Entidade: Museo Guggenheim de Nova York

Entidade: Museo Guggenheim de Nova York [2]

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1967-05-11
Carta de Pagano a Luís e Maruxa Seoane. 1967
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Transcripción da Carta de Pagano a Luís e Maruxa Seoane. 1967 en 11/05/1967

Mayo, 11, 1967

Queridos Maruja y Luis Seoane:

Desde México y luego de Nueva York, les envié sendas tarjetas para saludarlos y comunicarles el insólito viaje que realizamos Silvia y yo. Y digo insólito porque lo decidí en menos de 48 horas.
Silvia viajaba con su hermano y cuñada; el itinerario me tentó y sin pensarlo demasiado me largué. A último momento Henry, Raquel tuvieron que desistir de viajar y lo hicimos solitas.
La 1ª etapa, México, resultó magnífica. El plan que nos habíamos trazado era muy ambicioso y lo pudimos realizar a costa de una tremenda fatiga. De los 18 días que estuvimos en México, quedamos 10 en el Distrito Federal y sus alrededores.
Aquí quedamos deslumbradas con su Museo Arqueológico, que visitamos varias veces. Existen varias colecciones privadas, entre otras la de Diego Rivera con una riqueza artística increíble. Hemos visitado cuanto edificio tuviera murales de Rivera, Orozco. Seguimos a Tamayo. Me atrevo a decirles que Rivera me aburrió por lo repetido, en cambio el que fue creciendo para mi fue Orozco.
Hemos visitado hermosas iglesias de los siglos XVI, XVII en el interior de México, cerca de Puebla, especialmente, Santa María de Tonantzintla de un barroco popular indígena hermosísima. Su interior está totalmente decorada en blancos, dorados, azules, rojos con cabezas de niños ángeles pintados en forma brillante. (Silvia, trajo diapositivas de esta iglesia y a nuestra vuelta las veremos). Hemos visto a Sequeiros pintando en el Castillo de Chapultepec un mural muy hermoso.
País increíble, México: condena a un artista por participar en un movimiento de maestros a cuatro años de cárcel, luego lo deja en libertad y le encomienda la pintura en los muros de edificios públicos. Al mismo tiempo, está pintando en Cuernavaca un mural de 10.000 m2. Se imaginan? Tendrá que pintar durante todo el tiempo que le falta vivir, que esperemos sea mucho; porque se lo ve muy bien y muy vital. El día que lo vimos había comenzado a trabajar a las 8 de la mañana y regresó a su casa a las 21 horas. Confiesa tener 70 años. Nos invitó a su casa, estuvo cordialísimo y tiene emocionados recuerdos de la Argentina y sus artistas.
En la ciudad de México encontramos a los Baudizzone y luego los volvimos a ver en N. York.
Dejamos la capital y nos fuimos al encuentro del arte maya en Yucatán; Palenque en Talaxo y luego Uxmal y Chichén Itzá en Yucatán. Aquí el segundo descubrimiento.
En verdad, poco conocíamos del arte indígena prehispánico, pero los mayas tenían una riqueza cultural y artística que nos deslumbró. En Chichén Itzá, en medio de castillos y palacios, el juego de pelota, etc., un observatorio astronómico digno de la era electrónica. Sus calendarios, el ritual y el solar con conocimientos de astronomía y matemáticas y su arquitectura. En Palenque, hemos visto la más pura arquitectura maya en medio de una vegetación tropical, de la que se extrajeron estas riquezas artísticas, porque la maleza la había cubierto totalmente.
