Persoa: Alicia Ortiz Alonso

Persoa: Alicia Ortiz Alonso [10]

Data Material Ver
Data Material Ver
1948-01-01
Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1948
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa e correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1948 en 01/01/1948


Waynesburg, 1 de enero de 1948

Queridos Maruja y Luis:

Acabo de regresar del colegio de recoger vuestra carta, que hemos leído en coro los tres al lado del árbol de navidad. En primer término, he de lamentar la pérdida de una carta muy extensa mía, acompañada de unas estupendas fotografías. Ahora comprendemos que ciertos amigos no nos hayan contestado algunas cartas. Tenía interés en mostrarte ciertos aspectos de la naturaleza de por aquí, y aprovechando la coyuntura de haberme regalado Alicia y Cuqui una máquina Kodak por mi cumpleaños, hice unas fotografías, algunas muy buenas, de los árboles de los alrededores, y de ellas os mandé algunas. Se perdieron en algún sitio, como el que tú indicas sin duda, y lo siento todavía más por vosotros que por nosotros, pues una carta nuestra debe ser lo mismo que una vuestra aquí para nosotros. Alicia ha estado un poco enferma y aún lo está como consecuencia de las preocupaciones por su familia en Londres y en España, y del mucho trabajo aquí con charla tras charla en clubs estudiantiles y de señoras. Esperamos que se restablezca pronto, sin embargo, para lo cual solemos hacer paseos bastante largos por los alrededores (a fin de que tome el aire fresco y se distraiga) aprovechando las breves vacaciones de Navidad y Año Nuevo. Hay paisajes nevados espléndidos por estos alrededores, y sobre todo hay unos colores en las vertientes de las colinas y en las cañadas que sorprenden al más acostumbrado a ver paisajes. ¡Verás que cosas te esperan al llegar aquí para pintar! Estoy seguro de que no te vas a saciar de rondar por los alrededores y de pintar y dibujar estos colosos del reino vegetal y este paisaje a la vez fuerte, de grande estructuras, (sobre todo contemplado desde una prominencia) y delicado. No sé cómo aparecerá en primavera y verano, pero en otoño e invierno dominan los tonos leonados, grises y violetas sobre una paleta ocre, sorda, cálida. Yo no soy pintor, por desgracia, pero en presencia de estos bosques y estas colinas, regatos, ríos, cañadas y hasta perspectivas urbanas, me desespero de no serlo y me acuerdo de ti y de Colmeiro no sé si con rabia de no teneros aquí y poder haceros felices o de que el mundo sea tan angosto, tan mezquino y estúpido como para cerrarle las puertas al genio.
He recibido el libro de Colmeiro publicado en Botella al mar, y no puedo menos de felicitaros a los dos, no sólo por haber hecho un libro único a mi modo de entender, sino por esa leal y recíproca admiración que entre ambos existe. No creo que sea necesario hacéroslo ver, pero me permitiréis confesaros cuán hermoso me parece ese gesto de recíproca admiración, tan poco frecuente en todos los momentos entre artistas. Deseo con toda mi alma que este espíritu de colaboración se mantenga siempre entre todos nosotros; que empecemos por superar fuera de España esos rencores, celos, envidias y pobreterías que han arruinado a nuestra patria y nos tienen perdidos por el mundo. Te agradezco muy de veras el obsequio del libro de Hurtado y Palencia; pero no quiero que gastes un centavo más: me remuerde la conciencia que viviendo en esas condiciones en que vosotros vivís, me hagas obsequios de esta clase. Por mi parte, voy a ponerme en contacto con el Museo de Bellas Artes de Nueva York para obtener reproducciones de cuadros; veré cuanto cuestan, cómo son y demás detalles, y te mandaré las que pueda a ver si llegan a tus manos, de lo que, por cuanto me dices, no estoy muy seguro. Estoy esperando la ocasión de ir a Pittsburg y ver el museo de la Carnegie y hablar, si es posible, con el director; el otro día estábamos en camino en el coche de unos amigos, pero Alicia se mareó como consecuencia de su malestar general, y tuvimos que quedarnos en una ciudad intermedia llamada Washington, mucho menor, pero aún así de la talla de La Coruña, salvo el mar. Aún no pude ponerme en contacto con el amigo Torrallardona, Abel Hornos; no sé si le escribiré hoy o mañana mismo. ¿Cómo están Torra, Castañino, Urruchúa, etc? Di a Colmeiro que le escribiremos pronto dándole las gracias; cuando tu libro llegue, te lo comunicaré también. En cuanto cobre, giraré a Trélles el importe de tres libros que me envió. Repítele a Cuadrado que me envíe algún libro de los que publique. ¿Cuándo sale el suyo? ¿Cómo va el tuyo de leyendas? Mucho me gustaría ver tus cosas últimas y poder darte mi parecer sobre ellas. No dejes de dibujar y usar y hasta abusar, si es necesario, de la acuarela. Creo que es un camino de mucho porvenir para ti, sobre todo si vienes a ésta: puede ser que no entiendan tus cuadros fácilmente, pero tus acuarelas te abrirán el camino en el acto. Hazme caso. Una exposición de acuarelas de por aquí te asegura dos años de vida y te acredita inmediatamente. Un abrazo muy, muy grande de los tres para los dos y muchos recuerdos a vuestros padres y comunes amigos.

Espasandín

[Carta manuscrita]

Queridos Maruja y Luis:

¡Qué rabia que se perdió aquella carta nuestra con las fotografías! Creo que lo mejor es certificarlas todas.
Mucho os recordamos, especialmente en nuestros paseos entre la nieve. El otro día anduvimos largo y tendido por una carreterita nevada, en zig-zag, salpicada de granjas con campiñas y caballos, y por donde jugaban los chicos con los trineos. Hemos pasado unas fiestas muy agradables, pero nos faltabais vosotros. Tenemos un arbolito de Navidad de verdad, muy mono, con luces eléctricas y una gran estrella en la punta. Hemos echado de menos el turrón y las almendras. ¡Cuánto nos gustaría ver los cuadros de Luis! Y creo que los veremos. El libro de dibujos de Colmeiro, dedicado a los tres, (lo cual nos ha puesto muy orgullosas a Cuqui y a mí) nos gusta mucho y está en la mesita de nuestra sala para que se vea bien y para poder mirarlo de vez en cuando. No me habléis de conferencias porque estoy de ellas hasta la coronilla. He hablado más en público que antes en toda mi vida. ¡Ya veis lo que es el destino! Ando un poco mal; me cansé mucho y estoy sufriendo las consecuencias. Nada más por hoy.
Escribid, vuestras cartas nos alegran tanto. Recuerdos a todos y para vosotros los mejores deseos de vuestros buenos amigos los

Otero

[Sobre:] From: J. Otero
7501 Democracy Blvd. B-215
Bethesda, Md. 20034. USA

Sr. D. Luis Seoane
Paseo de Ronda, 15, 6º
La Coruña
Spain


1948-02-29
Carta de Otero Espasandín e Ortiz Alonso a Seoane. 1948
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa e correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín e Ortiz Alonso a Seoane. 1948 en 29/02/1948

Nuevas señas: 44, East Wayne Street
Waynesburg, Pa. USA
29 de febrero de 1948

Sr. D. Luis Seoane
Buenos Aires

Querido Luis:

Ayer, mientras nos hallábamos con las manos hasta el codo en la tercera mudanza –que no lleva trazas de ser la última– nos llegó tu carta fecha 23 del corriente. Con los riñones medio averiados de cargar libros y todo lo cargable ayudado por dos alumnos y por Alicia y Cuqui, me pongo a escribirte la respuesta en el nuevo mechinal; para colmo me encuentro un tanto resfriado y con la cabeza un tanto hueca, así que no te extrañes si el nivel de la correspondencia se interrumpe con un bache o precipicio mayor de la cuenta. En primer término, debo decirte que llegó el mamotreto de Hurtado y Palencia con todos los atributos de la sacrosanta cochambre nacional. Me va a prestar muy buenos servicios, pese a todos los pesares, y te agradezco como se merece un obsequio de esta monta económica. Estoy leyendo ahora un libro sobre Cervantes publicado por la Universidade de Oklahoma con ocasión del centenario; su autor es un inglés que ha residido muchos años en Portugal y España, donde fue corresponsal de un importante diario londinense; ha escrito muchos libros sobre autores ibéricos, entre ellos uno sobre Gil Vicente, otro sobre Fray Luis, otro sobre Arias Montano; es autor del libro o antología portuguesa publicada por la Universidad de Oxford y similar al de poesía española editado por Fritz–Maurice Kelly y ahora corregido por Trend. Sospecho que el autor es católico, aunque no estoy seguro, pero aun así, ¡qué amplitud de ideas y qué generosidad y documentación ante el autor del Quijote! Nuestros profesores de literatura, aun los de la talla de Hurtado y Palencia, producen una impresión lamentable por comparación con este hombre de letras, ahora residente en la Columbia Británica. Todo cuanto afirma sobre Cervantes va respaldado con multitud de citas al pie de la página tomada a veces de las obras menos leídas de nuestro Manco: el Persiles, los Entremeses, comedias apenas editada, etc. Hay alguna coladura en pequeños detalles, no tanto relativos a Cervantes como a otros aspectos de nuestra literatura, pero se los perdonas con gusto por el horizonte de conjunto y las vías de interpretación cervantina y literaria en general que despliega. Pero no pude terminarlo por culpa de la dichosa mudanza, así que si algo nuevo se me ocurre, te lo diré en la carta siguiente. Aquí, seguimos haciendo nuevas exploraciones. El pasado domingo un señor nos llevó hacia el suroeste, hacia el estado de Virginia del Oeste, a unos cincuenta kilómetros de ésta. Había una luz excelente y tuvimos ocasión de explayar la vista sobre un círculo de colinas dilatado, de espléndidos contrastes y armonías. A veces te encontrabas frente a frente de una cañada de robles y sicómoros, éstos de blanco a la manera de los bidoeiros o de los álamos blancos de Galicia. Otro curioso aspecto del paisaje por esta parte son los derricks del petróleo o del producto afín al petróleo, el gas natural. A esta circunstancia débese que el gas de cocinar sea aquí baratísimo, pues no necesitan extraerlo del carbón, sino del suelo directamente. El dueño de la casa donde ahora vivimos es un técnico de una campaña petrolera y me prometió llevarme consigo cuando vayan a perforar la corteza terrestre en busca de un depósito de este producto. –Hace cosa de una semana Alicia y yo fuimos a dar uno de nuestros frecuentes paseos; por la noche había caído una respetable nevada, pero los días precedentes a la nevada habían sido realmente primaverales. Como consecuencia, habían llegado del sur grandes bandadas de una especie de pájaro de la familia del tordo que aquí llaman robin por tener el pecho colorado como el robin europeo. Los pobres estaban chasqueados, pues el tiempo les había jugado una mala pasada, y se refugiaban a la orilla de los regatos, único sitio donde podían encontrar algo de comer. Ayer una gran bandada se posó delante de nuestra casa; Cuqui fue la primera en advertirlos y dio la voz de alarma, así que inmediatamente salimos a la ventana a verlos. Es un pájaro realmente hermoso con su pecho anaranjado, su cola larga y con una mancha blanca en el arranque de la cola. Esto quiere decir que la primavera está cerca, si bien hoy han caído copos de nieve durante todo el día. Ayer por la noche hizo bastante viento, y como estamos mismo al lado del parque del colegio, durante toda la noche, al despertarme, sentía el zumbar del viento en los árboles, que a Alicia le causaba miedo y a mí una dicha extraordinaria, pues me traía a la memoria el viento otoñal de Galicia. Hace cosa de quince días, dimos otro paseo Alicia y yo hasta un bosque cercano a la ciudad. El suelo estaba seco y por ello pudimos sentarnos a nuestras anchas debajo de los árboles; sin darnos cuenta, rompimos a cantar, mientras el viento balanceaba las copas desnudas de los robles, y de pronto nos acordamos de Maruja. “Si estuviera aquí Maruja –nos dijimos– con qué gusto hubiera cantado canciones gallegas entre estos robles casi gallegos”. Naturalmente, nos dio la rabia de siempre saberos ahí entre esa podredumbre sin el consuelo de un bosque solitario donde recordar, donde soñar, donde cantar, donde pintar, dormir, escuchar el rumor del agua, el cantar de los pájaros, el ruido de una furtiva alimaña... Pero un día será, un día estaréis con nosotros, Maruja podrá cantar a sus anchas y tú pintar, correr, fantasear y maravillarte de que el mundo exista todavía tal como lo hayas podido vivir en la Arzúa o en el Ulla. Es el caso que nosotros casi os necesitamos tanto a vosotros aquí, como vosotros nos necesitáis, de momento al menos, a nosotros, y por eso no cejaremos en nuestro empeño de traeros. Estad seguros. Esos retratos que estás haciendo pueden ser la clave de la venida; acaso se te pueda traer con el pretexto de hacer determinados retratos, y una vez aquí, hacerlos de veras; dinero hay bastante por aquí: todo es que podamos convencerlos de que los retratos bien valen unos centenares o millares de dólares. Esto no es fácil simplemente porque en las pequeñas ciudades no se entiende más de pintura que en la presidencia del Centro Gallego; pero todo es cuestión de empezar: en cuanto una señora encopetada se haga un retrato, se lo hace hasta el moro Muza. Mándame, pues, algunas de esas fotografías cuanto antes, aunque tengas que hacerlas a toda prisa. Poco a poco Alicia y yo nos vamos familiarizando con esto y vamos teniendo mayor autoridad moral y hasta intelectual, lo cual puede el día menos pensado resultar en una solución como la de la sección de arte, la decoración de una sala del colegio o del gimnasio. Éste es el edificio del colegio de grandísimas proporciones con piscina, comedores, pista de basketball y muchas cosas más. ¿Quieres saber que aún no tuve ocasión de ir a Pittsburgh? La cosa parece fácil y lo es, pues muchos de mis alumnos vienen y van todas las semanas en su coche particular, y además hay servicio continuo de ómnibus. Pero hay una cantidad de zarandajas por el medio que mete miedo. Mañana pienso ir, pero saldremos de aquí tarde, y estaremos sólo unas horas: nos lleva un matrimonio en su coche. He recibido hoy unos impresos de Galicia (Santiago) para adquirir acciones de una empresa editorial entre cuyos fundadores está Pedrayo,Varela Radio y otras personas, algunas que yo no conozco. Supongo (que) estarás al tanto de lo que se trata; la idea me parece excelente, y la ocasión casi también. Claro está, no puedo adquirir acciones, pero si pudiera, la cosa no me disgusta, pues es un aspecto de muchos de nuestros proyectos tantas veces discutidos. Bien aconsejada esta editorial puede hacer mucho, sobre todo si las cosas pasan adelante. Espero que me digas por tu parte algo de lo que sepas; ¡quién sabe si Pedrayo no llevó tus proyectos a Galicia! Voy a contestarles de todos modos y darles ánimos. Los poemas de Alvariño me parecen muy buenos, como a ti; tienen hondura y sinceridad lírica, riqueza de lenguaje, todo, en fin, cuanto se pueda exigir de un poeta moderno. Pero creo que Valle Inclán le haría el reproche de eludir los ritmos gallegos, los ritmos de danza, de faena y de molino. Pero el mismo defecto tenía Manuel Antonio y otros escritores jóvenes y hasta viejos, en parte debido a que, con la excepción de Valle Inclán, nuestros ritmos ancestrales pasaron desapercibidos. Es necesario llevar a cabo una investigación a fondo en ferias, romerías, espadelas, mallas, sachas, recuestas, foliadas, etc. y llegar a los elementos puros de nuestros ritmos. Los libros de Valle pueden servir de punto de partida, ¿no crees? Rosalía tenía un oído maravilloso y lo utilizó para enriquecer la versificación castellana; pero a mi modo de ver, en gallego quedó a mil leguas de D. Ramón, como se comprueba en Voces de gesta, por ejemplo. “Un fato de nenas novas –todas elas sin camisa– Eu no medio sin cirolas” ¿Hay algo más netamente gallego que el ritmo de estos versos populares tomados por Valle Inclán con su fino sentido rítmico? Algo de esto echo de menos en Alvariño y en todos los poemas gallegos de última hora. Bueno, Luis, estoy resfriado; tengo la cabeza hueca y estoy cansado de la mudanza. Me alegro de que Nova edite tu libro; es lo menos que Cuadrado y ellos pueden hacer por una persona a la que tanto deben. Me alegro que Colmeiro esté de buen humor y sobre todo de que pinte. ¡Cómo envidio esa visita tuya al estudio y esa revisión de sus lienzos de antaño y de hogaño! Hará bien si sale de ahí y si expone. El exponer es siempre bueno a la larga como tú estarás convencido. Lo malo es que a veces exige sacrificios y dispendios dolorosísimos. ¿Qué hacen Castañino y señora, Torrallardona y demás pintores de por ahí? Bueno, escribe pronto y te contestaré en el acto. Tus cartas son leídas y releídas por los tres –mejor dicho, vuestras cartas–. Saludos míos a los amigos: Dieste, Mariano, Farias, Cuadrado, Antonisen y Nogués, Torrallardona, Merli, Frontini, Sirio y Mallea, Varela, Losada –le voy a escribir para aclarar un asunto relativo a mis libros–, Colmeiro, Viau el joven, etcétera, etc. –Para vosotros dos un abrazo colectivo y un aturuxo

Otero

Queridos Luis y Maruja:

Los maridos se ve que no nos dejan ya nada que decir, lo agotan todo de ganas que tienen de comunicarse. Siempre pensamos en vosotros y casi compramos una casa con la idea de traeros, pero las condiciones resultaron demasiado difíciles y por ahora hemos desistido, pero ya aparecerá alguna para alquilar cuando menos lo pensemos en que quepamos todos. ¿Llamasteis a los Salgués de mi parte? No dejéis de hacerlo y decirles que no tenemos noticias suyas desde hace siglos. ¿Cómo están? Saludos a [manuscrito na marxe dereita por Alicia:] todos los amigos y escribid pronto, no seáis perezosos.

Alicia

[Manuscrito na marxe esquerda por Alicia:] Dile a Ascensión que le mandé 27 dólares a Maruca por el poncho que es lo que ella me dijo que valía. Gracias.


1948-06-08
Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1948
Ver [Carta mecanografada con correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1948 en 08/06/1948


45 E. Franklin St.
Waynesburg, Pa
Junio 8, 1948

Querido Luis:

Sospecho que te voy a escribir una carta más disparada aún que el papel de que dispongo en este momento para escribirte. Pero aún no pude reposar del jaleo de los exámenes y ceremonias de fin de curso y de entrada en el último año del centenario del colegio. Para colmo, acabamos de recibir la visita del Dr. Stockwell, el director del Seminario de Teología de Buenos Aires, que tú conoces, pues nos acompañó a casa del Sr. López, el bibliófilo. Aún hoy tuve una conversación de dos horas y media con el jefe del Departamento de Lenguas Modernas del colegio, de quien dependo en mi calidad de jefe del Departamento de Español. Tengo, pues, la cabeza hecha un taco real y verdadero, y una cantidad de compromisos atrasados que me aterra. Pero ahora vamos a ver si hablo de lo que más me urge. He recibido tu última carta fecha 23 de mayo, hace unos días y casi inmediatamente después, el libro que me anunciabas. La desesperación que me causó la carta la disipó el libro; es realmente lo que merece ser un libro tuyo, mejor dicho, lo que tiene que ser: original, sincero, impetuoso, dinámico, claro a su manera, prometedor y sustantivo. Las ilustraciones no son las que cabría esperar, pero no por eso son menos valiosas, sino acaso más. Uno no puede nunca sospechar las posibilidades de las líneas de tu mano hasta que se encuentra frente a frente de los dibujos. Las de estos viejos o viejo asombran simplemente por su riqueza, su madurez, su alcance. Nada dejan fuera de sus imprevisibles mallas y casi me atrevo a afirmar –no te extrañe la cautela ante tan aventurado problema– que nada dejan fuera tampoco. Llegan hasta donde deben, con una audacia goyesca –aquí goyesca significa meramente genial– y se detienen, no menos audazmente, en el límite natural de su misión plástica. ¡Qué distancia de vértigo media entre estas líneas y las de Homenaje a la Torre de Hércules, sin ir más lejos! A mí me asombran estas líneas como me asombra el canto de un mirlo, un almendro en flor o un planeta o cualquier otro cuerpo celeste que de pronto hace su aparición por un borde del horizonte y se borra con la luz del alba. Y acaso aún más, porque estas líneas son el testimonio más directo, más inmediato y claro del espíritu, esto es, de esa potestad creadora de que el hombre-producto de la creación participa en proporción superior a la de cualquier otro ser vivo. De todos los dibujos, te hubiera robado el original del último si hubiera estado en ésa, pese a todas las imaginables y más que justificadas protestas de Maruja. Estos remiendos son la costra mítica en que aparecen cristalizados el humano recuerdo y el humano anhelo, o si lo prefieres, el Mito. Pero dejemos por hoy tus líneas, que tanto me fascinan, para hablar de algo más plebeyo. Tenemos una casa al fin: cinco habitaciones, cocina, cuarto de baño, sótano y un campito suficiente, pero nada más, para hacer la casita del perro. A veinte metros del parque del colegio, con un balcón y unas ventanas hacia el nordeste y hacia el sureste. Por el momento, esta casa está casi vacía; entre las cosas que hay dentro, casi todas, excepto los libros, son prestadas o adquiridas mediante crédito. En cortinas de papel, clavos, cuatro malas cucharas y tenedores, dos sillones y un sofá de segunda mano, linóleo, algunas macetas y otras mandangas llevamos gastado un dineral, o sea, los dólares que nos habían ofrecido para ayudarnos en el viaje. Quedamos sin blanca, pero tenemos una casa que, por situación sobre todo, nos parece un sueño. En frente de las ventanas, y en especial de las de Cuqui, hay unas celindas y unos rosales divinos, donde desde el alba hasta el anochecer, canta con entusiasmo nunca visto los tordos y los cardenales de aquí, mucho más músicos que los argentinos. A lo lejos se divisan perfiles de colinas tupidas de arces, robles, manzanos silvestres, sicómoros y otras especies. Tenéis, pues, una casa en Waynesburg tú y Maruja y demás amigos. Y la tenéis sin reticencias. Aunque en honor de la verdad, de la verdad monda y lironda, deba añadir que una casa aquí no basta. Con ser importantísima, la casa supone alrededor de la sexta parte del salario. Aquí lo serio es el mercado, los comestibles, al revés de lo que sucedía en ésa cuando nosotros llegamos de Inglaterra. Es, pues, necesario pensar en lo demás ahora que ya hay un techo donde cobijarse en un momento dado. Y esto requiere un largo rodeo apenas iniciado. El presidente del colegio estuvo internado en el hospital a viva fuerza: las piernas no le sostenían, sin la mínima exageración, y en su cabeza las ideas y los recuerdos eran un verdadero enjambre. Por fin, lo dejaron salir para las exigencias de fin de curso, pero aun así la secretaria permite a muy pocas personas acercarse a él. Ahora, en estos días, terminaron las clases de invierno y el quince empiezan las de verano, mucho más llevaderas; por ejemplo, yo paso de 18 clases semanales de una hora o 55 minutos a cinco clases de 90 minutos. Esto quiere decir que el presidente tendrá tiempo de descansar y de atender a la gente que nos sea ni albacea ni alto dignatario, y yo tendré más libertad de acción para presentarle tu problema. A él lo conoce y admira medio mundo en estos contornos; entre otras facultades tiene la de conceder títulos honorarios u honoríficos a quien le parezca bien. Por ejemplo, ayer otorgó el de Doctor en Ciencias a uno de los ingenieros más encopetados de la Institución Carnegie de Pittsburgh en presencia de la facultad o cuerpo de profesores y de los graduados. Así pues, si a él le fuera difícil hacer frente por sí mismo a tu situación, espero (que) me presente a quien esté en mejores condiciones o respalde gestiones mías encaminadas a tal fin. Creo que nadie mejor que la Carnegie misma, que está aquí a mano. Bastaría que patrocinasen una exposición tuya, que te hiciesen algún encargo de importancia para saltar la burocracia de inmigración, que es el hueso aquí, etc. Con el permiso de residencia todo iría como la seda siempre que te avinieras a aceptar ciertas peculiaridades puramente formales de aquí. Pero de esto hablaremos más adelante, acaso pronto. Yo no quiero hacerte creer sin fundamento que las cosas son fáciles porque no me lo permite mi conciencia. Las cosas son difíciles, lo sabes bien, tan bien como yo; pero, cosa curiosa, lo imposible desde ahí parece factible desde aquí, y es que ahí sólo hay burócratas asustados o poco menos, y aquí hay personas que inspiran mucho respeto en Washington y que acaso son temidas. Las personas aquí pesan mucho y las hay que cuando comprenden lo justo de una demanda, no vacilan en apoyarla sin reservas. Es así como nosotros vinimos, como sabes. Nosotros haremos por ti lo que hicimos por nosotros, sin precipitaciones, porque no es posible, pero sin que nos venza nunca el desánimo. Que estas palabras te den confianza y calma en todo trance. Yo creo que la entrada como turista dificultaría las gestiones posteriores, pues despertaría recelos y los recelos nunca fueron buenos y menos aquí; se perdona la franqueza, por brutal que a veces parezca, no la cuquería. Calma, pues, y buen ánimo. Y vamos a otra cosa, no menos complicada que tus líneas y tu venida en su sencillez objetiva. Trátase del problema de la casa de ahí. Como creo que sabes, dejamos la casa a nuestro nombre con un matrimonio norteamericano dentro. Como pudiera resultar que lo de aquí no cuajara definitivamente y como había dificultades para traspasar el contrato sin elevar la renta por una parte y sobre todo para traspasarlo a quienes nosotros deseábamos, con la autorización del administrador metimos en casa dicho matrimonio a cambio de la venta de nuestros muebles: una radio, una estufa de cobre, el comedor (sillas y mesa), camas, armarios de libros, etc. y especialmente el teléfono, en 3.000 pesos. Teníamos ofertas mejores, pero la señora norteamericana era amiga de Alicia, tenía una hija enferma que necesitaba sol e iba a una escuela que está a dos pasos de allí. Pero ahora resulta que, al parecer, la señora no se ve por que, a poco de llegar, dijo al portero que nosotros no volvíamos, y este, que esperaba una comisión talvez con otros inquilinos, dio cuenta al administrador y se armó al parecer un lío gordo. La señora norteamericana apenas sabe cuatro palabras de español y parece que a pesar de mediodía de explicaciones de Alicia no se enteró bien de la situación ni de nada. Por ejemplo, confundió la estufa de queroseno con la cocina de gas, propiedad, como es lógico, del dueño de la casa, y ahora nos culpa a nosotros de una cantidad de desatinos insospechados y nos reclama parte del dinero. Desde luego, nosotros nunca dijimos que no fuésemos a volver; se metieron en el departamento con el consentimiento del administrador y con el contrato de casa y teléfono a nuestro nombre, por ser esto lo habitual en casos en que el inquilino se ausenta temporalmente; y por fin, la señora sólo tiene un recibo firmado por nosotros de 3.000 pesos argentinos por la venta de los enseres del departamento. Siendo esto así, a mí no me cabe en la cabeza que la señora tenga base legal para hacer cosa alguna en contra nuestra. Pero no deja de amenazarnos, y Alicia está aterrada, sobre todo porque procedimos con dicha señora con una claridad y una limpieza intachables. El matrimonio que vino con nosotros en el barco dejó su departamento en las mismas condiciones por casi el doble –5.000 pesos argentinos–, y eso que estaba en un sitio poco comunicado del barrio sur. A estas alturas nosotros ignoramos en qué situación está la señora en la casa; en la primera carta nos decía que la ponían en la calle; en la segunda carta en octubre nos dice que le cobran mensualmente 30 pesos más de lo estipulado en el contrato nuestro, y que además, para abandonar el departamento el administrador le pide 500 pesos. ¿Habrá hecho un contrato nuevo con el administrador por 170 pesos mensuales, y por no haber pasado el tiempo estipulado el administrador le pidiera una indemnización? ¿Será todo un cuento para intimidarnos? De contar con dinero, hubiéramos cortado por lo sano devolviendo a la señora lo que nos dio por los muebles, y san se acabó; pero a estas alturas no contamos con nada salvo el estricto salario mensual con el que vivimos. Tú que eres abogado después de todo, ¿qué crees que la señora puede hacer contra nosotros? Y si tu abogacía, como supongo, no desciende a estos laberintos, ¿podrías preguntar a un buen abogado de ahí, a un veterano de estos jaleos, qué cabe hacer? Creo que la precaria salud de Alicia tiene por causa esta situación realmente estúpida. No olvides que; 1) Para los efectos de la administración, nosotros dejamos el departamento a esta gente en nuestra ausencia; 2) Por la venta de los muebles firmamos un recibo de 3.000 pesos; 3) La señora –mejor dicho, su marido– firmó un papel para nuestro fiador el contrato de alquiler comprometiéndose a pagar mensualmente los 140 pesos de renta estipulados en dicho contrato (que Dieste tiene en su poder); 4) A nadie se ha dicho que no volveríamos. Te ruego (que) estudies esto con cuidado, pues los embrollos proliferan como las zarzas por lo que se ve, y a las personas no hechas a ellos le quitan el sueño y acaban por arruinarles la salud y el humor tan necesarios siempre, pero más ahora. No sé si Frontini o Baudizzone podrían sacarte de apuros; pero acaso fuese mejor un abogado menos literato. Bien sabes que aprecio a estos amigos; pero los aprecio como hombres de letras. Talvez Melella o López u otra persona hecha a la vida de los negocios te oriente sobre el abogado a quien acudir. Desde luego en cuanto sepamos el importe de la consulta, te lo giraremos por el medio más rápido. Por lo demás, ten en cuenta que Alicia está terriblemente inquieta y Cuqui lo mismo, pues hasta llegan a temer que las expulsen de los Estados Unidos como resultas de esta, a mi parecer, menudencia. Bueno; ahora para terminar, una ráfaga de preguntas y encargos menores. ¿Sigue saliendo Gaceta del libro? ¿Sigue saliendo Realidad? Le mandé a Ayala un estudio sobre Eliot de una profesora auxiliar del colegio y aún no tuve contestación ni acuse de recibo. ¿Cómo va el trabajo de casa de Melella? ¿Qué es de Mariano Gómez, nuestro amigo, no el ilustre? ¿Salió el libro de Dieste en la Suramericana? ¿Está ahí Alonso ya? ¿Cuales son las señas y el nombre de Silveira? Acaso se me ocurra escribirle unas líneas en un momento dado. No dejes de mandarme por avión uno de los primeros ejemplares que salgan de la imprenta de tu monografía; manda otro al Museo de Arte Moderno de Nueva York y otro a la Carnegie; las señas de este ejemplar te las concretaré más adelante, pues ahora no las tengo a mano. No olvides la importancia de tus acuarelas de Buenos Aires: como te dije entonces, un libro de acuarelas de este tipo sobre Pittsburgh –ciudad de grandes chimeneas , puentes de acero, altos hornos, minas, etc.– te consagraría aquí en el acto, y quien sabe lo que de tales acuarelas puede resultar. De tenerlas aquí, serían la mejor carta que jugar a favor tuyo. Voy a escribir algún artículo para La Nación. Siguen allí Mallea y Sirio, ¿no es verdad? Por aquí encontré algunos datos de interés sobre Galicia. ¿Donde se puede encontrar la gramática gallega de Saco y Arce? No es la que encabeza la Crónica Troyana? ¿Es posible copiarla? La leyenda de san Eros se encuentra también en Alemania. Compré un libro sobre la evolución de la lengua portuguesa desde el bajo latín; se publicó en Filadelfia en inglés. ¿Te acuerdas del sanguino, una planta o arbusto más concretamente, con bayas vinosas como el sabugueiro, de que un día hablé con tu padre? Encontré su nombre: cornejo, en castellano. Tiene aquí un pariente, el dogwood, maravilloso, por sus blancas flores de gran tamaño. ¿Sabes que Colmeiro, el botánico, publicó un diccionario sobre plantas del Nuevo y Viejo Mundo, aclarando su nomenclatura? Daría un pico por tenerlo. ¿Lo hay ahí? ¿Sabe algo de esto Manuel? ¡Qué analfabetos somos con relación a nuestros hombres! Acabo de hacerme ampollas plantando tomates y coles; por esto, te escribo ¡con dificultad! Seguiré otro día. No demores mis encargos. Abrazos de todos para los dos. No os dejéis deprimir. Recuerdos a tus padres y hermano.

