevas concepciones ideológicas que en el terreno artístico se identifican con el estilo románico. Un contemporáneo, el monje Raúl Glaber, recogió en su Historia2 cómo lo percibieron y vivieron los habitantes de amplias zonas de Europa:

Se aproximaba ya el tercer año después del Mil cuando en el mundo entero, pero sobre todo en Italia y en las Galias, se renovaron los edificios de las iglesias; aunque la mayoría, bien construidas, no lo habrían necesitado, sin embargo cada pueblo cristiano rivalizaba con el otro por disfrutar de la más armoniosa. Era como si la propia tierra, sacudiéndose para despojarse de la vejez, se revistiera de un cándido manto de iglesias. En esa época, los fieles embellecieron casi todas las catedrales, todos los monasterios de los distintos santos e incluso los más pequeños oratorios de campo.

Estas frases pueden aplicarse a Galicia, pero mucho después, cuando buena parte del románico europeo estaba construido ya que las primeras manifestaciones de tal estilo se levantaron en el último cuarto del siglo y no se extendió por toda su geografía hasta mediados o, mejor, segunda mitad del siglo xii. Las razones de tan prolongado retraso son múltiples y merecen ser consideradas. Galicia, por su situación en Europa, es una región periférica de una península también periférica, por consiguiente, alejada de los lugares en los que se levantaron los primeros edificios románicos. Por el contrario, los condados y principados catalanes, incluidos en la Marca Hispánica carolingia, se beneficiaron de ello y muy pronto se construyeron iglesias y monasterios románicos3.

Sin embargo, en los inicios del siglo xi Galicia todavía restañaba las heridas causadas por la devastadora razia capitaneada por Almanzor4 en el verano del año 997, que culminó con la destrucción e incendio del burgo de Santiago. Según la Historia Compostelana: «El rey [Bermudo ii] […] vino a nuestra ciudad [Compostela] con intención de verla y junto con el mismo obispo don Pedro y con la ayuda de Dios restauró la iglesia del Apóstol que encontró derrumbada. Tras consagrar la iglesia después de la restauración, el obispo Pedro se durmió en el Señor» el diez de septiembre5 de 1103.

La exposición de las costas y poblaciones gallegas a los ataques de piratas normandos6 y los problemas a los que tuvieron que enfrentarse los reyes de León Alfonso v y Bermudo iii hace que la situación de Galicia durante el primer tercio del siglo xi, período en el que tendría que haberse iniciado el arte románico, no sea propicia. Tampoco contribuía el comportamiento de algunos obispos que entonces rigieron la diócesis de Iria-Compostela, basta repasar la Compostelana7 para percatarse de que sus intereses eran otros.

Con el nombramiento de Cresconio para la sede de Iria-Compostela en 1137 comienza una etapa que elogia la Compostelana: «nacido de nobilísimo linaje, resplandeció con la luz de tanta nobleza que, con el notable valor de su ejército, acabó por completo con los normandos que habían invadido esta tierra y construyó muros y torres para proteger la ciudad de Compostela», también levantó una iglesia dedicada a santa María y las torres de Oeste, «para defensa de la Cristiandad»8. Al tiempo que Cresconio alejó el azote normando, Fernando i (1032-1065) restauró el poder real y se inició un cierto bienestar9 que, en la segunda mitad del siglo xi, favoreció el aumento de los peregrinos a Santiago y la necesidad de construir nuevas iglesias.

El rey Fernando i dejó Castilla en herencia a su primogénito, Sancho, quien gobernó desde 1065 hasta su asesinato por Vellido Adolfo en el cerco de Zamora en 1072. Sancho ii no respetó el testamento paterno y destronó a su hermano García10, rey de Galicia. Años después su hermano Alfonso vi no solo lo separó del trono, sino que lo encarceló hasta su muerte. Aquella intromisión de Sancho le permitió designar en 1070 a Diego Peláez11 obispo de Iria-Compostela, y durante su episcopado se comenzó la catedral compostelana; al tiempo que en otros lugares de Galicia también empezaban a utilizar un lenguaje románico en algunos edificios. Igualmente entonces se abandonó la liturgia mozárabe y se adoptó la romana12 y se restableció la primacía de Toledo13 sobre las diócesis hispanas, actuaciones que agradaban a Alfonso vi y quizá no tanto al obispo de Santiago, lo que, tal vez, fue el origen de posteriores disensiones que culminaron con la destitución del prelado, asunto que la Historia Compostelana14 trata con discreción: «A este obispo arrojó este rey Alfonso de la iglesia de Santiago y durante mucho tiempo lo tuvo preso y encadenado, acusándole de traidor. Pues sus enemigos […] dijeron que intentaba entregar el reino de Galicia al rey de los ingleses y normandos y quitárselo al rey de los hispanos. Si esto […] fue verdadero o no, no es ahora asunto nuestro». Cuando las relaciones del rey y del prelado eran fluidas y, en apariencia, cordiales, se inició la catedral románica de Santiago.

A la sombra de Diego Peláez se formó Diego Gelmírez, sin duda uno de los personajes más destacados de la iglesia compostelana: «Este Diego del que tratamos fue un buen muchacho, instruido en las letras en la iglesia de Santiago y educado en la curia» del prelado. La formalidad de la destitución de Diego Peláez la consiguió Alfonso vi a comienzos de 1088 en un concilio celebrado en Husillos en el que aquél, «por miedo al rey y con la esperanza del perdón […] [reconoció] delante de todo el concilio que él era indigno del episcopado»15. La confusión creada y la anticanónica elección de su sucesor, Pedro de Cardeña16, acentuaron la crisis en Santiago.

La muerte del encarcelado rey García en 1090 y el cese del de Cardeña como obispo llevaron a Alfonso vi a encargar el gobierno de Galicia a don Ramón de Borgoña, casado con su hija doña Urraca,17 a quienes nombró condes de Galicia. Los intentos por normalizar la situación fracasaron hasta que en 1093 el clero y pueblo compostelanos eligieron, junto con el conde don Ramón, a Diego Gelmírez, «varón honesto y de gran discreción», administrador de la diócesis compostelana. Al año siguiente quienes lo habían elegido y él mismo propusieron como obispo al monje de Cluny Dalmacio, «varón virtuoso y religioso»18. En su corto episcopado (1094-1095) consiguió en un concilio celebrado en Clermont que el papa Urbano ii trasladara la capital de la diócesis de Iria Flavia a Santiago19.

De nuevo, pues, estaba vacante la sede compostelana y Diego Peláez pretendió, sin éxito, ser repuesto en su antiguo obispado ya que consideraba que: «había perdido injustamente la dignidad pontifical y que había sido objeto de violencia». Mientras, Diego Gelmírez, que mantenía una fluida relación con don Ramón de Borgoña y el rey, fue reelegido administrador de la diócesis y, solventada la reclamación del depuesto prelado, fue elegido obispo el primero de julio de 1100 y consagrado el 21 de abril del año siguiente20. Por fin, la iglesia de Santiago se estabilizaba e iniciaba un fecundo recorrido en el que el arte románico se consolidó, extendió y diversificó.

Con Alfonso vi en el trono de León —lo rigió desde 1072 hasta 1109—, el gobierno de Galicia en manos de don Ramón de Borgoña y la diócesis de Santiago en las de Diego Gelmírez, el arte románico inició un fecundo desarrollo. En general, se concede especial relevancia a las relaciones de Alfonso vi con el monasterio de Cluny y a éste un destacado protagonismo en la promoción de las peregrinaciones a Santiago, por esta vía se introduciría el románico en Galicia, sobre todo con la construcción de la catedral compostelana, iniciada merced al mecenazgo del monarca y de sus sucesores.

La fluida relación entre el monasterio borgoñón y Alfonso vi llevó a Montero Díaz21 a afirmar que su reinado: «representa la culminación de la influencia francesa en la Alta Edad Media y la entronización de Cluny»; pocas líneas después asegura que: «la ola cluniacense llegó a Galicia y ciertamente nada desprovista de fuerza». Así se explicaría la elección en 1094 del monje Dalmacio como obispo, a cuya consagración asistió Hugo, abad de Cluny22. Sin embargo, algunos estudiosos cuestionan la trascendencia del citado monasterio en las peregrinaciones a Santiago, en especial Henriet23, quien no cree que fuera relevante en su promoción, opinión que fundamenta en el Calixtino, la Compostelana y en las relaciones entre la abadía borgoñona y Gelmírez.

El episcopado de Diego Gelmírez24 se extendió hasta 1140 y mantuvo una eficaz relación con los reyes de León que se prolongó, incluso, más allá de su muerte, hasta la de Alfonso ix en 1230. Es, precisamente, este período en el que el arte románico alcanzó en Galicia una difusión semejante a la que el monje Glaber le atribuía en otros paises europeos al rebasarse el año 1000. A partir de la muerte de Alfonso ix, aunque la inercia lleve a los maestros de algunas obras gallegas a utilizar recetas de tradición románica, nada más hay en ellas de este estilo y, por consiguiente, deben de considerarse góticas con recuerdos románicos.

II. Primeras construcciones románicas

Las primeras construcciones románicas se produjeron en Galicia en el último tercio del siglo xi. En las pocas obras de entonces conocidas se advierten dos orientaciones. La primera utiliza clichés o elementos formales de la arquitectura lombardo-catalana de comienzos del xi, como emplear un aparejo regular de pequeño tamaño, es decir, sillarejo; la disposición de arcuaciones en el alero de capillas y ábsides, aunque con diversas organizaciones; las bandas lombardas o lesenas que articulan los paramentos; el doble derrame en las ventanas en las que, a veces, sus arcos doblados presentan un despiece radial o longitudinal en sus dovelas según se encuentren en el arco inferior o superior.

Es un arte fuera de tiempo y de contexto que se abandona y sustituye por una orientación de origen franco que se asienta en Galicia por utilizarse en la catedral de Santiago desde sus inicios. Ésta sigue el modelo de las complejas iglesias de peregrinación que se levantaron en los caminos que atravesaban Francia y en sus elementos, soluciones y decoración se inspiraron la mayoría de los maestros que levantaron las iglesias románicas de Galicia, siempre adecuadas a las necesidades de las comunidades que las costeaban.

II.1. Iglesias gallegas del último tercio del siglo xi

Si se exceptúa el inicio de la construcción de la catedral de Santiago, las iglesias gallegas que en el último tercio del siglo xi utilizan en sus fábricas recuerdos lombardo-catalanes son tres: san Antolín de Toques, san Juan de Vilanova y san Martín de Mondoñedo.

II.1.1. San Antolín de Toques

El antiguo monasterio de san Antolín de Toques25 —Toques, A Coruña— recibe el año 1067 una importante donación26 del rey don García de Galicia. En ella se dice que seguían la Regla de san Benito, que su abad era Tanoi y que el monasterio se levantaba: «en un lugar habitualmente llamado “ferbencias”, que denominan “Tocas”, sobre la orilla del espumante río que baja de la montaña llamada Maura Mortua». Efectivamente, inmediato al testero de la iglesia se precipita dicho río, que completa un inigualable entorno para tan singular iglesia. Tras la donación real el monasterio de Toques recibe nuevos legados que permitieron a los monjes remodelar su antigua iglesia. Esta intervención, quizá introductora de la arquitectura románica en Galicia, se produjo entre el mencionado 1067 y 1105, año este último en el que don Ramón de Borgoña y su esposa Urraca, condes de Galicia, concedieron a diferentes monasterios diversas donaciones y privilegios. A pesar de la protección real, el de Toques no fue nunca un monasterio sobresaliente, aunque mantuvo su independencia hasta 1515, año en el que el papa León x lo anexionó mediante una bula a san Martín Pinario27. Desde entonces y hasta la exclaustración, fue priorato de este monasterio compostelano.

La pequeña iglesia de san Antolín de Toques es de origen prerrománico28 y a este período corresponden su planta y alzados, así como parte de sus paramentos. Sobre ellos, quizá en el último cuarto del siglo xi, se configuró el edificio actual, excepto la prolongación de la nave29 hacia el oeste, realizada en 1812. Que en un pequeño monumento, como Toques, se yuxtapongan elementos de períodos diversos quizá lo justifica lo escrito por Yepes30: «Estuvo este monasterio al principio en lo más alto de un monte; después los monges le baxaron a otro sitio más acomodado para la vivienda humana […] Finalmente vino a parar el monasterio en el lugar donde agora está, que es junto al río Toques, de quien toma el renombre»31.

Su planta se articula en dos espacios cuadrangulares: nave y presbiterio, y entre ambos se abre un pequeño arco de medio punto que, más que unirlos, los diferencia. La nave crece hacia lo alto y se cubre con techumbre de madera, en los muros laterales se abrían sendas puertas, de las que se utiliza habitualmente la del sur; en la parte alta se rasgan estrechas saeteras románicas de doble derrame, salvo la más próxima al cierre oriental en el flanco sur, que parece pertenecer a la fábrica prerrománica. Por su parte, el presbiterio presenta bóveda de cañón románica, que obligó a realzar los muros perimetrales. En el testero de la nave y de la capilla se abrían otras ventanas, hoy tapiadas, las de aquélla, al colocarse un Calvario medieval32; la del presbiterio, por un sencillo retablo. Ambos espacios generan sendos volúmenes geométricos, perfectamente definidos y diferenciados, propios de un edificio prerrománico.

