Persoa: Emilio González López

Persoa: Emilio González López [6]

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1956-05-21
Carta de Seoane a Fernández del Riego. 1956
Ver [Carta mecanografada]

Transcripción da Carta de Seoane a Fernández del Riego. 1956 en 21/05/1956

Buenos Aires, 21 de mayo de 1956

Sr. D.
Francisco Fernández Del Riego
Vigo

Querido Del Riego:
Acabo de recibir ahora mismo tu carta y me apresuro a contestar a tu pregunta sobre el congreso. Sobre esto te escribía en mi anterior y luego rompí y rehice la carta porque suponía que no debía escribiros sobre algo en que de alguna manera podríais, los que estáis ahí, haber tenido intervención y aunque dolido, pensaba tomar una actitud personal disidente. Este Congreso tal como se proyecta es un disparate. Un disparate que comienza por ofender a los intelectuales que aquí residen manteniéndolos al márgen de él, de la presentación del temario, de su organización, mientras se invita a algunas personalidades gallegas y a muchos más que no lo son del resto del continente. No hablo por mí que fuí invitado a participar y que no acepté por dos motivos a mi juicio fundamentales. El primero de solidaridad con todos los que aquí llevan hecho algo por Galicia y por su cultura. El segundo porque no puedo participar en un Congreso que se ofrece de trascendencia, referido a temas espirituales, económicos y sociales de la emigración con un temario espléndido hecho por Tobío en Montevideo, a solicitud de unos pocos de Buenos Aires y al que no pueden enviarse ponencias ni clase alguna de trabajos dado el escaso tiempo que media entre la invitación y la celebración de dicho Congreso. Apenas dos meses de tiempo. En su oportunidad, el día 11 de este mes, envié al comité organizador una carta extensa en la que me refería a este segundo aspecto del problema. En Argentina, como en Cuba y otras naciones americanas se puede trabajar mucho más que en la misma Galicia alrededor de algunos aspectos del temario, pero para trabajar sobre esto hace falta tiempo. De todas maneras algunos hubiesen trabajado si los organizadores hubiesen tenido algún conocimiento sobre la tarea que emprendían y no confundiesen un Congreso intelectual alrededor de temas trascendentes y difíciles con una algarada para la que no se necesitan temas. El primer motivo porque me negué a participar, asunto moral, es que esta gente viene aprovechando la falta de contacto directo entre los intelectuales gallegos y su falta de unión para realizar pequeñas estafas éticas comprometiendo la complicidad de nuestro silencio, dejando decir a medias palabras que si tal o cual asunto les viene sugerido de Galicia o de Cuba, o de donde sea. Así nuestro respeto por los amigos lejanos nos obliga a no hablar ni escribir sobre asuntos que a nuestro juicio están mal planteados y a sumirnos en el silencio. Una falta de comunicación y un silencio que pueden resultar graves para nuestros problemas y en este caso es posible que convierta a un Congreso que se va a realizar sobre un motivo muy serio en unas “fallas” cualesquiera. Estamos seguros que Tobío crée en nuestra participación y Emilio González y otros, así como vosotros mismos si tenéis alguna noticia de él. Y de nosotros solo tres fuimos invitados hasta ahora y los tres rechazamos la invitación. Por mi parte en una actitud conciliatoria condicioné el rechazo. Pero mis condiciones fueron tambien silenciadas y veremos que ocurre, precisamente hoy a la tarde, en que vuelve según me anunciaron, a visitarme.
Lo más importante continúa siendo sin embargo el tiempo desde la invitación a la celebración del Congreso y la falta de nombres autorizados que la patrocinen y que sirvan de garantía para que los intelectuales, no solo gallegos sino de estos países y de ahí presenten sus trabajos. Sospecho que Tobío fué sorprendido en su buena fé y su temario de cualquier manera es mucho más importante de lo que se puede realizar aún con tiempo.
No se puede improvisar una historia de la emigración gallega, estudiar sus distintos aspectos sin haber agotado las posibilidades de una historia de Galicia, con la que no contamos, referida sobre todo a los cuatro siglos últimos donde este fenómeno se sucede de modo alarmante. No tenemos estudios fundamentales de economía gallega y de sociología como para detenernos a ahondar suficientemente a un aspecto parcial aunque muy destacado. Es difícil sin tiempo recurrir a los archivos españoles, portugueses y de distintos países de América y aún de Filipinas, estudiar las fuentes para establecer porcentajes de emigrantes, situación económica de ellos, condiciones de trabajo, aporte espiritual, etc.
Juegan aquí con vuestros nombres como es posible ahí jugaron con los nuestros y en otros países con los de todos nosotros y creo que debemos de terminar con esto. Y lo malo es que en un lado y en otro suponen unos y otros que estamos complicados con ellos por intereses bastardos. Por eso hace falta establecer una mayor comunicación entre nosotros todos y unirnos. Aquí creo que después de esto vamos a hacerlo.
Recibí el artículo de Barbeito y las otras notas que me enviaste por correo ordinario y también hoy recibí Terra Brava de Fole. De lo que pude ver desde hace una hora los grabados me parecen espléndidos, los de Maside y los de Xohan Ledo, del último sobre todo el que ilustra A Estadea e o urco que me parece espléndido. Contéstame pronto pues quiero conocer vuestra impresión sobre este asunto.
Recibid Evelina y tu el saludo de Maruja y mío y tu el fuerte abrazo de tu amigo:
Seoane


