| 1970-11-14 |
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Transcripción da Carta de Seoane a Díaz Pardo. 1970 en 14/11/1970
Buenos Aires, 14 de noviembre de 1970
Sr. D. Isaac Díaz Pardo
El Castro
Querido Isaac:
Contesto, tarde, tu carta del 28. Clausuré mi exposición de óleos el día 31 de octubre; me fue muy bien, e inauguro el 16 una de estarcidos, y en estos quince días pasados debí hacer unos bocetos para un mural, otro para un objeto con figuras que se realizará en acero inoxidable mate y bronce patinado, encargo de un industrial metalúrgico, y una estampa para fin de año para Ferrocarriles Argentinos y otras. Desde que llegué no hago más que luchar contra el tiempo. De la colectividad, nada. Aparte del éxito de las elecciones del C[entro] Gallego todo lo demás un puro desastre que no merece calificativos. Por mi parte no me queda tiempo para ocuparme de ella y procuro rechazar cualquier compromiso que me aleje de mi trabajo. Colaboro en lo que puedo únicamente con la Federación para cuestiones que puede imaginarte. La vida aquí en Buenos Aires es la normal desde hace tiempo. Hoy es el segundo día de huelga general en toda la república con más del 90 por ciento de paro. Desde nuestras ventanas vemos las locomotoras y vagones de Retiro absolutamente inmóviles. En Tucumán los estudiantes son dueños del centro de la ciudad desde hace dos días, como lo fueron en Córdoba el año pasado. Como se pude ver desde ahí un país “blando” donde es posible que esté surgiendo algo distinto que quizás alcancemos a ver. Los mismos estudiantes que levantaron barricadas el miércoles a la noche, festejaban dos días antes el cuarto campeonato argentino del mundo en boxeo y otros dos días anteriores el Premio Nobel de Química, al mismo tiempo que celebraban en una localidad de la provincia un festival de música “beat” con camisas floreadas, collares hasta la cintura, melenas masculinas, corbatas de todas clases, maxifaldas, minifaldas, colores rojo y violeta, flores y las palabras paz y amor que indignan a mucha gente. Todo esto con las noticias que se destacan ahí de la “hispano-américa” que hay que proteger.
Te agradezco que cuides del catálogo y de la exposición mía de Vigo. La hago por lo que tú supones. Sé que desde mi punto de vista, el de mi pintura, es inútil una exposición mía en esa. Pero en esta ocasión no se trata de esto. De un pintor no se puede ver un cuadro aislado, ni el desarrollo de un tema, sino el despliegue de su obra, de su mundo, la proyección de un pueblo a través de su pintura, de su arte. A mi manera hice prehistoria, Homenaje a la Torre de Hércules; historia, María Pita e tres retratos medievais; folklore, Muiñeira; costumbres campesinas, Figurando recuerdos, etc., en los prólogos de casi todos los álbumes y libros míos me refiero a Galicia y a lo que de gallego hay en ellos. En mi pintura, como en los grabados y dibujos, los temas fueron campesinos, mendigos, personajes de leyenda, etc. Pinté siempre mi recuerdo o el presente que acababa de ver, un pasado solamente de hacía días o meses. Pinté o dibujé la noticia venida de Galicia, publicada en un periódico cualquiera, en 1940, 1948, o en 1950. Son cuarenta años y centenares de obras pintadas, grabadas, etc., que no van a poder verse en unos pocos cuadros y grabados. Todo esto además independientemente de todo cuanto pinté en paredes de edificios con temas de trabajos campesinos. Aquí y en San Juan, bien lejos de Galicia, lo recuerdo en el primer poema de Na brétema, Santiago y todo lo que llevo escrito sobre Galicia, malo, bueno, regular, libros, artículos, éstos últimos pasan del millas. Todo esto no evita que Torres me trate como un “americano” cuando voy a verle, y que Grandío, por ejemplo, divulgue con la intención que te puedes imaginar, que nací en Buenos Aires, que no soy gallego... Bueno, no te voy a describir mi resentimiento y mis decepciones. Tengo, es verdad, muchas otras satisfacciones que me obligan a continuar trabajando como siempre, leal, además, a mi generación.
Recibí la fotocopia de Galicia Turística. Y siento la situación porque pasas en cuanto a los problemas de Sargadelos con la burocracia y con algo más que ésta. Creo que te escribí que el Ing. Díaz vino entusiasmado con Sargadelos y estos días vino a casa la persona de El Grove, de la Federación, que estuvo en El Castro con Montero y Lueiro. También viene entusiasmado del Museo. Lueiro me escribió unas letras en una de las tarjetas de Maside que envió por correo.
