| 1971-06-10 |
|
Ver [Carta mecanografada co logotipo do Laboratorio de Formas]
Transcripción da Carta de Seoane a Palmás. 1971 en 10/06/1971
La Coruña, 10 de Junio de 1971
Sr. D. Ricardo Palmás
Buenos Aires
Querido amigo:
Llevamos un mes en Galicia y nuestros únicos viajes han sido hasta ahora a Sargadelos y a Santiago, aparte los alrededores de La Coruña. Empecé a trabajar, y, ahora, el Ayuntamiento de La Coruña, me acaba de encargar un monumento a los emigrantes que estará situado en La Coraza del Orzán, junto a Riazor. Lo acepté, pues hacer un monumento con ese tema en una ciudad no es colaborar con una política determinada, y siguiendo además el ejemplo de Picasso y Miró en cuanto a la ciudad de Barcelona. Se trata de mi homenaje, el que yo puedo hacer, al pueblo coruñés y a los emigrantes.
No sé nada de Buenos Aires más que las noticias repetidas hasta el cansancio en los periódicos de aquí, de las entrevistas de los comandos peronistas con Perón y de la política de Lanusse. Nada dela vida cultural de Buenos Aires, de exposiciones, teatro, cine, etc. Aquí vamos algunas tardes a ver alguna película del oeste filmada por italianos en Almería, no hay nada más que ver, o exposiciones de pintura una o dos, que se suponen impresionistas. Dentro de poco ni eso. En el mes de abril emigraron 5.000 personas solamente de los alrededores de La Coruña. Mientras en esa, en la colectividad los que tienen un órgano de prensa en las manos no hacen nada, no mantienen una política de hoy, de acuerdo a las actuales circunstancias de Galicia y del mundo, ni dejan de soñar imposibles. Desde Barcelona y Madrid me hablaron de usted, desde Losada, Patiño, los Rey, hasta aquí en La Coruña, aparte de Díaz Pardo y otras gentes a las que causó muy buena impresión y quedaron siendo sus amigos. Las gentes en Galicia andan también muy disueltas, se ven de conferencia tardía en conferencia tardía, en alguna exposición o en la calle casualmente. Nadie piensa en cambiar impresiones sobre cualquier tipo de cuestiones, en todo caso se limitan a participarse lo que hacen en la soledad de sus casas. Es como si no tuviesen esperanzas de nada. Dejan transcurrir la vida como caiga.
Bueno, le ruego que me escriba y que me dé noticias de esa. Estamos deseando tenerlas. ¿Terminó la carrera? Un saludo de Maruja y mío para los Martínez Romero, Pérez Prado, etc., y usted reciba el abrazo de:
[Seoane]
|
| 1973-08-30 |
|
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]
Transcripción da Carta de Palmás a Seoane. 1973 en 30/08/1973
Buenos Aires, 30 de agosto de 1973
Querido Seoane:
Sin ánimo de despertar en su envidia le diré que la cartelera de cines está llena de buenas películas: He visto ya alguna de ellas. Estado de Sitio de Costa-Gravas con un planteamiento muy claro sobre la guerrilla urbana y un alegato contra la represión policial y la penetración de los servicios norteamericanos. Supongo que cuando vuelva aún estará en cartel, pues el éxito es rotundo. También vi Hermano sol, hermana luna de Zefirelli. Creo que no logró la gracia y la frescura de su Romeo y Julieta, pues confundió simpleza de espíritu –en este caso el de Francisco de Asís– con cursilería y, sin duda son dos cosas muy diferentes. Volví a ver Decamerón de Passolini esta vuelta hablada en italiano y napolitano con lo cual gana enormemente sobre la versión en inglés. Es un estupendo fresco popular y de época. Ayer estrenaron En el nombre del padre... una película de Bellocchio –el que hizo Cina é vicina– me gustó mucho, hay en ella un complejo planteo sobre la realidad social italiana enfocada en el pequeño mundo de un colegio católico. Naturalmente que con la excepción de Zefirelli ninguna de las otras películas podrá pasar la censura española. Por cierto hasta el momento la censura en materia de cine y publicaciones no funciona lo que ha dado como resultado el poder haber visto excelentes películas sin cortes y que los quioscos de diarios estén tapados de revistas más o menos eróticas que parece que nadie o muy pocos compran –según me dijo el diariero que viene a casa–. Asimismo hay algunas revistas con travestis y todas esas cosas. Que se le va a hacer vaya lo uno por lo otro.