Las basas del arco triunfal tienen una peculiar molduración con tres boceles superpuestos en progresiva disminución, organización que también presentan las basas más próximas a la nave en el mismo arco de santa Comba de Bande33. Esta utilización de modelos hispanovisigodos la reiteran los singulares capiteles del triunfal de Toques. Entre capitel y columna no hay ninguna moldura; aquél adquiere gran desarrollo y tiene perfil troncocónico. Su parte menor apoya sobre los fustes; la superior recibe directamente el arco. La decoración recubre por completo ambos capiteles con motivos geométricos tallados en aristado bisel. Su estudio permite diferenciar algunas formas utilizadas en obras gallegas hispanovisigodas, como un esquema en forma de flor de lis que la relaciona con el taller de Saamasas34.

A este mismo taller de la periferia de Lugo remiten las piezas reutilizadas en los aleros del presbiterio, en las que, con igual técnica, se labraron palmas. Que en Toques no se encuentran en su disposición original lo revela la falta de continuidad de unas a otras y la diferente altura de los sillares en que se esculpieron. Finalmente, en una pieza del alero sur, recortada para asimilar su altura a la de las demás, se ven tres círculos alineados con un rombo en su interior, cuyos ángulos se unen mediante líneas que dibujan una cruz. Motivo frecuente en la arquitectura hispanovisigoda, donde se ve ya en san Juan de Baños. A mi juicio la relación de estas piezas de Toques con el taller de Saamasas permite datarlas a mediados o segunda mitad del siglo vii.

La perplejidad que producen las piezas reutilizadas en san Antolín de Toques se acentúa con el singular relieve, con talla en reserva, situado a la derecha del arco triunfal y adaptado al trasdós de éste, lo que plantea si serán coetáneos. Representa a un cuadrúpedo, de fauces abiertas y rabo sobre el lomo; tras él un personaje, con túnica corta, le golpea las ancas. Su significado se desconoce, pero recuerda a un relieve del Museo Arqueológico de Oviedo en el que un caballero ataca por detrás a un cuadrúpedo. La técnica de labra y su colocación es parecida a la de los relieves de san Xes de Francelos35 —Ribadavia, Ourense—, aunque aquí representan escenas bíblicas. Todo anima, pues, a datarlo a finales del siglo ix.

Es posible que al x pertenezca buena parte de la iglesia de Toques. Su planta y alzados son similares a los de la capilla del Salvador o del Ciprés, en Samos, considerada obra de repoblación; su aparejo de hiladas estrechas recuerda el de los muros de la nave de san Martiño de Paz36 —Allariz, Ourense— y su puerta podría haber tenido un arco de herradura, luego remodelado. A la misma época apunta la saetera del extremo oriental del lado sur de la nave. Pero es, de nuevo, en los aleros del presbiterio donde se encuentra un motivo clave: dientes de engranaje o de sierra recortados a lo largo de ladrillos macizos37. En la arquitectura medieval de Galicia esta composición solo se repite en el alero del presbiterio de san Miguel de Celanova38 y en el interior de los ábsides de santa María de Mixós39 —Monterrei, Ourense—. Este edificio del siglo x fue, pues, el que en el último cuarto del xi se remodeló según las pautas de un estilo románico hasta entonces no empleado en Galicia.

La intervención de finales del xi fue cosmética ya que no se variaron ni la planta ni los alzados. Se intervino en las ventanas y aleros de los muros de la nave; en el presbiterio, la nueva bóveda de cañón obligó a realzar sus muros, en los que destaca la reutilización de elementos anteriores y, en especial, las arcuaciones. La parte añadida a estos muros es fácilmente perceptible por el diferente tipo de aparejo y por las citadas arcuaciones que descansan en pequeños canecillos. La construcción de los arquitos con dos o tres dovelas y, al fondo, un pequeño tímpano debió de ser prolija, e imposible la adecuada resolución de las esquinas de los muros laterales con el de la cabecera. Tampoco fue correcta la disposición de las arcuaciones en el testero al seguir la directriz de las vertientes del tejado, lo que obligó a colocar un canecillo en su eje. Parece, pues, que el maestro de Toques tenía escasa formación en el románico pero sentía respeto por las piezas más antiguas que colocó, con poca habilidad, sobre las arcuaciones. Más cómodo se muestra al abrir las ventanas con doble derrame del presbiterio y nave, empleando en las de ésta arcos doblados, con despiece radial y longitudinal, conforme a su posible conocimiento del románico catalán.

Las dificultades surgidas con los arquitos de los aleros del presbiterio y, quizá, la llegada de otro maestro, conocedor de la tendencia francesa que circulaba por el cercano Camino de Santiago, llevaron a que en los aleros de la nave las arcuaciones se sustituyan por toscos canecillos para soportar una sencilla cornisa. Así terminó la remodelación de la fábrica prerrománica de san Antolín de Toques, que, probablemente, supuso el inicio del románico en Galicia en una fecha incierta de finales del siglo xi.

II.1.2. San Juan de Vilanova

Un decidido paso adelante en la introducción del románico en Galicia se da con la construcción de la iglesia de san Juan de Vilanova40 —Miño, A Coruña—, de la que solo se conocen referencias documentales, de tipo económico, muy posteriores, por ejemplo lo escrito por el cardenal Jerónimo del Hoyo41 en 1607.

Su planta, de nave y ábside únicos, tiene unas proporciones y articulación diferentes a las de Toques, sobre todo en la relación entre ambos espacios a través de un arco casi tan ancho y alto como la nave, lo que impone que el tratamiento de los volúmenes sea distinto y las diferencias menos acentuadas. Su cabecera remata en semicírculo, importante novedad ya que es el primer ábside románico de Galicia con esa planta y, probablemente, coetáneo de las capillas absidales de san Juan y san Pedro en la catedral compostelana. Como en éstas, la cabecera de Vilanova se cubre con bóveda de cuarto de esfera, o de horno, apeada en el muro mediante una sencilla imposta, al igual que el arco que enlaza con la nave. Ésta se cubre con techumbre de madera a dos aguas.

A los lados del tambor del ábside se abren dos pequeñas ventanas con derrame al exterior y al interior, tratamiento común a las primeras iglesias románicas gallegas, salvo la catedral compostelana. En la parte alta de los muros laterales de la nave se rasgaron tres vanos en cada uno, de los que permanecen abiertos los del sur, ya que el norte se remodeló y, en el medio, se abrió una puerta. Los arcos de las ventanas están labrados y recortados en sillares, y en las del ábside semejan ser doblados. En los paramentos de la nave se utiliza sillarejo en regulares hiladas horizontales, mientras que en el ábside se empleó sillería de granito con claros recuerdos prerrománicos en su despiece, sobre todo en su parte central, lo que sugiere la intervención de canteros formados en una persistente tradición.

El exterior del ábside se articula en tres tramos mediante delgadas pilastras o lesenas que introducen un módulo, algo innovador en la arquitectura gallega. Entre las de los extremos y las centrales se desarrollan, en cada uno de los tres tramos resultantes, series de cuatro arcuaciones que semejan apearse en pequeñas ménsulas labradas en la hilada de sillares situada bajo ellas. Tales arquitos, doblados, no los forman pequeñas dovelas y tímpano, como en Toques, sino que están labrados en grandes sillares como si se tratara de un relieve ornamental. Sobre las arcuaciones se dispone una nueva hilada de sillares que remata una cornisa, ligeramente volada, en la que se labró un trenzado, motivo infrecuente en el románico gallego que, curiosamente, se utilizó en algunas de sus primeras obras y en otras muy posteriores42, aunque no durante el apogeo del estilo.

La cornisa del muro sur de la nave se decora con un par de medias cañas, moldura que repiten algunas piezas del norte, pero en las demás de éste se ve un tallo ondulante con hojas estilizadas, pequeñas rosetas y cuadrúpedos esculpidos, siempre, en reserva y sin sucesión entre ellos por haberse movido cuando, con posterioridad, se intervino en este muro. Sus formas recuerdan, de nuevo, modelos prerrománicos asturianos y animan a compararlas con piezas del Museo Arqueológico de Oviedo. Su origen se desconoce e, incluso, podrían proceder de un edificio anterior.

La falta de documentación relativa al origen de san Juan de Vilanova así como la de elementos determinantes hace dificil datarla y, por su semejanza con obras de la primera mitad del siglo xi, se pensó en una fecha similar, aunque otras iglesias relacionables con la de Vilanova son posteriores. Quizá, pues, su construcción se efectuó en el último cuarto del xi y, aun así, es la primera iglesia románica gallega de una nave.

II.1.3. San Martín de Mondoñedo

La tercera de las construcciones gallegas iniciadas a finales del siglo xi es más compleja ya que se comenzó como catedral de la diócesis de Mondoñedo pero, cuando se acabó, su capital radicaba en otro lugar. Los obispos mindonienses residieron en san Martín de Mondoñedo43 —Foz, Lugo—, desde la restauración de la sede, que antes había estado en Bretoña44, en la segunda mitad del siglo ix. En 1113 un concilio celebrado en Palencia la trasladó a Villamayor del Valle del Brea, hoy ciudad de Mondoñedo. De la iglesia prerrománica quedan en la actual algunas piezas y parte de sus muros45.

La construcción del edificio románico fue larga y compleja, pues no se terminó hasta el segundo cuarto del siglo xii, circunstancia que acusa la fábrica en sus diversas etapas. El resultado es una iglesia con tres ábsides semicirculares en la cabecera, abiertos a un crucero destacado en alzado, y tres naves de las que la central es considerablemente más ancha que las laterales. Al cubrirse estas con techumbres de madera, en la parte alta de los muros de la central se abren estrechas ventanas. Las diferencias entre el crucero y las naves evidencian los cambios en el proyecto inicial.

La edificación se inició por la cabecera y siguió por los muros perimetrales para garantizar la estabilidad de la fábrica. Esta primera fase afectó a las capillas laterales y hasta el arranque de las ventanas de la mayor, así como a parte de los muros laterales. Se trabajaría aquí en los inicios del episcopado de don Gonzalo i, de noble linaje y, probablemente, elevado a la mitra46 por el rey Alfonso vi. La capilla sur parece que se terminó antes que la norte, ya que en su alero, además de arcuaciones formadas por diferentes piezas, similares, pues, a las de san Antolín de Toques, en su cornisa se labraron listeles que, aunque diferentes, recuerdan a los de san Juan de Vilanova.

La capilla norte, construida con el mismo sillarejo que la sur, mitad inferior de la mayor y parte del muro norte, repite las arcuaciones, ahora seis, no cinco como en la anterior, y en su cornisa aparece, por vez primera, el ajedrezado, sin duda el motivo más significativo del románico de peregrinación47 que san Martín de Mondoñedo comparte en primicia con los inicios de la catedral de Santiago. Quizá por influjo de ésta, en el alero de la capilla mayor de Mondoñedo se sustituyen las arcuaciones por canecillos con diversidad de motivos, incluso zoomórficos. Este cambio lleva, también, a perfilar el arco de sus ventanas con una chambrana ajedrezada, lo que se repite en la fachada occidental. La fase inicial de san Martín, que algunos datan en la primera mitad del siglo xi, no creo que sea anterior al último cuarto de tal centuria y que la comenzara el obispo don Gonzalo, antes de él la renovada diócesis tenía escasa importancia. Que en la mitad superior de la capilla central se cambie el despiece del aparejo, la ornamentación y proporciones de las ventanas y, sobre todo, la organización del alero sugiere la existencia de una segunda fase en la que se definió el crucero al que se abren las capillas, en el interior de éste se constata la intervención de diferentes maestros.

El crucero cubre sus brazos con bóvedas de cañón, las primeras que nos encontramos en el románico de Galicia; y el tramo central, con un cimborrio, elementos que exigen una articulación en tramos que se logra mediante arcos fajones que los sustentan. Entre las capillas se levantan semicolumnas adosadas que rematan unos capiteles de escasa altura decorados con figuras humanas y de animales, incluso fantásticos, que coronan pesados cimacios con palmetas48. Durante esta etapa quizá se levantaron, también, las medias columnas que jalonan el interior del muro norte de la nave cuya altura disminuye de oriente a occidente y que, finalmente, quedaron inacabadas y sin función. Sugieren la intención de articular la nave, al menos, en cinco tramos, aunque el último casi coincide con el interior del muro occidental.

