México, 20 de mayo de 1982
Querida María del Carmen, ¿qué te digo que tú no hayas ya imaginado de los tristes días que vengo pasando desde la muerte de Carlos? Te quería haber escrito antes pero el desánimo me lo impedía.
Va a hacer un mes que tuve que desplazarme a este país por un accidente de tránsito en una carretera veracruzana que tuvieron Ruth y familia y los amigos catalanes de Rodrigo. Del mismo resultó muerta una amiga de Ruth que al tiempo era su ayudante oficial en el trabajo. Se trataba de una chica argentina de 28 años, graduada en ciencias políticas. También resultaron siete heridos de los cuales mi nieta Marcela, muy grave y muy delicados con múltiples fracturas de miembros y huesos de la cara mi yerno y un muchacho de Barcelona. Hubo también tres con fracturas leves y por último Ruth, que aunque iba delante, en el asiento del acompañante, por suerte sólo recibió un corte en la frente y una fractura leve en la nariz. Manolo y Rodrigo no sufrieron nada. Ruth y Rodrigo habían comenzado a encontrarse los fines de semana ya que viven en ciudades diferentes, con mucha necesidad de verse, después de la muerte de Carlos. Se fueron con sus amigos en tres autos y ya regresaban a México un domingo por la noche pensando llegar desde la playa a hacer noche en casa de Rodrigo en Jalapa para seguir viaje de día el lunes. Los tres autos llevaban niños y además el que encabezaba la caravana iba en rodage, es decir, con una velocidad adecuada para esas malas carreteras, pero el señor que manejaba la poderosa camioneta que originó el choque iba alcoholizado y dejó su mano, produciendo un choque frontal primero con uno y luego con el segundo auto. Fue tremendo. Inclusive para encontrar auxilio. Por supuesto que los dos autos quedaron completamente fuera de uso, y eso es lo de menos. El de Ruth era un Caribe que había estrenado en enero con Carlos y conmigo. Te puedes imaginar qué afectados hemos quedado todos, sobre todo con la muerte de Marina y la preocupación enorme con Marcelita y Donald. Ahora ya ha desaparecido por suerte el peligro, ya están en casa los dos. Hoy por la mañana tuvieron consulta con el oculista, con pronóstico favorable. Una herida que se había hecho Donald en el ojo, entre otras tantas, cicatrizó, y el párpado inferior de la nena que había quedado de la primera operación con obstrucciones, es perfectamente modificable. Los dos comienzan una serie de cirugías plásticas, pobres.
Todo esto me acongojó, como podrás inferir, y por otro lado me perturbó en esos difíciles momentos en que estoy de organizar una vida (los años que queden) o el tiempo que quede) con todo lo que eso significa de resoluciones y pasos a dar. Además necesito tiempo después de esta conmoción, de esta desolación que me produce la ausencia de Carlos, para estar tranquila, si se quiere ensimismada, pues estoy sola con mis fuerzas, nada más, para asumir ese dolor. Eso requiere un esfuerzo grande, ya lo comprendí en Vallvidrera, cuando salía a caminar para aliviarme, o escuchaba música, pero más bien en soledad.
Esta carta parece que nunca debería enviársela a nadie, pero te digo que el hecho de que la esté haciendo es ya promisorio.
Mañana se cumplen tres meses de la muerte de Carlos y es como si hubiese pasado sólo un día larguísimo y penoso. Estoy de lo más desorientada con el sentido del tiempo y ni me acuerdo de cuál era que hablaba Tomas Mann pero a mí me parece sólo un día 90 largos días tan tristes para mí, y en cambio aquellos tres o cuatro días que pasábamos a veces en Madrid con Carlos y en que tantas veces nos encontramos con ustedes y otros amigos, se me hacen largos, como felices temporadas. ¡Extraño! ¿no?
Mi idea era llamarte por teléfono al pasar por Madrid, lo mismo que a Dolly Onetti que me lo había pedido, pero no me había dado cuenta que la escala era en Lisboa esta vez. Los días antes insistí llamando a tu casa y ya el segundo número daba señal de ocupado. Pasó lo mismo con Fondo de Cultura E. a donde tenía suma necesidad de hablar.
No te imaginas cómo extraño a Carlos. Teníamos un diálogo permanente y a veces sin palabras. Casi que no he vuelto a comentar nada con nadie. Aquí los chicos (y yo) hemos estado inmersos en el desgraciado asunto del choque, muerte, salud, secuelas, recuperación. Estos días, ayer y hoy queriendo salir un poco del tema compré los Viajes de Gulliver, el libro completo, no el compendiado para niños que estaba en la casa, y lo estamos leyendo en voz alta con mi nieto. Lo pasamos bien. Que él tome lo divertido del texto y yo lo que pueda.
En fin, ellos tienen organizado y controlado todo en estos momentos y yo apenas se vaya suavizando todo regreso a Barcelona. También me perturba la separación. Me quedaré unos días con Angel en USA ya que él, por asunto de sus documentos personales no ha podido salir del país y no sabe aún por cuanto tiempo estará en esa situación. Yo no tengo ningún deseo de andar viajando más, pero sí de verlo así que le pedí que vaya a N. York que es escala obligada de mi pasaje en vez de tener que trasladarme a Washington.
Me imagino que Constanza hizo un buen viaje y regresó de EEUU. ¿O iba a pasar una temporada? Rodrigo en cuanto pueda regresa a España, pero la situación está poco propicia para él. Hasta que no haga su doctorado no tendrá allá suficientes oportunidades. Y aquí, a su vez, no puede hacerlo pues él y su compañera son las máximas autoridades en psicología en la Univ. de Xalapa. Con ellos agregan experiencia a la psicología impartida allí, que hasta la llegada de ellos era sólo la conductista. Además los dos trabajan también en la Clínica psiquiátrica por la mañana y no encuentran tiempo para otra cosa. Si estuvieran en México sería diferente, pero a la vez aquí hace tiempo que no admiten profesores extranjeros en sus organismos centrales, a no ser que se trate de celebridades o visitantes a corto plazo. Ellos necesitan descentralizar sus servicios universitarios, y toda la gente aspira a la capital. Esta capital, por otra parte, Rodrigo encuentra invivible.
¿Cómo están Miguelito y familia? Ruth y Rodrigo envían muchos recuerdos afectuosos para todos ustedes.
Espero y deseo que tus trabajos y los de Luis vayan adelante y lo mismo la salud. ¿Es que ya caminas sin ninguna molestia?
Como el correo entre México y España es lentísimo no sé si ésta te encontrará ya en vacaciones. Creo que estaré recién a fines de junio o principios de julio en casa. Lo de mi trabajo va encaminado. Veremos qué puedo hacer. A veces me entra una desconfianza ilimitada en mis fuerzas. Junto con Luis recibe un abrazo con todo mi afecto
Judith
[manuscrito ao pé:] Y además siempre mi agradecimiento por las cartas, recortes, llamadas telefónicas y vuestra presencia amiga.