Del mundo plástico poco o nada le puedo contar, pues con todas las cosas atrasadas que tenía y aún tengo no me quedó tiempo más que para ir al cine. Este sábado aprovecharé para ir a ver dos exposiciones que hay en Bellas Artes y en Artes decorativas. Una es con grabados de Goya (la serie de toros) y la otra es de grabados de Picasso sobre toros también. No sé si tendrá interés en los catálogos. De todos modos se los compraré. Todavía no me llegaron las cosas de Londres, supongo que no tardarán en hacerlo.
Hoy estuve con Alberto Vilanova, que se marcha a Galicia a fin de año pues quiere arreglar los papeles de su jubilación. El pobre estuvo muy mal con una afección renal que lo retuvo en cama un par de meses. Le encargué un trabajo sobre los exilados gallegos de América para publicar en un volumen colectivo sobre la emigración en el cual tendrá que colaborar Ud. y otros amigos. La cosa surgió así: casi al final de mi estadía en Galicia me entero que SEPT va a publicar un volumen colectivo sobre la emigración gallega actual, pensé que sería bueno hacer una parte dedicada a América. Hice una lista de autores y temas posibles y la idea fue aprobada. Martínez Romero hará los aspectos psicológicos, Pilar un trabajo sobre folklore gallego y argentino, Varela los artistas gallegos en América (no sé aún si aceptará), Zubillaga los gallegos en Uruguay, Pérez Prado se referirá al nombre gallego en América y yo cubriré los aspectos sociológicos. Como me acordé que Ud. tenía bastante material sobre los gallegos en México y prácticamente nada sabemos sobre ellos pensé que podría Ud. desarrollar dicho tema. El trabajo no deberá exceder las 15 o 20 hojas oficio a doble espacio y en gallego. Como a los editores les urge sacar el libro habría que tener listos los artículos a finales de noviembre. Espero que pueda colaborar en este primer libro sobre nuestra emigración a América que sale en Galicia, cuando ya el fenómeno es casi un hecho histórico.
Como broche final le diré que cuando llegué me enteré que las vestales de la Irmandade habían echado a rodar la especie que mi viaje se había hecho por invitación del gobierno español. Primero reaccioné violentamente pues la mentira es algo que me molesta mucho pero luego lo pensé bien y decidí reforzar mi total alejamiento de toda esta “xentiña” que alguna vez coincidió más o menos con nuestras vidas. Seguiré trabajando como siempre por Galicia y por su pueblo, que es el de mi sangre, desde lejos y como mejor pueda, tratando de salvar el recuerdo de su paso por estas tierras y ayudando, poco o mucho, a que el futuro no nos sea tan terrible como el pasado y el presente.
Si se solucionan unas cuestiones de tipo burocrático participaré en una experiencia muy interesante que se desarrollará en la frontera misionera con el Brasil. Como allí ha penetrado –según parece– el portugués, se entrenarán los maestros en dicha lengua para impartir la enseñanza en sus primeros momentos. Hace unos días salió la resolución del ministro de educación designándome junto con otros tres profesores para recorrer la zona, dictar un cursillo a los maestros y arbitrar las medidas necesarias a implantarse en el futuro. Parece ser que lo mismo se hará con las lenguas indígenas. Ojalá pueda arreglar mis cosas y poder participar en la experiencia que como Ud. sabe me interesa sobremanera.
