Persoa: Max Ernst

Persoa: Max Ernst [6]

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1963-04-08
Carta de Seoane a Goldstein. 1963
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Transcripción da Carta de Seoane a Goldstein. 1963 en 08/04/1963


Ginebra, 8 de abril de 1963

Sr. Enrique Goldstein
Buenos Aires

Mi querido amigo:

Acabo de recibir su carta, hoy, domingo, entregada con especial formalidad por un empleado de correos a las nueve de la mañana. Ayer tarde habló Ruty* con Maruja por teléfono desde Interlaken, y, seguramente, este fin de semana y de vuelta de Zurich, a donde tenemos que viajar el jueves, veremos a los padres de Anita y a su hermana.
Debió llegar a poder suyo una carta que le había escrito estos días pasados con noticias nuestras y de lo que fuímos viendo de más importante en los museos y galerías de las distintas ciudades de Suíza del norte, y participándoles que en la misma casa donde vive una amiga nuestra, funcionaria de la Organización Internacional del Trabajo, alquilamos un departamento de un ambiente para el tiempo que estemos aquí. Estoy pintando, tengo cinco cuadros nuevos, dos alargados de 1,50 aproximadamente por 50 cm., y otros tres más chicos. Nuestro viaje del jueves a Zurich lo hacemos para concretar una exposición de grabados en una galería destinada a este género de arte, a cuyos dueños entusiasmaron los que yo hago. También, aparte de Basilea, estoy en conversaciones con una galería de Ginebra, pero todo aquí es muy lento y objeto de muchas reflexiones y tropiezo con la dificultad de ser un pintor desconocido procedente de un país absolutamente ignorado en estas cuestiones. Si viniese de Nueva York o París, todo se hubiese resuelto en el acto, pues mis trabajos interesan mucho. En Zurich, tendré ocasión de ver esta semana la gran exposición retrospectiva de Max Ernst que prepara el museo, y aquí, en Ginebra, alrededor del 20, la del cubano Willfredo Lam, que desde hace años reside entre Nueva York y París.
Me sorprende la carta de la Otis, pero no me enteré exactamente de qué se trata ni de qué papeles, pues, en su carta, no venía la muestra que me anuncia. De cualquier manera, cuando me escriba, me gustaría saber qué es, a lo mejor, pienso, es papel para pruebas de grabado, en este caso, me lo guarda en la oficina o lo mete en el departamento de Montevideo. De todas maneras, para escribirle y agradecerle a Otis, deseo saber bien en qué consiste el envío. Perdóneme esta molestia, pero si es una atención que tienen conmigo, quiero agradecérsela, como le agradezco a usted su preocupación por esta cuestión. Nos alegró mucho la noticia de Anita y recordaremos la fecha, octubre, en que calculan se acrecienta la familia.
Me gustaría saber de Fiterman, Jenijovich, su tía Rosita, Edgardo y Susana, a todos ellos envío mis saludos. A su padre le hemos escrito también días pasados. Les recordamos a todos.

Un gran abrazo de Maruja y mío para Anita y Ud y Daniel, y otro más para usted de:

[Seoane]


1963-04-21
Carta de Seoane a Menechini. 1963
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Transcripción da Carta de Seoane a Menechini. 1963 en 21/04/1963


Ginebra, 21 de Abril de 1963

Sr. Enzo Menechini
Buenos Aires

Querido Enzo:

A última hora no nos hemos despedido de Julia ni Maruja ni yo por culpa del apresuramiento de los últimos días y lo lamentamos comentándolo cien veces entre nosotros, sintiéndonos culpables de una falta de amistad. Tenéis que perdonarnos. Hemos andado mucho por Suíza y hemos empezado a escribir algunas cartas a los amigos, (hoy tambien le escribo a Wily). No tengo nada resuelto sobre lo que voy a hacer y, ahora, en un pequeño departamento de un ambiente que hemos alquilado en esta ciudad, estoy pintando, exactamente igual que si estuviese en la Calle Montevideo, o en la casa de Bartolomé Mitre, esperando quedarnos aquí seguramente hasta fines de mayo. Hemos visto museos y exposiciones de pintura, algunas extraordinarias como una de Paul Klee en Basilea y las de Max Ernst y Jacques Villón en Zurich y otras muy malas de pintores de toda Europa que exponen en estas ciudades. Yo tengo dos o tres proyectos de exposición de los cuadros, pienso que alguna se concretará. No hice uso hasta ahora de ninguna de las cartas que traje de ahí. Pienso que es mejor de momento presentarse solo con lo que uno hace y esperar la reacción espontánea de los demás. Abandonarse a la propia suerte. Hasta ahora las obras mías gustaron mucho a los pocos que las vieron, óleos y grabados y esto pienso que es importante. Hemos visto un día a Bossard que está viviendo en Zurich y hoy voy a esperar a la estación a Blum y su mujer que están viajando por Europa y con el que tambien me encontré en Zurich. En Ginebra hay varios argentinos que trabajan en organizaciones internacionales y entre ellos la esposa de Coco Ferrari, –traductor de la Oficina Internacional de Trabajo–, Corina, una señora argentina que es una magnífica pintora, desconocida en Buenos Aires.
Esta ciudad, como todas las suízas, está llena de encantos, pero le falta, como a las otras, la vida en la calle de las de Italia, de España o de Argentina, el saber cada uno que no vive solo, solo él y su trabajo, sino que vive entre otras gentes con las que puede hablar y discutir sobre el estado del tiempo o el modo más expeditivo de arreglar el mundo. Uno se consuela de tanta soledad viendo los italianos y españoles emigrantes que hablan por las calles, que son una legión, y con los cuales uno puede entablar conversación inmediatamente. Hace pocos días viajamos en un tren con dos, uno de Nápoles y otro de Cattanea, que nos contaron de su vida en Suíza y de sus esperanzas para el futuro. Se trataba de dos seres humanos como nosotros y nos entendíamos como ni ellos ni nosotros podemos entendernos, en un tren o en la calle, con suízos, para gozar, hablando, de vivir y matar el tiempo. Los otros pasajeros, silenciosos, contaban el tiempo, ni lo mataban ni lo vivían, simplemente lo contaban como las agujas de los relojes. Uno veía en sus ojos moverse la aguja de las horas y el minutero, y la de los segundos, y era como una especie de danza de la muerte.
Escribidnos algo de Buenos Aires, de lo que pasa por esa, por la galería y por la calle. Un gran abrazo de Maruja y mío para Julia y para tí de:

[Seoane]

N/dirección: 4-6 Rue du Lac. Ap. 59
Ginebra


1963-04-29
Carta de Seoane a Varela. 1963
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Transcripción da Carta de Seoane a Varela. 1963 en 29/04/1963


Ginebra, 29 de abril de 1963

Sr. Lorenzo Varela
Buenos Aires

Querido Varela:

Recibí tu carta del 22 y te agradezco todas las noticias que me envías. Resulta confusa la de Paspagnoli, ¿es Director del Museo Nacional, como escribes, o del de Arte Moderno, en lugar de Squirru? Si lo es del Museo Nacional, ¿qué pasó con Romero Brest? Siento verdaderamente la muerte de Lorenzo Domínguez, era un gran artista y un excelente amigo. Para mí, además, otro español del exilio, aunque hubiese nacido en Chile, ocupado cátedras en la Argentina, etc., como escultor nació en España, donde se formó y a cuya sangre pertenecía. De aquí la noticia más importante fue la ejecución de Julián Grimau en Carabanchel. Toda Europa se conmovió. Manifestaciones en todas las ciudades europeas. En Francia, Italia y Suiza, obispos y organizaciones católicas hicieron pública su protesta. Aquí, en Ginebra, hubo dos manifestaciones. La última, el sábado 27, de todas las organizaciones sindicales. Al terminar el acto, donde sólo hizo uso de la palabra un dirigente obrero, lanzaron al lago dos coronas de claveles blancos y centenares de claveles rojos para que remontasen las aguas del Rhône y llegasen simbólicamente a la costa de España. Franco se cerró definitivamente, pienso, muchas puertas europeas, las que se había entreabierto para la liberación de su economía y su política. La prensa francesa es en casi totalidad, intransigente con él, con la ahora dudosa ayuda económica de De Gaulle y con Malraux, del que nadie puede escuchar su silencio. Pero ahí van algunas noticias, pues no creo puedas pasar la de Grimau.
En Ginebra, se ha inaugurado una gran exposición del pintor cubano Wilfredo Lam en la Galería Krugier, seguramente una de las más amplias y selectas de esta ciudad, que comprende obras desde 1938 hasta 1962. Se trata, en general, de cuadros de gran formato, de un surrealismo muy particular y realizados con una técnica muy sintética. Sus temas, muy repetidos desde hace años, se refieren a un mundo cubano tropical y de resonancias africanas y oriental. Cañaverales, grandes pájaros, pies y manos muy dibujados sugiriendo no se sabe de qué cuerpos, picos de aves, todo formando ángulos agudos dibujados con precisión. En la primera época, usaba una paleta de verdes, rojos y violetas muy tímidamente puestos al modo impresionista y en los últimos años dibuja simplemente con negro sobre un fondo gris casi blanco. Manifiesta un mundo original que tiene que ver lo mismo que con su país, con su origen chino y negro. Se trata desde luego de un excelente pintor, sabio y menor, que con los años redujo sus aspiraciones y que alcanzó, como los chinos con sus aguadas o como Goya con sus últimos óleos y grabados, a encontrar todo el color posible sólo en el negro.
En la ciudad vieja de Ginebra, se instaló una nueva galería de arte, la Galería Iolas. Se trata de una galería de Nueva York que ha abierto dos sucursales en Europa, en París y en Ginebra. Seguramente, en esta última ciudad, como muchas empresas norteamericanas con el fin escondido de burlar los impuestos de su país. Se inaugura con una muestra de Max Ernst, unas sesenta obras, casi todas ellas de la última época del pintor y los precios de los cuadros oscilan entre 150.000 francos suizos, es decir, 4.600.000 pesos aproximadamente, el de mayor tamaño que es de alrededor de un metro cuadrado, y 21.000 francos suizos, es decir, 690.000 pesos el más chico, el grandor de media tarjeta postal. La calidad, con ser buena en general, no está, pensamos, de acuerdo con los precios. Los mejores cuadros de Max Ernst se presentan, como ya comentamos, en el Museo de Zurich.