1956-07-31
Clausura do I Congreso da Emigración Galega, celebrado en Bos Aires entre o 24 e o 31 de xullo de 1956. Na fotografía aparecen, entre outras persoas, Lois Tobío, Antón Alonso Ríos, Manuel Puente, Xesús Canabal, Daniel Calzado, Emilio González López, Xosé Velo, Xosé Neira Vilas e Anisia Miranda, vestida de galega
1966-10-01
Carta de Piñeiro a Seoane. 1966
Ver [Carta manuscrita]

Transcripción da Carta de Piñeiro a Seoane. 1966 en 01/10/1966



Compostela, 1-X-66


Sr. D. Luis Seoane
Montevideo, 1985, piso 13, dept. 68
Buenos Aires

Benquerido Seoane:

Estuven ausente de Compostela durante tres meses. Acabo de chegar de volta. Entre as cartas que me agardaban, atópomeme con unha tua de presentación de González Lanuza. Sentín ben non cadrar eiquí con il, pois certamente gustaríame conocelo persoalmente.
Eu estuven nos EE.UU. Por rara coincidencia, recibín simultaneamente duas invitacións pra ir alá: unha de Emilio González pra dar un curso sobre Ortega i outro sobre o ensaio español contemporáneo na Escola Española de Middlebury –onde conocín ó profesor Castagnino– e outra invitación da Universidade de Harvard pra tomar parte no vi Coloquio Internacional de Estudos Luso-Brasileiros. O Coloquio foi interesante pola numerosa e calificada concurrencia. Houbo por primeira vez, unha sesión galega. Falouse galego en Harvard.
Tíñanme dito que pensabades vir. Xa vexo que eso ocurrirá a fin de ano. Alegrarémonos moito de vos ver.
Apertas nosas pra os dous

Ramón


1976-08-29
Carta de Dónega a Luís e Maruxa Seoane. 1976
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]

Transcripción da Carta de Dónega a Luís e Maruxa Seoane. 1976 en 29/08/1976

A Cruña, 29.8.76

Maruxa e Luis Seoane
Buenos Aires

Meus amigos:

Sin tempo non vai sendo. Hoxe, domingo, aproveito pra me corresponder con vós. As desgracias, os traballos, as preocupacións, os amigos... Xa sabedes, non deixan vagar nin tranquilidade pra escrituras demoradas e ben axeitadas.

As desgracias. A miña cuñada deixóunos de vez. Vai farta de sufrir. Anunciou premonitoriamente cáseque a data exacta do seu pasamento. Tal premonición non era, porén, de extrañar. Conocedora puntual da súa terrible doencia e do curso que ineluctablemente levaba, os seus cálculos tiñan que ser necesariamente correctos. Mais levada do seu afincado sentimento relixioso, quixo sofrir pra sublimar a súa dóor e ofrecerlla ao bon Deus. En todo intre, deu mostras dun valor, dunha serenidade e dunha fortaleza moral moi pouco comúns. O seu exemplo e a súa templanza foron consolo prá familia. E remato este triste capítulo, meus amigos, porque estóu a correr o risco de incidir nunha mala literatura necrolóxica, cousa da que sempre abominei.