Perdón por la larga carta. Un abrazo muy fuerte para Maruja y Ud. esperando tenerlos entre nosotros muy pronto
Ricardo Palmás
|
| 1975-02-14 |
|
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]
Transcripción da Carta de Pérez Prado a Seoane. 1975 en 14/02/1975
Buenos Aires febrero 14 de 1975
Mi querido Seoane:
Circunstancialmente varias y, creo que debo aceptarlo, un poco de resistencia interior, demoraron esta carta imprescindible. Cuando me llamó usted antes de partir, le dije que hubiésemos tenido que hablar en eso días y –añadí– trataría de reemplazar ese diálogo con una o más cartas. Y aquí me tiene, cumpliendo con esa necesidad que es también una obligación; escribo en mi bufete hospitalero, en un pronto, sin buscar elegancias y apenas levantando mi cabeza sobre un mar de inquietas dudas. Trataré de ser claro, sincero como lo fui siempre que pude y ahora sé que puedo y debo. Le pido que con su tradicional franqueza me responda; sus consejos, absoluciones o palmetazos serán por mí bienvenidos una vez más y de todo corazón.
A riesgo de fatigarlo, será menester un poco de historia. Usted conoce a Jorge Prelorán y a sus deseos de filmar una película sobre nuestra Tierra y pueblo; es, creo, uno de los frutos que ayudarán a perdonar las muchas faltas de mi librito, pues en él descubrió este niño grande a nuestra Galicia y empezó a dolerle nuestro drama. Pero entre los sueños del filme y su concreción mediaba un abismo de millones que sólo pudimos rellenar con amistad y fantasía. El asunto trascendió, sin embargo, y lo comentaron algunos paisanos. Por fin y como residuo, quedó en el aire la sensación de que yo conocía a un gran experto en cine –y, para colmo, americano– a quien las cosas de Galicia interesaban. Y un día, en el Centro Gallego, me abordó Valentín Fernández con la pregunta de si a ese amigo que decían que yo tenía podría hablársele de un trabajito profesional: el de poner en mínimas condiciones potables unos cuantos metros de película que guardaban en el Orensano.
Y lo puse en contacto con Jorge y vimos ese material. Castelao aparece algunos segundos, el resto son escenas donde con gran tenacidad y cómplices sonrisas aparecen y desaparecen –y, fatalmente, reaparecen– el señor Puente y el señor Prada más algunos otros, menos perseverantes. Ese malísimo documento, al que no falta cierta macabra inocencia, incluye como agregado metros filmados en Galicia y en España donde con buena vista alcanzan a verse lugares en los que vivió Castelao.
Prelorán dijo que no quería hacer, a estas alturas de su vida y evolución creadora, tareas como ésta que le pedían, de mínimo profesionalismo, aún si cumplían con las amenazas de pagarle bien. Él buscaría un amigo capaz y esa compaginación, pegoteos y mínimas tijeras que pedían los dejaría satisfechos a corto plazo y costo. A esta declaración de asepsia o voluntad artística siguieron días y semanas de avances y retrocesos, danzas y contradanzas cuyo detalle menudo es inútil. Lo cierto es que, paso a paso, con americana tenacidad por el lado galaico dirigido por nuestro robusto paisano y con barrocas gallegadas por cuenta del indeciso Jorge, llegose a un acuerdo muy alejado del proyecto original. Prelorán, a quien entre tanto zambullí en el mundo plástico de Castelao, filmaría una película con toda libertad y como él sintiera la cosa. Sólo pedía un algo así como una beca, una asignación mensual capaz de mantenerlo durante los seis meses previstos fuera de otros compromisos y dedicado, pues, plenamente a su nuevo personaje. Habría que pagar las facturas que apareciesen en concepto de película –en blanco y negro, pero muchísimos rollos– y quizás otros gastos. (Para dar a usted la información más completa: los honorarios totales de Prelorán fueron por él fijados en dos millones y medio, que prefería en cuotas mensuales durante el semestre) Jorge pidió todo el material gráfico posible, independencia y un asesor que trabajaría duro y en equipo durante los seis meses y que él elegiría. Por supuesto que resulté yo y que abrumado por las dudas y las reservas que usted supone ni siquiera acepté: simplemente descubrí que estaba metido en el asunto sin remedio. Alcancé, sí, a declarar exigencias mínimas: yo colaboraría si entendíamos todos que se trataba de una película de Jorge Prelorán sobre Castelao; empresa que requería dineros, materiales