Suiza acabad de obsequiar a la Unesco con un tapiz de Le Corbusier de 6,50 x 3,50 metros que decorará la sala 5 y que evocará, según una frase del delegado suizo, “la alegría de vivir y una incesante juventud”. Esperamos que el tapiz, como los tapices de los cuentos orientales, pueda desprenderse a ratos de la pared a que fue destinado para llevar, entre nubes, alegría y juventud a los pueblos subdesarrollados y hambrientos que tantas valiosas horas de preocupación consumen a los delegados de la Unesco. La preocupación de Le Corbusier fue, antes de pronunciarse los discursos, colocar su gran tapiz en la pared de una sala exigua como parece que es la sala cinco de la Institución internacional. Se le presentó al arquitecto racionalista un problema de Chesterton que, seguramente, por nada racionalista, podría el escritor inglés resolver más fácilmente.
Uno de los más importantes críticos de arte de Europa, el francés Georges Duthuit, acaba de publicar un libro, Le feu des signes en Ediciones Skira de Suiza. Con este motivo, acaba de declarar “los estetas generalmente vienen después de los artistas, de sus obras”. En el libro se vuelve contra la estética contemporánea, la dispersión del arte de nuestra época, la concepción individualista del arte y reniega de los prefacios que hizo en los últimos tiempos para pintores del informalismo y de la abstracción lírica, como Riopelle y Sam Francis. El pintor, afirma, debe participarnos la certeza de pertenecer al mundo. La obra de arte no puede reducirse a sabios juegos formales ni a especulaciones geométricas o psicológicas. El libro de Duthuit estalló como una bomba en los medios artísticos y del comercio de arte. Antes se había rebelado contra la concepción estética del Malraux publicando su excelente libro El museo inimaginable.
Georges Mathiew, afecto por la mala crítica que obtuvo de su gran exposición en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de París, responde a uno de los más sañudos, André Chastel, de Le Monde, con un artículo en uno de los últimos números de Arts, en el que, si bien logra comadrear alrededor de la obra de Chastel, no consigue desde luego defender su pintura, que era lo que algún público esperaba. En compensación, en uno de los últimos números de París Match, aparece retratado en las poses más diversas vestido de lujosos trajes, que unas veces parecen hacen surgir su figura de una tela del Ticiano o de Velázquez y otras de Goya, y entre muebles muy curiosos y caros. Fotografías singulares que en nuestra época tienen mucho que ver, aunque parezca mentira, con el comercio artístico.
Morir en Madrid es la última película de Frédéric Rossif, el autor de otra muy buena Le temps du ghetto, hecha a base de documentales extraídas de los archivos. También de los archivos de varios países extrajo la documentación gráfica para relatar la guerra de España. Un relato apocalíptico, según juzgan algunos críticos, que mereció el que interviniese la censura francesa cortando frases del texto redactado por Madeleine Chapsal. En estos días, la película de Rossif es la más comentada de Francia y su nombre Morir en Madrid sirvió, en general, como título a los numerosos comentarios que se hicieron contra Franco alrededor de la ejecución de Grimau. Resulta un excelente recuerdo en el momento en que Francia se apresta a ayudar financieramente a España formando parte de su gobierno Malraux, el caballero, subrayamos entre comillas, de La esperanza.