Esto es todo por hoy. No es muy interesante, pero a uno no se le ocurre nada con la huelga. Saludos para todos, para los Dieste y Mincho si lo ves, para todos los del Castro, y Mimina, Xosé y tú recibid el fuerte abrazo de:
Seoane
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| 1972-01-29 |
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Transcripción da Carta de Seoane a Díaz Pardo. 1972 en 29/01/1972
Buenos Aires, 29 de enero de 1972
Sr. D. Isaac Díaz Pardo
El Castro
Querido Isaac:
Recibí tu saludo con la fotocopia del borrador de la Memoria de Sargadelos del 16/I, otras dos líneas del 18 para que te escriba a Sargadelos y no al Castro, y una anterior, del 11(...). Lo mejor de tu carta es el fragmento de poema que acompañas. Creo que puede ser un gran poema. Sobre todo si sacas partido, aparte del trabajo de tu padre y la ayuda de sus familiares, a la belleza del estudio, tal como vagamente lo recuerdo, con la muñeca vestida con traje típico y a los escudos heráldicos que son también diseño y prueban la fantasía de un pueblo, y pergaminos que, con cuadros y dibujos, colgaban de las paredes. Tú, perdóname una vez más, fuiste o debiste haber sido un hijo mimado y desde entonces, desde tu infancia, te habituaste a imponer tu voluntad, a suponer como verdades indiscutibles tu interpretación personal sobre cualquier cuestión. Tú querías discutir duro conmigo, así me decías en una de tus notas y en tu carta me achacas hasta el entrecomillado a una frase tuya que extraigo de tu carta, la de “amigo de otros amigos” y pones una intención que no merezco a la noticia de que al llegar vendí unos cuadros que me libra de preocupaciones económicas por casi todo el 72. Tú sabes bien que no comparo Galicia con Buenos Aires. Que sé perfectamente como vivieron y viven los pintores gallegos para establecer ninguna clase de relación en ese sentido y sabes también, creo que lo he probado en bastantes oportunidades, que tampoco me importa el dinero sino como medio y no fuimos ahí a ganar dinero con la pintura. De quedarme en Galicia no sé qué haría. Tú conoces mi inquietud en cuanto a estas cuestiones, por eso me sorprendió la interpretación gratuita de una noticia que te participábamos para nosotros grata y que ayuda a posibilitar un posible viaje a Galicia en el 73.
En cuanto al calor de Buenos Aires. Efectivamente es un año de mucho calor, no tanto, sin embargo, como el de la aldea Lestedo, donde se casó una pariente nuestra el 4 de septiembre del 71, cerca de Santiago. La ola de calor de diciembre aquí parece ser que no se había repetido desde hace cuarenta años y la prueba de su singularidad fueron los muertos que produjo y las fiebres infantiles.
Dejando todo esto que alienta nuestra susceptibilidad, te diré que estamos aquí sin apenas salir de casa. Estoy pintando y al mismo tiempo preparo otro álbum de grabados, éste muy distinto a todos los anteriores, pienso. Buenos Aires está vacío. Apenas quedan amigos ahí. Todos están en las playas o viajan por Europa. Como siempre mucho cine con buenas películas de todas partes. Teatro de verano y cafés-concerts en su modalidad porteña. Los de más éxito parecen ser “El gallo cojo”, “La gallina embarazada” y “El pollito erótico”. Los nombres de los establecimientos te pueden dar una idea de todo lo que se mezcla con la protesta. Pero Buenos Aires está desierto y los que quedaron en la ciudad están preocupados por la situación política. Creo que en los próximos diez años van a ocurrir modificaciones trascendentales en las estructuras de este continente. Todo está cambiando. De los amigos comunes, Varela se mudó de casa, vive ahora en Charcas entre Florida y San Martín, en un piso 20, con una vista extraordinaria sobre el río, estos días rojo por la influencia de las aguas del Pilcomayo del Bermejo. El día de nuestra llegada estaba violeta. Varela está muy bien, Cuadrado continúa lo mismo y lo mismo los otros que tú conoces. Valentín ocupa un alto cargo en Bienestar Social, lo que prueba, aparte de su cínica ductilidad, que es un político argentino que se sirve de la colectividad para sus propósitos, como le afirmé a María Victoria. El C[entro] Gallego lo mismo, según parece. Todo lo mismo. Creo que llega en marzo Lueiro para intervenir en actos de la Federación. José Luis me escribió. Envió la liquidación de Á[lvarez] Blázquez y me dio noticias sobre el cambio del sistema de las ventanas del departamento de La Coruña. Le escribí a Pillado enviándole nuevos dibujos y un libro que me encargó y hasta ahora no recibí respuesta.