y cierto asesoramiento; que como en cualquier trípode bien equilibrado cada una de las patas valía tanto como las otras y sólo valía en conjunto; nadie, pues, fuera de Prelorán y en tanto creador, podía llamarse campeador en la odisea. Exigí también libertad para moverme por sobre los valados, los muros y los fosos que separaban a quienes pudieran colaborar o a quienes yo debía informar. Hablaría con todos y con la mayor franqueza; así lo hice y hasta ahora sin tropiezos. Prada, Faustino Iglesias, Abraira, Pita, el Tacholas, etc.., me ofrecieron lo que tenían luego de conocer de qué se trataba. Se realizaron las filmaciones. En lo de Prada, por ejemplo, sudamos varias horas bajo lámparas y por fin le quedamos dos veces la instalación eléctrica. Con artes diplomáticas que hubiera consentido Gondomar, pero con la mayor limpieza y claridad pasé de Fulano a Zutano que se detestan y de Mengano a Perengano que no pueden verse. Al parecer, todos comprendieron como traté de convencerme yo de que se trataba de una oportunidad para divulgar la obra de Castelao y que no era el caso de hacerle el caldo gordo a nadie aunque a la postre se lo hiciéramos... Actué con una voluntariosa inocencia y con una instrumental ingenuidad, pero sin ocultar, ante cada uno de los bos e xenerosos, mis dudas y recelos.
Llevamos gastado lo que a mí me parece mucho dinero. Hay pilas de rollos filmados y estamos a pique de terminar con el registro gráfico; la casa de Prelorán es un museo de material tridimensional aunque no creo que podamos mostrar nada muy original. En fin, pronto vendrá la tarea en sí y quien sabe qué con ella. Trataré de salvar para nosotros a la película. Jorge puede hacer otra gran obra de arte de las suyas, quizá, pero si alcanzo mi propósito, no quedará el filme en eso, con ser tanto, y llevará expresado el compromiso ineludible.
Seoane: retomo la carta unos días más tarde. La independencia que goza –por ahora– Prelorán, me tranquiliza por un lado y me inquieta por otro. Es una especie de fértil retiro donde no llegan las interesadas presiones y es una patente de corso que Jorge puede usar como un niño en una confitería: probando lo que solicita el gusto o el capricho y dejando a un lado, quizás, el alimento de substancia. Claro que soy yo quien tendría que guiar a Jorge y darle un rumbo a seguir, una inexcusable melodía a tocar para que la adorne, si quiere, con variaciones y genialidades. Pero no es fácil, ya lo veo. Ayer, por ejemplo, pasé unas seis o siete mortales horas para convencer al barbado de que lo del 28/6/1936 es el meridiano al que corresponde ajustar el tiempo de la película. En otros términos: que hasta esa fecha se trepa por distintos caminos de diferente conciencia y desde allí se baja lentamente. Y que tanto la subida como el descenso existen y cobran sentido contempladas desde la cima. Y que luego de aquel 28 de junio y en dramática dialécticas con las Españas y el mundo entero se pierde con un juego de altibajos donde alternan los zumos frescos de la esperanza con las amargas hieles de la impotencia y los vidrios molidos de la tradición.
Como Jorge es, además, músico, creí lícito apelar a metáforas de pentagramas y le dije que, a mi juicio y aparte de todo lo que inventara su genio y enriqueciera la línea interesaba, sobre todo, esa línea: un crescendo donde hasta el clímax jubiloso, un calderón de hora estelar y epifanía; y un descender quebrado, luego. En esa lisis, el nervio vertebral de nuestro drama concierta su diálogo con la esperanza escuchando los ciegos instrumentos: desde las trompetas claras y los timbales limpios al ovillo enfermizo de tantos y tantos violines sin que falte la prestidigitación de las arpas. En fin: Gondomar tratando de venderle whisky a su Graciosa Majestad, sólo que con un propósito nada tabernario. Y Prelorán, que naturalmente carece de mucho de lo que nos sobra y quiere a nuestra Tierra, pero todavía ella no le duele, respondía con iracundas genialidades y afirmaciones técnicas. ¡Eso no es cine! ¡Eso carece de ritmo cinematógrafo! ¡No se puede; no tengo, no veo, no sospecho imágenes para dar fondo a esa historia! Pero creo que lo dejé preñado: me pidió, al fin, agotado y meditabundo, una suerte de guión esquelético donde yo, para su información, le diese formalmente mi idea de lo que tenía que ser la película. En eso estoy.