Los arcos torales, de medio punto, que cargan en las columnas que se alzan entre las capillas, apoyan su otro extremo en unos innovadores pilares compuestos de compleja sección. Parece que se levantaron en una nueva etapa constructiva encabezada por quien, por la trasacendencia de su trabajo, puede considerarse como «maestro de san Martín de Mondoñedo». Al levantarse estos pilares algo más cercanos a la cabecera de lo antes previsto, la columna adosada al interior del muro norte en la que iba a apearse el arco que la comunica con el crucero quedó sin función y tal arco terminó por enjarjarse en el muro, señalándose este punto con una imposta en bisel. Esta disminución de la anchura del crucero hizo, también, que la ventana abierta en su extremo norte quedara descentrada.

La bóveda del brazo norte del crucero se apoya, en el lado de la nave, sobre una imposta sogueada en la que, encima de su arco, se lee: «Gundisalvus episcopus Sancti Martini». Villa-amil y Castro49 consideró este epígrafe referencia segura para la datación de la obra, lo que no dijo es que las dos piezas que lo forman están colocadas de modo que su lectura no es directa, lo que podría indicar que se reutilizaron una vez muerto tal obispo en 1112. Por su parte, el cimborrio del centro del crucero redondea las esquinas de su planta cuadrangular con unas trompas cónicas, inusuales en el románico de Galicia, pero no en otras áreas del camino de Santiago. La bóveda del brazo sur se apea en una imposta ajedrezada. Además de las pinturas que estaban a la vista en las capillas laterales y crucero, recientemente se han descubierto en las bóvedas de éste y en las capillas excepcionales pinturas románicas, sin parangón en otras iglesias gallegas, salvo los escasos restos localizados en una de las capillas de san Pedro de Rocas50 —Esgos, Ourense.

En los pilares compuestos del crucero y columna situada al inicio de la nave sur se encuentra una magnífica colección de capiteles, de proporciones diferentes a las de los antes mencionados, y más próximas a las habituales en el románico. En ellos se esculpieron temas que van desde lo ornamental: estilizadas hojas; hasta otros de carácter simbólico, como los dedicados a la lujuria; o los que narran episodios bíblicos, por ejemplo la tentación de Adán y Eva, decapitación del Bautista o el banquete de Epulón, con Lázaro que mendiga alguna migaja de su bien fornecida mesa51. Estos dos últimos temas, excepcionales en la iconografía gallega, cabe compararlos con los que en san Bartolomeu de Rebordáns52 —Tui, Pontevedra— siguen el mismo modelo, seguramente una miniatura perdida.

El «maestro de san Martín de Mondoñedo» ha dejado otra obra sin parangón en el románico de Galicia: el singular antipendio de la capilla mayor, cuyas iconografías siguen generando debate53, en parte, por la repetición de algunas imágenes. Su ejecución por parte del citado maestro es segura y su labra al tiempo que se completaba la cabecera y crucero de la catedral mindoniense lo fecha alrededor de 1100.

Al obispo Gonzalo le sucedió al frente de la diócesis, quizá a finales de 1108, fecha que cierra tan importante campaña constructiva, Pedro i, quien en 1112 se retiró al monasterio de Caaveiro54, de donde procedería. Le sucedió en Mondoñedo un personaje clave en la terminación de la frustrada catedral: Nuño Alfonso55, uno de los redactores de la Historia Compostelana y de los canónigos de Santiago más próximos a Diego Gelmírez. En los últimos años de su vida fundó el priorato compostelano de santa María de Sar56 al que se retiró.

Nuño Alfonso puso al frente de las obras de san Martín de Mondoñedo a un nuevo maestro, seguramente formado en Santiago, como sugieren los capiteles del lado occidental de los pilares del crucero, canecillos de los aleros de los muros de las naves y los situados en el interior del muro norte para sostener unos arcos que no se construyeron, al igual que los que iban a cargar en las pilastras de la nave sur. Con tales cambios se pretendía concluir la iglesia, para lo que levantaron unos austeros pilares, en los que se prescinde de columnas y capiteles, que apean los arcos formeros que articulan las naves en tres tramos. Estas modificaciones permiten cubrir las naves con tejados a una vertiente, en las laterales, y a dos aguas en la central, y abrir ventanas sobre los formeros para proporcionar una iluminación cenital a la nave mayor. Seguramente la aceleración del final de la obra de san Martín de Mondoñedo se produjo tras la decisión del concilio de Palencia de 1113 de trasladar la sede episcopal a Villamayor del Valle del Brea, traslado aprobado en 1156 por el papa Adriano iv, quien consintió que se estableciera en san Martín una comunidad de canónigos regulares de san Agustín, de acuerdo con el cabildo mindoniense.

III. la Catedral de Santiago hasta la muerte de Diego Gelmírez

Cuando en varios lugares de Galicia se iniciaban construcciones románicas también se comenzaba la catedral de Santiago57, adecuada al rito romano y a las necesidades litúrgicas, devocionales y, hasta de representación, que aconsejaban el auge de la peregrinación y los lazos con Europa. Tal empresa era posible gracias al impulso y mecenazgo del monarca leonés, así como al deseo del obispo Diego Peláez, que presidía la diócesis de Iria-Compostela.

Quienes inician las obras se esfuerzan porque quede memoria imperecedera de su participación y del momento en que las comienzan. En el Libro v, capítulo ix del Liber Sancti Iacobi. Codex Calixtinus58 se lee: «Los maestros canteros que empezaron a edificar la catedral de Santiago se llamaban don Bernardo el Viejo, maestro admirable, y Roberto, con otros cincuenta canteros poco más o menos que allí trabajaban asiduamente bajo la administración de los fidelísimos don Wicarto y don Segeredo, prior de la canónica, y el abad don Gundesindo, durante el reinado de Alfonso, rey de las Españas, y en el episcopado de don Diego primero, esforzadísimo guerrero y generoso varón. La iglesia se comenzó en la Era MCXVI», año 1078, dato que corrobora la Historia Compostelana59, que precisa el día: once de julio. Sin embargo, un maltrecho epígrafe60 de la capilla del Salvador, que conmemora la consagración de altares por Gelmírez en 1105, dice que la efectuó: «a los treinta años del milésimo septuagésimo quinto, en cuyo tiempo se fundó la iglesia de Santiago». En dos capiteles de la entrada a esta capilla todavía se lee: «Reinando el rey Alfonso se construyó esta obra», en el otro: «En tiempo del obispo Diego se comenzó esta obra».

Las dos fechas —1075 y 1078— no implican que sólo una sea cierta ya que cada una puede referirse a un momento distinto en la fábrica. Efectivamente, en 1075 pudo iniciarse la obra, pero la necesidad de que los monjes de Antealtares cedieran el terreno dificultaría la actividad hasta la concordia61 que alcanzaron en 1077 el obispo, Diego Peláez, y el abad de Antealtares, Fagildo. En ella se dice de la capilla de san Pedro: «que ha poco se construía en la iglesia del bienaventurado Santiago». Sin duda las obras perturbaron la pacífica vida de los monjes, pues tuvieron que construir una nueva iglesia para su comunidad. Superadas las dificultades, la edificación de la catedral prosiguió hasta 1088, año en el que Alfonso vi depone y encarcela al prelado ante las graves acusaciones que algunos formulan contra él, según la Compostelana62.

La destitución del prelado debió de dispersar el taller del maestro Bernardo el Viejo y, quizá, el maestro Esteban mantuvo cierta actividad en las capillas de los extremos de la girola. Su presencia en la catedral compostelana la certifica el tratamiento que le da el obispo de Pamplona en una donación de 1101: «maestro de la obra de Santiago»63, entre cuyos firmantes figura: «Diego ii, obispo de la iglesia de Compostela». Sin embargo, la identificación de este maestro y su participación en Santiago han sido objeto de diversas interpretaciones.

La campaña constructiva que el Calixtino atribuye a «don Bernardo, maestro admirable, y Roberto» comenzó por las tres capillas centrales de la girola, dedicadas al Salvador, san Pedro y san Juan, aunque es difícil precisar la altura que alcanzaron sus muros en dicha campaña. Según Conant64, en las tribunas de la girola: «se detecta un claro cambio en el diseño del triforio, tanto interior como exterior», pero la existencia de un nuevo proyecto lo fija mas allá de la capilla de santa Fe, donde una: «larga junta vertical en forma de J invertida» señala un cambio en los volúmenes del edificio y en el tratamiento de los muros exteriores. Es decir, solo quedarían por construir en 1088 los extremos de la girola. Por su parte, el profesor Otero Túñez65 considera posterior a Bernardo la capilla de santa Fe, aunque este maestro construiría, también, los tramos centrales de la girola y el cierre de la capilla mayor catedralicia. De haberse seguido el proyecto inicial, la girola sería diferente a la actual, como sugiere: «el arranque de sendos cimientos curvilíneos hacia el crucero, descubiertos durante las últimas excavaciones, y rectificados por el sucesor de Bernardo el Viejo».

La junta vertical en forma de «J», antes citada, se ha valorado en exceso y se ignoran cambios como la introducción de arcos de medio punto que desde la capilla de santa Fe y la que con ella hacía pareja, derribada cuando se construyó la del Pilar, articulan los tramos de la girola; tales arcos repercuten en el nivel del pavimento de la tribuna y en la bóveda de ésta, de cuarto de círculo, se disponen arcos fajones que la soportan. Son, pues, cambios estructurales que delimitan espacios y comienzan a modificar los volúmenes, planteamientos que se potencian en la siguiente campaña constructiva. Según el profesor Moralejo66: «A la primera campaña corresponderían pues, únicamente, las tres capillas que se abren al hemiciclo de la girola, con los lienzos de muro inmediatos y con exclusión de todo avance en el piso superior. Y aún dentro de esta zona acotada, no todo puede adscribirse a los días de Diego Peláez», ya que la figura acrótera de la capilla de san Juan y canecillos de los aleros de la del Salvador y san Pedro pertenecen a la campaña encabezada por el maestro de las Platerías. Por último, el hastial de la del Salvador, oculto tras el muro barroco proyectado por el canónigo Vega y Verdugo67, quizá se remodeló entonces.

Moralejo subraya la dificultad de precisar los límites de la primera campaña constructiva y opina que: «sigue siendo la decoración escultórica, contemplada en la dinámica general de la plástica románica, el índice más seguro para documentar no ya un cambio de campañas, sino también el vacío productivo atribuible a la vacancia de la sede compostelana», en alusión a la difícil sucesión de Diego Peláez. Tanto este autor como Durliat68 creen que muchos de los escultores iniciales procedían de los talleres de Conques y Toulouse, así como de Jaca y Frómista, por lo que escribió Durliat: «No todos los escultores del taller de Bernardo el Viejo venían de Conques, pero todos coincidían en representar las dos categorías de animales más frecuentemente presentes en los edificios del fin del siglo xi: pájaros y leones».

Las capillas radiales compostelanas revelan la voluntad de edificar una iglesia propia de los grandes centros de peregrinación, esto es, de planta de cruz latina de tres naves con amplia girola a la que se abrían cinco capillas. Sobre las naves laterales y el deambulatorio se disponen amplias tribunas abiertas a la capilla mayor y nave central por un triforio. De este modo, los peregrinos veneraban las reliquias del apóstol al deambular por la girola, en sus capillas recibían los sacramentos y daban culto a los santos que concitaban mayor devoción entre ellos. Las tribunas albergaban otros altares y, fundamentalmente, eran lugar propicio al descanso sin salir de la iglesia de Santiago. Así se solucionaban las necesidades espirituales y temporales de los peregrinos.

Por su parte, las advocaciones de las capillas centrales de la girola tienen carácter catequético. No es casual que se dedicara al Salvador, la central; a su izquierda, la de san Pedro y, al otro lado, san Juan, que ya contaban con capillas en la iglesia de Antealtares que estuvo en el mismo lugar. Para Moralejo69 tal disposición admite «una lectura iconográfica», ya que: «Con la capilla de Santiago, situada en eje con la del Salvador, vendríamos pues a tener a los protagonistas de la Transfiguración y en una disposición que recuerda la que éstos suelen adoptar en la iconografía tradicional [...] habría que preguntarse si la extraña cabecera triforme de la capilla del Salvador, con dos pequeños nichos flanqueando otro mayor, no sería también susceptible de una interpretación icónica, en relación con la aparición trinitaria de Jesús entre Moisés y Elías». Un poco después añade: «cualquier alusión a la Transfiguración [...] sería bien acogida en la iglesia compostelana [...] como la más alta ocasión que Santiago conoció».

En el cierre de la capilla mayor se encontraba el altar de la Magdalena70, que: «pudiera igualmente obedecer […] a razones de estrategia simbólica. Obvia y obligada era su estrecha vinculación al “martyrium” apostólico, pero tampoco puede olvidarse que su altar, dedicado a la Magdalena, venía a quedar […] “a los pies” del Salvador, componiendo así, en versión planimétrica, el adecuado cuadro penitencial descrito en el Evangelio». La capilla de la Magdalena ha desaparecido, del mismo modo que tampoco en la del Salvador reciben los peregrinos los sacramentos, ni su «Compostela», una vez cumplida la peregrinación.