Yo no conozco América, pero creo que México es América. Todo su pasado es tan auténtico y lo exhibe con tanto orgullo!
Cualquier hombre de la calle, hasta un vigilante, lo orienta al turista al encuentro de la riqueza artística de México.
Hemos tenido muchos contactos humanos. Hemos conocido gente muy interesante, hemos viajado en los camiones, como ellos le llaman al ómnibus, donde viaja la gente del pueblo. Y hemos conversado con ellos. Qué país contradictorio!
Por un lado, nos exhiben con orgullo su pasado histórico y, sin ningún pudor, sus miserias actuales, alternando con los signos del gran progreso la miseria más tremenda. En medio de las lujosas avenidas el mestizo y [la] mestiza descalzos con harapos, envuelta la mestiza con el rebozo y dentro del mismo un niño prendido a su pecho y en las espaldas otro niño casi desnudo.
En Acapulco, donde estuvimos de paso un día, una niñita totalmente desnuda de dos o tres años sucia de tierra, porque seguramente en la choza donde vivía dormía sobre letrinas, cuando me vio pasar, me dijo : “Hellow, one pesos” me pedía la limosna en inglés. Y entonces nos preguntábamos, y la Revolución Mexicana?
Del Yucatán pegamos el salto y llegamos a N. York, EE.UU.: otro país, otro mundo.
Sin pasado cultural ni artístico, posee todo cuanto el hombre puede adquirir con dinero: grandes museos, grandes teatros, grandes salas de conciertos, grandes galerías de arte, grandes colecciones privadas, etc., etc.
Si en el Museo Metropolitano faltan muchos artistas del Renacimiento, en cambio, hay 26 Rembrandts. Si en la sala de escultura griega es pobrísimo, tienes Degas, Monet, Renoir, Gauguin o montones y qué decir del Museo de Arte Moderno?
Además la gente se interesa muchísimo por cualquiera de las manifestaciones del espíritu, la prueba está en que no hemos podido conseguir a ningún precio localidades para el teatro ni para un concierto ni ópera.
Hemos visitado a Bonino y su hermosa galería. Exponía una muchacha, cuyo nombre no recuerdo; el apellido era alemán muy raro, exponía cosas ídem.
Estaban en ese momento Le Parc y Bonevardi, un argentino que tiene gran éxito en EE.UU. y vende mucho.
Hemos visto una gran retrospectiva de Paul Klee en el Guggenheim y, no obstante, haber 10º bajo cero de temperatura en la calle, la gente hacía cola para entrar.
Nueva York como ciudad no me impresionó mayormente. Sí, en cambio, me sentí como sepultada en medio de tanto rascacielo. Yo pienso que así serán las ciudades del futuro, pero desearía que fueran más a la escala humana.
Queridos Seoane: hoy he sentido nostalgia de Uds. por eso me he puesto a escribirles. A la mañana, hojeando el Clarín, leí las noticias de la exposición en Colonia. Yo ya lo sabía por algunas de las cartas de los amigos que he leído. Les deseo mucha suerte.
De estos pagos, creo que no tengo nada que agregar a lo que escriben de aquí los amigos... No obstante, el nuestro es un gran país. Vuelvan, los esperamos. Reciban un fuerte abrazo de