Bueno, esto es todo hoy. Espero que me contestes a las cartas que te envié el 28/XII/71, la del 11/I, y ahora, la del 17/I y ésta. La tuya última es del 18/I/72 en que me pides te escriba a Sargadelos. (...). Nada más lejos de nuestro ánimo como creo que tú sabes. Nunca me escribes demasiado, como afirmas. Más bien escribes poco, pues generalmente te limitas muchas veces a breves notas. Te escribía a El Castro porque tus cartas desde Sargadelos tardan generalmente más en llegar. Escríbeme, dinos como vas de salud, sobre las nuevas obras de Sargadelos, si debo decirle algo al Ing. Díaz, etc. y contesta las cartas aunque, además, te metas conmigo como en la del 11/I/72. Habrás notado que nos escribíamos el mismo día, el día 11 tú desde Sargadelos y yo desde Buenos Aires. Un abrazo muy fuerte para ti y los tuyos de Maruja y mío.
Seoane
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| 1976-06-29 |
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Ver [Carta mecanografada con correcións manuscritas]
Transcripción da Carta de Seoane a Dieste. 1976 en 29/06/1976
Buenos Aires, 29 de Junio de 1976
Sr. D. Rafael Dieste
La Coruña
Queridos Carmen y Rafael:
Esta es una carta que debimos haber escrito hace meses y venimos a hacerlo ahora cuando transcurrió bastante tiempo y ocurrieron, al menos para nosotros, muchos sucesos que no comentaremos, fueron públicos, que se añaden a los vividos hace años y repetidos ahora. Todas las noches deseamos que abra el día y luzca el sol, como a fines del 36, y en el 37, y después, durante dos o tres años. Por el día parece no pasar nada. Buenos Aires renueva su ritmo de gran ciudad y se suceden conciertos, conferencias, estrenos, exposiciones... Se renueva el desorden del tráfico y la prisa de sus ciudadanos. En las pizarras de las casas de cambio y de los bancos se siguen como nunca las oscilaciones de la Bolsa y la gente discute delante de los grandes escaparates la suba y baja de los valores de las acciones de las grandes empresas. Parece no pasar nada y la Bolsa parece haberse transformado en ruleta para los que sueñan con la fortuna, que, en general, son todos los habitantes de cualquier país. Pero aquí los sueños, a veces, los consiguen realizar más descaradamente. En muchos aspectos no reconoceríais Buenos Aires. Es otra ciudad. Nosotros sabemos de ahí por Isaac y por alguna carta que venimos recibiendo de algunos parientes. En general son optimistas. Desde aquí no podemos saber bien porque lo son, las noticias resultan confusas. Maruja y yo estamos bastante encerrados en casa, cada día nos suponemos un poco más solos. Varela marchó, está en Madrid. Marika viaja el 30. Cuadrado debió haber llegado hace unos días, pues va por dos meses aproximadamente. Concurre como delegado de la Federación de S. G. al Congreso de la Emigración, en Vigo, y regresa, ya que deja su mujer y dos hijos. Y algunos amigos argentinos que se han marchado a vivir a otros países de América y Europa. Por mi parte trabajo, el 26 de Julio se inaugura en Bonino una nueva exposición mía de oleos y tengo concretadas dos más, en Rosario y Mar del Plata. En este momento se celebra una de grabados y otra, en la Sociedad Central de Arquitectos, de unos treinta bocetos de murales. No creemos que vaya a ser un año de ventas de pintura. La temporada acaba de empezar pero el que tiene dinero lo cuida mucho, gasta lo indispensable para vivir. De momento es menor la inflación y parece haberse logrado cierta estabilidad en la moneda. Esta estabilidad sin embargo no alcanza a otros sectores. Nosotros llegamos a tiempo para contemplar como se repartían descaradamente los últimos dineros del Estado. El representante de la Casa Argentina en Rio de Janeiro cobraba mensualmente 15.000 dólares. El secretario de la C.G.T. tenía un sueldo mensual en pesos equivalente a 21.000 dólares. Esto independientemente de los negociados que se extendían desde la Presidencia hasta, en general, los secretarios de comités y de sindicatos. Los sueldos a que antes aludí son dos ejemplos. Todo entre gritos demagógicos y golpes de bombo, que quizás recordeis de años pasados. Os estoy dando como puedo una visión escueta el clima que hemos vivido. Para pagar diferencias de la herencia de Eva a sus hermanas, la Presidente entrega, de una institución del Estado de la que fué presidente honoraria, un cheque por valor de unos ciento cuarenta mil dólares. De esta manera resolvió un asunto privado como es una herencia de bienes sin desenvolver dinero propio. Se trata del pasado. El presente lo conocéis por los diarios de ahí.
