Persoa: Arturo Frondizi

Persoa: Arturo Frondizi [2]

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1958-09-22
Carta de Scheimberg a Seoane. 1958
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Transcripción da Carta de Scheimberg a Seoane. 1958 en 22/09/1958


Agrigento (Albergo dei Templi), 22 sept. [1]958

Querido amigo Seoane:

Mañana a las 8 salimos pª Siracusa, desde donde quiero despacharle esta carta pª que Vd. la reciba no más tarde del día 27. Así estaremos presentes, Aída y yo, el día de la clausura de su Exposición. Deseamos que haya tenido éxito. Con Vd. y Maruja, pues, y los amigos que van a rodear su mesa... Y ahora, pª que nos sigan en esta etapa de n/ viaje, ahora va el prontuario de los últimos días. El 18 llegamos a Palermo, a las 17 y 15, después de un vuelo de 1 hora y cuarto desde Nápoles, sobre un mar tranquilo como un lago y con el espectáculo de los Apeninos a n/ izquierda. Cuando descendimos del avión, el sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas que encierran a Palermo dentro de una herradura perfecta, presagio de buena suerte. Palermo es como una hermana menor de Nápoles, pero sin la obsesión de lo monumental, tan común a casi todas las grandes ciudades de Italia. Influencia castellana, con su sobriedad natural en todos los órdenes de la vida?, o debido a la proximidad de los Templos griegos, maravilla de proporción? Lo ignoro. En Sicilia, lo mismo que en Nápoles, abundan los apellidos españoles y el siciliano está orgulloso del legado español –que es aquí más pronunciado que en Nápoles, sobre todo en la edificación. Si no fuera por el idioma y los gestos exagerados, al cruzar las aldeas de Sicilia uno se creería atravesando poblachos de Castilla. Hasta su misma aridez y el mismo color de su tierra seca. –Vía Maqueda, nos dice un comerciante de la calle Venezia (con la que aquella se encuentra), tratando de darle el acento castellano; y agrega, orgulloso –como si se tratara de un título nobiliario: –É un nomme spagnuolo. En cuanto a lo demás, el mismo hablar a gritos de los napolitanos y una suciedad aún mayor, si cabe, que en Nápoles. Una suciedad que no se recata y que no crea que tenga igual en ninguna ciudad civilizada. Los sicilianos pobres viven prácticamente en las calles. Calles sucias, que nunca se barren, y donde tienen sus negocios o sus pequeños talleres. Allí trabajan, o se pasan las horas del día jugando a la barajas, o mirando pasar –o no mirando siquiera. Donde hay una puerta y una mesa, hay hombres –y aun niños, jugando a las cartas–. En Palermo y en las aldeas próximas, que atravesamos dos días después. Y en todas partes, abundan los niños. Aquí los niños se reproducen como las moscas y trabajan casi desde que pueden andar sobre sus pies, como mandaderos, o ayudantes de mozos y camareros, o simplemente pidiendo monedas a los extranjeros: –Hay que enseñarles a trabajar desde chicos, nos dice la dueña de una Trattoria donde entramos a cenar, refiriéndose a un gurrumín que no debía tener más de 8 años y que nos alcanzaba los platos de comida. La cuenta sumaba 1.050 liras. Dejé 1.100 y le dije al chico: “50 liras son para ti”. El chico, que no conocía el valor de las monedas todavía, pretendió quedarse la moneda de 100 liras, lo que le valió una paliza, y que la patrona (creo que tía del chico) se guardara el vuelto. Los italianos son ladrones, me dijo el mozo, pretendiendo congraciarse con nosotros, mientras el niño pasó corriendo hacia la calle y mirándonos con rencor, convencido de que yo le había querido jugar una mala pasada. Me acordé de Don Quijote y del zagal que quiso librarse de la paliza que le daba su amo... Pero que no conozcan el valor de la moneda no es frecuente. Desde chicos ejercen el comercio a su manera, o se ejercitan jugando por dinero a la vista de los policías. En las casas sólo entran pª dormir. Generalmente, se trata de una sola pieza, donde rara vez se enciende la luz, que es dormitorio y comedor y cocina y donde toda la familia duerme en promiscuidad –casi siempre sin desvestirse y, naturalmente, sin bañarse. Con todo, Palermo es una ciudad hermosa y, como Nápoles, llena de color, ese color que atrae a los turistas y que a los sicilianos pudientes (que, como en todas partes, viven bien –aunque sin preocuparse mucho, también ellos, de la higiene) les avergüenza. Se extiende, Palermo, como un arco sobre un golfo de agua azul, cortada por 4 o 5 avenidas