La capilla del Salvador mantiene su planta y alzados. Aquélla tiene una singular cabecera semicircular con dos absidiolos, que permiten la interpretación iconográfica mencionada. En los muros de su tramo cuadrangular quedan parte de los epígrafes71 que conmemoran la consagración de altares por Gelmírez en 1105 y fechan el inicio de las obras en 1075. Amplias ventanas iluminan su interior y mientras el tramo cuadrangular se cubre con bóveda de cañón, el ábside lo hace con otra de horno. Los capiteles son preferentemente figurados y en dos unos ángeles sostienen cartelas con los epígrafes relativos a Alfonso vi y Diego Peláez, antes citados. Capiteles y cimacios los labraron maestros que, en su mayoría, conocen modelos de Conques, según Durliat. El tratamiento de los muros exteriores de la capilla es como el de los perimetrales de la catedral: contrafuertes prismáticos que sostienen arcos de medio punto, etapa a la que también llevan los canecillos de sus aleros. El testero, a juzgar por el dibujo de Vega y Verdugo, era como el hastial norte del crucero, lo que anima a pensar que sean contemporáneos.

Las capillas dedicadas a san Pedro y a san Juan flanquean la del Salvador, son semicirculares, se cierran con bóvedas de cuarto de esfera y en sus muros se abrían ventanas, en parte conservadas. La de san Pedro mantiene casi intacta su antigua fábrica; la de san Juan fue ampliada en el siglo xviii. Algunos capiteles se ornamentan con animales diversos, sobre los que se desarrollan en las esquinas como unos pitones característicos de piezas jaquesas72; otros, sin embargo, recuerdan modelos de Conques, Toulouse o Saint-Sever. Los canecillos de los aleros probablemente datan de la segunda campaña.

Entre las capillas quedan tramos en los que se abrían, según el Calixtino, pórticos «pequeños»73. Sobre sus puertas se disponían grandes ventanales y, encima, un óculo, una organización similar se encuentra en la girola de san Sernin de Toulouse. Al oeste de la capilla de san Juan se abre el único de tales pórticos conservado, podría ser el «de Santa María», que comunicaba con la inmediata Corticela, o el de «la Vía Sacra», por salir a tal calle. Se tapió en el siglo xvi y así permaneció hasta 1933 en que lo recuperó Ferrant74. En su puerta destaca el dintel pentagonal75, cobijado por un arco de medio punto, moldurado en grueso bocel y ceñido por un semicírculo de billetes. Tratamiento que, para Moralejo76, podría indicar que se debe a la segunda campaña, aunque el vano correspondería a la primera. Esta yuxtaposición de fases constructivas así como que un extremo de la capilla de santa Fe se eche encima del arco de la ventana señalarían el encuentro de ambas campañas.

Si en tiempos del obispo Diego Peláez se construyeron las bóvedas de aristas de los tramos centrales de la girola, sin arcos que los articulen —precisamente el primero se tiende en el punto de encuentro de campañas señalado— es porque también se habían levantado los pilares que delimitan la capilla mayor, ocultos tras un fastuoso recubrimiento barroco. Alejandro Ferrant exploró estos soportes a instancias de don Jesús Carro77 y se lo cuenta a Gómez Moreno, en carta personal, en los siguientes términos: «hemos levantado uno de los tableros que cubren las columnas de la girola, la de la izquierda de las que forman el hueco central y he visto: que era una columna, cilíndrico su fuste, del que han rozado su superficie para poder acoplar el tablero. Ya comprenderás que si al fuste lo rozaron con el capitel hicieron lo mismo. Es de suponer que en todos los pilares hicieron lo propio… los fustes debían tener un diámetro de 70 cmts. Por lo que se puede ver el fuste tiene una altura de 2,80 y el capitel igual que los del muro de las capillas».

La destitución del obispo en 1088 o paralizó la obra de la catedral o, quizá, es el momento en que interviene en ella el maestro Esteban, quien en 1101 pasa a trabajar en la construcción de la catedral pamplonesa. La planta poligonal de la capilla de santa Fe y de la desaparecida de san Andrés, situada en el otro extremo de la girola, fue ya destacada por Conant, novedad a la que hay que añadir la articulación de los tramos mediante arcos y la ligera elevación que producen en la tribuna, la labra de sus capiteles cabe atribuírsela al mismo maestro Esteban. Según Durliat78: «Durante este período no se registra una real mutación en el campo de la escultura monumental, sino más bien una cierta continuidad». La relación con Conques no solo la evidencian ciertos capiteles de la catedral, sino que favorece la devoción a santa Fe, a quien se dedica una capilla en la girola; en su capitel derecho se representa su condena y martirio; y en el izquierdo, la comparecencia de san Caprasio d’Agen, que sigue los pasos de la santa. Los de la capilla de san Andrés, destruida para construir la del Pilar, tienen una peculiar decoración vegetal.

El acceso de Diego Gelmírez a la dirección de la diócesis y su promoción al episcopado79 en 1100 impulsan y encarrilan la construcción de la catedral de Santiago así como la difusión del románico en Galicia. La obtención del arzobispado80 en 1120 marca un hito en su vida y en la iglesia de Santiago, sin embargo sus últimos años no están exentos de problemas y su muerte debió de producirse entre junio de 1139, fecha del último documento por él firmado que se conoce, y agosto de 1140, ya que el 12 de dicho mes y año Alfonso vii se dirige a don Berenguel, antiguo obispo de Salamanca, como arzobispo de Santiago, y alude a su elección81. A partir de entonces comienza una fase de imparable expansión.

Al poco de acceder al episcopado, en 1102, visita Gelmírez diversas iglesias portuguesas82 de su jurisdicción, en las que se apodera de reliquias que considera que no se custodian adecuadamente ni reciben culto. Al regresar a Santiago con su «piadoso latrocinio», lo deposita en varias capillas de la girola catedralicia así como en otras iglesias de la ciudad: «el cuerpo de san Fructuoso [...] fue colocado junto al altar de San Salvador, en la cripta mayor de la misma iglesia. Pero una vez transcurridos cuatro años, les pareció mejor [...] hacer una capilla propia para San Fructuoso [...]. En su honor fue construido y dedicado un altar [...] en el brazo izquierdo de la iglesia, en la cripta que está entre la puerta que da al claustro y al altar de Santiago». La palabra cripta hay que entenderla, en este caso, como un receptáculo o cavidad en el que se depositan las reliquias de los santos citados.

Por su parte, «el altar de San Juan, apóstol y evangelista, recibió a San Cucufate mártir; y el cuerpo de san Silvestre mártir fue enterrado junto al altar de los santos apóstoles Pedro y Pablo en la misma iglesia». Se deduce, pues, que las capillas centrales de la girola debían de estar acabadas, al menos, en su interior y se trabajaba tanto en la capilla mayor y crucero como en las capillas de éste. Poco después, Gelmírez consagró sus altares y algún otro en la tribuna.

Antes de esta solemne ceremonia, el capítulo xviii del Libro i de la Historia Compostelana83 relata una importante intervención en la capilla mayor de la catedral ocupada por la planta superior del mausoleo romano en que se depositó el cuerpo de Santiago. En él se encontraba un pequeño altar, atribuido a Santiago, que, a pesar de haberse ampliado, seguía siendo impropio para la catedral84, por lo que el obispo, tras consultar con: «hombres religiosos, anunció al cabildo de los canónigos, quienes en relación a este asunto oponían fuerte resistencia, que iba a destruir aquel habitáculo, construido por los discípulos de este apóstol», poco más adelante ya se había cumplido su deseo: «destruyó por completo el mencionado habitáculo», construyó un nuevo altar y organizó una suntuosa capilla en la que había unas «gradas por las que se sube al altar».

Preparada la capilla mayor, solo faltaba consagrar su altar y los demás, ceremonia que celebró Gelmírez en 1105 y cuyas dedicaciones menciona el capítulo siguiente del citado libro de la Compostelana85: «santa María Magdalena, san Salvador, san Pedro, san Andrés, san Fructuoso, san Juan Bautista y en el lado izquierdo el altar de san Juan apóstol y de la Santa Cruz […] accedió a los ruegos del obispo Pedro de Pamplona […] y le autorizó a que consagrase […] el altar de la santa Fe»; en las tribunas, dedicó un altar a san Miguel. No figura el de san Nicolás, primero de la izquierda al entrar por la puerta del Paraíso o norte, ya que para construirlo era necesario el concurso de los monjes de Pinario al obstaculizarles el acceso a la iglesia de la Corticela, por lo que Gelmírez les: «amplió […] la iglesia de san Martín ya casi destruida, de acuerdo con Leovigildo, ministro de la misma iglesia, y una vez ampliada, […] la consagró» para uso de los monjes.

La construcción del crucero se desarrolló al tiempo que las capillas de su muro oriental, y en él se utiliza un módulo que facilita la obtención de las dimensiones del edificio; es, desde luego, una de las aportaciones más sobresalientes del maestro de las Platerías. Su pertinencia fue tal que lo utilizaron quienes continuaron la iglesia de Santiago, incluso el maestro Mateo lo respetó en la conclusión de las naves y solo lo modificó al proyectar su magna obra del extremo occidental. Las proporciones de dicho módulo se basan en la longitud de un tramo de las naves laterales y se empezó a utilizar en el inicio de la girola, donde se yuxtapone sin estridencias a la obra del maestro Esteban, que había introducido ya ciertas modificaciones estructurales. De este modo, la anchura de la nave central equivale a dos tramos de las naves laterales, organización impuesta al rodear éstas en su totalidad a la central, circunstancia que impone una singular organización de número par de tramos en las fachadas del crucero.

También la altura de las naves se adecúa al mismo módulo ya que el arranque de los arcos de las bóvedas de estas naves laterales se sitúa a dos módulos, por lo que su punto más alto es 2,5 veces su lado. La misma proporción se usó en la nave central, empleando en este caso como unidad su propia anchura, por su parte el triforio de las tribunas se abre a 1,5 módulos de la nave central. Tales concepciones se acompañaban tanto en el interior como en los muros perimetrales de una perfecta estructura arquitectónica en el contrarresto de empujes, lo que dota a la catedral de una total estanqueidad. Basta con ver una sección de las naves. Las laterales se cubren con bóvedas de aristas que apenas provocan empujes; la gran bóveda de cañón de la central, de algo más de cuatro metros de radio, recibe, en sus riñones, el empuje de las bóvedas de cuarto de círculo de las tribunas, que actúan como arbotantes. Por último, los muros perimetrales concentran los empujes en aquellos puntos en los que cargan los arcos torales del interior y los contrarrestan con una doble serie de contrafuertes prismáticos que en su remate se unen con arcos de medio punto. Estos arcos forman un zuncho en torno de las naves, lo que permite abrir doble hilera de ventanas en los entrepaños de los muros, simples elementos de cierre, no de carga.

Las elegantes proporciones del crucero y su sobriedad ornamental se alían con la alternancia de pilares de núcleo circular y rectangular que evitan cualquier sensación de pesadez y redundancia. En ellos cargan los arcos formeros, doblados y en arista y, a la altura conveniente, los fajones de las naves. En la parte alta de la central se abre la arquería del triforio. En el centro del crucero se levantó un cimborrio, cuyo incendio por parte de los compostelanos, sublevados en 1117, imaginó Conant86.

La decoración del interior se limita a los capiteles y, salvo algunos de los más próximos a la girola o al extremo norte, presentan hojas, lisas o rizadas, rematadas en bolas o vueltas al frente, con nervio resaltado o inciso. De los historiados destaca el que, en el crucero norte, representa la condena del avaro, similar al mismo tema del tímpano occidental de Conques, de donde podría ser su autor87. En otros asoman cabezas o figuras de animales en medio del follaje; o en las esquinas presentan leones o aves. Por último, tampoco faltan capiteles con entrelazos vegetales con figuras humanas y de animales entre los tallos. Su importancia es grande si se tiene en cuenta que con frecuencia, en especial los vegetales, sirvieron de modelo para los maestros que trabajaron en Galicia a partir de mediados del siglo xii. Según Durliat88: «Los caracteres estilísticos conducen a tratar como un conjunto la totalidad de los capiteles colaterales del crucero. Esta unidad que se percibe con facilidad resulta de su rápida ejecución. Comenzada en 1100 esta parte de la catedral estaba terminada a más tardar en 1112».

Cuando se levantaba el crucero, la iglesia prerrománica continuaba en pie, según la Historia Compostelana89 no se derribó hasta 1112, al regresar Gelmírez de una: «expedición ordenó destruir la pequeña y muy antigua iglesia, la cual, dentro de la inmensa mole de la nueva iglesia, amenazaba con caerse con inminente ruina [...]. En la era mcl fue destruida aquella pequeña iglesia […] y allí mismo construyó un coro suficientemente capaz […] construyó en la esquina derecha del mismo coro un elevado púlpito […] y en el lado izquierdo otro, donde se leen las lecturas y los evangelios».