Os traballos. Rematada a a Escolma de Cabanillas1, xa na rúa, recibo o encargo dun novo libro. Unha biografía de Antón Villar Ponte, que ha formar parte da colección que inaugurou Galaxia baixo o rubro xeral de Conciencia de Galicia. Iniciouse coa biografía de Murguía, feita no seu dia por Vicente Risco. Seguirán outras de Rosalía (García Sabell), Castelao (Piñeiro), Curros (Carlos Casares). E así sucesivamente. Ando a remexer en caixóns de papéis e retallos de prensa que deixou o meu futuro biografiado, clasificándoos e poñendoos en orde. Un lio e un labor de moito mimo.

As preocupacións. Falo do Museo Carlos Maside. E mirese por onde se mire, a primitiva fórmula de financiación argallada polo Isaac fracasóu. O luns derradeiro tivemos xuntanza no Castro. Asistimos todos os conselleiros, agás o Risco, totalmente incapacitado por mor dunha xordeira irreversible, Blanco Amor, con interquenencias, e García Sabell, no extranxeiro. O Isaac que é, ben o sabedes, un sublime teimudo, argallou unha nova sociedade mercantil –Laboratorio de Industria e Comunicación– co propósito de constituila en futura nodriza da Fundación do Museo. Os trámites xa están en marcha e, algúns, xa cumplidos. Mais con todo, os retrasos son inevitables. Agardemos, pois logo, e teñamos paciencia. Da que, por outra banda, xa levamos dado proba máis que de abondo.

Os amigos. Van vindo e hai que atendelos. EMILIO GONZÁLEZ LÓPEZ roubóume moito tempo. Quixo saber todo e de todo. Sigue co verme político metido no corpo e ten unha saúde de cabalo. Fixo dúas ou tres visitas á súa vella circunscrición electoral. E falóu, ún por ún, cos vellos electores, e si morreran, cos fillos, e sinón tamén cos netos. Un caso de actividade. Deu conferencias en Sada co gallo de II Centenario de USA, na Sociedade da Gaiteira encol de Castelao, e nas II Xornadas Xurídicas orgaizadas pola Academia Galega de Lexislación e Xurisprudencia sobor da Parroquia galega como ente comunitario, político e administrativo. Estivo moi avencellado ao seu vello amigo, seique xa dende a escola, Manolito Iglesias Corral. ARTURO CUADRADO pasóu unha estadía en Galicia moi pouco notada, sin intrés algún en se facer ver. Asistín á conferencia que pronunciou no Castro, moi lírica e delicuescente. Asistíu pouca xente, e vella. LORENZO VARELA, feble de saúde. E a muller, parkinsoniana, un pouco ida. Teñen, parézemo a min, problemas de adaptación ao medio. Estivemos un bó rato xuntos, e pasámolo divinamente falando do Lugo dos anos trinta. Lembramos con gran precisión homes, feitos e cousas. A sensibilidade do poeta, adubada con fina ironía, a súa conversa convírtese nunha festa intelectual.
E acabóuse o papel, meus amigos. Recibide, pois logo, unha cinguida apaerta de nós os tres para vós os dous.


Dónega


1985-00-00
José Rubia Barcia: Unha vida contada 07
Ver Fragmento de entrevista sonora posteriormente dixitalizada

Transcripción da José Rubia Barcia: Unha vida contada 07 en 00/00/1985

José Manuel González Herrán.- Hablemos, pues, del exilio.