modernas y –éstas sí limpias–. Y entre una y otra avenida, las callecitas estrechas y sucias donde los negocios casi se dividen por ramos: la calle de las bicicleterías, la de marquerías y cromos del peor gusto, la de tallercitos de carpintería, etc. Y la más característica de todas: la calle Venezia, que va de la vía Roma a la de Maqueda, materialmente cubierta de pescaderías y freedurías y de puestos de verduras y frutas... En una de estas calles está el Museo Nacional, hoy nada más que Arqueológico, donde se encuentran piezas de escultura y de arquitectura, casi únicos, extraídas de las excavaciones que se están realizando en gran escala en toda Sicilia, sobre todo en Segesta, Selinunte y Agrigento, bien clasificados y con notas explicativas de suma sencillez. Otras cosas dignas de verse y que, naturalmente, visitaos, son su catedral y, sobre todo, el Palacio Real cuya Capilla Palatina, totalmente revestida por dentro de mosaicos de los siglos XII o XIII, de una belleza extraordinaria. Como lo son de igual belleza los mosaicos de la Igl. la Martorana. Y ya en otro orden, la pequeña Igl. S. Cataldo, de estilo normando y con gran influencia musulmana, de un interior severo, casi ascético. Es realmente notable aquí la cantidad de Iglesias con influencia de estilo normando (por ejemplo, la Catedral de Agrigento) –que mi ignorancia de la historia no me permite explicar. De los mosaicos de la capilla Palatina y de la Martorana, llevo unos pocos diapositivos que pasaré en Buenos Aires para regalo de los amigos.
El 20 nos levantamos muy temprano pª salir pª Agrigento en un ómnibus de la CIAT. Desde la ventana de n/ hotel y a esa hora, el monte Pellegrino, que encierra a la bahía por uno de sus lados, se veía como una enorme mancha carmesí, como si se le hubiera volcado un tintero de tinta roja encima. A las 8 salimos pª Agrigento, adonde debimos llegar casi a las 8 de la noche. Total, unos 380 km (contando las vueltas y revueltas), costeando un mar casi siempre maravillosamente azul, o internándonos, por momentos, un poco tierra adentro, y con la compañía de sus montañas áridas, grises o amarillentas, y con un paisaje que igualmente nos recuerda el paisaje castellano. Aquí la tierra es seca y el agua poco abundante, y hay que trabajarla mucho pª obtener un rendimiento casi siempre nada más que discreto. Solamente en las pequeñas zonas donde las tierras se han distribuido en virtud de una ley agraria que el gobierno democristiano sólo aplica con cuentagotas, las obras de riego se multiplican y la producción ha aumentado visualmente –al mismo tiempo que se ha abandonado la monocultura (uvas y/o aceites) –tan fatal pª el campesino, al mismo tiempo que provechosa pª los acopiadores de la ciudad. Hemos visto abundantes parcelas con siembras de algodón, hermosas con sus capullos blancos, algunas ya listas pª cosechar. Este año parece ser que la cosecha de la uva ha sido particularmente abundante, y durante mi trayecto era interminable la fila de carretas o de mulas cargadas de enormes cestos de uvas –como una procesión báquica, pero en la que en vez de Baco, hinchado de vino y encendido en deseos lúbricos, los que los transportaban eran campesinos sucios, miserablemente vestidos y de aspecto casi siempre miserable sus rostros. Esa uva será mañana el vino de los otros mientras a ellos les faltará quizás pª cubrir los precios de los arrendamientos y el pago de los impuestos cada vez mayores. A las 11 y media llegamos a Segesta. Alguna vez, en tiempos de la colonización griega, debió ser un centro de población importante; hoy es nada más que una colina y, en su parte más alta, los restos, admirablemente conservados, de un templo dórico, con sus 36 columnas casi sin retocar y sus metopas y cornisones (Rotzait le dará los nombres técnicos, que yo desconozco). Qué maravilla, Seoane, de proporción y de majestad! No le miento si le digo que casi caigo de rodilla de la emoción. Era mi primer encuentro con Grecia... Era tal mi entusiasmo que tomé un ligero apunte a pluma –que, felizmente, no tendré que utilizar, pues en una taberna y fonda hay, perdida en esa soledad, próxima al Templo, encontré unas buenas postales– y, ya aquí, en Agrigento, un diapositivo perfecto. Ya verá Vd. almorzamos en Èrice, en una hostería emplazada sobre el monte Giulia, a unos 500 ms. sobre el nivel del mar y desde donde se domina –como bien dicen las guías turísticas– una hermosa vista. En