Suponemos que Rafael estará aliviado de su dolencia a la vista. Sé por Isaac que fuísteis a Barcelona a ver a Barraquer. Que Carmen tendrá hecho sus trámites para la jubilación. Jenny y Mincho, ¿continúan aún dudando de si vivir en La Coruña o en O Valiño? A su hijo, Ricardo, le debo carta que contestaré en estos días. Recordamos a todos y esperamos volver a estar dentro de unos meses nuevamente juntos, con Domingo, Dónega, Mincho, Pío, Ramallal, etc. Aquí os recuerdan muchos amigos comunes. Hablamos de vosotros cada vez que nos vemos, Baudizzone, José Luis Romero, Melella, Torrallardona, etc.
Nosotros os extrañamos. Un gran abrazo de Maruja y mío:
[Seoane]
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| 1978-12-14 |
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Ver [Carta mecanografada]
Transcripción da Carta de Seoane a Díaz Pardo. 1978 en 14/12/1978
Buenos Aires, 14 de Diciembre de 1978
Sr. D. Isaac Díaz Pardo
Sargadelos
Querido Isaac:
No contesto a tus cartas. Están guardadas en otra habitación, metidas en un mueble y no tengo ninguna gana de ir por ellas. Estamos organizando todo para nuestra marcha definitiva, que será, pensamos, en el ochenta. Ahora, en enero o principios de febrero, iremos a pasar unos meses, los que podamos, en esa y, en el transcurso de ellos hablaremos de todo lo que pienso hacer y sobre todo de aquello a que renuncio. Pienso iniciar una nueva vida. Ahora solo quiero hablarte de Varela. Agradecer el telegrama que nos enviasteis anunciando su fallecimiento. Sabíamos que podía ocurrir en cualquier momento. Lo confirmamos después de un viaje al monasterio de Caaveiro, donde disimulaba su gran problema circulatorio, deteniéndose largamente para contemplar el paisaje, según él, pero no podía saber que no nos engañaba. Conocíamos por su médico de Buenos Aires la gravedad de su estado. Sospechábamos también que en su decisión de regresar a esa, escondía la intención de echarse a morir en la tierra que quiso. De este último trance hemos hablado él y yo muchas veces. En los últimos años de Buenos Aires había renunciado a bastantes ideas sostenidas casi desde su adolescencia y a proyectos, algunos de los cuales pensábamos realizar juntos, que teníamos desde que “matamos”, se puede decir así, Correo Literario hasta sus casi últimos días de Buenos Aires. Fuimos como hermanos. Él conocía muy bien mi carácter y yo el suyo y emprendimos muchas obras juntos. Lo que publicó de poesía aquí fue debido sobre todo a instancias mías, como lo saben quienes trabajaron con él y conmigo: Girri, Larralde, Cuadrado... Luego se negó rotundamente a publicar nada que no fuese al servicio de un amigo, un prólogo o un poema que lo sustituía. Fue una de las naturalezas más nobles y tiernas que conocí. Que mejor comprendía las debilidades de sus amigos y de los hombres en general. Fue uno de los mejores poetas de Galicia y de España y pudo ser uno de los mejores prosistas, de sus mejores ensayistas, o también uno de los grandes políticos y fue renunciando a todo ello y, no por falta de capacidad de trabajo, como creyeron algunos imbéciles que necesitan resultados visibles o hechos que pasmen, sino porque hacía y deshacía en lucha consigo mismo, con las ideas, las propias y las de otros. En sus mismos silencios escondía su trabajo. Recuerdo la lectura del original de un gran libro, Sonetos del ruiseñor que, luego de escrito destruyó. Él fue, por lo que sé, comisario en las batallas de la guerra civil designado por su capacidad intelectual y en ella un gran conductor por su respeto a cada hombre, a las diferencias naturales de los hombres, de cada temperamento, por respetar sus iniciativas. Conocí algunos de los diplomáticos que habían hecho la guerra y que eran amigos de Varela. Por todo esto lo quisieron casi todos aquellos que le trataron. Así como fueron sus enemigos quienes no sentían respeto alguno por las particularidades humanas. En los poetas que amó, Garcilaso, Baudelaire, o Iglesia Alvariño entre muchos, se encuentran algunos de los secretos de su temperamento. Era caballeresco como el primero, hondo y misterioso como Baudelaire y su amor se volcaba en la naturaleza, en sus representaciones humildes, en las rosas, el trébol y las hierbas, como Iglesia Alvariño. (En su poema “Ofrenda a los franceses”, recobrada París de los alemanes, él, que no posee nada material, dinero o lo que sea, les da la palabra Cairón, de la montaña de la Galicia donde se crió). A él le debo mucho. En los momentos de duda, cuando me sentía desesperanzado, él me estimuló, a muy pocas personas le debo lo que soy, a Varela, a Dieste y a Otero Espasandín en todos los años que convivimos mucho en Buenos Aires. Algún día haré un libro de agradecimiento, o de recibos en términos comerciales, donde establezca cuanto les debo en tantos años de esta ciudad.