José Rubia Barcia.- Ése es otro tema, y complicado, porque sólo el que ha vivido el exilio puede darse cuenta de lo que es el exilio. El razonar sobre el exilio, el pensar sobre el exilio, ya transforma el sentimiento del exilio. Es quizás una de las experiencias más dolorosas y más angustiantes por las que puede pasar el hombre… Eso lo heredaron los gallegos, ese sentimiento… Sobre todo, si has luchado seriamente con el intento de hacer algo positivo en relación con tu país, y sientes el fracaso de tu esfuerzo. Y si el exilio se prolonga, la desesperanza ya de que tus ideas y tus cosas tengan un reflejo en la vida colectiva que te interesaba…; es decir, te sientes doblemente fracasado: primero, has abandonado tu país y después ya has abandonado toda posibilidad de influir sobre tu país. Queda el recurso de sobrevivir en la palabra escrita, pero la experiencia naturalmente es lamentable. En este sentido, las emigraciones españolas del siglo pasado…, la emigración a Inglaterra ha tardado cincuenta, ochenta, noventa años en que alguna gente sea redescubierta en España. De modo que no hay esperanza ninguna de eso. Y tampoco hay lo que es posible, si vives con todo el tiempo dentro de España, en lo que… (erróneamente, creo yo: yo no creo en el exilio interior).

José Manuel González Herrán.- A mí no me gusta tampoco la expresión; estoy de acuerdo.

José Rubia Barcia.- Se la inventó Paul Illie, pero no expresa una realidad. Hay discrepantes interiores, o coincidentes interiores, o indiferentes interiores, pero no es exilio. El exilio es un exilio que afecta a tu sensación, no como ser racional, sino como alguien a quien privan de su habitáculo, de su…, de su sitio, de donde puede pensar, razonar y sentir de acuerdo con otros semejantes; y te privan de eso y te quedas en el aire, colgado en el aire sin asideros. No importa que resuelvas o no resuelvas económicamente tu vida; el problema es que si eres hombre de espíritu, te sientes sin metas, sin objeto, sin nada; todo lo que haces lo haces para ti mismo. El exilio es…, te obliga a pensar dentro de ti, olvidando al resto de la humanidad. Si estás en un país de otra lengua, mucho peor; si estás en un país de lengua afín hay unas conexiones que se establecen con esa gente. Pero si es un país de otra cultura y de otra lengua estás completamente solo; es decir, todo es accidental excepto tu soledad, tu soledad es lo...

José Manuel González Herrán.- Bien; eso vale para el exilio en general, para cualquier exilio en cualquier cultura, en cualquier época. ¿Y con respecto a vuestro exilio, al exilio de los españoles?

José Rubia Barcia.- Lo peor de todo que hemos experimentado en el exilio…; yo no sé cómo lo han sentido en Hispanoamérica, o como lo han sentido en Inglaterra, o en Francia. Donde yo me he exiliado, a donde yo me marché, lo más doloroso, para mí, fue encontrarme con algo que yo no esperaba: la falta de aprecio o de interés por una España que era mi patria y que era mi país. El darme cuenta de que no significaba nada en el mundo. Que yo creía… (como español, estaba orgulloso de mi hispanidad) que esa hispanidad no era