Otero

[Manuscrito na marxe esquerda da primeira folla:] Si veis a la señora del departamento que se llama Ulrs Jolly no la digais que no pensamos volver.


1948-06-08
Carta de Ortiz Alonso a Luís e Maruxa Seoane. 1948
Ver [Carta manuscrita]

Transcripción da Carta de Ortiz Alonso a Luís e Maruxa Seoane. 1948 en 08/06/1948


Junio 8, 1948
45 E. Franklin St.
Waynesburg, Pa.

Queridos Luis y Maruja:

Mil gracias por el libro de Luis tan hermoso; ya os dice Otero que nos gustan; yo os habría robado el original de la portada. Cuqui se lo devoró en un momento y su comentario fue: “¿de donde saca Luis esas cosas tan bonitas? Ya os dice Ote también que al fin tenemos casa; es muy mona y cómoda, aunque aún le falta mucho como podréis suponer. Vuestro cuarto está al lado del Cuqui, del cuarto de baño, tiene dos ventanas, un placard, y lo que se ve desde las ventanas es lo más bonito.
Nos han cedido un terrenito en una de estas colinas en donde hemos plantado coles y tomates y ahora vamos a plantar judías verdes, guisantes y rabanitos; para las patatas ya es demasiado tarde. Hemos pasado unos ratos estupendos rastrillando, cavando, plantando, etc. y Ote tiene las manos que da pena vérselas. La primavera es aquí algo divino y ¡cuánto, cuánto nos acordamos de España! Los prados verdes, las zarzas en flor, los arroyitos llenos de peces, los árboles inmensos, la bruma del anochecer, los pájaros... todo. No podemos pensar en vosotros y en eso sin una gran pena y os nombramos mil veces al día. Ahora mismo acabo de tender la ropa en nuestro jardincito y a mi alrededor volaban los cardenales (de aquí) cantando como los ángeles.
Mucho os agradecería que os enteraseis de cual es nuestra situación con respecto al departamento de Vidal 1940, nº 7; la señora que lo ocupa no deja de escribir insultándome y amenazándome con llevar el asunto a las autoridades norteamericanas. No sabemos que lío ha armado o la han armado pero el caso es que nos reclama dinero y nos molesta. Es profundamente desagradable, pues nosotros hemos tratado de hacer las cosas limpias y honestas, como siempre. ¿Sabrás que Maruja Salgués se ha casado con un norteamericano?

Abrazos de

Alicia


1948-11-13
Carta de Otero Espasandín a Luís e Maruxa Seoane. 1948
Ver [Carta mecanografada]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Luís e Maruxa Seoane. 1948 en 13/11/1948


[Manuscrito:] Waynesburg, 13 de noviembre de 1948

Queridos Luis y Maruja:

Hace cosa de un par de semanas hemos enviado a Maruja Salgués un paraguas para Maruja, obsequio de Alicia y Cuqui, y un chaquetón de trabajo de los que aquí se estilan, para Luis de mi parte. Tuvimos ya acuse de recibo de Maruja, a punto de poner el pie en el estribo en el ómnibus para Nueva Orleans, de modo que, a menos que algo anómalo ocurra, os llegará con ella (o ellos). Hemos comprado lo mayor que encontramos, y si bien está de acuerdo con las medidas que nos enviasteis, no nos sentimos muy seguros de que la gran humanidad de Luis quepa dentro. (Esperamos que no habrá susceptibilidad por su parte a estos comentarios, tanto menos cuanto que yo mismo estoy echando una barriga espléndida esta última temporada como consecuencia de un casi claudicante sedentarismo desde que la huerta entró en estado de letargo con la otoñada). Esperamos que para Navidad estarán ahí, y si bien la estación en que os encuentran no es la más apropiada para sacarles partido de inmediato, todo es cosa de tomar precauciones con la polilla y esperar el cambio de estación. Aquí a estas alturas estamos tiritando ya, con las estufas encendidas casi noche y día, y no tardarán en aparecer las primeras folerpiñas de neve. No sé cómo se me vino a las mientes esta palabra, pero nada tiene de particular escribiéndoos a vosotros. Por otra parte, estoy cada día más enzarzado con las palabras vernáculas, aunque cuento con poco material de información en este minúsculo Waynesburg. Por cierto, acabo de perdirle a Trelles, el de Atlántida, la gramática histórica portuguesa de J. Nuñes que acabo de encontrar anunciada en un catálogo de la librería Panamericana de Buenos Aires, Lima 707. Pero volvamos al tiempo. Los árboles acabaron de desprenderse de sus espléndidas galas otoñales, más espléndidas en general que las de primavera. Yo nunca vi hojas como éstas de aquí. Algunos días salimos Alicia y yo de paseo y a cada paso nos deteníamos para admirarnos de los colores de las hojas, rojas de óxido, amarillas, anaranjadas, castañas, verde amarillentas... algo imposible de sugerir en palabras. Y luego la terrible exclamación: “¡Si estuvieran aquí Luis y Colmeiro!...” Este paisaje es algo sorprendente. Uno cree haber visto mucho en España y fuera de ella, y tiende a creerse autorizado a hablar de paisaje. Pero de pronto le ponen delante de un rincón del mundo o de un pedazo de mar y acaba por reconocer que, de hecho, aquello no lo has visto nunca.
Aquí el ambiente parece mucho más encalmado con el transcurso de las elecciones y con el jarro de agua fría que le echaron a muchos millones de americanos y los ánimos que dieron a bastantes más. Ojalá esto entre ahora en un período de paz interior y se pueda otear el horizonte sin sobresaltos para bien de todos, sin excluiros ni mucho menos a vosotros, cuya situación nos angustia. Habéis recibido una carta mía para Dieste, cuyo paradero desconozco. En una suya me hablaba con gran optimismo, que ojalá se confirme, sobre todo en sus promesas literarias. En el catálogo de la Librería Panamericana está anunciado el libro de Poseidón ilustrado por Luis con los Autos de Gil Vicente. ¿Qué tal salió la impresión de los dibujos? Voy a ver si lo encuentro en alguno de los muchos catálogos que me mandan de Nueva York para adquirirlo; y bien sabe Dios que me arrepiento de n haberle arrancado a Merli la promesa que hizo de regalarme uno de los originales. Creo que Luis debe ilustrar más libros de la Edad Media, como el Libro de Buen Amor, el Conde Lucanor, La Crónica Troyana, los primeros libros de caballerías y cosas por el estilo por ese complejo de humanidad que encierran. Claro que si no lo ha hecho, la culpa no es suya, pero quien vea a Gil Vicente, Quevedo, Gobineau, las leyendas gallegas y sus cuadros incluso, no podrá menos de maravillarse de su fidelidad al espíritu legendario de esa larga y soberbia época donde hirvieron a borbollones todos los fermentos de un mundo todavía agitado y en trance de partos colosales. Vistas las cosas con cierta perspectiva histórica nos muestran cuán lejos nos encontramos –por fortuna– de haber agotado o racionalizado ese torrente de pasiones, pecados, sueños, alegrías, hambres, pestes, crímenes, santidades, heroísmos, traiciones, altanerías, humillaciones,... que Luis ha visto y ve tan magistralmente. ¡Quién tuviera un milloncejo de dólares en la mano! No sé si conoces, Luis, una edición de Gil Vicente publicada en Madrid por Carolina Michaelis de Vasconcelos. La he visto anunciada en alguna parte y creo que debe interesarte, pues hay en ella muchas cosas ignoradas hasta entonces. Yo tengo el libro editado ahí por Molinari, pero aparte del texto, que es precioso, poco dice sobre la época, que debió ser interesantísima, el estado de la lengua y otras cosas que la Michaelis no dejará de tratar.
Hemos recibido un número de La Nación enviado por unas amigas inglesas de Alicia, y por él vimos que a Castañino le han otorgado el primer premio en la exposición nacional o casi así. Nos alegramos mucho por ser un camarada ideal; ahora recuerdo muy bien aquella tarde memorable que pasamos en su casa todos juntos, vosotros, Varela, Alonso, etc. Me trajo a la memoria a Castañino sus elogios del cuadro de Luis pintado para Melella, que debe ser soberbio, como si todos los suyos o todos mejor dicho, sobre todo este que aquí tenemos, el San Eros, la santidad de la Edad Media del cuento. ¿Cuándo hacéis una fotografía y nos la mandáis? Melella es un gran fotógrafo o al menos tiene muy buenas cámaras y amigos fotógrafos, que le harán cuantas fotos quiera. Y aquí rabiamos por ver ese cuadro, aunque sea descolorido.
¿Sabéis algo de Ayala? A propósito, el retrato de Nina es muy original y muy fiel a lo profundo del modelo. Pues bien; le mandé una traducción de un artículo escrito por una profesora de aquí sobre el Premio Nobel de Literatura, así con mayúscula, y nada sé de él, como no sea lo que Luis me ha dicho: si se tratara de algo mío, me tendría sin cuidado, pero trátase de una persona que no tiene por que poner demasiado crédito en mi palabra. Si lo veis, decidle que, francamente, si le interesan el trabajo y las condiciones económicas –cinco ejemplares o seis de la revista para mandar al autor y a sus editores, pues así lo han exigido– que me lo devuelva. No es impaciencia personal, sino refleja; la autora quisiera verlo publicado pronto, sobre todo ahora con ocasión del premio otorgado a Eliot, y por mi parte quisiera verme al margen del asunto. Esto es todo. Decidle a Perrota que se ha expuesto aquí la Cantata y que gustó mucho a estudiantes y profesores, sobre todo las reproducciones. Estoy pensando en la manera de hacer una exposición en petit comité en mi sección de español de los libros de Luis. Pertenezco como miembro honorario a una de las fraternidades de estudiantes, la Kapa, Sigma, Kapa –esto será para vosotros, como para mí al principio, un galimatías– y espero que ella patrocine la idea. Ya os diré.
Bueno, jóvenes, no os quejéis de esta carta escrita con la mesa de trabajo hecha una leonera. Muchos abrazos de vuestros Oteros.
Recuerdos a vuestros padres en primer término y a la interminable lista de amigos, sin olvidar ninguno, de nuestra parte. Escribid.

