El renacimiento, de Conde de Gobineau

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El renacimiento, de Conde de Gobineau

[libro] Obra publicada pola editorial Poseidón en 1945 baixo seudónimo de Arturo de Gobineau. Ten trinta e cinco debuxos de Luís Seoane.
Epístolas
1

Data Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
Data Remitente - Destinatario Orixe Destino [ O. ] [ T. ]
1972-05-20
Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1972
Transcrición

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1972 en 20/05/1972


20-V-72

Querido Seoane:

Ya se marcharon la hija y la nieta y quedamos otra vez solos Alicia y yo. Eliminadas las tareas aplazadas por razón de su presencia en este piso tan pequeño, paso a cumplir la promesa de escribiros una larga carta, sin consideración al mandato retórico de que las cartas tienen que ser breves. Empezaré por deciros que tenemos una nieta muy inteligente, callada, sufrida y dinámica como un relámpago. Juntos hemos corrido por estos parques y hemos trepado rocas y salvado barrancos. Y cuando el sitio era a su juicio peligroso, me extendía la mano y tiraba de mí con todas sus fuerzas. ¡Qué pena verlas partir después de un par de semanas indescriptibles!
Ahora quiero decirte, aunque no sea necesario, cuánto agradezco el libro y los catálogos, los cuales más que saciar mi apetencia de ver cosas tuyas, de conocer tu producción posterior a mi estancia en Buenos Aires, han avivado mi avidez. Lo que dicen Whitelow, Lainez, Payró y hasta Varela más bien parecen cosas de ocasión, para salir de algún aprieto o coyuntura. A mí no me dicen nada ni de lo que conozco de antaño ni –supongo– de tu labor posterior. Una línea segura, afanosa –y casi todas lo son– de tu lápiz, pincel o lo que sea, deja a tales críticos o comentaristas en el aire. No han sentido, no han percibido (al parecer) la revelación, el relámpago, el borbollón cálido e inesperado que cada palmo, cada brochazo nos mete por los ojos y empuja, sumido en un halo de ternura, hasta las capas más recatadas y profundas de nuestra sensibilidad. La presencia de cada cuadro, de cada dibujo, desnudo de color en la reproducción o someramente velado por él, es una presencia “presentida” pese a su total novedad: parece más bien decirnos: “He aquí lo que esperaba, esa realidad que tu sensibilidad y tu nostalgia reclamaban desde hace mucho, algo categórico cuya ausencia del horizonte de tus ansias y de tus ojos te desazonaba”. Y sí, es cierto; no hay posible objeción. La “ausencia”, el anhelo de lo no creado, aún el presentimiento de lo no pintado o dibujado queda plenamente logrado o satisfecho: nada falta, nada sobra. Y nos entra muy hondo y nos restituye la confianza, la fe, el sosiego. Hay una jubilosa “toma de posesión” al contemplar una obra de arte por primera vez, aunque hayamos de conceder que no todos los que la contemplan sientan el júbilo inmediato. Y esto se percibe con cabal nitidez ante tus dibujos, tus cuadros. Casi parece a veces que el artista fuese “secundario”, el “instrumento” o ciego ejecutor de un mandato. Pero dejemos esto porque nos enzarzaría en peligrosas espesuras. Baste decir por el momento que el ensayo de interpretación de tu obra que yo ansío y creo que tú necesitas para centrar tu futura labor, tras tantos años de creación vertiginosa, está por escribir. No bastan “bondadosos” comentarios, y casi me permito la descortesía de declarar que a estas alturas sobran. Y lo mismo sobran tantas referencias a visiteos, amistades, paraderos de cuadros, exposiciones y algunos libros que nos sean esenciales. ¿Para qué convencer al que no ve ni verá y tiene que ser un parásito –en el mejor de los casos– de los videntes? Una joya de verdad, auténtica y trabajada con ojos lúcidos y manos hábiles, basta para el comprador sagaz. Hay que desconfiar del escaparate del judío. Y lo mismo de su clientela.
Con ocasión de la llegada de tus publicaciones, reuní lo que por aquí tengo a mano, como el Homenaje a la Torre de Hérules, Botella al mar, etc. y volví a maravillarme de tus ilustraciones del libro de Gobineau. Algunos amigos que las vieron, después de ver otras varias cosas, se quedaron boquiabiertos ante estos tipos del Renacimiento, que no sé “cómo pudiste dar con ellos” en el hondón de raigambre gallega. No vi ninguno de estos “frailazos” en los folletos, y los eché mucho de menos. El conjunto de ellos –de los dibujos– constituye un despliegue de talento, de capacidad creadora, de humor, en fin, de genio, para ser justos y breves, suficiente para “revelar” un artista y hasta para consagrarlo.
Por mi parte, hace mucho que no escribo una línea “mía”. He trabajado y sigo trabajando mucho para hacer frente a la pura necesidad. Leo todo lo que puedo, pero no mucho. Quisiera hacer un viaje a un país de habla española para adquirir ciertas obras. Los Dieste nos invitaron a pasar unas semanas con ellos en Rianjo el verano próximo, pero antes que a Rianjo, pese a lo que me gusta, iríamos a Bruselas, y talvez a Barcelona. No sé aún si este verano me ofrecerán o no un puesto en el Departamento de Agricultura: en caso afirmativo, el viaje me sería más fácil, porque me concederían vacaciones pagas, y bien pagas.
Escríbeme. Mándame algún libro en gallego que encuentres por ahí. ¿Se reeditó la Historia de Galicia que me enviaste hace ya muchos años?
Un gran abrazo para ambos –una Torre de Hércules– de vuestro

Otero


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