apreciada, y no sólo no era apreciada sino que era menospreciada. Pasamos a ser un país sin importancia y miembros de una cultura que no contaba. El ver en los mercados montones de productos de todas partes y no ver casi nunca nada español. La ausencia de la presencia física de España era total; y, por otra parte, el contacto con las gentes que podían venir de España era decepcionante. De modo que la soledad interior se hacía ahora una soledad mucho mayor, porque no contaba ni siquiera con unos asideros abstractos que te mantuvieran con cierto orgullo. Te contaré una anécdota: en los Estados Unidos se llamaba español, spanish, a todo el que habla español; la lengua definía la persona y era español todo el que hablaba español. Excepto –en todo esto siempre hay una excepción– una minoría, pero la minoría no refleja el espíritu colectivo; es decir, hay minorías que aprecian la cultura española y tal, pero no llega al nivel de la gente corriente y moliente con quien tienes que convivir. Si le dices al tendero «soy español», el tendero te asocia inmediatamente con un bracero mexicano, con un campesino peruano, con un analfabeto que llegó de Haití. Es decir, que lo español está tan rebajado, tan empobrecido, que pasas a ser una casta inferior. Ahora, esto en contraste con nuestro imperio, nuestro sentido imperial, la importancia que nos damos a nosotros mismos, es de un efecto dramático increíble. Como anécdota te contaré esto: cuando yo acepto el contrato para ir a trabajar a la Universidad –yo vivía en Hollywood–, decido ir más cerca de la Universidad y buscar un piso, un apartamento en las cercanías de la Universidad; busco y busco y, por fin, encuentro que hay un apartamento disponible, a un kilómetro o a un kilómetro y medio de la Universidad. Me acerco y sí, está vacante, y tal y tal… «¿Usted qué es?». «Yo soy español». «Ah, español –dice la señora que me recibió–, español. Pues mire usted yo no sé si…, ya veremos…, pero quizá…: pues venga usted a verme la semana que viene». Bueno; la semana que viene voy a verle y le aseguro que soy español. Me pregunta de qué país; le digo que de España. Por fin me admite en el apartamento y alquilo el apartamento. No pasa un mes o así, cuando un vecino me dice: «Sabe usted que se le ha aceptado»; porque la dueña del apartamento primero pidió permiso a todos los vecinos para aceptar a un español. El mismo tratamiento que recibe un negro. Es decir, que nuestro prestigio ha llegado tan abajo, tan abajo, que te sientes incómodo siendo español. Cuando llegué a Nueva York me dijeron: «Si quiere usted un piso en Nueva York tiene que empezar diciendo: No soy puertorriqueño, no soy tal; diga usted: soy peninsular, diga usted que es “España” [con silbido]; no diga usted que es spanish». Y aun así con reservas… De modo que esta sensación de inferioridad, de que no se nos considera, te hace la vida cuesta arriba en casi todos los aspectos a los que te vas a dedicar. Te sabes menospreciado, no apreciado. Eso es un contraste con el súper aprecio que tenemos dentro, que yo tenía dentro de la Península, en relación con mi cultura, mi ambiente y mi…