Sarita

Saludos de todos los míos y especialmente de Falcini que, por suerte, está muy bien.


1975-09-02
Carta de Pérez Prado a Seoane. 1975
Ver [Carta mecanografada con firma autógrafa e correccións manuscritas]

Transcripción da Carta de Pérez Prado a Seoane. 1975 en 02/09/1975


Buenos Aires, 2 de septiembre de 1975

Mi querido Seoane:

Hace ya largo tiempo recibí su carta. Hoy, como en aquella mía que usted contesta, vuelvo a mis tribulaciones cinematográficas.
Con mil inconvenientes, con periódicas glaciaciones, con prolongadas y vociferantes sequías, con desalientos aluvionales y con varias y firmísimas determinaciones –por cuenta de Prelorán y por mi humilde cuenta– de plantar, abandonar y entregar, quizá con un suspiro de alivio, todo el material filmado, seguimos adelante con nuestro Castelao. Y ahora y aunque parezca mentira –a mí me parece un sueño– estamos ya en la última etapa y es más fácil terminar la obra que dejarla morir nonata. La filmación que resta será la de algunas fotografías que aparecerán en nuestras excavaciones de periodismo arqueológico; unos segundos más o, como diría nuestro barbado Prelorán, algunos pies de film y listo. Tenemos lo suficiente para cien minutos de proyección; el material desechado no es mucho: quizá otro tanto. Esa relación de 2 a 1 es muy económica y debemos agradecérsela a Jorge quien ahora es medio gallego y del todo galleguista. Él supo disparar su cámara con acierto sobre los documentos que allegamos entre todos, batiendo la selva de papel. El ojeador más fértil, Roberto Rodríguez, encargado de la biblioteca del Centro, mostró un ansia venatoria indeclinable.
Yo soy el autor del libro, según rezan los carteles. Mi oficio, sin embargo, tiene más requilorios y fue más complicado; pues debí meter en el asunto a Prelorán, adobar y condimentar a nuestro gusto la marmita, luchar en dos frentes principales y en multitud de secundarios y demostrar, en fin, que la raza de los Gondomares dura tanto como nosotros. A veces, lamento no haber escrito un diario, un journal de la película; otras creo que hubiera sido casi imposible derramar en papeles tantas incidencias y tantas malas sangres, fatigosas dialécticas y tornadizas meteorologías. Pero no sé si alguna vez, con más recuerdos que documentos, no me pondré y, al volar de la máquina, no dejaré crónica del periplo. Le aseguro que tendría su interés y, por lo menos, justificaría tal cual defecto o exceso.
Castelao irá en dos grandes rollos: primera y segunda parte. En 35 mm lo común es tener dos proyectores a mano; en 16 mm eso no suele ocurrir. Hay que contar con un intervalo, pues, que sería brevísimo en caso de no rebobinar enseguida. La banda sonora es del tipo llamado internacional, para distintas versiones. Por ahora grabaremos dos: castellano y gallego.
El orden que sigo en el relato es el lineal y cronológico, casi siempre. Fotografías de Castelao, sus dibujos, las fotografías de personajes o sucesos que fueron importantes en su vida y en lo que más importó a su vida; algunos metros de película que nos lo muestran en viajes, inevitables banquetes y hemerotecas. Ese material gráfico es la imagen que apoyan meses de librerías, archivos y principales: la de Castelao y la del relator; muchas otras, diversas, recitan los famosos epígrafes. Si estuviéramos filmando un libro mío cualquiera, previo y completo, las cosas me resultarían menos inquietantes. Yo sería el autor de unas letras y Prelorán buscaría los señores que las pronunciaran y los escenarios en que lo hicieran. Pero nuestro camino discurre exactamente al revés. Encontramos las escenas, los documentos gráficos y debemos armar –y modificar continuamente, sin perder el norte– la historia para sacarles provecho y ensartarlos como perlas. Imagine mis piruetas.
Después de no pocas escaramuzas iniciales y de un paciente trabajo doctrinario que me dio al fin sus frutos en Prelorán, conseguimos armar una estructura con ritmo cinematográfico –a pesar de la sofocante mayoría de escenas fijas– y, creo, eficaz. Quiero decir que cualquier persona de mediana sensibilidad y completa ignorancia en la materia puede tolerar sin fatigas esa hora y media y ya no puede ignorar quien fue Castelao y cual su lucha y cuales los problemas de nuestra patria gallega.