Querido Varela. Éstas son las noticias por hoy. Creo que abundantes. Escríbeme. Un abrazo de Maruja y mío para los dos:

[Seoane]


1963-04-30
Carta de Seoane a Scheimberg. 1963
Ver [Carta mecanografada con correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Seoane a Scheimberg. 1963 en 30/04/1963


Ginebra, 30 de abril de 1963

Sr. Simón Scheinberg
Buenos Aires

Mi querido amigo:

No recibí respuesta a mi carta anterior. Quizá esté en camino. Tenemos hambre de noticias de Buenos Aires. Ayer y anteayer recibimos las de Sofovich y Falcini que nos produjeron un gran alegría. Creo que no tengo nada nuevo que contarles de nosotros, pero ahí va una estampa de un día en Zurich, el día de Viernes Santo, con todo cerrado menos alguno que otro restaurante o café.
Dios nos busca en Zurich
Doblaban las campanas desde el alba. Era Viernes Santo. Doblaron todo el día. A la salida del hotel, a las nueve de la mañana, lo sorprendente eran las calles desiertas. Sólo, en general, uno que otro zuriquense de edad las travesaba a grandes pasos, seguramente, para llegar a tiempo a alguna ceremonia religiosa. El río Limat estaba azul, el día claro, espléndido, y los cisnes, para despiojarse, ondulaban sus cuellos sobre su propio cuerpo. Quizá lloviese al atardecer o a la noche. Así sucedió. Nosotros nos entretuvimos en pasear por el muelle del río Limat. Viendo, una vez más, las vidrieras de los comercios. Deteniéndonos a descifrar los títulos de los libros alemanes, o suizos alemanes, y los viejos y nuevos grabados que se ofrecen en venta en alguno de esos establecimientos, mapas antiguos, grabados de interiores de casas campesinas del siglo XIX, grabados con vacas y escenas de labor; grabados de hoy, de Miró, de Max Ernst, de Bazaine, de Manessier..., sólo línea y colores, de técnica rigurosa, inexplicables y simples como el Viernes Santo y el mundo. Una mujer se acerca a nosotros, anciana, menuda, vestida de negro y con un sombrero ridículo en la cabeza. La mujer tenía el rostro blanco, muy blanco y los ojos azules, bondadosos, muy azules. Extrajo de la cartera un pequeño folleto en alemán y nos lo ofreció. En francés, malo explicamos que era inútil el ofrecimiento. No entendíamos alemán. “Mercí, madame”, le dijimos. Preguntó de que idioma éramos. Español, respondimos. “Un momento”, nos contestó. Revolvió en la cartera y del fondo de ella sacó otro folleto que en su ángulo izquierdo superior tenía escrita a pluma una indicación. Sp. El idioma español estaba en el fondo de la cartera. El título nos alarmó. Decía en rojo y entre admiraciones “¡Dios te busca!”. Agradecimos, y nos echamos nuevamente a andar. Por fin, alguien nos buscaba en Zurich y nada menos que Dios. Alguien superior al Director de Turismo, a las autoridades de la ciudad, del Cantón y aún a los mismos gobernantes de la Confederación Helvética. Dios, pensamos, estará en cualquier parte. Resolvimos andar. Abandonamos el muelle Limat, subimos hacia la catedral, la contemplamos, dimos vuelta a su alrededor, alzamos los ojos hacia sus cúpulas revestidas de metal. Dios no nos encontró. No estaba allí. Vimos el gigantesco Carlomagno con la espada sobre las rodillas. Seguimos por aquellas calles estrechas, medievales. Veíamos las calles, los edificios, las vidrieras. En una, pequeñas tallas en madera para el turismo, campesinos suizos tallados, animales, el oso más que cualquier otro, escudos de los Cantones y de las ciudades, objetos de cuero, de metales, todo lo que uno piensa que nadie compra. En otra, bellísimas piedras apenas pulimentadas del Brasil y de la Argentina. Piedras de todos los colores, cantos rodados de las orillas de los grandes ríos. La vidriera de una relojería. Relojes de muchos tamaños y formas. Sólo raramente se puede hablar de estilos. Chatos, abombados, de bolsillo, de pulsera, para la pared, para los muebles. Y cadenas y correas, y precios. Y otras vidrieras, con fotografías de cupletistas y bailarinas. Con apellidos españoles y franceses. Blancas y negras. Morenas