Por su parte, los capiteles de las tribunas presentan grandes hojas con ligeras diferencias en su tratamiento y en alguno se ve un busto humano o figuras animales como las de los capiteles de las naves. Para Durliat90: «Si los capiteles de las colaterales habían sido labrados en el primer decenio del siglo xii, los de las tribunas y los de las bóvedas probablemente estaban ya colocados hacia 1117». Sin embargo, el crucero no estaba terminado, pues cuando los compostelanos se sublevan contra Gelmírez y doña Urraca, la Compostelana91 dice que el incendio que provocan en la catedral es tremendo porque: «no poca parte de la iglesia estaba cubierta con tablas y paja», el acoso se repite cuando se refugian en alguna torre de las que flanqueaban las fachadas del crucero o la que se alzaba en el centro de éste.

La organización arquitectónica de los extremos norte y sur del crucero refleja la del interior, lo que determina una inusual fachada de cuatro tramos, en los dos centrales se abren puertas; en los laterales, un doble cuerpo de ventanas. Encima de las portadas se forma un amplio friso y, más arriba, se sitúan las ventanas que iluminan la tribuna. Sobre éstas, en el hastial de la nave central, se abría una nueva ventana, sustituida por un óculo quizá en el siglo xiii, flanqueada por otras ciegas. También en el xiii se enriqueció la decoración de las ventanas de la parte alta de la fachada de las Platerías. En las esquinas superiores de los hastiales se levantaban sendas torrecillas circulares sobre tempranos capiteles-ménsula situados a la altura de las ventanas de la tribuna que daban acceso a las cubiertas. Especial atención merecen los temas iconográficos desarrollados en estas fachadas, en cuyos relieves e imágenes intervinieron los más destacados maestros.

El Calixtino se recrea en las fachadas del crucero92. La del norte tiene delante un atrio: «donde hay nueve peldaños de bajada. Al pie de la escalera […] existe una admirable fuente a la que en todo el mundo no se le encuentra semejante», describe la fuente y copia un epígrafe que decía que la había costeado el tesorero Bernardo el 11 de abril de 1122, aunque la conducción del agua la mejoró Gelmírez93. Esa fecha quizá indica la finalización de la fachada y la urbanización del atrio o «Paraíso». Cerraba éste por el sur la fachada «Francesa», así llamada por utilizarla los peregrinos que seguían el Camino Francés. En sus relieves se desarrollaban diferentes episodios del Génesis hasta la expulsión del Paraíso, por lo que también recibió esta denominación94. A finales de 1757, el cabildo decidió derribar la fachada románica alegando ruina, acuerdo en el que influyeron otras razones95.

Algunas piezas de la antigua fachada se recolocaron en la de las Platerías, por ejemplo el magnífico David, embutido en el contrafuerte occidental; la creación de Adán, el pantocrátor… Otras, se exhiben en el Museo de la Catedral: varias columnas de mármol cuyos fustes recorren estrías helicoidales, en las que se desarrollan temas que llamaron la atención de Gómez Moreno y estudió Serafín Moralejo96, reprensión de Adán y Eva, mujer con racimos de uvas, hombre calentándose al fuego, etc. La atribución de algunas de estas obras al maestro de las Platerías, identificado con Esteban por algunos autores, parece segura, del mismo modo que otras piezas se atribuyen al maestro del Cordero o al de la Traición, que también trabajaron en otras imágenes colocadas en la fachada de las Platerías. Se debieron de esculpir en los primeros años del siglo xii, con posible límite en 1110. Aunque la fachada norte estaba dedicada a la creación del hombre y su expulsión del Paraíso, en ella, según el Calixtino, estaba esculpida sobre la puerta izquierda «según se entra a la catedral […] la Anunciación de la santísima Virgen María», nexo con las imágenes de la Redención de la fachada sur.

La única fachada románica de la catedral es la de las Platerías97; en el extremo sur del crucero, tiene, obviamente, la misma organización arquitectónica que la del norte y su programa iconográfico se dedica a la Redención. En la jamba izquierda de la puerta derecha se grabó una inscripción98 que ha originado dos lecturas: año 1078, o 1103, fecha esta última que para Gómez Moreno: «va bien para el asiento de la portada misma». El avance de la obra del crucero, de sus fachadas y la terminación de las capillas justifican el derribo de la iglesia prerrománica en 1112. Entonces se construiría la fachada de las Platerías y se esculpirían sus relieves, dedicados a la vida de Cristo, que culmina con su Pasión, como relata el Calixtino. Si la Anunciación de la fachada norte anticipaba la redención en la sur, ahora esta misión la desempeña una figura de mujer, colocada en el tímpano izquierdo, con una calavera en su regazo. Para el Calixtino es una adúltera pero, probablemente, representa a Eva, madre de los mortales99.

La coherencia catequética e iconográfica de los tímpanos de las Platerías no impide la intervención de los mismos maestros que en la norte, lo que justificaría la irregular disposición de los relieves, incluso mal colocados o recortados, y la utilización de diferentes piedras, a la vista desde la restauración efectuada en 1993. Tan inusuales soluciones permiten pensar en modificaciones del proyecto inicial o, con Naesgaard, en una: «segunda decoración del portal sur», idea que confirmaría la yuxtaposición de dos programas iconográficos en el friso tras el incendio provocado por los amotinados en 1117. En el primero100 había: «apóstoles y santos en torno a Jesús y bajo arquerías, cuyas columnas ostentaban una decoración espiraloide». Están deteriorados, faltan tres apóstoles así como la imagen de Cristo. Esta organización se modificó al colocarse aquí la transfiguración de Cristo, esculpida en mármol, para la futura fachada occidental; a identificarlas ayudan los epígrafes en ellas grabados. La imagen de Santiago presenta hasta cuatro y uno, situado a la izquierda, dice: ANFVS REX, que alude a Alfonso vii, coronado rey en 1111 en la propia catedral y que cinco años después entró triunfalmente en la ciudad, acontecimiento al que podría aludir y que la dataría con rigor. A estos programas se añadieron luego las piezas procedentes de la destruida fachada norte y otras en fechas posteriores, como los seis niños del coro pétreo101 colocados hacia 1884.

Se sabe que intervinieron diferentes maestros en la labra de los relieves de las fachadas del crucero, circunstancia que ratifican los talleres102 que en ellos se perciben y la amplitud de la obra. Tampoco se cuestiona la participación de los más sobresalientes escultores del momento: maestro del Cordero, maestro de la Traición, y maestro de las Platerías, al que también correspondería la dirección de la obra de la catedral, cada uno con la colaboración de sus respectivos talleres. Posteriormente se remodelaron las ventanas de la fachada de las Platerías y se añadió la Anunciación situada más arriba.

Consagrados los altares de la catedral y avanzada la construcción del crucero, se iniciaron las naves, lo que hizo necesario derribar en 1112 la iglesia prerrománica103, como se ha dicho. Desde entonces el culto a las reliquias del apóstol lo asumió la inacabada catedral, lo que obligó a Gelmírez a construir, en el solar de la antigua basílica: «un coro suficientemente capaz» para el clero; como este recinto dificultaba la audición de las lecturas a los fieles: «construyó en la esquina derecha del mismo coro un elevado púlpito, en el que los cantores y los subdiáconos cumplen el orden de su oficio. Y en el lado izquierdo otro, donde se leen las lecturas y los evangelios».

Conant104 creía que en 1112: «solo cuatro tramos de la nave» estarían terminados, pero el estudio de los muros perimetrales, sus elementos y el notable desnivel del extremo occidental le hace sospechar si también se habrían comenzado las obras en esta parte antes de concluirse las naves: «quizá hacia 1105 habían comenzado de modo independiente las obras en el extremo oeste y en el nivel inferior». Sin embargo, no duda que la construcción de las tribunas iba rezagada con respecto a las naves y: «que la edificación del cuerpo principal de la catedral llevó muchos años». Esta certeza contrasta con la rotunda afirmación del Calixtino105: «desde el año que se colocó la primera piedra en sus cimientos hasta aquel en que se puso la última pasaron cuarenta y cuatro». De ser así, la catedral se habría acabado en 1122, fecha inaceptable a pesar de que advierta que: «parte está completamente terminado y parte por terminar».

Son varias las opiniones acerca de la terminación de las naves, pero es evidente que en 1168, cuando el rey Fernando ii pone al frente de las obras al maestro Mateo, éstas seguían y que la consagración de 1211 se produjo con la fábrica rematada106. Igualmente cierto es que la articulación iniciada en el crucero se respetó hasta el final de las naves y triforio y que sólo en el Pórtico de la Gloria se introducen nuevos principios arquitectónicos. De cualquier modo, es indudable que se debe a Gelmírez el definitivo impulso a las obras de la catedral compostelana y a la difusión del románico en Galicia avanzado el siglo xii.

1 A este personaje excepcional se han dedicado, entre otras publicaciones: M. Murguía.- D. Diego Gelmírez. Coruña, 1898; X. Adrio.- Diego Gelmírez. Reino de Galicia. Siglos xi y xii. Barcelona, 1978; G. Biggs.- Diego Xelmírez. Xerais. Vigo, 1983; R. Otero Pedrayo.- Gelmírez o el genio afectuoso, creador y humorista del tiempo románico. Vida y glosas a su vida. Xunta de Galicia. Santiago, 1991. E. Montaña.- Diego Gelmírez. Báculo de gloria en Compostela. Nigra Trea. Vigo, 2007.

2 R. Glaber.- Historias del primer milenio. Edición revisada, introducción, traducción y notas J. Torres Prieto, csic, Libro iii, Capítulo iv. Madrid, 2004, pp. 154-157. Este fragmento, solo en español, puede consultarse también en: J. Yarza Luaces et al.- Arte Medieval ii. Románico y Gótico. Gustavo Gili. Barcelona, 1982, pp. 106-107.

3 De las muchas publicaciones relativas a la arquitectura románica catalana destaca, en especial: J. Puig y Cadafalch, A. de Falguera y J. Goday y Casals.- L’Arquitectura románica a Catalunya. Vs. i-ii-iii. 1 y iii. 2. Institut d’Estudis Catalans. Barcelona, 1909-1918. Edición facsímile. Barcelona, 2001. Existen, también, estudios posteriores de ámbito comarcal, tipológico o monográfico. En la colección «Zodiaque», traducidos al español: E. Junyent.- Cataluña 1 y 2. La España románica. Ediciones Encuentro. Madrid, 1980. aa.vv.- El romànic i la Mediterrània. Catalunya, Toulouse i Pisa 1120-1180. mnac. Barcelona, 2008.

4 La Historia Silense se refiere a esta razia con palabras certeras y concisas: «pervenit ad partes maritimas occidentales Hispaniae. Gallaeciae Civitatem, in qua corpus Beati Jacobi Apostoli tumulatum est, destruxit. Ad sepulcrum vero Apostoli, ut illud frangeret, ire disposuerat; sed territus rediit: Ecclesias, Monasterio, Palatia fregit, atque igne cremavit. Aera mxxxv», es decir: llegó a las costas marítimas occidentales de España, y la ciudad de Galicia en la que está el sepulcro del Apóstol Santiago la destruyó. Cuando se disponía, arrastrado por la ira, a destruir el sepulcro del Apóstol tuvo miedo, aunque destruyó e incendió las iglesias, monasterios y palacios. Ocurrió en la Era 1035, año 997. Véase: E. Flórez.- España Sagrada. T. xvii. De la Santa Iglesia de Orense. 2ª edic. Madrid, 1789, p. 301. 3ª edic. Revista Agustiniana. Guadarrama, 2005, p. 289. Historia Silense. Edición crítica e introducción J. Pérez de Urbel y A. González Ruiz-Zorrilla. csic. Madrid, 1959, p. 172. Por su parte, la Historia Compostelana se refiere a este episodio en términos similares, aunque atribuye la venida del caudillo musulmán a Rodrigo Velázquez, padre del obispo Pedro de Mezonzo, y otros señores de esta tierra. Según una secular leyenda, la destrucción de Santiago provocó una mortal disentería a muchos de los atacantes, entre ellos al propio Almanzor, que murió en Medinaceli. Historia Compostelana. Edic. latina: E. Flórez.- España Sagrada. T. xx. Historia Compostelana. Madrid, 1765, p. 14. Edic. española: E. Falque, Akal. Madrid, 1994, p. 75. A. López Ferreiro.- Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago. T. ii. Santiago, 1899, pp. 411-419. Acerca de la muerte de Almanzor en 1102, quizá por las heridas sufridas en la batalla de Calatañazor, véase, entre otros: P. Aguado Bleye.- Manual de Historia de España. T. i. Espasa Calpe. Madrid, 1963, p. 489. J. Barreiro Somoza.- El señorío de la Iglesia de Santiago de Compostela (Siglos ix-xiii). La Coruña, 1987, pp. 95-104. V. Almazán.- «Las últimas campañas de Almanzor en la obra de Alfonso x». En Santiago-Al-Andalus. Diálogos artísticos para un milenio. Conmemoración del milenario de la restauración de la ciudad de Santiago tras la razzia de Almanzor (997-1997). Xunta de Galicia. Santiago, 1997, pp. 190-195. M. Recuero Astray.- «La campaña de Almanzor contra Santiago de Compostela el año 997». En Galicia románica e gótica. Galicia terra única. Xunta de Galicia. Ourense, 1997, pp. 148-153.