La película empieza con fotografías de la niñez de Castelao y con su voz. Todos los parlamentos que dice esa voz en primera persona están sacados textualmente de sus obras: libros, discursos, papeles diversos. Yo traduje con fidelidad y recorté con intención y de la manera que convenía según nuestro propósito y las posibilidades de imagen con que contábamos. Prelorán fijaba los estrechos límites temporales. Así Castelao, con fragmentos de su obra, nos cuenta su vida y explica lo que mostramos ayudado por el relator. Pero esa estructura debía contener su mensaje patriótico en forma clara y agónica, dramática. Y yo tenía que hallar la manera de representar o encarnar de algún modo la tontería centralista, la españolada de chafarrinón, el menosprecio de corte. Y entonces, y para los años que llegan al advenimiento de la Segunda República, elegí como figura contrapuntística a don Alfonso XIII. Con la imprescindible y santa pequeña injusticia y perdonable malicia que tienen inevitablemente estas cosas, elegimos entre sus muchas fotografías aquellas que lo muestran en sus diversos años y en su constante bobalicón perfil. Atusándose el bigote en una, vestido como un polista británico en otra, al comando de un luciente automóvil en esta, empingorotado y con charrateras; en un sarao, en un arenal de Marruecos o dando limosnas; en una corrida de toros, en el palacio, en el hipódromo. No es mucha imagen real en total computable, pero cada una de las veces en que interrumpiendo el relato aparece Su Majestad unos compases de pasodoble torero añaden su bronce y su chunga al contrapunto. El ser contemporáneos, tocayos y el haber coincidido etapas importantes de sus vidas en fechas muy cercanas (y el tener muchas fotografías del Borbón, claro) me incitó a brindar a nuestro paisano tan elegante partenaire. Conseguí además, espero, gracias al rey y a sus veleidades, sus tropiezos en Marruecos, sus lances políticos y su política de reinado, mostrar con cierta agilidad esa historia que vivió España y el mundo en los años que van desde Rianxo a esa primavera del 31. Después, apoyo mi contrapunto en los grandes acontecimientos y en algunos de sus protagonistas; el relator apostilla las imágenes del bienio negro, de los estatutos y del Estatuto, la Guerra de España, la Guerra Mundial y el triunfo, la postguerra y la derrota.
Prelorán grabó muchas voces buscando a la de Castelao, que no se pretendía omitir y ni siquiera evocar. Quería un hombre viejo, que no fuera ni se creyese actor, ni locutor. En la del señor Baltar –quien ya dijo todo el texto de Castelao– cree Prelorán haber hallado lo que buscaba. El relator debía ser más joven, con voz y acento diferentes. Luis Medina Castro fue el elegido y ahora ensaya mi texto. Luego, como dije, muchos anónimos cuyo timbre o estilo encajan en los epígrafes. La banda sonora –que incluye música– es cosa de Prelorán y del asesoramiento que me permita.
La tarea de Prelorán ha sido –y es– formidable. No puedo imaginar a nadie tan atrapado por una vida de la que no tenía sospecha y hasta por un país en cuyas venturas y desventuras lo introdujeron no hace mucho mi librito y nuestras charlas. Sus ahogos económicos –aún los domésticos– fueron muy grandes en estos malos tiempos y, con la inocente blandura que usted diagnosticó, Jorge fue lastimado muchas veces por las actitudes del entorno que usted, asimismo, tan certeramente pronostico. En gran cariño y respeto trabajamos durante meses con algunas crisis de su parte. Hace unos días, y sin que esto lleve relación directa con nuestro trabajo, pero sí en forma de bienvenida compensación y alivio, Jorge acaba de ganar (por segunda vez) la beca Guggenheim. Tratará de cumplir la mayor parte de su término en la Argentina.
Quizá, luego de los primeros y muy difíciles momentos, los inconvenientes más grandes que tuve con Jorge fueron debidos a un violentísimo celtismo que contrajo en las páginas de Castelao. Su parte de sangre irlandesa entró en ebullición y pronto mostró un fanatismo digno de cualquier troglodita de la Cova Céltiga. Y hasta con la ayuda de Simón Feldman imaginó una serie de mapas animados con los más peregrinos desplazamientos de las célebres tribus. Llegamos a una etapa en que los celtas y su influencia parecían bastarle para explicar todo y a mis violentos contraataques respondía con santa indignación, hoscos silencios y renovadas guerras y guerrillas. En su casa de él y en la de Simón o en cualquier lado mientras filmábamos –él por los celtas y yo aliado a cualquier otro pueblo histórico que me viniese bien o sólo, a pie firme– luchábamos con denuedo y sin cuartel. Temía yo y temo, pues Jorge me parece incurable celtómano y didactomaníaco, que se malograra nuestro esfuerzo y en especial su magnífico esfuerzo al seguir cualquiera de las teorías históricas más o menos tópicas que luego pasan o pasaron de moda, amén de aguar el mensaje y ablandar el carozo. Y, mañosamente y sin que me faltara razón, le decía que una cosa es el celtismo –actitud emocional y hasta postura existencial muy digna y aún política, si