José Manuel González Herrán.- ¿Cual es tu valoración de la labor de los exiliados españoles en América?

José Rubia Barcia.- Eso naturalmente hay que clarificarlo antes de entrar en el tema. Yo tengo la experiencia viva de mi estancia en Cuba durante cuatro años, los primeros cuatro años; de eso ya hemos hablado: la gente que estuvo allí, lo que hicimos allí, y creo que quedó una huella bastante honda de nuestra aportación a la cultura cubana y la revitalización de lazos cordiales, en relación con lo que España significó en América. Yo recuerdo haber participado en La Habana, por ejemplo, al margen de las actividades académicas y teatrales, en un mitin, un mitin político en que un intelectual cubano atacó a España violentamente, en relación con algo parecido a lo que acaba de ocurrir con Castro; y después de este cubano –que era conocido, era un escritor cubano conocido– me tocó hablar a mí. Y recuerdo haber comenzado diciendo: «Yo no puedo ofenderme, realmente: es para lamentar lo que acabo de oír, en relación con los juicios de este intelectual –mencioné su nombre–; pero debo decir que no puedo ofenderme tanto, porque al fin y al cabo estamos hablando de mis tíos y él está hablando de sus padres». Naturalmente la reacción fue inmediata frente a esto; y ya entonces, como tío, justifiqué algunas de las cosas que habían hecho mis tíos. Algo de eso puede aplicarse al Castro ahora también. Porque el ataque a lo español, que nosotros hicimos y nosotros iniciamos –Bartolomé de las Casas es quizá el primer responsable–, es un fenómeno único en la cultura europea. Ningún pueblo europeo se ha atacado a sí mismo con la misma ferocidad y con la misma injusticia y exageración. El trabajo de Menéndez Pidal sobre Bartolomé de las Casas es definitivo en este sentido: el señor era un esquizofrénico y se inventó un montón de cosas, etc., al servicio de lo que él creía un punto de vista cristiano, pero con notables exageraciones. No era objetivo, era subjetivo a la manera hispánica. De hecho, la leyenda negra se funda sobre argumentos suministrados por los españoles, y los extranjeros los utilizan, y son los extranjeros, no los españoles, los que van a intentar rectificar la leyenda negra, a pesar del libro de nuestro amigo tan conocido sobre la leyenda negra. De modo que esa presencia nuestra significó… En Cuba empezamos –era mi experiencia– a establecer un lazo de cordialidad entre los intelectuales pensantes, y no tan apasionados, y nosotros, representando nosotros ya no una España partidista, sino lo que considerábamos lo que era España desde la lejanía. Luego ya me marché a Norteamérica, y en Norteamérica, naturalmente, mi primer contacto fue con quien me invitó a ir allí; fue con don Américo, y a don Américo me lo encontré… Yo ya había conocido a don Américo, como te dije, ya antes en Madrid, en el Centro de Estudios Históricos, y la ocasión no fue muy acogedora por su parte: yo joven, él hombre ya maduro, y hecho, y con una obra importante; yo un incipiente investigador dedicado a estas cosas. Me encontré a un Américo Castro sin barbas; esto parece que sin las barbas…: eran las barbas que usaban los grandes eruditos, de Menéndez Pidal a Américo Castro, en la vida española, y eran, entonces, intimidantes para un joven sin barba. Lo encontré sin barbas, y estaba esperándome en el apeadero –no había estación–, en el apeadero de Princeton. Yo llegué a Nueva York…; mi inglés –que era de libros, no lo había usado en la vida–, pues se me mostró bastante deficiente al llegar, y tuve ciertas dificultades para orientarme, pero en el apeadero Américo Castro, que me había recibido en su estudio de Madrid, hacía años, en un estado imponente para mí, pues me recibió con una cordialidad y un cariño que me sorprendió. Y ya después, naturalmente, se encargó de arreglar la cosa de mi estancia; él y doña Carmen, su mujer, me recibieron con una gran cordialidad. Y empecé a dar clases allí a americanos, y a convivir con él; todos los días nos veíamos, todos los días hablábamos, y muchas veces nos encontrábamos en la biblioteca o me encargaba una cosa que yo hiciera al servicio de su investigación; yo la hacía y me dio ya una impresión…: «Este hombre no es el mismo hombre, este hombre es un hombre que en España era distinto y ahora ya no es el mismo hombre, sino que es otra clase de hombre».