Suspendí esta carta ayer cuando dos obreros gallegos, amigos de Cuadrado y míos, Romero y Lores, obrero el primero de una fábrica de electricidad y metalúrgico Lores, vinieron a hablarme de Varela, de cuanto debían a sus conversaciones y a sus lecturas y recordaban cuando en sus ratos de soledad fue haciendo algunos pequeños muebles y artefactos de madera para el gran departamento que, en los últimos años, tenía con su mujer, Marika, con una gran vista que dominaba el río y la Plaza San Martín y una parte de la ciudad. Lamentaba no haber sido carpintero, simplemente carpintero, un artesano sin más inquietudes que la del trabajo, las de un oficio y no las que había tenido toda su vida, que eran su tortura diaria, que a los ojos de los aparentemente eficaces y prácticos le convertían en un hombre malogrado. Hablamos los tres, Romero, Lores y yo, de Varela y de algunos aspectos de su vida de los últimos años que ellos, como yo, conocen. De su padre, de 88 años actualmente, un hombre de buena posición económica, dueño de una casa de ocho departamentos en un barrio hoy casi céntrico, Nueva Pompeya, en donde Varela había vivido de niño y cuando volvió a Buenos Aires desde Méjico, después de la guerra civil. Un anciano muy lúcido a pesar de su edad que recibió con angustia natural la noticia de su fallecimiento, hablando de su hijo con gran ternura, al que solo reprochaba no le hubiese dado un nieto. Estuvieron a verle Cuadrado y Lores. Yo no pude ir. Le conocí en mis primeros dias de Buenos Aires, en 1937, a través de un vecino de ellos, de Monterroso, Andrés Vázquez. El padre de Varela tenía entonces el cabello rubio y unos ojos azules que se fijaban interrogantes en uno. Su hijo se le parecía solamente en su contextura corpórea y en algunas líneas que se producían en sus cabellos y en la forma de la nuca y del cráneo. Durante años mantuvieron una relación tierna y aislada, como creo debe ser la relación entre padre e hijo, yo no fui padre pero fui hijo y conozco solo, pues, una parte de esa relación, pero sé que debe ser así. Romero y Lores hablaron de lo generoso que había sido con ellos, recogiendo alguna vez sus inquietudes en escritos dirigidos a las sociedades a que pertenecían, a la Federación de Sociedades Gallegas, o a la de El Grove, aconsejándoles en la política interna más justa a seguir.
No quiero continuar. Más adelante, cuando el dolor se convierta en sentimiento melancólico y todo se ennoblezca en el recuerdo, o antes de esto, haré algo sobre él. De momento quedan un retrato que le hice al óleo hace muchos años, otros dibujados y uno acuarelado, fue el último, a lápiz e iluminado con acuarela. Nadie puede saber cuanta amistad y solidaridad existió entre Dieste, Otero Espasandín, Colmeiro, Varela y yo, durante nuestra coincidencia de muchos años de Buenos Aires, trabajando juntos, levantando castillos en el aire; de cuanto hicimos juntos por Galicia y cuanto sacrificamos de nuestra vida en esas cuestiones. Fuimos verdaderos hermanos.
Lo siento, no puedo escribir nada más sobre esto, ni sobre cualquier otro asunto. Estábamos orgullosos unos de otros, cualquiera fuese la importancia del trabajo que realizábamos y durante todo ese tiempo recordábamos permanentemente a los amigos de Galicia, a los de la tertulia del Café Español, o del Derby, a Maside, a García Sabell, a Del Riego, a Paz Andrade... a los injuriados por unos pocos porque no los conocían...
Un gran abrazo a Mimina y a los tuyos, deseándoos unas felices Navidades y Año Nuevo, de Maruja y mío:
[Seoane]
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