y rubias, de diversos colores y formas, como los relojes, los objetos para el turismo y los emblemas de Suiza. Una vidriera entre todas, sólo con un bikini y un precio. ¿Para qué más? Dios no nos encontraba. Decidimos entrar en un café. Volvimos a pensar. Dios puede estar en todas partes. A la izquierda de nuestra mesa un mulato joven, barbudo y con el cabello descuidado y sucio. Seguramente, un artista. Un pintor. Miraba sin ver a nadie. Quizás él fuese Dios. Pero no, tampoco. Posiblemente, un santo. Mujeres beatas, beatas protestantes, impasibles, tomaban su café con leche o crema, o su cerveza, luego de las ceremonias religiosas. Eran como grandes madres estáticas, indiferentes, moviendo sólo la cabeza como las lechuzas para penetrarnos con sus ojos fríos. Dios, evidentemente, no estaba con ellas. Únicamente, las conmovía el dulce y los pasteles. Tenían la edad de la gula. Salimos. Continuamos andando. Llegamos a la estación. Entramos. Compramos Le Monde del día anterior. Escuchamos hablar en las tertulias de emigrantes italianos y españoles. Hablaban en voz alta, reían, cuando no se les notaba preocupados, pensando en dinero. Nadie piensa, ya se sabe, más en dinero que los pobres. Nosotros. Nuevamente salimos. Dios no estaba entre las boleterías y los kioskos, ni entre los trenes. Posiblemente, no había llegado. Ningún tren lo había traído hasta esa hora. Habíamos pasado el Bahnoft Brücke antes de ir a la estación y desde aquí seguimos por Bahnhof Strasse. Nuevas vidrieras. Ahora elegantes. Muebles, alfombras, perfumes, cosméticos, trajes, maniquíes en actitudes amaneradas, de rostros morenos con cabellos de nylon. Comimos algo en un restaurante cualquiera. En una mesa cercana, otra gran madre impasible girando únicamente las pupilas de sus ojos. Las manos sobre las rodillas. Observándolo todo. Estableciendo in mente las incorrecciones de los extranjeros. Abandonamos el restaurante y anduvimos por las viejas y bellas calles. Solos. Anduvimos la colina que fue castro celta. Miramos los viejos techos al estilo de los flamencos. Un capilla del siglo XV. Todo. Nos fatigamos andando. Al atardecer, regresamos hacia el hotel. Por el Quaibrücke, Bellvueplatz, seguimos por Ramí Strasse unos centenares de metros, y volvimos al Quai Limat. En el río, los cisnes se despiojan más sañudamente que a la mañana. Con los largos cuellos aún más ondulados. Y los patos alzaban a un tiempo sus cortas patas para rascarse las cabezas. Caían unas gotas de lluvia. Dios no nos encontró. Sin embargo, el folleto que nos había dado la anciana de ojos bondadosos, y que terminaba en un pequeño capítulo que aseguraba nos necesitaba, comenzaba afirmando: “¡Dios te busca!”. Dios nos buscaba. Nos necesitaba. Pero no nos encontró. Nosotros, naturalmente, tampoco lo encontramos. Seguramente, ese día nos hubiésemos entendido. Hubiésemos estado solos en las calles de Zurich. Él y nosotros. Hasta la hora de los bikinis en los cabarets y de los borrachos agrupados a las puertas de los bares.
Claro, es el hombre quien generalmente busca a Dios. El que llegue a encontrarlo es otra cuestión.
Fue un día así. Dormimos perfectamente, a pesar de los grandes almohadones que nos ponen como almohadas en los hoteles y de los fastidiosos edredones.
La ejecución de Grimau conmovió a Europa entera. Hubo actos en todas las ciudades europeas de protesta. Aquí, en Ginebra, los obreros lanzaron simbólicamente coronas y claveles al lago para que el río las llevase a la costa española. Obispos y sacerdotes católicos de Francia y Suiza protestaron contra Franco. En Rabat, en plena embajada de España, en cuyo salón se celebraba un concierto, un joven se levantó, dijo una palabras de protesta y pidió un minuto de silencio por Grimau. Sólo el embajador y unos cuantos se mantuvieron sentados. Casi todo el público se levantó en su homenaje.
Otro día enviaré más noticias nuestras y de lo que vemos. Un gran abrazo a todos los amigos, a Aída y los suyos de Maruja y míos y otro para usted, fuerte, de:

[Seoane]


1971-11-01
Carta de Guber a Seoane. 1971
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa e co membrete:]

Transcripción da Carta de Guber a Seoane. 1971 en 01/11/1971

Ing. JOSÉ GUBER / Director de / Wobron S.A.I.C.

Buenos Aires, 1º de Noviembre de 1971

Señor Luis Seoane
Paseo de Ronda nº 15, 6º Izquierda
LA CORUÑA

Querido Don Luis:

Dice el refrán “No hay mal que dure cien años, ni plazo que no se cumpla”. Finalmente, he remitido por intermedio de IBERIA el objeto, aúnque no va en la caja por estar demorada su impresión. Entiendo que importaba el objeto para entregarlo al Museo de La Coruña; la serie entera sale de la misma manera con los defectos y virtudes que Vd. apreciará. Desde ya que me interesa sobremanera su comentario.
En otro orden de cosas, Buenos Aires se encuentra ante una verdadera eclosión de la prehistoria sudamericana. A la exhibición del Museo del Oro de Colombia, en el Museo de Arte Moderno, siguió la muestra sobre culturas andinas precolombinas en el de Bellas Artes. Finalmente, se inauguró en el Museo de Arte Decorativo una importante muestra de la colección de Mújica Gallo Oro del Perú, que es la exhibición más importante hecha de esta muestra fuera de su país de origen; permanece abierta hasta las 24 horas y el público forma cola en la calle esperando turno para ingresar. Aparte los carteles murales en las calles, se la ha publicitado de todas formas y se ha logrado interesar a mucha gente que no sabía de la existencia de algo tan próximo.
Antes de ayer en el Museo de Bellas Artes, con el apoyo del Museo de Arte Moderno de New York, se inauguró una exposición sobre El arte del surrealismo. Es una excelente muestra para esta ciudad en la que mucho se ha copiado, pero donde los originales de los padres del surrealismo no habían sido frecuentados. Ernst, Picabía, Dalí, Duchamp, Chirico, Miró y hasta algún Picasso (hoy que en Europa han absorbido todas las existencias) se presentan para nuestra apreciación.
En cuanto a la situación político social, sigue siendo incierta. El dólar, depreciado en Europa, aquí sigue subiendo y se espera que pronto estará en $1.000 m/n en el mercado paralelo. Esta situación es aprovechada por los habituales golpistas que quieren provocar otro cambio hacia la derecha. Cómo estará la cosa que el sector de centro izquierda prefiere que siga Lanusse en lugar de un nuevo gorila! Diariamente, hay marchas y panfletos por las calles y en la última semana los atentados originaron tres policías muertos. Bombas a editoriales las hay: aparte del Centro Editor, la Editorial Galerna vio volado todo el frente de su local.
Todo esto se alterna semanalmente con la veda de carne (semana por medio) y entonces salen a relucir anécdotas como la del Ministerio de Agricultura, que ante preguntas de periodistas, dijo que él hacía como todos los argentinos que compran carne para la semana siguiente y la mantienen en el refrigerador (realmente un rico tipo). Le adjunto una copia de la guía con la que fue remitido el objeto para reclamar en unos diez días, si no recibe aviso previo.

Un gran abrazo para Maruja y Vd. y quedo impaciente por sus comentarios. Hasta pronto.

José


1973-02-26
Carta de Seoane a Girri. 1973
Ver [Carta mecanografada]

Transcripción da Carta de Seoane a Girri. 1973 en 26/02/1973


Buenos Aires, 26 de Febrero de 1973

Sr. Alberto Girri
Buenos Aires

Mi querido amigo:

Ahí van unas líneas para dar señal de nuestra existencia y para, con tu respuesta, saber de la vuestra y de los amigos comunes. Noticias de las que estamos impacientes. Te escribo a las 24 horas de haber llegado Lanusse a Madrid y unas horas después de haber presenciado su discurso de respuesta a Franco, en general digno, dadas las circunstancias políticas de este país, comenzando su lista de elogios en cuanto al pueblo español, con los mineros, labradores, poetas, intelectuales, para terminar con los soldados y haciendo un elogio a la libertad donde se hizo posible para terminar con ella. No puedo estar con Lanusse, pero resulta ser un oligarca y militar que hace afirmaciones que nos sorprenden, a mí a veces me gustan, sabiendo convertirse en visitante que incomoda en países que visita, Brasil, por ejemplo. Hasta ahora no es este el caso de España, pero pienso que puede llegar a serlo. Trabajo mucho. Pinto. Tengo una exposición en el mes de Mayo en Madrid y desde la habitación que me sirve de estudio descanso viendo un mar extraordinario de tormentas con olas muy altas, de 15 y más metros de altura hace una semana, llegando a barrer algunas calles cercanas y un continuo viento del norte. Me gusta mucho este mar y este viento, el viento que en La Coruña acompañó a las invasiones desde la prehistoria, los fenicios que buscaban las Islas Casitérides en busca del estaño, las legiones romanas, de hechos galas, que lo enfrentaban invadiendo por tierra los wikingos, los normandos, los ingleses y, por último, a fines del XVIII, los corsarios genoveses que aguardaban los buques que salían de los puertos gallegos para América. Unos corsarios costeros, patilludos, con sotabarba de época, muchos de los cuales se convirtieron, Vicetto, Marchessi, Tomasini, etc., con apellidos que se hicieron también gallegos, en excelentes padres de familia. Por estos días, sigo todo lo que está ocurriendo con la publicación de una novela por entregas, La cara de Dios de Valle Inclán. La tenía desde hace años un amigo mío que encontró en una ciudad andaluza las entregas encuadernadas, siento por tanto el único ejemplar existente de ella que ahora se editó. La novela es una excelente novela por entregas a la manera de las francesas de folletón, y de también por entregas, donde se anuncia el Valle Inclán posterior. Pero algún lector notó lo que denominó plagio de algún capítulo de Dostoyevski y otro de un cuento de Baroja y se encendió una polémica, más entre los lectores que entre verdaderas autoridades literarias. Esos lectores no entendieron nada y Valle Inclán, acusado de otros plagios antes que ellos por Julio Casares, se convierte en par de Homero, de Shakespeare, de Lope, de todos los inmortales que fueron acusados de lo mismo. Él hizo un collage que sirvió a su labor de creador y a mi juicio es lo mismo que si hubiesen acusado de plagio, plagio es sinónimo de robo, ya se sabe, de los grabados del siglo XIX a Max Ernst porque deshojó las novelas de Julio Verne para incorporar trozos-capítulos de los grabados que las ilustran para agregarlos a su trabajo gráfico.
Bueno, esto es todo. Valle Inclán puede estar más vivo que nunca y se ríe seguramente desde el cementerio compostelano donde está enterrado conservado por la sal, pues la leyenda popular dice que su tierra es salitrosa y que conserva los cadáveres.