José Manuel González Herrán.- Y eso por consecuencia del exilio también.

José Rubia Barcia.- Naturalmente; es decir, cuando Américo Castro es invitado a ir a los Estados Unidos… Él estaba de gira por Hispanoamérica cuando la Guerra Civil, y había recobrado, cuando se acaba la guerra…, recobró su nacionalidad brasileña (él había nacido en Brasil, por accidente), y recobra su nacionalidad brasileña para poder viajar; no podía viajar sin documentación. Y, al mismo tiempo, va a renunciar después a su nacionalidad brasileña y va a adquirir la nacionalidad americana. Anecdóticamente te diré que su mujer renunció a la ciudadanía americana, no quería hacerse americana, porque cuando pasa… (esas cosas estúpidas de mentalización de una legislación arcaica)… Una de las preguntas que la Inmigración hace es «Si está usted dispuesto a renunciar sus lazos de unión con su país de origen y a defender a este país en caso de peligro, etc. etc.». Don Américo estuvo estudiando para los exámenes de una manera…, como si se tratara de un proyecto de investigación; no hacía falta tanto, pero preocupadísimo con la cosa; y, hombre, dijo que sí a esto... Pero le tocó a su mujer hacerse ciudadana y la mujer dijo: «Eso es absurdo, tengo sesenta años y ahora me preguntan si voy a defender a este país; yo no puedo decir ni que sí ni que no; ni voy a renunciar, ni por qué voy a renunciar». Entonces no le hicieron a ella ciudadana y a él sí… Pero, por otra parte, la anécdota denota unas decisiones que te acercan no a ser ciudadano de un país, una vez que renuncias al tuyo, sino a que la ciudadanía significa un medio de comunicación con el mundo y que se hace necesaria para comunicarse; y entonces empiezas a sentirte que ya no eres ciudadano de tu país, sino ciudadano del mundo, perteneces al mundo. Ese sentimiento de no ser ciudadano uno de un país, aunque acepte la ciudadanía del otro, te hace funcionar y, dentro, lo que uno siente es eso. Bueno, pues esto es una cosa que hay que hacer en la vida; pero yo ya perdí mi país, éste es adoptivo, el mundo es lo que me interesa en realidad, la humanidad es lo que me interesa en realidad y, quizá, el fenómeno de los españoles en América es la adquisición…, lo que yo diría la adquisición de una conciencia universal, en vez de una conciencia nacional, sin poder desligarse naturalmente de sus raíces. Te coloca ya en un punto de vista en que vas ahora a juzgar…, a intentar juzgar…, que juzgas lo tuyo subrayando los aspectos más positivos de tu experiencia vital y quitándole tanta importancia a los aspectos negativos que en todos los países existen. Eso nos dio a todos una visión de España distinta a la que hubiéramos tenido de permanecer en el país: la adhesión apasionada de ideas, en relación con la problemática del país, eso no podía ser; no podía afectarnos de la misma manera, ya que no podíamos hacer nada en relación con eso. Pero sí podíamos revalidar, subrayar la importancia de las aportaciones españolas. En este sentido nos habían precedido en los Estados Unidos tres personas de gran categoría: en Columbia University, Federico de Onís; en California, César Barja y Buceta, dos gallegos; en Chicago, Solalinde. De modo que había tres grandes personalidades de la intelectualidad del exilio que estaban ya trabajando cuando nosotros llegamos allí. El Gobierno norteamericano nos facilitó nuestra entrada, la de ellos fue posible porque habían llegado antes, ya contratados por universidades americanas y estaban muy por encima de la cosa política. Lo nuestro fue más difícil, porque con la propaganda franquista y con el criterio predominante en los países imperiales, nosotros éramos enemigos; no éramos enemigos, pero no se nos trataba con la misma cordialidad. De todas maneras, esa actitud oficial, como pasa en un país grande, no es una actitud universal. El pueblo americano acoge a quien sea, proceda de donde proceda, y si sirve para algo lo utiliza. De modo que el Gobierno es una cosa, la Universidad es otra cosa –como un islote, un oasis–, la masa general es otra cosa. La unificación del sentimiento, eso no existe. Hay posibilidades para todo, aun para posibilidades discrepantes; si no se hacen mayoritarias, pues permanecen luchando; y, si se hacen mayoritarias, predominan y estabilizan la política. De modo que llegamos y, una vez que llegamos y nos integramos en aquella vida, ya entonces actuamos de manera como si hubiéramos nacido allí. Llegamos a la enseñanza y nuestros puntos de vista podían ser expuestos. Entonces…: González López (que está aquí ahora), en Nueva York, en el Hunter College; años enteros siendo jefe de estudios graduados; Eugenio Granell, otro gallego, también en Nueva York, dedicado en Brooklyn College a enseñar; hombre al que le interesan los problemas del mundo contemporáneo, gran pintor, escritor de gran humor e incisivo, etc. En Nueva York estaban además de estos dos… ¿cómo se llamaban?, Amor y Vázquez, en Brown University, Ernesto Guerra da Cal, otro gallego, en la Universidad de Nueva York. De modo que en la ciudad de Nueva York había ya un grupo de exiliados, que se habían colado de alguna manera…, algunos con dificultades y otros sin dificultades. Estando yo en Cuba, recuerdo que vino a verme Ernesto Guerra da Cal, a quien yo conocía aquí, de la guerra; tenía que salir del país para volver a ingresar ya como residente legal en los Estados Unidos. Salió a Cuba, y entonces estuvimos juntos un par de semanas, antes de poder regresar a los Estados Unidos. Se me olvidarán algunos nombres, pero en Nueva York hay cuatro o cinco; en el resto del país hay un Santamarina, que ahora no me acuerdo bien a dónde fue a parar; por California pasó Ramón Iglesias, el historiador, que se suicidó después… Hubo tres o cuatro suicidios de intelectuales españoles en los Estados Unidos.

José Manuel González Herrán.- ¿En el primer momento?