5 A. López Ferreiro.- Ob. y t. cits., pp. 427-430; J. Fernández Alonso.- «Pietro di Mezonzo, vescovo di Compostella». Bibliotheca Sanctorum. V. x. Istituto Giovanni xxiii. Roma, 1968, p. 710. J. J. Cebrián Franco.- Obispos de Iria Flavia y Arzobispos de Santiago. Instituto Teológico Compostelano. Santiago, 1997, pp. 64-67. Según el Martiroligio Romano, traducción de A. Álvarez Pato y Castrillón, Madrid, 1791, p. 248, su festividad se celebra el 10 de septiembre.

6 Los ataques normandos a las costas de Galicia, calificados por los cronistas medievales como «gens pagana et nimis crudelissima», se repetían desde hacía siglos. Véase: J. Uría Riu.- «Los normandos en las costas del reino de Asturias en el reinado de Ramiro i (844)». En Obra completa. i. El Reino de Asturias y otros estudios altomedievales. Universidad de Oviedo, 2005, pp. 177-229, en particular pp. 218-229. J. Barreiro Somoza.- Ob. cit., pp. 125-130.

7 Historia Compostelana. Edic. latina cit., p. 15; española, pp. 75-76. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix. Edics. cits.: pp. 188-194. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 67-69.

8 Historia Compostelana. Edic. latina cit., p. 15; española, p. 76. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix. Edics. cits: pp. 194-199. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 69-72.

9 P. David.- Études historiques sur la Galice et le Portugal du vie au xiie siècle. Coimbra, 1947, pp. 341-344.

10 Historia Silense. Edic. cit., pp. 204-205. Sobre el rey García: E. Portela Silva.- García ii de Galicia. El rey y el reino. Burgos, 2001, pp. 47 y ss.

11 Historia Compostelana. Edic. latina cit., p. 16; española, p. 77. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix. Edics. cits: pp. 201-207. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 73-78. Intromisión de Sancho y Alfonso en el reino de García: A. López Ferreiro.- Historia..., cit. T. ii, pp. 548 y ss. Episcopado de Diego Peláez en la misma obra pp. 552-555 y T. iii, Santiago, 1900, pp. 7 y ss.

12 P. David.- Ob. cit., pp. 365-366 y 391-405.

13 R. González Ruiz.- «La reorganización de la iglesia de Toledo durante el pontificado de Bernardo de Sédirac, primer arzobispo después de la reconquista (1086-1124)». En F. López Alsina (ed.).- El Papado, la Iglesia Leonesa y la Basílica de Santiago a finales del siglo xi. El traslado de la Sede Episcopal de Iria a Compostela en 1095. Santiago, 1999, pp. 157-176.

14 Historia Compostelana. Edic. latina cit., pp. 254-255; española, pp. 298-299.

15 Historia Compostelana. Edic. latina cit., p. 17; española, p. 77. A. López Ferreiro.- Historia..., cit. T. iii, pp. 161-168.

16 Fue elegido en el concilio de Husillos, que depuso a Diego Peláez, y se ocupó de la diócesis durante dos años, hasta que otro concilio, celebrado en León, anuló su elección, de conformidad con el papa Urbano ii. Historia Compostelana. Edic. latina cit., pp. 17-19; española, pp. 77-80. A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, pp. 163-166. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., p. 78.

17 A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, pp. 169-179.

18 Historia Compostelana. Edic. latina cit., pp. 20-22; española, pp. 80-83. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix, cit., pp. 208-211. A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, pp. 181-190. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 81-82.

19 F. López Alsina.- «Urbano ii y el traslado de la sede episcopal de Iria a Compostela». En El Papado, la Iglesia Leonesa y la Basílica de Santiago a finales del siglo xi. Ídem.- (ed.).- El traslado de la Sede Episcopal…, cit., pp. 107-127.

20 Historia Compostelana. Edic. latina cit., pp. 27-30; española, pp. 86-88. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix, cit., pp. 211 y ss. A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, pp. 191-248. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 87-96.

21 S. Montero Díaz.- La colección diplomática de San Martín de Jubia (977-1199). Santiago, 1935, pp. 14-15.

22 Historia Compostelana. Edic. latina cit., pp. 20-23; española, pp. 80-83. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix. Edics. cits: pp. 209-213 y 208-211. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 81-83. A. Kohnle.- Abt Hugo von Cluny (1049-1109). Jan Thorbecke Verlag Sigmaringen, 1993, pp. 126, 146 y 230.

23 P. Henriet.- «Capitale de toute vie monastic élevée entre tous les églises d’Espagne. Cluny et Saint-Jacques au xiie siècle». En Saint-Jacques et la France. Paris, 2003, pp. 407-449. C. M. Reglero de la Fuente.- Cluny en España. Los prioratos de la provincia y sus redes sociales. (1073-ca. 1270), p. 92. En esta obra véanse, también, las pp. 88-100.

24 Se ignora la fecha de su fallecimiento, que pudo producirse avanzado 1139 o, mejor, en 1140. La última referencia documental relativa al arzobispo Gelmírez es su rúbrica en un documento de Alfonso vii del 24 de junio de 1139; que su aniversario se celebrara en la catedral de Santiago el 15 de enero hace presumible que sta sea la fecha de su muerte. E. Flórez.- España Sagrada. T. xix, cit., pp. 311-312. A. López Ferreiro.- Historia..., cit., T. iv. Santiago, 1901, pp. 218-219. Para la intensa actividad de Gelmírez nada mejor que la Historia Compostelana, redactada por algunos de sus colaboradores.

25 E. Álvarez Carballido.- «Monasterios olvidados: A Capela». Boletín de la Real Academia Gallega. T. ii. n.º 14 y 15, pp. 40-44 y 68-71. La Coruña, 20 de julio y 20 de octubre de 1907. R. Balsa de la Vega.- «A Capela». Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. T. xviii. Madrid, 1910, pp. 109-112. J. Carro, E. Camps y J. Ramón Fernández Oxea.- «Arqueoloxía relixiosa de Melide. Santa María da Capela». En Terra de Melide. Santiago, 1933, pp. 254-260. A. del Castillo.- Geografía General del Reino de Galicia. T. i. Generalidades. Dirigida por F. Carreras Candi. Barcelona, (s.a.), pp. 864-869. E. Carré Aldao.- Geografía…, cit., T. ii. Provincia de La Coruña. Barcelona, (s.a.), pp. 103-104. W. M. Whitehill.- Spanish romanesque architecture of the eleventh century. Oxford University Press, 1968, pp. 267-268. M. Chamoso Lamas.- «Algunas muestras constructivas del primer románico en el norte peninsular». Cuadernos de Estudios Gallegos. T. xxiv. Santiago, 1969, pp. 53-55. A. del Castillo.- Inventario de la riqueza monumental y artística de Galicia. Santiago, 1972, pp. 603-604. H. de Sá Bravo.- El monacato en Galicia. T. i. La Coruña, 1972, pp. 348-351. X. M. Broz Rei.- «O románico da Terra de Melide no Camiño de Santiago». Boletín do Centro de Estudios Melidenses. Museo da Terra de Melide. N.º 7. Melide, 1992, pp. 59-76. R. Yzquierdo Perrín.- Galicia. Arte Medieval (i). T. x. A Coruña, 1995, pp. 167-168. M.ª P. Carrillo Lista.- El arte románico en Terra de Melide. A Coruña, 1997, pp. 49-60. A. B. Freire Naval.- «Aproximación al estudio artístico del antiguo priorato de San Antolín de Toques (A Coruña)». Estudios Mindonienses. N.º 18. Mondoñedo-Ferrol, 2002, pp. 1235-1254. J. R. Soraluce Blond y X. Fernández Fernández (dirs.).- Arquitecturas da provincia da Coruña. V. xvii. Melide, Santiso, Sobrado e Toques. A Coruña, 2007, pp. 252-253.

26 C. Vaamonde Lores.- Boletín de la Real Academia Gallega. Colección de documentos históricos. T. i. La Coruña, 1915, pp. 45-46. Este documento lo mencionan ya publicaciones del siglo xvii: Fr. A. de Yepes.- Corónica General de la Orden de San Benito. T. vi. Valladolid, 1617. Fols. 322v y 323r. Edición de F. J. Pérez de Urbel. T. iii, cit., p. 199. T. cxxv de la Biblioteca de Autores Españoles. Fr. G. de Argaiz. La soledad laureada por San Benito y sus hijos. T. iii. Alcalá, 1675, p. 391. M. Risco.- España Sagrada. T. xl. Madrid, 1796, p. 174. Ídem, segunda edición. Guadarrama, 2010, p. 178. Regesto en: L. Sánchez Belda.- Documentos reales de la Edad Media referentes a Galicia. Madrid, 1953, p. 81, doc. 160. Más donaciones reales al monasterio de Toques: p. 82, doc. 163, de Alfonso vi en 1077; p. 87, doc. 173, de los condes de Galicia el 23 de enero de 1099.

27 Indice principal de el Archibo de el Real Monasterio de San Martín de Santiago. R.S.T.V.X.Y.Z de este índice. Disponíase Año de mdccxxxviii. Archivo de San Martín. Sig. MS 3. Fol. 153r y v: «Trasumpto Auténtico de una Bulla de n.m.s.p. León 10 por la qual une el Monasterio de San Antoyño de Toques a el Real Monasterio de Sn. Martín de Santiago […] Año 1515». La toma de posesión se produjo en 1516 y se confirmó en 1521. Fr. A. de Yepes.- Ob. y t. cits. Fol. 322r. Edición de F. J. Pérez de Urbel. T. iii, cit., p. 199. A. López Ferreiro.- Galicia en el último tercio del siglo xv. 3ª edición. Vigo, 1968, p. 174.

28 M. Núñez Rodríguez.- Historia da arquitectura galega. Arquitectura prerrománica. coag. Santiago, 1978, pp. 277-286. R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., pp. 119-121.

29 Una lápida sobre la puerta fecha la prolongación de la nave y construcción del coro en su parte occidental en 1812. Quizá esta intervención se hizo fundamentándose en el acuerdo del Consejo de los monjes de san Martín Pinario del 17 de julio de 1809, que encomendaba a los priores que: «en sus respectivos prioratos destruidos o maltratados por los franceses hagan las obras indispensables, adelantando el dinero necesario». Libro de Consejo de los Monges de San Martín de Santiago. Empezó en 28 del mes de Febrero de 1771 y acabó el 3 de Enero de 1816. Archivo de San Martín. Sig. MS 23. Fol. 317r.

30 Fr. A. de Yepes.- Ob. y t. cits. Fols. 322v y 323r. Edición de F. J. Pérez de Urbel. T. iii, cit., p. 199.

31 En la cumbre del monte Bocelo se veían en los años setenta del siglo xx vestigios de una planta rectangular con orientación este-oeste que los lugareños conocían como capilla de santa María. Según Osaba, la denominación de «A Capela» que habitualmente se da a la iglesia de san Antolín tendría su origen en la capilla de la cima del monte. B. Osaba y Ruiz de Erenchun.- «El arte mozárabe en Galicia». Boletín del Museo Arqueológico Provincial de Orense. T. v. Orense, 1949, p. 70.

32 M. Chamoso Lamas et al.- Galice Romane. La Pierre-qui-Vire, 1973, p. 413 y lám. 175. (Edición española, Madrid, 1979, p. 496.). R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., p. 482. M.ª P. Carrillo Lista.- Ob. cit., pp. 57-58. A. B. Freire Naval.- Art. cit., pp. 1241-1244.

33 C. Rodríguez Cao y F. Álvarez Estrada.- Santa Comba de Bande. Concello de Bande, 1996.

34 R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., pp. 58-63. Otros autores aludieron al visigotismo de los capiteles de Toques, entre ellos: E. Camps Cazorla.- «El arte hispanovisigodo». En Historia de España. T. iii. Madrid, 1940. Dirigida por R. Menéndez Pidal, pp. 601 y 607-608, y nota 30. Otros autores no dudan del origen prerrománico de los motivos, pero sí de su adscripción a un período: R. Balsa de la Vega.- Art. cit., p. 111, piensa en el prerrománico asturiano; B. Osaba y Ruiz de Erenchun.- Art. cit., p. 71, duda entre: «estilo visigodo o mozárabe».

35 Con Francelos y bajorrelieves gallegos difíciles de datar, como los de san Juan de Camba y Amiadoso, lo comparó B. Osaba y Ruiz de Erenchun.- Art. cit., p. 79. Para ste la cronología del relieve de Toques es: «en todo caso anterior al románico».

36 M. Chamoso Lamas.- «Algunas muestras constructivas del primer románico en el norte peninsular». Cuadernos de Estudios Gallegos. N.os 72-73-74. Santiago, 1969, pp. 53-55. Reeditado en: Manuel Chamoso Lamas. Estudios sobre arte, arqueología y museología. Abrente. Anexo 2. A Coruña, 2009, pp. 433-435. M. Núñez Rodríguez.- Ob. cit., pp. 227-236, 246-251 y 284-286. R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., pp. 117-123.