[Otero Espasandín]


1948-12-13
Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1948
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1948 en 13/12/1948


Waynesburg, Pa
13 diciembre, 1948

Querido Luis:

Si me juzgas por algunas de mis cartas anteriores al pie de la letra, no dejarás de encontrar razones para reprocharme. Por ejemplo, te he dicho que procuraría enterarme de algunas señas a las que debía enviar un ejemplar de tu monografía. Ahora por una de esas venas de españolismo que nos dan a los españoles y que no sé si tenemos derecho a reprochar en muchos casos, resulta que acabo de obtener algunos datos que te envío con mucho gusto y con el remordimiento de no haberlo hecho antes. Art Museum, Boston, Mass. –Museum of Modern Art, W. 53 St. New York City, N. Y., Art Institute of Chicago, Michigan & Adams Streets, Chicago, Ill. –Revista Artnews, 136 E. 57 St. New York 22, N. Y. –Philadelphia Art Museum, Philadelphia, Pa. –The Brooklyn Museum, New York City, N. Y. –The Museum of Art, San Francisco, Cal. –The Whitney Museum of Art, New York City. Esto es lo que ahora sé: más adelante talvez pueda enviarte más.
Ayer, sábado 12 de diciembre, recibimos tu carta del seis del mismo mes. Nos ha causado una gran alegría por todo lo que en ella decís, y particularmente te agradezco los elogios que me dedicas como escritor. Son tan calurosos, sinceros y extremados que me considero en la obligación de corresponder a ellos escribiendo ese libro de que me hablas. Desde hace más de un año me viene rondando la idea de acometer la tarea, pero si bien soy de tu parecer con respecto a Dieste, a quién un afán de perfección inhibe en detrimento de los lectores y de la Historia de la Literatura, mi caso es diferente. Una obra mía, donde no hay como en los demás libros un campo de saber más o menos organizado que me dé la pauta, requiere una cierta elaboración formal, si no ha de naufragar en un amasijo de recuerdos y anécdotas. Acaso rebase tus ilusiones en cuanto al aliento de la empresa y escriba una especie de biografía novelada cuyo primer volumen sea lo que tú anhelas: la vida global de mi aldea tal como yo la he vivido: con cohetes, gaitas, sequías, inundaciones, nieves, faenas de mil clases, nidos, escuela, iglesia, campaneros, tipos sobresalientes, el río, el monte, los juegos de la estornela, de la porca, etcétera. Otro tomo sería mi vida de estudiante en Santiago y en Madrid; otro estaría dedicado a Ribeira, con recuerdos de Dieste, Valle Inclán, Caraminas, Mosteiro, Val, Maside, Manuel Antonio, con todo aquel mar salvaje, aquellas playas, aquel Barbanza, aquellos pinos, dólmenes, mámoas, nataciones, gaviotas... Otro tomo comprendería mis peregrinaciones por el norte de África, por España durante las misiones y la guerra, por Francia, Inglaterra hasta llegar a la Argentina, que bien merece tomo aparte... Ya ves, si pienso en todo esto de que me hablas. No me lleva a escribir otra cosa que ofrecer una faceta del mundo que me ha tocado vivir que ningún otro puede hacer por mí. Ofrecer la suya mejor que yo, pero no lo que he sentido y vivido con una vehemencia que muy pocos sospechan simplemente porque, como acaso sepas, no soy muy dado a la confidencia. Justamente esto es lo que me preocupa un poco. Tendré que apelar a un recurso novelesco para hablar de mis reacciones ante el mundo como si fueran ajenas a fin de vencer un tanto esta reserva que siempre he tenido, incluso con los mejores amigos y con los familiares. Quién sabe si no inventaré un pintor que me describa, una especie de Luis Seoane que, desesperado de ver que un hipotético amigo se niega a contar su vida, se arriesga a narrarla por su cuenta y riesgo. ¡Hermosa trastada, eh! Claro está, una biografía así daría pie a trazar una hermosa galería de tipos, tales como Souto, Colmeiro, los Dieste, tú, Maside, Manuel Antonio y muchos otros que tú conoces y no conoces. Toda esa generación trágica que ahora lucha por salvarse de esta gran hecatombe que se desencadenó con la guerra de España sería en buena medida el protagonista de esta obra un tanto ambiciosa, demasiado ambiciosa para quien jamás abrigó ambiciones de escritor, ¿no crees? Pero una de las cosas que ha dejado huellas más hondas en mi alma ha sido la amistad, esa amistad sentida tan sin cálculos como se siente el paisaje, el mar, el arte, un cielo fugaz, el canto de un ruiseñor o de uno de aquellos mirlos de los aledaños de nuestras aldeas. Esta amistado estos vínculos amistosos con mil gentes en mil lugares, aún sin proponérmelo, ocuparía sin duda los alveolos más íntimos de cualquier intento de esta naturaleza y acaso fuese el móvil decisivo de la empresa misma... Ya veremos.
Estoy leyendo cosas y estudiando en relación con mi nueva tarea; sobre todo reviso los clásicos y no me falta ocasión de revalorar autores y de condenar a perpetuo desdén otros. Por ejemplo, acabo de releer las Confesiones de un pequeño filósofo, de Azorín, y me ha producido un gozo singularísimo. Hay autores que hay que leerlos un poco al margen de la pelea brutal en que estamos envueltos, dejando de lado este tono polémico que nos encrespa y las palabras fuertes que suscita. Azorín es uno. Con todas sus chocheces, con sus manías seniles, con sus resentimientos, sus pifias y otras cosas, no puede negarse que ha alcanzado finuras de sensibilidad no superadas a mi juicio por nadie desde Garcilaso acá. Por otra parte, no ha de olvidarse la sagacidad con que ha sabido valorar lo mejor de nuestra literatura, sin excluir a Rosalía, otra antena poética cuya cima penetra hondo en las regiones quietas y serenas de las almas escogidas. (Bueno, esto es un poco cursi). La Biblioteca del Colegio acaba de adquirir la colección de Clásicos Castellanos por mi consejo y mediación. Ciento diecisiete volúmenes por menos de cien dólares y con una comisión de casi un quince por cien para nuestro amigo común Trelles, que buena falta le hace. El colegio necesita libros de esta calidad para su prestigio, sobre todo ahora que celebra su centenario; pero a mí me van a ser más útiles aún. De los libros impresos en Buenos Aires no te puedes fiar. Justamente uno de estos días acaba de pasarme uno de esos incidentes de que ya me había olvidado, y es el siguiente: Estaba leyendo un trozo de la estupenda Antología de prosistas españoles de M. Pidal en la edición Austral, cuando de pronto noto que estoy en el aire. Examino el libro con el natural desconcierto pensando que sería cosa de unas líneas trastocadas, cuando advierto que falta un pliego íntegro y en su lugar hay otro repetido. Y esto se lo hacen a M. P. con toda desfachatez. ¡Qué no harán con Perico el de los Palotes! Me produjo una rabia atroz, tanto más cuando que carezco de una edición como Dios manda.
Bueno; la Navidad y Año Nuevo están en puertas. No hacemos más que explorar el horizonte de los recuerdos y localizar a los amigos. Vivimos los tres en un estado de tensión emotiva, mezcla extraña de alegría y dolor. Sobre todo nos sacan el sueño los amigos de Buenos Aires, sin frío, sin pinos nevados, sin horizonte claro, sudando indignación, retórica, hastío... Ni siquiera nos atrevemos a aconsejarles paciencia, y una sensación de fracaso o de impotencia nos abochorna. Sin embargo, no nos cabe la menor duda de que las cosas cambiarán pronto ante la fuerza de los hechos, algunos demasiado fuertes para olvidarlos. Alicia, Cuqui y yo os deseamos a los dos unas fiestas animosas, realmente alegres y esperanzadas en compañía de vuestros familiares y amigos. Piensa que, pese a todos los pesares, estás haciendo tu obra y te estás haciendo a ti mismo como artista, como escritor y en general como hombre, mientras un vacío moral y una sensación de fracaso reinan por doquier. Las cartas que nos llegan de Francia, de Inglaterra, de España y de otros puntos no dejan de convencernos de cuan afortunados hemos sido cuantos presenciamos la hecatombe pasada (y presente) desde el lado de acá. Nosotros mismos aquí, donde nada fundamental nos falta, sentimos nuestras nostalgias. Hoy mismo Alicia, (que está aquí a mi lado mientras escribo, estudiando sus cosas) me decía cuanto echa de menos esos contados amigos de Buenos Aires donde uno se explayaba a sus anchas, dejando volar corazón y cabeza atolondradamente sin temor de ser incomprendido simplemente porque un mundo común nos ligaba y unas esperanzas comunes nos sostenían. Aquí no se encuentra esta comprensión sencillamente porque nuestro mundo es un enigma para todos. Aun con el mejor deseo de entender, no pueden por carecer de ese terrible Himalaya de gozos, sobresaltos, dudas, ansias, sueños, fatigas, fracasos... Creo que Alicia comprende esto todavía mejor que yo por más generosa, más idealista, más sensible al contorno moral y con un instinto mucho más sagaz para valorar las gentes. Hay personas que se sostienen en gran medida, en medida preponderante con la cabeza, y creo que yo pertenezco a esta clase; hay otras, por el contrario, que se sostienen en la vida por cables afectivos, por el corazón. Y a este grupo pertenece Alicia, perteneces tú, Luis, y muchas otras personas entre nuestros conocidos. Para estas personas, Estados Unidos es un riesgo, hay que reconocerlo. Y si también lo es Buenos Aires o España, siempre hay una fuerte representación del mismo polo. Una de aquellas reuniones un tanto improvisadas en mi casa o en la tuya en que estábamos mano a mano unas cuatro o cinco personas durante cinco o seis horas es algo que no olvidaremos nunca, y menos Alicia, pese a todos los Clubs, donde por otra parte, la quieren y admiran y hasta envidian, y con mucha razón. ¿Comprendéis lo que son para nosotros vuestras cartas y lo que sería con mayor razón el teneros aquí?
Bueno: ¿Hablaste con Ayala? Perdóname que insista; ya te dije que estoy en una situación violenta con esta profesora, pues tuve la mala ocurrencia de aconsejarle que escribiese el artículo. Creo que Paco lo comprenderá bien, si tiene, como no dudo, instinto de escritoras nóveles. No tengo nada que reprocharle, pues es un amigo a quien estimo como sabes. Pero quisiera verme libre del asunto de una vez.
Dime las señas de Melella, que las perdí o cambió de casa. Le escribí una carta creo que a French, y no creo que la haya recibido. No te olvides llevado de tu entusiasmo por mis dotes de escritor. ¿Llegan libros de Galicia? ¿Hay por ahí la Gramática de Saco y Arce? ¿Y el Valladares? ¿Qué hace el Centro Gallego? ¿Y Castelao? ¿Y Prada y demás amigos? ¿Y Mariano Gómez? ¿Y Cuadrado? Dile que espero su libro. ¿Cómo va Nova? Dile a Perrota que aquí gustaron mucho Mar Dulce, la Cantata, y otros libros impresos por ellos. Ahora estoy exponiendo, en complicidad con la Bibliotecaria, varios libros ilustrados sobre la naturaleza. A continuación, haré una exposición de tus libros si me dejan como espero la vitrina. Habrá que ocultar ciertos desnudos por tratarse de una [manuscrito na marxe esquerda:] ciudad y hasta de un país no muy fogueado en estas cosas. Muchos abrazos, Luis y Maruja, de los tres y nuestros cariñosos saludos para vuestros padres.