a mano viene– y otra son las precisiones eruditas sobre temas que ni él ni yo dominábamos y sobre los que, para colmo, no había acuerdo. Y que si todo lo que sabemos o podemos llegar a saber sobre los misteriosos celtas y los indudables romanos y los suevos y todos los que usted quiera se demostrara falso o cosa de fantasía y sueño, no por eso iban a terminar o torcer su modo esas injusticias que denunciábamos ni desaparecería con un suspiro esa nación que defendíamos. En verdad, creí muchas veces haber derrotado a los queridos celtas y otras tantas volvían ellos y acometían mandados por el barbado Prelorán (¿No será Breogán?) y hasta por Simón quien armó con su entraña pétrea un inesperado celtismo. Créame Seoane que si los celtas hubieran tenido tanta resistencia e insistencia como la de estos buenos amigos en el día de hoy y en nuestra Galicia no hablábamos ningún latín corrompido sino algo así como el gaélico.
Prelorán es, como usted sabe, muy trabajador, muy ingenuo y hasta inocente. No puede ni pretende usufructuar grandes lecturas ni mayores erudiciones, pero cuando se le mete una idea entre pelos y barbas es de ver como echa luego raíces y lo mueve a lecturas atragantadas, y florece y frutece y vierte por fin sus jugos en una suerte de breves trabajos cuidadosamente mecanografiados y sometidos, con toda gravedad, a mi crítica. ¡Y menudas angustias las que me dan esas prosas! Esas afirmaciones impávidas que debo atenuar para eludir el traspiés o los azotes de cualquier crítico; esas detonantes ingenuidades quizás inofensivas en un cine-club, pero suicidas frente a otros públicos más sólidos y esos crasos errores que debo tratar suavemente con injertos, barroquismos y sutiles alquimias y procurando no lastimar... Y no hay más remedio que hacer la cirugía porque los trabajosos trabajos de Jorge son la base o el texto mismo que imagina para comentar su lenguaje cinematográfico, sus escenas filmadas, expresión ésta sobre la que reina con absoluto imperio y de la que es más celoso que Otelo. Con aparente docilidad y sin tontas veleidades literarias (Jorge carece –¡felizmente!– de cosquillas) Prelorán acepta mis recortes o mis rechazos y ortopedias, pero vuelve luego con otro texto y torno yo a mis cosméticas y podaderas. El proceso tiende a repetirse y adquirir la mecánica del cuento de la buena pipa y, en cuanto me descuido, de sutil contrabando y con nuevas ropas trata Jorge de volver a pasar un argumento que le suena bien o un clan entero de celtas.
Este didactismo de Prelorán me saca el sueño y me hace temer empresas tan gratuitas como las de explicar que el Mediterráneo está rodeado de tierra y, para colmo, relleno de agua y otras enfadosas disgresiones. Como Prelorán no andaba muy enterado de las andanzas de todos esos iberos, celtas, romanos y bárbaros, moros y cristianos, Prelorán cree su deber exponer el asunto a la manera audiovisual para beneficio y remedio de quienes padezcan esa misma falta. Y como Prelorán no conocía nuestra tierra, sus gentes y su drama, él cree lícito admitir en ambas primitivas inocencias un nexo causal. Y –repite– para conocer Galicia es necesario saber que es Galicia (lo que en su idioma significa tener una idea de su historia... si fuera posible con mapas animados por el amigo Feldman). En fin, que termino usando contra todos aquellos pueblos la energía con que luché contra nuestros celtas. Pero no será fácil impedir algunos mapitas –temo– y haré lo que pueda por evitar que nos den al traste con el esfuerzo y terminemos provocando la zumba de los inteligentes y el aburrimiento de los simples. ¡Qué falta me hace usted, Luis, en estos momentos! Estoy solo en la parte que de verdad interesa y soy el único que puede manejar el negocio y salvar nuestras almas y llevar las aguas discretas a nuestro patriótico molino.
Seoane: quisiera lograr una película rescatable, eficaz, decorosa, permanente; y lo quiero sobre todo por usted y también por Eduardo quienes, en estos Buenos Aires me desbravaron un poco en galaicología y me abrieron generoso crédito de amistad y confianza. Entiendo que nosotros, los hijos de gallegos que llegamos a su lado, tenemos el deber de retornar una obra que justifique tan altos magisterios. Y si meu señor Sant-Yago me da forzas, como a Gaiferos, llegaré, no al Pórtico de la Gloria, pues no tengo para el pasaje, pero sí quizás a salir del anónimo etcétera y ser nombrado en la Enciclopedia Gallega (ver art. sobre Alén Mar...)
Un gran abrazo. No gaste su tiempo en contestar, salvo para ordenarme lo que fuera o para darme un consejo sobre toda esta lata. Quiero decir que mucho quisiera unas líneas suyas, pero no me atrevo a pedirlas.