37 J. M. Pita Andrade.- «Observaciones sobre la decoración geométrica en el románico de Galicia». Cuadernos de Estudios Gallegos. T. xviii. Fasc. 54. Santiago, 1963, pp. 45-46.

38 M. Núñez Rodríguez.- San Miguel de Celanova. Xunta de Galicia, 1989. M.ª D. Barral Rivadulla.- San Miguel de Celanova: el silencio y la elocuencia de una arquitectura singular. Ourense, 2006.

39 M. Núñez Rodríguez.- Arquitectura prerrománica…, cit., pp. 201-211. R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., pp. 140-144.

40 E. Carré Aldao.- Geografía…, cit., T. ii. Provincia de La Coruña. Barcelona, (s.a.), p. 875. M. Chamoso Lamas.- «Desconocida muestra arquitectónica del primer románico en Galicia». En Homenaje a don José Esteban Uranga. Pamplona, 1971, pp. 271-273. A. del Castillo.- Inventario…, cit., pp. 642-643. B. Regal.- Galice romane, cit., pp. 61-63. J. R. Soraluce Blond.- Arquitectura románica en La Coruña i. Faro-Mariñas-Eume. coag, 1983, pp. 80-81. A. Vázquez Penedo.- El románico en la comarca Eumesa. Pontedeume, 1986, pp. 41-43. R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., pp. 168-170. C. de Castro Álvarez.- Igrexas románicas da comarca do Eume. Xunta de Galicia, 1997, pp. 73-88. J. R. Soraluce Blond y X. Fernández Fernández (dirs.).- Arquitecturas da provincia da Coruña. V. vii. Abegondo, Betanzos, Irixoa, Miño, Paderne e Vilarmaior. A Coruña, 1997, pp. 200-201.

41 J. del Hoyo.- Memorias del arzobispado de Santiago. Edición de A. Rodríguez González y B. Varela Jácome, Santiago, (s.a.), p. 308. En 1607, la mitad de sus rentas correspondían al: «monasterio de Cayón»; la «presentación (es) de San Martín de Santiago», aunque acaba afirmando que: «Es del monasterio de Meira de la orden de San Bernardo». Quizá los intereses de tantos monasterios explican que ninguna referencia relativa a su fábrica haya llegado a nosotros. C. de Castro Álvarez.- Ob. cit., pp. 73-75.

42 J. M. Pita Andrade.- «Observaciones sobre la decoración geométrica…», cit., pp. 42-43.

43 Entre otras publicaciones: J. Villa-Amil y Castro.- Iglesias gallegas de la Edad Media. Madrid, 1904, pp. 45-54. A. del Castillo.- «La arquitectura en Galicia». En Geografía…, cit. T. i, pp. 869-870 y 913. Ídem.- Inventario…, cit., pp. 335-336. M. Amor Meilán.- Geografía…, cit., T. iii. Provincia de Lugo. Barcelona, (s.a.), pp. 511-515. A. López Valcárcel.- «Iglesias románicas de la provincia de Lugo. Papeleta 166: Iglesia parroquial de san Martín de Mondoñedo». Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Lugo. T. vii. Lugo, 1963, pp. 198-207. M. Chamoso Lamas et al.- Galice…, cit., pp. 54-60. S. San Cristóbal Sebastián.- «Mondoñedo, San Martín». En Inventario artístico de Lugo y su provincia. T. iv. Madrid, 1980, pp. 201-205. Ídem.- La antigua catedral de san Martín de Mondoñedo. Mondoñedo, 1984, pp. 39-57. N. Rielo Carballo.- «Mondoñedo, Monasterio de san Martiño». En Gran Enciclopedia Gallega. T. xxi. Santiago, (s.a.), pp. 149-152. R. Yzquierdo Perrín.- De arte et architectura: San Martín de Mondoñedo. Lugo, 1994. Ídem.- Galicia… T. x, cit., pp. 171-187. Ídem.- San Martín de Mondoñedo. León, 2006.

44 R. Yzquierdo Perrín.- De arte…, cit., 1994, pp. 10-18. A. García y García.- Historia de Bretoña. Lugo, 2000, pp. 15-28. E. Cal Pardo.- Episcopologio mindoniense. Mondoñedo-Ferrol, 2003, pp. 9-14. M. Carriedo Tejedo.- «Episcopologios britoniense (siglos vi y vii) y mindoniense (siglos ix y x)». En Rudesindus. La tierra y el templo. Xunta de Galicia, 2007, pp. 53-74.

45 M. Chamoso Lamas.- «Las primitivas diócesis de Britonia y de San Martín de Mondoñedo a la luz de recientes descubrimientos». En Actas do Congresso de Estudos da Comemoração do xiii centenario da morte de S. Frutuoso. T. i. Bracara Augusta. V. xxi. Braga, 1967, pp. 356-359. Reeditado en: M. Chamoso Lamas.- Estudios…, cit., pp. 415-421. M. Núñez Rodríguez.- Arquitectura prerrománica..., cit., pp. 237-245. R. Yzquierdo Perrín.- Galicia… T. x, cit., pp. 134-137.

46 E. Flórez.- España Sagrada, cit. T. xviii, pp. 126-131. E. Cal Pardo.- Episcopologio mindoniense, cit., pp. 73-86.

47 J. M. Pita Andrade.- «Observaciones sobre la decoración geométrica…», cit., pp. 43-44.

48 J. M. Pita Andrade.- «Observaciones sobre la decoración vegetal en el románico de Galicia». Abrente. N.º 1. La Coruña, 1969, pp. 96-97.

49 J. Villa-Amil y Castro.- Iglesias gallegas…, cit., pp. 39 y 46.

50 Para las pinturas de Mondoñedo: R. Salgado Toimil.- «Las pinturas murales de San Martín de Mondoñedo». Boletín de la Real Academia Gallega. Año xxii, n.º 199, pp. 189-194. J. M. García Iglesias.- «La iglesia de San Martín de Mondoñedo. Consideracions sobre sus pinturas murales». Monacato gallego. Sexquimilenario de San Bieito. Actas do Primeiro Coloquio. Boletín Auriense. Anexo 6. Ourense, 1986, pp. 191-208. Ídem.- Pinturas murais de Galicia. Xunta de Galicia, 1989. Fichas I/ 7, 8, 9 y 10. M. Castiñeiras.- «Cuando las catedrales románicas estaban pintadas: el ciclo pictórico de San Martiño de Mondoñedo (Foz, Lugo) al descubierto». Románico. N.º 8. San Sebastián, 2009, pp. 18-31. En la misma publicación: B. Besteiro.- «Sobre la técnica de ejecución de la pintura mural románica: las recetas de los muralistas románicos». Para las de san Pedro de Rocas: J. M. García Iglesias.- «El mapa de los Beatos en la pintura mural románica de San Pedro de Rocas (Ourense)». Archivos Leoneses. N.º 69. León, 1981, pp. 73-87. Ídem.-. Pinturas murais de Galicia, cit. Ficha xii/ 14. S. Moralejo Álvarez.- «El mapa de la diáspora apostólica en San Pedro de Rocas: notas para su interpretación y filiación en la tradición cartográfica de los “Beatos”». Compostellanum. V. xxxi. Santiago, 1986, pp. 315-340. Reeditado en: Patrimonio artístico de Galicia y otros estudios. T. ii. Xunta de Galicia, 2004, pp. 65-74.

51 R. Yzquierdo Perrín.- De arte…, cit., pp. 44-49. M.ª P. Carrillo Lista y J. R. Ferrín González.- «Algunas representaciones de vicios en el románico gallego: la lujuria». Anuario Brigantino. N.º 19. Betanzos, 1996, pp. 235-244.

52 F. Ávila y la Cueva.- Historia civil y eclesiástica de la ciudad de Tuy y su obispado. Edición facsímile. Consello da Cultura Galega, 1995. T. i. Fols. 237-240; y T. ii. Fols. 310-311. J. Villa-Amil y Castro.- Iglesias gallegas…, cit., pp. 56-59. F. J. Sánchez Cantón.- «Informe sobre la iglesia de San Bartolomé de Rebordanes». Boletín de la Real Academia de la Historia. T. cxi. Madrid, 1943, pp. 105-108. A. del Castillo.- Inventario…, cit., p. 613. M. Chamoso Lamas y J. Filgueira Valverde.- «Excavaciones arqueológicas en la iglesia y atrio de San Bartolomé de Rebordanes de Tuy (Pontevedra)». En Noticiario Arqueológico Hispánico. Madrid, 1976, pp. 325-326, más un plano y xiv láminas. Reeditado en: Manuel Chamoso Lamas. Estudios sobre arte…, cit., pp. 439-449. H. de Sá Bravo.- El monacato en Galicia. T. ii. La Coruña, 1972, pp. 338-347. Ídem.- Las rutas del románico en la provincia de Pontevedra. Vigo, 1978, pp. 203-210. R. Yzquierdo Perrín, Galicia… T. x, cit., pp. 187-190. E. Iglesias Almeida.- «La iglesia y monasterio de San Bartolomé de Rebordáns». Boletín de Estudios del Seminario Fontán-Sarmiento. N.º 17. Santiago, 1996, pp. 91-100.

53 M. Chamoso Lamas et al.- Galicie roman, cit., pp. 58 y 392. J. Yarza Luaces.- «Frontal de San Martiño de Mondoñedo». En Galicia no tempo. Santiago, 1991, pp. 184-185. R. Yzquierdo Perrín.- De arte…, cit., pp. 49-51.

54 E. Cal Pardo.- Episcopologio mindoniense, cit., pp. 86-88.

55 E. Cal Pardo.- Episcopologio mindoniense, cit., pp. 95-101. E. Flórez.- España Sagrada, cit. T. xviii, pp. 131-133.

56 R. Yzquierdo Perrín.- «Santa María de Sar». En ii Semana Mariana en Compostela. Santiago, 1996, pp. 71-106. Aquí se encuentran otras referencias bibliográficas.

57 Entre otras publicaciones: J. Villa-Amil y Castro.- Descripción histórico-artística-arqueológica de la catedral de Santiago. Lugo, 1866. Ídem.- La catedral de Santiago. Breve descripción histórica. Madrid, 1909. J. M.ª Zepedano y Carnero.- Historia y descripción arqueológica de la basílica compostelana. Lugo, 1870. Edición facsímile: Xunta de Galicia, 1999. J. M.ª Fernández Sánchez y F. Freire Barreiro.- Santiago, Jerusalén, Roma. Diario de una peregrinación. T. i. Santiago, 1880, pp. 23-130. Igual texto en: Ídem.- Guía de Santiago y sus alrededores. Santiago, 1885, pp. 65-187. A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, Santiago, 1900, pp. 19-150. K. J. Conant.- The early architectural history of the cathedral of Santiago de Compostela. Cambridge, 1926. Edición gallega y española: Arquitectura románica da catedral de Santiago de Compostela. Santiago, 1983. R. Yzquierdo Perrín.- «La construcción de la catedral románica de Santiago». En La meta del Camino de Santiago. La transformación de la catedral a través de los tiempos. Xunta de Galicia, 1995, pp. 59-82. Ídem.- Galicia… T. x, cit., pp. 190-225. M. Núñez Rodríguez (ed.).- Santiago, la catedral y la memoria del arte. Santiago, 2000.

58 Liber Sancti Iacobi. Codex Calixtinus. Versión latina de W. M. Whitehill. Santiago, 1944, pp. 386-387. Edición española de A. Moralejo, C. Torres y J. Feo Torres. Santiago, 1951, pp. 569-571. En la edición latina de Whitehill este libro era el iv, al no computarse la «Historia Turpini», lo que se hace en la española y se explica en el prólogo de sta, p. viii. De las diferentes ediciones del Libro v: M. Bravo Lozano.- Guía del peregrino medieval («Codex Calixtinus»). Sahagún, 1989, pp. 82-84.

59 Historia Compostelana. Edic. latina cit., pp. 137-138; española, p. 189. En sta dice: «Fue comenzada la nueva iglesia de Santiago, preclara y singular, en la era mcxvi (año 1078) el 11 de julio».

60 A. del Castillo.- «Inscripciones inéditas de la catedral de Santiago». Boletín de la Real Academia Gallega. T. xv. A Coruña, 1926, pp. 314 y ss.

61 A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, pp. 19-28 y Apéndice i: «Concordia del obispo D. Diego Peláez con el Abad de Antealtares, San Fagildo», pp. 3-7. J. Guerra Campos.- Exploraciones arqueológicas en torno al sepulcro del Apóstol Santiago. Santiago, 1982, pp. 372-382. F. López Alsina.- «Concordia de Antealtares». En Santiago, Camino de Europa. Culto y cultura en la peregrinación a Compostela. Santiago, 1993, p. 250. C. Burgo López.- «La Edad Media». En Santiago. San Paio de Antealtares. Santiago, 1999, pp. 38-39. V. Nodar Fernández.- Los inicios de la catedral románica de Santiago: El ambicioso programa iconográfico de Diego Peláez. Xunta de Galicia, 2004, pp. 31-46.