Otero

[Manuscrito na marxe esquerda da primeira folla por Alicia:] Ardemos en curiosidad por saber cuando os vais, a que parte de Francia, que planes tenéis, cuando venís a vernos... no nos contáis las cosas a la mitad. Felices Pascuas a todos de

Alicia


1949-09-23
Carta de Otero Espasandín a Luís e Maruxa Seoane. 1949
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa e correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Luís e Maruxa Seoane. 1949 en 23/09/1949


Waynesburg, 23 de septiembre 1949

Queridos Luis y Maruja:

Casi una a continuación de la otra, recibimos vuestras cartas. Sabíamos por unas líneas de Elena que os encontrabais en Inglaterra con los Dieste y Anthonisen, pero todo parecía muy vago. Por otra parte, tuvimos una carta de Colmeiro desde Vigo; esta carta también nos dejó patitiesos, y una vez que reaccionamos, nos produjo gran alegría saberle otra vez en directo contacto con aquella vida, con aquella luz, con aquel paisaje cuyo secreto conoce como pocos. Todo un mundo de recuerdos se me echó encima y a Alicia le pasó otro tanto, así que por más de una semana anduvimos amorriñados pensando en Galicia, la misma de Colmeiro, la de todos los amigos más íntimos. También vuestras noticias fueron para nosotros un revulsivo sentimental. Alicia conoce bien Richmond y paseó varias veces por ese parque; allí embarcamos en distintas ocasiones para ir a visitar Hampton Court. También dimos vueltas por el Támesis por distintos sitios, y este revulsivo nos trae muchas evocaciones, especialmente de cuando vivíamos en Reading con Garrán. Me habría gustado contestaros inmediatamente, pero estamos a comienzos de curso y estas cosas aquí son en extremo complicadas. Todo el profesorado se halla obligado a participar en mil ceremonias, unas de día, otras de noche, algunas cortas, otras larguísimas. Aún ahora estoy con los líos de horarios, programas, libros de texto, estudiantes que abandonan unas asignaturas para tomar otras, etc., etc.
Elena nos dice en una carta reciente que estuvo en tu exposición y allí os presentó el amigo Garrán. ¿Qué pasó? ¿Qué dice la crítica de tus cosas? Ardo en curiosidad por saberlo, pues aparte del gran mundo del arte que se encuentra en toda gran ciudad, el público medio es en Inglaterra bastante romo. Además los años de guerra debieron ser fatales para la educación del gusto artístico. Nos alegramos de que os guste Inglaterra. Para trabajar es un sitio excelente, porque entre otras muchas cosas muy agradables nadie tiene interés en amargarte la vida con pequeñas jactancias, intolerancias, pedanterías... Todo esto, aunque debe existir en lo profundo en alguna medida, está controlado y su manifestación es siempre un asunto de mal gusto. Otra ventaja es que todo el mundo trabaja y en firme, y aunque a veces se eche de menos alguna de aquellas reuniones de España y la Argentina, siempre hay otros modos de compensarlo con una visita a un museo, con un paseo por un parque, con la compra de un libro... Pero todo esto que te digo es ocioso ahora, que estáis ahí y podéis comparar esa vida con muchas otras. Sólo os diremos que nosotros en este que se llama el Paraíso, y que en muchas cosas lo es, añoramos Inglaterra, sobre todo Alicia que tanto ha sufrido aquella desfachatez envidiosa, aquellas jactancias de esposas de prohombres bonaerenses. ¿Por qué no tientas alguna editorial ahí, mostrando tus colecciones, no las más avanzadas como Botella al mar, sino las de EMECÉ y Nova? El libro ha sido siempre ahí objeto de una atención singular y los editores e impresores han dado bastantes facilidades a personas de iniciativa.
De Dieste tengo promesa de una carta de contestación a otra mía; veremos cuando cuaja. Anteayer tuve carta de Souto. Se le casó la hija y el hombre está aplanado. Me habla de problemas de adaptación, de sus anhelos de volver a Galicia, de una exposición que tiene solicitada de Cuba, de la posibilidad de venir a Estados Unidos, etc. y me ruega que le escriba y que con “mi equilibrio y serenidad” le dé ánimos en esta hora crítica. Claro está que le voy a escribir, aunque el sólo escribe cuando tiene nostalgias. Me pregunta por vosotros. Una de las buenas cosas de nuestro grupo céltico es sin duda esta cohesión espiritual, por encima de esos politiqueos y doctrinalismos que tanto han quebrantado a otros grupos. Yo creo humildemente que no debemos perder este sentido de la estima y de la cordialidad personal, sino que es necesario robustecerlo y generalizarlo tanto como sea posible. Claro que no siempre está uno de humor para escribir, pero es un sacrificio que vale la pena de ser aceptado.
Dile a Garrán, si le ves, que le recordamos a él, a la señora y a Mañí y que les deseamos a todos mucha suerte. No sé si alguna vez en Buenos Aires te he dicho cuando me dolía no estar en condiciones de hacer algo a su favor, pues bien sabía por que condiciones estaba pasando. Hablé, entre otros, a Cimorra y a Roberto, pero como yo, se mostraron impotentes.
Bueno, amigos, que tengáis la suerte que merecéis. Aquí muy ocupados todos, cada uno a su manera. Alicia dio ayer una conferencia en Washington, Pa. en un club universitario muy numeroso y parece que tuvo mucho éxito. Cuqui está en cama con anginas y yo tengo la cabeza hinchada de nombres de alumnos nuevos; hay tal entusiasmo por aprender español que no nos damos a basto.
Saludad a todos los amigos comunes de nuestra parte y hasta la vuestra, y que sea larga, que llegue pronto y que traiga muchos éxitos.

Abrazos de

J. Otero

[Manuscrito por Alicia:] Queridos amigos:

Nos alegramos de que estéis ahí y os guste como a nosotros, pero sentimos el reúma de Luis. Talvez no le convenga vivir en Richmond. ¿Qué tal la exposición? ¿Mucho éxito? Daros un paseo por Regent´s Park de nuestra parte y otro por New Gardens.
Otro día escribiré más, ahora andamos locos de compromisos ineludibles (porque si no los eludiríamos de buena gana).

Un abrazo de Cuqui y otro mío.

Alicia


1959-02-26
Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1959
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1959 en 26/02/1959

[Manuscrito:] Washington, 26 de febrero de 1959

Querido Seoane:

Hace cosa de unas semanas recibí un paquete de libros y revistas tuyos. Esta carta, que tuve que demorar por razones de familia más de lo debido, tiene por objeto agradecerte el envío en primer lugar y en segundo, darte a vuela pluma mi parecer sobre el esfuerzo editorial que vienes haciendo con la ayuda de Baltar y otros amigos.
El abrir el paquete fue una sorpresa muy grata; como un chiquillo me puse a barajar el contenido y pasé de una publicación a otra atraído por los colores, las ilustraciones, los formatos, los títulos..., con la excepción de A fiestra baldeira, todos nuevos para mí. Repuesto de la sorpresa del momento, eché mano a Grandeza y decadencia del Reino de Galicia y, a pesar de lo mucho que otros títulos me atraían, no lo solté hasta llegar a la última página. Me interesaba el asunto en primer lugar y luego me ganaron las demás cualidades del libro: estilo claro y directo, ponderación del conjunto, enfoque “atlántico” del tema, selecta bibliografía, etc. Creo que eliminando ciertas reiteraciones (más frecuentes al comienzo de los capítulos), dividiendo el texto de cada capítulo en discretos encabezamientos, eliminando algunas erratas, añadiendo unos cuantos mapas y fotografías bien escogidos y elaborados, esta obra se convierte en un estupendo manual de Historia de Galicia. Por mi parte, siento mucho no haberme encontrado hace muchos años con un libro como éste, don de ni el amor a Galicia ni un lirismo atropellado restan objetividad, ponderación, equilibrio y valor histórico y didáctico a la obra. Ojalá que ésta se agote cuando antes y en una segunda edición tengáis en cuenta los pormenores indicados y otros –índices de autores y analíticos, cuadros de linajes y reyes, tanto de Galicia como de León, Portugal, Castilla, Navarra, etc.– que, sin encarecer la obra y alejarla de las posibilidades económicas del lector, destaquen sus méritos fundamentales. La portada es, como en general la de todos los libros y revistas que me enviaste, un acierto definitivo. Varios amigos de aquí se quedaron muy sorprendidos por la gracia consumada de estos libritos, que tanto contrasta con la petulancia y la mostrenquez de lo que por aquí se publica. No menos les sorprendió que se tratase de un esfuerzo individual y que en Buenos Aires se publiquen libros y revistas en gallego. Pero este es asunto para otra carta.
A fiestra baldeira –creo que rehecha de arriba abajo– es una joya literaria y un primor editorial. Tanto el texto como la cubierta tienen la exquisitez de la Ría de Arosa vista desde la citanía de Santa Eugenia de Ribeira o desde el Barbanza en una mañana luminosa de primavera, toda ella florecida de velas diminutas y sus aguas flameando bajo la “lestía”. Tiempo llegará en que se represente en cada teatro, grande o pequeño, de las ciudades y villas costeras de Galicia, y en que un nutrido grupo de artistas gallegos hagan de ella una película estupenda, con toda la Galicia marinera por fondo: tabernas, peiráns, mercados, barcas, cons, playas, redes..., todo en fin cuanto –de cerca o de lejos– nutre A fiestra baldeira tal como acaba de llegarme. Otro libro que leí muy pronto fue el de Fole, por lo que me gustó su libro anterior A lus d´un candil. Es un poco chocarrero, pero tiene frescura de lenguaje, una espontaneidad casi aldeana, un vocabulario tan vivo, una jovialidad, un humor estupendos...
Me interesó mucho el ensayo de Parga Pondal. Su tesón y su esfuerzo me parecen admirables y en línea con los de aquellos gallegos del siglo pasado que, en medio de la indiferencia de los centros culturales de Galicia y de toda España, hicieron una labor ejemplar y si se quiere gigantesca... La pena es que Galicia y España sigan en el mismo marasmo en momentos en que hasta las tribus de África están despertando.
Esta carta no acabaría nunca si me dejara llevar del entusiasmo. Dejemos, pues, el asunto para otra carta más sosegada. Alicia y yo estamos todavía con un nudo en la garganta por la marcha, el día 20, de Cuqui y su hijo a Bruselas. Vivieron con nosotros desde hace un año mientras el marido de Cuqui terminaba sus estudios en la Universidad de Columbia, y ahora que éste tomó posesión de un empleo en la organización de los mercados europeos, se fueron aquélla y el niño a vivir con él. Mientras estuvieron aquí, la casa estuvo revuelta, los libros escondidos en el sótano, la máquina de escribir cerrada en un rincón porque Pablo no dejaba títere con cabeza. Ahora la casa va recobrando la normalidad externa, peor el vacío que en ella reina es espantoso... sobre todo para Alicia, a quien Pablo adoraba y absorbía por entero. Todavía no tuvimos carta de ellos, pero sabemos que el avión ha llegado sin novedad a su destino.
Voy a recoger todos mis papeles, poner en orden algunos poemas y otros escritos esporádicos, y ponerme a escribir. Desde mi salida de Buenos Aires tengo muy presente que te debo un libro de versos en gallego, y estoy determinado como siempre a cumplir mi palabra..., si bien en este caso importa más que cumplirla, cumplirla bien...
Aprovecho esta ocasión para decirte, por si pudieses pensar lo contrario en cualquier momento de desánimo, que nuestro silencio, debido a circunstancias difíciles de explicar, no se debió a nada que se parezca a falta de amistad y menos aún de admiración. Aunque ello parezca paradoja, más que a falta de cualquiera de las dos cosas, se debió a exceso de ellas... Pero esto tampoco se puede explicar como no sea de palabra o en un libro de muchas páginas... Dejemos las cosas en este punto, pues, en espera de una ocasión más o menos providencial.
Nuestros vivos recuerdos a tu familia, a los Dieste y demás amigos, que no cito por ser tantos, y para vosotros dos un abrazo muy hondo y un aturuxo que resuene desde Castro a la Arzúa.

Otero

¿Está Baltar por ahí o en Galicia?

[Manuscrito por Alicia:] Mucho cariño para los dos de Alicia.


1972-01-15
Carta de Otero Espasandín a Luís e Maruxa Seoane. 1972
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Luís e Maruxa Seoane. 1972 en 15/01/1972

Washington, D. C.; USA
3521 39th Street, N. W.
15 enero de 1972

Queridos Luis y Maruja:

Después de muchos intentos fallidos, acabamos de recibir vuestras señas en Buenos Aires, de Carmen y Rafael. Más de una vez los hemos acosado con preguntas sobre el paradero y la suerte de los amigos, pero solían contestar mucho después de haber recibido las cartas y de haberse olvidado de lo que les parecía secundario y daban por descontado. Esta vez nos pusimos “serios” con ellos, lo que nos valió el recibo de dos cartas, una de Carmen, con muchos pormenores, metódica, documentada, y otra a Rafael, magnífica como suelen ser todas las suyas, y bastante explícita sobre las mudanzas ocurridas por allá en diversos órdenes de cosas. Al parecer, se van aflojando los ánimos poco a poco y se pueden enviar una carta fuera del país en la que se comentan –en términos bastante comedidos y académicos– aciertos y desaciertos. Lo que más nos alegró de ambas cartas es lo que os atañe a vosotros; tus triunfos en la Argentina y otros países, tu alianza con Díaz Pardo en proyectos de cerámica, en la creación del Museo Carlos Maside y en otras labores culturales. Todo ello es admirable en sí mismo y como promesa, como anticipo de lo que se puede hacer en circunstancias desfavorables o que tales parecen vistas desde aquí.
Comprenderás que estas cartas no han hecho más que abrirnos el apetito. Nos gustaría saber que se publica en gallego, bien en Galicia o fuera de ella. Aquí sólo llegan algunos libros de la editorial Gredos, porque tratan de asuntos que interesan a los estudiantes de la literatura española y temas afines, y los de las colecciones baratas de Buenos Aires: la de Losada y la de Espasa-Calpe. Me han dicho en Portugal que Galaxia ha editado bastante en gallego, pero no me fue posible poner la vista encima de ninguno de sus libros, ni menos de su catálogo. ¿Qué hace la Academia Gallega, de la que Sabell y Dieste forman parte? Me imagino que tendrá una buena biblioteca y ejemplares de muchos libros agotados, sobre todo diccionarios, como el de Carré, el de Cubeiro y otros. ¿Se enseña el gallego en la Universidad de Santiago y en los institutos de segunda enseñanza? Creo haber oído que en Lugo enseñaba un destacado profesor de gallego. Aquí me prestaron el Manual de Dialectología española, de G. de Diego, en que se dedica bastante atención al gallego. También he visto alguna referencia a un tratado de gallego publicado en Barcelona. Pero mis noticias son nebulosas, y si bien podría aclararlas un poco sumiéndome en la Biblioteca del Congreso, se da el caso que está lejos de mi casa y cuando se llega allá es poco menos que la hora de cerrarla, aparte de muchas otras dificultades. Una grata novedad para mí fue la publicación de la General Estoria por Martínez López, un esfuerzo este espléndido que acaso sirva de ejemplo y de estímulo a otros profesores españoles. Tuve noticia de esta publicación por Dieste. Inmediatamente, escribí al autor a Tejas, quien me envió un ejemplar a vuelta de correo. Carmen acaba de anunciarme que Martínez se retiró y vive en Santiago. Ojalá que, ya libre de obligaciones docentes, dedique su talento y su preocupación a trabajos parecidos en pro de la lengua gallega, de la que tanto hay que aprender. Una Gramática Histórica Gallega, precedida de unos capítulos de fonética, sería un tema muy apropósito, en el que además podrían colaborar otros especialistas.
Sentimos mucho no haber podido veros en Portugal. No teníamos a la sazón idea de que estuvieseis tan cerca. Alicia estaba muy mal y hubo que salir con bastante precipitación. Ahora estamos pensando en la posibilidad de un viaje a Europa, en primer lugar, para ver a Cuqui y a los suyos, en segundo, para echar un vistazo a la situación en general. Y pienso visitar Vigo y La Coruña y pasar unos días con los amigos. La vuelta a España me parece muy difícil por varias razones. Al final de este año empiezo a cobrar mi pensión del Estado, y si la vida aquí no sigue encareciendo, talvez pueda dedicarme a mis cosas, no muy bien definidas aún. Ahora enseño español, trabajo durante horas en el Departamento de Agricultura, traduzco y sobre todo preparo para la imprenta monografías científicas, algunas de ellas escritas por argentinos con pujos literarios y ringo-rangos de tangos. De esta manera, nos vamos defendiendo de esta inflación que nos viene comiendo sin piedad.
Hay pocos amigos con quien hablar; los que hay, están metidos hasta las orejas en sus trabajos de rutina y pasan meses sin hacernos una llamada telefónica. Por mi parte, de vez en cuando hago una “escapada”, como la llama Alicia, a las librerías donde se venden libros extranjeros o a las de segunda mano, de las que quedan pocas, y vuelvo con la cartera repleta. Lo malo es que al llegar a casa tengo que ponerme a la máquina y dejar los libros adquiridos dormir por los rincones de la casa. Con frecuencia y para romper la rutina, salimos en coche por las orillas del Potomac –el río que pasa por Washington y refleja los grandes monumentos de los hombres más ilustres de la historia de Estados Unidos–, donde abunda la vida silvestre: ardillas, pájaros, etc. y sobre todo, los árboles de las más variadas especies, algunos centenarios. Por las cercanías del río hay grandes granjas, con vacadas hermosísimas; hay también grandes plantaciones de frutales, en especial melocotoneros y manzanos, donde nos aprovisionamos de fruta cuando está madura. Lo más interesante de estos paseos, parte en coche y parte a pie, son las flores silvestres, que se suceden a medida que avanzan la primavera y el verano. Hay multitud de especies, y algunas cubren grandes praderas y terrenos baldíos. Tendrías que ver esto, este paisaje que nadie pinta y creo que pocos admiran. No recuerdo haber visto en nuestros paseos un solo pintor con el caballete. Sí, hay gente que disfruta la naturaleza, y ya quisieran otros países donde he vivido tener tantos expertos en asuntos de conservación, de parques públicos, de observadores y protectores de aves y miles de cosas más. Pero, en cambio, la pintura no tiene el arraigo que debiera, y en particular el paisaje no recibe el homenaje que merece de los pinceles.
Pero hay que dejar que la gente madure o por lo menos una fracción de ella. Llegará algo así como un Monet washingtoniano que capte, a su manera, esta luz, estos horizontes cerrados por sus colinas azules, ora fijas por la transparencia de la luz, ora deslizándose como una melodía, como un tropel de olas en alta mar, levemente esfumadas en la neblina. Los reflejos de este río son indescriptibles en todas las estaciones, lo mismo cuando queda convertido en una grieta de hielo zigzagueando entre los bosques a lo largo de cientos de millas, que cuando avanza, lento y constante, cargado de nubes, de sombras estremecidas de árboles a punto de reventar al comienzo de la primavera o saturados de colores en el otoño.
Sé que estáis ambos muy ocupados y no quisiera que esta carta sea otra cosa que un contacto espiritual con vosotros, tras esa prolongada discontinuidad. Sin embargo, acaso tengáis unos momentos para escribirnos unas letras y dejarnos saber como van vuestras cosas. Nos acordamos mucho de los amigos, de las personas, y muy poco –seamos sinceros– de los demás. Buenos Aires ha sido muy duro para mí, y me quedan muchos recuerdos dolorosos de él, en parte debidos a mi carácter, en parte a las estrecheces que tuve que afrontar. ¿Sigue Varela en Buenos Aires? ¿Cómo están tus [escrito na marxe esquerda:] padres, Luis, y tu hermano? ¿Vive Ramón Baltar? Carmen nos contó la muerte trágica de Farias. Etcétera, etcétera.