José Rubia Barcia.- Sí, en los primeros años. De esos se hace eco literariamente Sender, en una de las últimas novelas, una de las mejores que ha escrito, se titula –no sé si tú la has leído– La mirada inmóvil. La mirada inmóvil es la historia de siete u ocho suicidas, suicidas en el siglo XX, todos ellos por razones de incompatibilidad entre su interioridad y la exterioridad que les toca vivir, política, económica o lo que sea. Y ahí está incluido entre esos, entre ellos está… ¿cómo se llamaba el que se suicidó en La Florida, muy famoso él (ahora no me acuerdo)? No está citado por el nombre, pero el suicidio de Iglesias está ahí. Por cierto que… (bueno, esto es incidental no hay que mentar ahora la cosa), me encontré después con una hija de Iglesias, aquí en España, y me preguntó cómo había muerto su padre. Iglesias vino a verme a mí cuando yo lo conocía…, vino a verme a mí…; el suicidio de Iglesias –ya en España tenía reacciones un tanto raras–, la familia no lo sabía, acaban de enterarse por mí de cuál fue la causa del suicidio, porque no sabían que se le había hecho una autopsia y lo que tenía era un tumor cerebral. No fue el mismo tipo de suicidio de otra gente. Pero, de todas maneras, una docena de personas llegamos allí y entramos en las universidades americanas e influimos decisivamente en la apreciación que podía tenerse de España desde lejos, con desprecio hacia el franquismo; pero al despreciar el franquismo no había más remedio que subrayar los aspectos anteriores predominantes. Creo que hemos influido. En mi caso, yo tengo dirigido dieciocho o veinte tesis doctorales, y esos dieciocho o veinte están trabajando de profesores en la Universidad y, naturalmente, están influidos por mis ideas y por mi visión. Y lo mismo le ocurre a González López, y lo mismo le ocurre al otro, y al otro. De modo que hay un centenar de profesores americanos que enseñan cultura española y que están influidos por nosotros.


1986-06-20
REPORTAJE SOBRE LA HISTORIA DE GALICIA. CAPITULO XXXVII: O EXILIO
TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Seoane, LuísSeoane, MaruxaDieste, RafaelVelo Mosquera, XoséDelgado Gurriarán, FlorencioDíaz Pardo, IsaacFernández del Riego, FranciscoGarcía-Sabell, DomingoVarela, LorenzoCuadrado, ArturoPiñeiro, RamónCastelao, Hervella, EvelinaMuñoz Manzano, CarmenMaside, CarlosGonzález López, EmilioFole, ÁnxelMiranda, AnisiaNúñez Búa, XoséNeira Vilas, XoséSerrano Plaja, ArturoColmeiro, ManuelBlanco Amor, EduardoCañas, PilarDónega, MarinoAlberti, RafaelEiroa, José GabrielPaz-Andrade, ValentínViqueira, Xohán VicenteGascó Contell, EmilioBaltar Domínguez, AntonioBernárdez, Francisco LuísPicasso, PabloOtero Espasandín, XoséLeón Felipe, Viqueira Landa, LuisaFernández, ValentínOtero Pedrayo, RamónBlanco Amor, JoséTobío Fernández, LoisAlvajar, AmparoFrontini, NorbertoCasona, AlejandroPérez Prado, AntonioCoppola, HoracioCabanas, ConstantinoCastro, AméricoGoya, Francisco deRubia Barcia, JoséPita, Emilio Temáticas: migracións Fondo: Luís Seoane depositado na Fundación Luís Seoane. literaturaartesÁlbum de Galiciaemigraciónpolíticaasuntos particularesacción políticaFondos de Radio Nacional de España en Galiciaartes visuaisautores/asentrevistaespazos artísticosFardel d’eisiladoGuerra Civil española (1936-1939)historiamedios de comunicaciónA nova SargadelosfranquismoMullerespintura galega do s. XXHistorias de ida e voltaObra Completa de Ramón CabanillasradioColección: Isaac Díaz Pardo e Luís Seoaneprensa escritacineDon Manuel del Leónnacionalismo galegoculturaliteratura galega do s. XXautobiografíabiografíaLibro de TapasPrecursores e novos«Reivindicación gallega de Valle-Inclán»«Galicia: Paisaje y Lirismo»Murales de Seoane en la Avenida Santa FeDiccionario bio-bibliográfico de escritoresEscolma de poesía medieval galegaTerra Brava. Contos da SolainaI Congreso da Emigración Galega. 1956Homaxe a Ramón Otero Pedrayo no LXX aniversario do seu nacimentoExposición de Luís Seoane. Nova York. 1961Exposición de Luís Seoane. Bos Aires. 1961Llanto por la muerte de Sánchez MejíasMiguel de Unamuno. Cancionero. Diario poéticoLa insepulta de PaitaEscuela Española de Middlebury College

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