62 Historia Compostelana. Libro ii. Cap. ii. Edic. latina cit., p. 254; española, pp. 298-299. A. López Ferreiro.- Historia…, cit. T. iii, pp. 157-161.

63 J. Yarza Luaces et al.- Fuentes y documentos…, cit., pp. 83-84. M. Gómez Moreno.- El arte románico español. Esquema de un libro. Madrid, 1934, pp. 116-117 y 129. S. Moralejo Álvarez.- «Notas para unha revisión da obra de K. J. Conant». En Arquitectura románica da catedral de Santiago…, cit., p. 227. Reeditado en Patrimonio artístico de Galicia…, cit. T. i, p. 257. F. J. Ocaña Eiroa.- «La controvertida personalidad del Maestro Esteban en las catedrales románicas de Pamplona y Santiago». Principe de Viana. Año lxiv, n.º 228. Pamplona, 2003, pp. 20 y ss.

64 K. J. Conant.- Arquitectura románica da catedral de Santiago…, cit., p. 197.

65 R. Otero Túñez.- «Problemas de la catedral románica de Santiago». Compostellanum. V. x, n.º 4. Santiago, 1965, pp. 606-607. Para las cimentaciones a las que alude Otero en las frases transcritas: M. Chamoso Lamas.- «Noticia de las excavaciones arqueológicas que se realizan en la catedral de Santiago. (Segunda fase)». Compostellanum. V. i, n.º 4. Santiago, 1956, pp. 827 y ss. Reeditado en: Compostellana Sacra i. Estudios xacobeos (1956-1983). Santiago, 2006, pp. 111 y ss. Véanse también las fotos 17 a 21 en ambas publicaciones.

66 S. Moralejo Álvarez.- «Notas para unha revisión da obra de K. J. Conant», cit., pp. 226 y 254-255, en las dos ediciones citadas.

67 J. Vega y Verdugo.- Memorias sobre obras en la catedral de Santiago. (1657-1666). Edición de F. J. Sánchez Cantón.- Opúsculos gallegos sobre Bellas Artes, de los siglos xvii y xviii. Santiago, 1956, pp. 51-52.

68 M. Durliat.- La sculpture romane de la Route de Saint-Jacques. De Conques à Compostelle. Mont-de-Marsan, 1990, p. 212; V. Nodar Fernández.- Ob. cit., pp. 103-130.

69 S. Moralejo Álvarez.- «La imagen arquitectónica de la catedral de Santiago de Compostela». En Atti del Convegno Internazionale di Studi. Il Pellegrinaggio a Santiago de Compostela e la Letteratura Jacopea. Perugia, 1985, pp. 41-44. Reeditado en: Patrimonio artístico de Galicia…, cit. T. i, pp. 239-241.

70 A este espacio, «confesión», se refiere: J. Guerra Campos.- Exploraciones arqueológicas…, cit., pp. 112-116, 296.

71 Sobre estos epígrafes y el del intradós del arco de la cabecera de la capilla del Salvador: C. Watson.- The romanesque cathedral of Santiago de Compostela: A reassessment. Oxford, 2009, pp. 2-7. Para los epígrafes y capiteles: V. Nodar Fernández.- Ob. cit., pp. 119 y 149-150.

72 M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., p. 213. V. Nodar Fernández.- Ob. cit., pp. 116-118 y 133-157.

73 Liber Sancti Iacobi. Versión latina cit., p. 379; española, pp. 557. M. Bravo Lozano.- Ob. cit., p. 71.

74 J. E. Chapapría y M.ª P. García Cuetos.- Alejandro Ferrant y la conservación monumental en España (1929-1939). Castilla y León y la Primera Zona Monumental. V. ii. Junta de Castilla y León, 2007, pp. 264-272. Además de los textos y cartas que Ferrant escribió a Gómez Moreno sobre sus intervenciones y hallazgos, véanse las fotos, croquis y planos.

75 Un dintel de este tipo se vió en la portada de san Martín de Mondoñedo. Para Torres Balbás tales dinteles se introdujeron y difundieron en el románico de Galicia al usarse en la catedral compostelana. L. Torres Balbás.- «Sobre algunos dinteles románicos de Galicia». En Arquitectura. Madrid, 1922, p. 208.

76 S. Moralejo Álvarez.- «Notas para unha revisión da obra de K. J. Conant», cit., p. 226.

77 J. E. Chapapría y M.ª P. García Cuetos.- Alejandro Ferrant y la conservación monumental…, cit. V. ii, pp. 264-266. La sugerencia de Carro data de julio de 1932 y debió de realizarse poco después.

78 K. J. Conant.- Arquitectura románica da catedral de Santiago…, cit., p. 197. S. Moralejo Álvarez.- «Notas para unha revisión da obra de K. J. Conant», cit., p. 228. F. J. Ocaña Eiroa.- «La controvertida personalidad del Maestro Esteban…», cit., pp. 20-23. M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., pp. 215-217.

79 Historia Compostelana. Libro i. Caps. ix-x. Edic. latina cit., pp. 27-31; española, pp. 86-89. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., pp. 87-96.

80 Historia Compostelana. Libro ii. Caps. iv-xix. Edic. latina cit., pp. 260-297; española, pp. 303-337

81 A. López Ferreiro.- Historia..., cit. T. iv. Santiago, 1901, pp. 218 y 223-224. Apéndice xi, pp. 30-32. J. J. Cebrián Franco.- Ob. cit., p. 101.

82 Historia Compostelana. Libro i. Cap. xv. Edic. latina cit., pp. 35-42; española, pp. 94-99.

83 Historia Compostelana. Libro i. Cap. xviii. Edic. latina cit., pp. 50-52; española, pp. 106-108.

84 A. López Ferreiro.- Altar y cripta del Apóstol Santiago desde su origen hasta nuestros días. Santiago, 1891, pp. 8-11. Reeditado en: El Pórtico de la Gloria, Platerías y el primitivo altar mayor de la catedral de Santiago. Santiago, 1975, pp. 117-119. J. Guerra Campos.- Exploraciones arqueológicas…, cit., pp. 87-92 y 285-296. J. Carro Otero.- «Autel primitif du tombeau de l’Apôtre Saint-James». En Santiago de Compostela. 1000 Ans de Pèlerinage Européen. Gante, 1985, pp. 207-208. S. Moralejo Álvarez.- «Ara de Antealtares y Soporte del ara de Antealtares». En Santiago, Camino de Europa. Culto y cultura en la peregrinación a Compostela. Santiago, 1993, pp. 252-253.

85 Historia Compostelana. Libro i. Cap. xix. Edic. latina cit., pp. 52-53; española, pp. 108-109. M. Durliat.- Ob. cit., pp. 311-312.

86 K. J. Conant.- «The fire at Santiago de Compostela in 1117: a reconstruction drawing by…». Journal of the Society of Architectural historians. V. xv, n.º 1. University of Virginia. March, 1956, pp. 3-5. Historia Compostelana. Libro i. Cap. cxiv-cxvi. Edic. latina cit., pp. 227-249; española, pp. 271-289. Para el actual cimborrio gótico: R. Yzquierdo Perrín.- «El mecenazgo del arzobispo compostelano don Lope de Mendoza en Santiago y Padrón». Abrente. N.º 38-39. A Coruña, 2006-2007, pp. 135-139.

87 M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., pp. 316-317.

88 M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., p. 313.

89 Historia Compostelana. Libro i. Cap. lxxviii. Edic. latina cit., pp. 137-l38; española, p. 189.

90 M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., pp. 313 y ss., en especial p. 326.

91 Historia Compostelana. Libro i. Cap. cxiv. Edic. latina cit., pp. 229 -230; española, pp. 273-274.

92 Liber Sancti Iacobi. Versión latina cit., pp. 379-382; española, pp. 557-562. M. Bravo Lozano.- Ob. cit., pp. 71-75.

93 Además del Calixtino también se refiere a esta fuente y a la conducción de aguas la Historia Compostelana. Libro ii. Cap. liv. Edic. latina cit., pp. 369-372; española, pp. 399-401. Su reconstitución hipotética e interpretación del atrio como imagen del Paraíso: S. Moralejo Álvarez.- «La imagen arquitectónica de la catedral de Santiago de Compostela», cit., pp. 55-61. Reeditado en Patrimonio artístico de Galicia…, cit. T. i, pp. 244-246 y fig. 6 en p. 243.

94 S. Moralejo Álvarez.- «La primitiva fachada norte de la catedral de Santiago». Compostellanum. V. xiv, n.º 4. Santiago, 1969, pp. 623 y ss. Reeditado en Patrimonio artístico de Galicia…, cit. T. i, pp. 21-46. M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., pp. 342-352.

95 A. Vigo Trasancos.- La catedral de Santiago y la Ilustración. Proyecto clásico y memoria histórica (1757-1808). Madrid, 1999, pp. 51-62.

96 M. Gómez Moreno.- El arte románico…, cit., pp. 132-133. S. Moralejo Álvarez.- «La primitiva fachada norte…», cit., pp. 656-660. Reedición cit., pp. 41-43. Ídem.- «Saint-Jacques de Compostelle. Les portails retrouvés de la Cathédrale romane». Reedición cit., pp. 103-107. Ídem.- «Fragmento de fuste decorado con amorcillos vendimiadores» y «Fuste historiado con leyenda épica (Tristán?)». En Santiago, Camino de Europa…, cit., pp. 380-384.

97 A. K. Porter. Romanesque sculpture of the pilgrimage roads. New York, 1985. T. i, pp. 211-239; T. ii. Láms. 674-691 y 693. O. Naesgaard.- Saint-Jacques de Compostelle et les débuts de la grande sculpture vers 1100. Aarhus, 1962, pp. 27-107. J. M.ª Azcárate Ristori.- «La portada de las Platerías y el programa iconográfico de la catedral de Santiago». Archivo Español de Arte. T. xxxvi. Madrid, 1963, pp. 1-20. S. Moralejo Álvarez.- «Saint-Jacques de Compostelle. Les portails retrouvés…», cit. Reedición cit., pp. 107-109. M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., pp. 326-342. F. J. Ocaña Eiroa.- «La controvertida personalidad del Maestro Esteban…», cit., pp. 23 y ss.

98 X. Carro García.- «A data da inscripción da Porta das Praterías». Arquivos do Seminario de Estudos Galegos. T. iv. Santiago, 1932, pp. 221-235. M. Gómez Moreno.- El arte románico…, cit., pp. 115-116. G. Gaillard.- «Commencements de l’art roman en Espagne». Bulletin Hispanique. T. xxxvii, n.º 3, 1935. Reeditado en Études d’art roman. Paris, 1972, pp. 54-55. F. Bouza Brey.- «El epígrafe fundacional de la iglesia de Tomonde y el de la Puerta de las Platerías de la catedral de Santiago». Cuadernos de Estudios Gallegos. T. xvii. Fasc. 52, Santiago, 1962, pp. 176-178.

99 J. M.ª Azcárate Ristori.- «La portada de las Platerías…», cit., pp. 10-12. S. Moralejo Álvarez.- «Saint-Jacques de Compostelle. Les portails retrouvés…», cit. Reedición cit., pp. 107-108.

100 R. Otero Túñez.- «Problemas de la catedral…», cit., pp. 609-611.

101 R. Otero Túñez e R. Yzquierdo Perrín.- El coro del Maestro Mateo. La Coruña, 1990, pp. 43-45 y nota 27.

102 M. Gómez Moreno.- El arte románico…, cit., pp. 130-131. R. Otero Túñez.- «Problemas de la catedral…», cit., p. 612. M. Durliat.- La sculpture romane…, cit., pp. 326-352. O. Naesgaard.- Saint-Jacques de Compostelle…, cit., pp. 103-106. F. J. Ocaña Eiroa.- «La controvertida personalidad del Maestro Esteban…», cit., pp. 23-27. S. Moralejo Álvarez.- «Saint-Jacques de Compostelle. Les portails retrouvés…», cit. Reedición cit., pp. 103-111.

103 Historia Compostelana. Libro i. Cap. lxxviii. Edic. latina cit., pp. 137-138; española, p. 189. Sobre el coro de Gelmírez: R. Otero Túñez e R. Yzquierdo Perrín.- El coro…, cit., p. 30.

104 K. J. Conant.- Arquitectura románica da catedral de Santiago…, cit., pp. 197-202.

105 Liber Sancti Iacobi. Versión latina cit., pp. 386-387; española, pp. 570-571. M. Bravo Lozano.- Ob. cit., p. 82.

106 R. Yzquierdo Perrín.- «Las tribunas de las naves de la catedral de Santiago: sus muros y los capiteles del triforio norte». Anales de la Historia del Arte, n.º 4. Homenaje al Prof. Dr. D. José M.ª de Azcárate. Madrid, 1994, pp. 309 y ss. J. M.ª Zepedano y Carnero.- Historia y descripción…, cit., p. 174.