Un gran abrazo para los dos, para Aurora y tú de Maruja y mío. Contesta.

[Seoane]


TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Seoane, LuísSeoane, MaruxaAgra Romero, María XoséCabanas, ConstantinoDíaz Pardo, IsaacFernández Albor, GerardoBarreiro Rivas, Xosé LuísCastelao, Blanco Campaña, Xose LuísGarcía-Sabell, DomingoFraga, ManuelCañas, PilarVarela, LorenzoPerón, Juan DomingoScheimberg, SimónPaz-Andrade, ValentínRosón, AntonioDieste, RafaelVelo Mosquera, XoséVázquez, FranciscoPiñeiro, RamónFernández Lores, Miguel AnxoSofovich, BernardoMurguía, ManuelPicasso, PabloFalcini, LuísGonzález Laxe, FernandoPita, LuisMontero Díaz, SantiagoDónega, MarinoFernández del Riego, FranciscoPeña, Marina de laLaxeiro, Rajoy, MarianoCabeza de León, SalvadorArias “Mimina”, CarmenGerstein, MarikaQuiroga Suárez, JoséLifschitz, RafaelAlberti, RafaelBeiras, Xosé ManuelGonzález Mariñas, PabloCuiña, XoseShand, WilliamLanusse, Alejandro AgustínDíaz Dorado, DiegoGómez Román, ManuelFaraldo, AntolínMarfany, EnriqueGarcia Labandeira, Xosé Luís Temáticas: Fondos de Radio Nacional de España en Galiciaentrevista Fondo: Luís Seoane depositado na Fundación Luís Seoane. artesxustizaensinofeminismofilosofíaMulleresMulleres no Álbum de GaliciaÁlbum de Galicialiteraturaartes visuaisnacionalismoFondo Miguel Gutiérrez. Propaganda política na Transiciónhistoriaacción políticaespazos artísticosasuntos particularesprensa escritaautores/asmigraciónseconomíaemigraciónorganizaciónsmedios de comunicaciónParlamento de GaliciaProcesos electoraisEstatuto de Autonomía de Galicia. 1981nacionalismo galegoeducaciónColección: Isaac Díaz Pardo e Luís SeoanegaleguismoindustriaelecciónsA nova SargadelosexilioensaioperonismoarquitecturaculturasindicalismoTransiciónEleccións ao Parlamento de Galicia. 1981socioloxía“cartografías” do Álbum de mullerescinereconversión navalExposición de Luís Seoane. Madrid. 1973sociedade

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