Quizá dentro de algunas semanas y seguramente dentro de un par de meses sabré con alguna certeza si el medio año que le regalo a esta patriada está justificado. Y usted conocerá entonces mi desaliento, mi conformidad o mi esperanza.
Con el afecto de siempre y con mis cariños para Maruja le envío un apretado abrazo.
Antonio
Antonio Pérez Prado
Salta 760, 3ºB
Buenos Aires
P.S. En un momento, se entreveró en el proyecto S. Feldman, quien tiene una gran experiencia en lo que llaman ellos animación (o sea, filmar estampas, dibujos, etc.). Hasta llegó a pedir un millón de pesos en concepto de honorarios y se aceptó su ingreso al equipo –y todo por sugerencias del propio Prelorán–; sin embargo, se apartó luego, excusándose por su mucho trabajo. Alcanzamos a charlar y me dijo del cariño y admiración que por usted siente. Y, por fin y al fin, tome al pie de la letra todo lo que le dije y no acepte por ahora otras versiones... que ya las vi impresas y no del todo veraces.
|
| 1975-04-02 |
|
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]
Transcripción da Carta de Pérez Prado a Seoane. 1975 en 02/04/1975
Buenos Aires, 2 de abril de 1975
Mi estimado Seoane:
Hace un tiempo (fecha 14 de febrero) mandé a usted una larga carta que no tuvo respuesta. De las explicaciones posibles, elijo, para su silencio, la más cómoda para mí y supongo que no recibió esas páginas. Va, entonces, fotocopia del duplicado.
Prelorán está en La Pampa filmando. Antes de salir, presentó una suerte de presupuesto glogal cuya suma dejó turulato a Valentín Fernández. Con los aumentos, desvalorizaciones y escaseces que nos llueven el costo pronosticado trepa a once o doce –o trece– millones. En fin, mucho más de lo que se pensaba y sobre todo muchísimo más de lo que nuestro inefable Valentín cree posible lograr mediante su esforzada campaña. El asunto tomó un cariz desagradable; hubo charlas desapacibles entre Prelorán y Valentín y Mabel anduvo a los saltos cuando partió el cineasta. Los cabildeos incluyeron una cena tormentosa y, por fin, se recortaron un poco los costos, pero no mucho. En resumen, que los ambiciosos planes quizá deban recortarse también y la película resulte más pobretona o –es de temer– menos entusiastamente creada por Jorge. Durante unos meses, trabajamos duro; yo casi me hice un experto dentro de las posibilidades de quien no conoció –ni vio jamás– al personaje que buscábamos evocar. Yo, por mi parte, reaccioné ante las dificultades económicas y, sobre todo, a la manera como fueran expuestas, con un desaliento mortal. Mi esperanza es la de que Prelorán alargue su viaje por los arenales pampeanos y me deje reponer; luego, una vez aquí, nos reuniremos y veremos qué podemos hacer con el material filmado y con los recursos posibles. Esas son mis dudas nuevas; las viejas, que usted comprenderá muy bien y que persisten, son las que menciono en la carta anterior, hoy fotocopiada.
Y otra fotocopia le mando. Es para que siga el increíble asunto del librito sobre los gallegos y del inefable instituto que orquesta Pampillón. Mi carta es la de un tipo justamente indignado que, sin embargo, no dice todo. La pena es que a pesar de mi reserva, el asunto basta y sobra para que lo gocen muchos y quizá lo usen menos deportivamente.
Espero sus comentarios; mientras reciba mi cariño de siempre y trasmita mis respetos a Maruja.