Cariños a todos y muy especialmente a Maruxa.

Pérez Prado

P.S. Si todo anda bien, creo que la película podría verse allá en noviembre. (Prelorán insiste en procesarla en el exterior, para mejor calidad; eso puede demorarnos, pero no creo que más allá del citado mes).
Salta 760, 3ºB


TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Seoane, LuísSeoane, MaruxaCabanas, ConstantinoPeña, Marina de laCañas, PilarMurguía, ManuelValcárcel, MarcosDíaz Pardo, IsaacCarro García, XesúsCastelao, Faraldo, AntolínBouza Brey, FermínPiñeiro, RamónCastro Gerpe, BlancaDieste, RafaelLence-Santar, EduardoCaneiro, HoracioGonzález López, EmilioOtero Pedrayo, RamónLapa, Manuel RodriguesPicasso, PabloVarela, LorenzoMartín, ElenaGonzalez, MalenaVillares, RamónGarcía-Sabell, DomingoArias “Mimina”, CarmenScheimberg, SimónRisco, VicenteMartínez López, RamónBarreiro Fernández, Xosé RamónGonzález, FlorCarballo Calero, RicardoFraguas, AntonioFalcini, LuísLorenzo Fernández, XaquínSofovich, BernardoPortela Silva, ErmelindoVillar Ponte, AntónFernández del Riego, FranciscoPayró, JulioCunqueiro, ÁlvaroTomé, AlbaCastro, Rosalía deFilgueira Valverde, XoséCabeza de León, SalvadorSenén, FelipeParga Pondal, IsidroPaz-Andrade, ValentínGonzález García-Paz, Sebastián Temáticas: GalegoProxectorvídeoSecundarioFondos de Radio Nacional de España en GalicialiteraturaUniversitarioÁlbum de Galiciapolítica Fondo: Luís Seoane depositado na Fundación Luís Seoane. historia contemporáneaartesprensa escritaartes visuaishistoria medievaletnografíaemigraciónentrevistarelixiónespazos artísticosautores/asnacionalismopatrimonioarqueoloxíaxeografíasocioloxíahistoria antigahistoria modernaasuntos particularestradiciónHistoria. XeografíaLingua. Literaturafiloloxía e lingüísticaantropoloxíaArquivística, biblioteconomía e documentaciónmedios de comunicaciónCamiño de Santiagofiloloxía galego-portuguesaciencias económicas e empresariaisciencia política e da administraciónColección: Isaac Díaz Pardo e Luís SeoaneÁlbum Nóshistoria e institucións económicasmigraciónsAgora. Conferencias e conversas no CCGnacionalismo galegoArtes plásticas, deseño, música, danza e deportelinguaantropoloxía socialGuerra Civil española (1936-1939)

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