Un gran abrazo

Otero

[Manuscrito na marxe esquerda por Alicia:] Queridos amigos: ¡Cuántos años sin saber de nosotros! Ya podíamos escribir a Bartolomé Mitre! Luis, muchas felicidades por todos tus éxitos. Este país es hermoso, como dice Ote, pero lo han puesto al revés. Yo ayudo a Ote en sus traducciones, enseño español en casa y me dedico a “las faenas propias de mi sexo”. Disfruto el campo y el paisaje y leo mucho. Acabo de terminar los Diálogos de Platón. Ahora estoy a vueltas con Ortega.

Abrazos.

Alicia


1972-05-20
Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1972
Ver [Carta mecanografada con correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Otero Espasandín a Seoane. 1972 en 20/05/1972


20-V-72

Querido Seoane:

Ya se marcharon la hija y la nieta y quedamos otra vez solos Alicia y yo. Eliminadas las tareas aplazadas por razón de su presencia en este piso tan pequeño, paso a cumplir la promesa de escribiros una larga carta, sin consideración al mandato retórico de que las cartas tienen que ser breves. Empezaré por deciros que tenemos una nieta muy inteligente, callada, sufrida y dinámica como un relámpago. Juntos hemos corrido por estos parques y hemos trepado rocas y salvado barrancos. Y cuando el sitio era a su juicio peligroso, me extendía la mano y tiraba de mí con todas sus fuerzas. ¡Qué pena verlas partir después de un par de semanas indescriptibles!
Ahora quiero decirte, aunque no sea necesario, cuánto agradezco el libro y los catálogos, los cuales más que saciar mi apetencia de ver cosas tuyas, de conocer tu producción posterior a mi estancia en Buenos Aires, han avivado mi avidez. Lo que dicen Whitelow, Lainez, Payró y hasta Varela más bien parecen cosas de ocasión, para salir de algún aprieto o coyuntura. A mí no me dicen nada ni de lo que conozco de antaño ni –supongo– de tu labor posterior. Una línea segura, afanosa –y casi todas lo son– de tu lápiz, pincel o lo que sea, deja a tales críticos o comentaristas en el aire. No han sentido, no han percibido (al parecer) la revelación, el relámpago, el borbollón cálido e inesperado que cada palmo, cada brochazo nos mete por los ojos y empuja, sumido en un halo de ternura, hasta las capas más recatadas y profundas de nuestra sensibilidad. La presencia de cada cuadro, de cada dibujo, desnudo de color en la reproducción o someramente velado por él, es una presencia “presentida” pese a su total novedad: parece más bien decirnos: “He aquí lo que esperaba, esa realidad que tu sensibilidad y tu nostalgia reclamaban desde hace mucho, algo categórico cuya ausencia del horizonte de tus ansias y de tus ojos te desazonaba”. Y sí, es cierto; no hay posible objeción. La “ausencia”, el anhelo de lo no creado, aún el presentimiento de lo no pintado o dibujado queda plenamente logrado o satisfecho: nada falta, nada sobra. Y nos entra muy hondo y nos restituye la confianza, la fe, el sosiego. Hay una jubilosa “toma de posesión” al contemplar una obra de arte por primera vez, aunque hayamos de conceder que no todos los que la contemplan sientan el júbilo inmediato. Y esto se percibe con cabal nitidez ante tus dibujos, tus cuadros. Casi parece a veces que el artista fuese “secundario”, el “instrumento” o ciego ejecutor de un mandato. Pero dejemos esto porque nos enzarzaría en peligrosas espesuras. Baste decir por el momento que el ensayo de interpretación de tu obra que yo ansío y creo que tú necesitas para centrar tu futura labor, tras tantos años de creación vertiginosa, está por escribir. No bastan “bondadosos” comentarios, y casi me permito la descortesía de declarar que a estas alturas sobran. Y lo mismo sobran tantas referencias a visiteos, amistades, paraderos de cuadros, exposiciones y algunos libros que nos sean esenciales. ¿Para qué convencer al que no ve ni verá y tiene que ser un parásito –en el mejor de los casos– de los videntes? Una joya de verdad, auténtica y trabajada con ojos lúcidos y manos hábiles, basta para el comprador sagaz. Hay que desconfiar del escaparate del judío. Y lo mismo de su clientela.
Con ocasión de la llegada de tus publicaciones, reuní lo que por aquí tengo a mano, como el Homenaje a la Torre de Hérules, Botella al mar, etc. y volví a maravillarme de tus ilustraciones del libro de Gobineau. Algunos amigos que las vieron, después de ver otras varias cosas, se quedaron boquiabiertos ante estos tipos del Renacimiento, que no sé “cómo pudiste dar con ellos” en el hondón de raigambre gallega. No vi ninguno de estos “frailazos” en los folletos, y los eché mucho de menos. El conjunto de ellos –de los dibujos– constituye un despliegue de talento, de capacidad creadora, de humor, en fin, de genio, para ser justos y breves, suficiente para “revelar” un artista y hasta para consagrarlo.
Por mi parte, hace mucho que no escribo una línea “mía”. He trabajado y sigo trabajando mucho para hacer frente a la pura necesidad. Leo todo lo que puedo, pero no mucho. Quisiera hacer un viaje a un país de habla española para adquirir ciertas obras. Los Dieste nos invitaron a pasar unas semanas con ellos en Rianjo el verano próximo, pero antes que a Rianjo, pese a lo que me gusta, iríamos a Bruselas, y talvez a Barcelona. No sé aún si este verano me ofrecerán o no un puesto en el Departamento de Agricultura: en caso afirmativo, el viaje me sería más fácil, porque me concederían vacaciones pagas, y bien pagas.
Escríbeme. Mándame algún libro en gallego que encuentres por ahí. ¿Se reeditó la Historia de Galicia que me enviaste hace ya muchos años?
Un gran abrazo para ambos –una Torre de Hércules– de vuestro

Otero


TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Seoane, LuísSeoane, MaruxaFernández del Riego, FranciscoOtero Pedrayo, RamónCarballo Calero, RicardoDíaz Pardo, IsaacDieste, RafaelGarcía-Sabell, DomingoVarela, LorenzoPiñeiro, RamónPaz-Andrade, ValentínHervella, EvelinaCela, Camilo JoséMaside, CarlosCunqueiro, ÁlvaroCastelao, Cuadrado, ArturoFerreiro, Celso EmilioColmeiro, ManuelLaxeiro, Fole, ÁnxelMurguía, ManuelCabanillas, RamónLedo, XohánBlanco Amor, EduardoLapa, Manuel RodriguesMartínez López, RamónBouza Brey, FermínIglesia Alvariño, AquilinoMagariños Negreira, XuliánDelgado Gurriarán, FlorencioValle-Inclán, Ramón MaríaPicasso, PabloArias “Mimina”, CarmenCastro, Rosalía deCabana, Darío XohánPrada, RodolfoÁlvarez Blázquez, Xosé MaríaRei, LuísNeira Vilas, XoséPorteiro García, María XoséValcárcel, MarcosCampos, Xesús “Chichi”Scheimberg, SimónNúñez Búa, XoséFariña Cobián, HerminiaRónai Pal, PauloPondal, EduardoMuñoz Manzano, CarmenDónega, Marino Temáticas: artes Fondo: Luís Seoane depositado na Fundación Luís Seoane. Álbum de Galiciaartes visuaisasuntos particularesmigraciónsemigraciónautores/asmedios de comunicaciónhistoriapolítica Colección: Otero Pedrayo e Carballo Calero prensa escritaespazos artísticosMulleresFondo: Arquivo da Fundación Pública Galega Camilo José Celaexilio galegoColección: Isaac Díaz Pardo e Luís Seoaneaxentes culturaislinguaA nova Sargadelospoesía Fondo: Valentín Paz-Andrade no seu arquivo persoalFondos de Radio Nacional de España en GaliciaÁlbum Nósexilioradio“cartografías” do Álbum de mulleresdereitoLingua. LiteraturanacionalismoMulleres no Álbum de GaliciaColección: Paulo Rónai con Paz-AndradeensinoHistoria da Literatura Galega ContemporáneamúsicapremiosColección: Manuel Rodrigues Lapa con Ramón PiñeiroetnografíaFondo: Ramón Piñeiro na Fundación PenzolLibro de TapasFardel d’eisiladosociedadeGalería Boninoteatroartes escénicasentrevistanovelapatrimonioviolencia

Warning: Unknown: 2 result set(s) not freed. Use mysql_free_result to free result sets which were requested using mysql_query() in Unknown on line 0