Antonio
Antonio Pérez Prado
Salta 760, 3ºB
Buenos Aires
|
| 1976-01-12 |
|
Ver
Transcripción da Carta de Seoane a Díaz Pardo. 1976 en 12/01/1976
Buenos Aires, 12 de Enero de 1976
Sr. D. Isaac Díaz Pardo
Sargadelos
Querido Isaac:
Estamos en Buenos Aires desde hace algunos días, más de veinte, no sé cuantos. Creo que desde entonces te hice llegar la carpeta de grabados a través de Inés, que firmaron además Patiño y Ramos, una tarjeta de año Nuevo con un grabado mío, que para sí había hecho Baudizzone y unas líneas, cuatro o cinco, de llegada. Desde entonces estuvieron con nosotros Mimina y Mariluz al día siguiente de su llegada y en vísperas de marcharse a La Dulce, con Camilo y Adriana. Unos días antes habían venido los dos últimos muy animados y contentos por la llegada de Mimina. Estas son las noticias más importantes. Las otras, las nuestras, son apenas comunicables. Estamos metidos en casa. Yo pintando y Maruja haciendo nuevas cortinas para la galería del departamento. Vimos algunos amigos, muy pocos, pues casi todos están afuera, Punta del Este, Mar del Plata, etc. Buenos Aires está lleno de turistas brasileños, yankis, paraguayos, bolivianos, etc., que vienen a comprar aprovechando la desvalorización de la moneda y que le dan un tono muy particular a la calle Florida. De la colectividad no vi a nadie, Prada está en Chile con su hijo y familia. De fuera de ella vi a Varela, a Pérez Prado, cuya película de Castelao dura unas dos horas la veré en estos días, luego de terminada, creo que estará lista esta semana; a Palmás, que marchó por un año a Londres, pasará por España, y Vilanova que habló conmigo por teléfono, pues, por razones de familia, salió para España hace algo más de una semana. De afuera de Buenos Aires vi a José Luis, de Magdalena, que me dio la noticia de que venías en Marzo, que nos alegró mucho. Esto es todo, como ves no es nada, o casi nada. Suponemos que Mimina vendrá estos días con Mariluz, las esperamos. De aquí te mandan saludos los Baudizzone que vi a fin de año, están en Pinamar; Frontini, que me hizo ese encargo antes de irse a Río de Janeiro, el de los saludos; en meses próximos marchará a España, y Lipa Burd que es uno de los pocos que veo permanentemente, lo mismo que al ingeniero Díaz que también preguntó por ti y te envía saludos. Recibe un abrazo de Maruja y mío y reparte otros más entre los amigos comunes.
Seoane
|
| 1976-05-18 |
|
Ver
Transcripción da Carta de Seoane a Díaz Pardo. 1976 en 18/05/1976
Buenos Aires, 18 de Mayo de 1976
Sr. D. Isaac Díaz Pardo
Sargadelos
Querido Isaac:
Te supongo totalmente restablecido luego de tu carta del 5/V. Nosotros, como se escribiría en las cartas de los abuelos, bien, soportando pequeñas “cosas”, en mi caso una tensión muy alta que no se normaliza. Guardo régimen muy estricto y no debo inquietarme por nada, algo muy difícil que no me ocurre. Maruja con problemas de artrosis.
De Varela sé por Marika cada vez que llega alguna carta suya y en la de las últimas anunciaba que me escribiría, lo que supongo hará en cualquier momento. De Álvaro hemos tenido noticia por Antonia que le escrib ió a Maruja y estamos muy dolidos de su situación. Cuando nos despedimos de él cayó al suelo y olvidaba todo. Dejamos esto. La película de Castelao tiene el defecto principal de que no está orientada por alguien que hubiese conocido a Castelao, ni comprendido demasiado bien su importancia para Galicia. Pérez Prado viene luchando con el director desde hace casi dos años, aunque desde luego se descuenta que se trata de un buen director. Ha hecho espléndidos cortometrajes y documentales, pero, parece que escucha, no lo hace, trata de hacer su Castelao. Tiene hecha una película de tres horas pero le aconsejé que no debe pasar de una hora y media. Mejor, le hice una larga crítica de la película y le manifesté por escrito lo que a mi juicio sobraba en ella, se prestaba a confusión, empequeñecía a Castelao, o deformaba su arte y pensamiento. Lo hice por escrito para que no hubiese dudas sobre mi responsabilidad y juicio. Si va por ahí el director irá a verte. Me alegró saber que los pintores no se manifestaban contra Blanco Amor, aunque también me duele que lo hubiesen hecho contra Laxeiro con motivo de una iniciativa generosa. Pero ¡qué vamos a hacerle! Es posible que se tarde siglos en cambiar la psicología de las gentes gallegas, en eliminar la suspicacia, la envidia, la cazurrería, la soberbia solapada que parece distinguirnos. Tuvo razón Rosalía en sublevarse contra todo esto y Pondal: “Proxenie ignara e inculta, —que aborreces teus ínclitos … “¿A quén ti, necia debes, sair d´oscuro olvido…” Recuerda estos versos tan verdaderos. En general cada hombre que ha hecho algo por Galicia, casi siempre en las peores condiciones, es un ajeno, un olvidado, y, muchas veces, un injuriado. Los Nogueira y los Rey son muchos más de los que parece. Galicia está llena de Nogueiras y Rey. Recuerdo un día en el café “La Casa de la Troya”, de los Villaverde, a Castelao, hablando muy triste de la verdad de estos versos. Tenía fe en Galicia y por eso se refería a los aspectos negativos del carácter gallego. Sólo los que tuvieron fe en una causa, como la tenía Castelao, pueden tener instantes de dudas sobre ella y sólo los que no tienen fe dudan de algo en que no creen. No tienen por qué. Fue a propósito de “Camariñas”, un periodista gallego que se suicidó en Buenos Aires. Estábamos con él un grupo de refugiados, debajo, exactamente, del mural suyo de ese café que habíamos decorado varios de nosotros. Ahora también nos invade el pesimismo. Lo digo por mí.
Hoy inauguro una exposición de grabados en una nueva galería, “Almacén de arte”, dedicada exclusivamente a este género, es la primera de las cuatro que debo hacer este año, contando las de Rosario y Mar del Plata. No es un año bueno para ventas, pero uno debe continuar trabajando. Para fin de mes que viene sale una monografía sobre mi pintura en una colección que distribuye Losada, y ayer me hablaron de incluirme en otra sobre cinco pintores. Aquí todo parece normalizarse, han cambiado y cambian muchas cosas para bien. En general la actitud de las gentes. Hay más optimismo con respecto al futuro y sólo agobia el silencio alrededor de algunas cuestiones. La actitud del gobierno es liberal y en general correcta. Nadie puede imaginarse lo que fue el gobierno anterior.
Noemí vino muy contenta de vosotros, lamentando no haber podido estar más tiempo. Con José hablé por teléfono con motivo de la Bienal de Venecia y creo, se lo dije, no se puede hacer nada. La obra pintada sobre la guerra española, de Souto, el único testimonio, que sepa, en pintura, está diseminada entre Estados Unidos, Méjico, Bélgica, Francia y Rusia. Seguramente la viuda deba tener algún cuadro. Los originales, dibujos, de Madrid, publicados por centenares, se perdieron según me expresó él mismo. De Castelao parece que también se perdieron los originales de los álbumes y, en mi caso, de los muchos dibujos y algún cartel que hice no conservo nada o apenas nada. Los originales fueron quedando en las redacciones e diarios, semanarios, imprentas, etc., y la pintura es poca. En un enorme libro alemán sobre este tema, Kunst im Widerstand, se refieren a mí. En el caso de Castelao y Souto habría, con tiempo, que recoger todo, el mío no vale la pena. Agradezco al que en Madrid recordó ese período mío. En Galicia no creo importe a casi nadie y quizás tienen razón. Es posible que los jóvenes de hoy cuando lleguen a viejos empiecen a averiguar por los hechos de nuestra generación. Uno, como diría Solana, trabaja y ve pasar el tiempo. Te agradezco el envío del reportaje de Varela. Contesta con el espíritu fraternal y generoso, en cuanto a América, de un esiliado. Te ruego me escribas sobre el desastre ocurrido en La Coruña con motivo del encallamiento del barco petrolero. Los diarios de aquí informaron dos o tres días sobre el incendio y luego callaron.
Un gran abrazo a todos de Maruja y mío y uno fuerte para ti de.
Seoane
|