Èrice termina el mar Tirreno, mar italiano, y después de Trapani viajamos teniendo casi siempre a la vista el mar Mediterráneo –encuentro y camino de tantas civilizaciones ilustres. Es un mar con sabor a hogar, a cosa propia. Luego, Selinunte, donde se levantan restos de otro templo dórico –que arquitectos y arqueólogos tratan de reconstruir con la montaña de piedras que, como un mar revuelto, allí están amontonados–. Luego Sciacca y Puerto Empédocles y ya, con la noche encima, entramos en Agrigento, guiados por los restos de un Templo de Hércules, el de la Concordia (uno de los mejor conservados, según la Guía Azul) y el llamado de Juno –emplazados en una de las colinas que rodean a Agrigento y que esa noche (no sé aún por qué) nos esperaban profusamente iluminados y haciendo de embajadores maravillosos pª recibirnos en Agrigento.
Yo me he preguntado muchas veces, Seoane, durante este viaje por qué ha sido tan fuerte en mí el impacto ante la visión del Templo Dórico de Segesta y porqué, en cambio, no me conmueve en igual medida la escultura griega. Como respuesta provisioria, me he dado ésta: Que los griegos han tratado al cuerpo humano como una arquitectura ideal y si en ésta, la arquitectura, basta el equilibrio de las proporciones, que yo llamo gracia, en el cuerpo humano, lejos de ser una cualidad, puede ser un defecto...
Pero dejemos esto. Ya estamos en Agrigento, centro de una época de cultura griega. Nos alojamos en un hotel que está a la entrada de la ciudad, a unos 50 ms. del camino Nacional y a casi 200 ms. más abajo del punto más alto, donde está su Catedral. Es un viejo caserón de estilo castellano, en medio de palmeras y pinos y otros árboles cuya especie ignoro, y con un algibe de piedra, en desuso, realmente hermoso. Un de las ventanas de n/ pieza, en un 4º piso, mira hacia la colina de los Templos. Más allá, se ve el mar: una línea gris en el horizonte. Desde este balcón nos quedamos a contemplar los Templos hasta que las luces que los iluminan se apagaron.
Hace dos días que no leo un diario, y por un momento, me olvido de las cosas que nos rodean y pienso que soy nada más que un contemporáneo de aquellos hombres que concibieron y levantaron esos Templos. Y me siento orgulloso de ellos... O, ya luego, pero siempre ajeno al calendario, pienso que es el 29 de abril, cuando Aída y yo nos embarcábamos en Buenos Aires, llenos de inquietud por el temor de que no le dejasen a Frondizi hacerse cargo del gobierno, pero también llenos de esperanzas en la obra que va a realizar. Qué hermosos discursos los suyos, colmando la medida sin de nuestros sueños, por lo menos de nuestras más inmediatas aspiraciones. Pero el silencio absoluto que nos rodea y la noche me devuelven a mí mismo, Dios mío! Qué fueron de nuestros sueños, qué de nuestra fé? Y todo el amargor y la desesperanza de su tan honda carta del día 4 me contagian y me devuelven a la triste realidad de n/ calendario argentino. Que el cielo, o el diablo, nos den fuerzas pª resistir. Al día siguiente, volveré a recuperar esperanzas al contacto con estas piedras ilustres –que son historia–. Y dejo para otro momento la descripción de n/ caminatas en esta Agrigento que tan extraordinaria impresión nos ha producido a Aída y a mí.
Perdóneme, Seoane, esta pesada crónica y piense que se la escribo nada más que para sentirme más cerca de los amigos. A todos ellos, a Maruja y a Vd., de parte de Aída y n/, un grande y cordial abrazo.

Scheimberg


1960-03-01
Carta de Burd a Luís e Maruxa Seoane. 1960
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Transcripción da Carta de Burd a Luís e Maruxa Seoane. 1960 en 01/03/1960


Bs. Aires, Marzo 1º de 1960

Queridos Maruja y Luis:

Recibimos las “noticias escuetas” de uds., alegres y “europeas”. En cuanto la gente pisa Europa tiene por fuerza que adoptar un género epistolario muy especial “europeo”. Todo lo que se percibe en un viaje se cuenta a borbotones, desbordándose por las palabras los museos y los paseos—Es
justamente en las cartas donde se nota el provincianismo nuestro de aquí—Por todo esto que causa más incomprensión, cada vez que nos enteramos, que los de Europa quieren ver en América del Sur una tabla de salvación (¿la ley de compensaciones?).
Nosotros, contra una Lisboa, ponemos las playas de Punta del Este, contra las magníficas colecciones de los museos de Basilea y Zurich, discusiones abstractas sobre tal o cual. Contra una posible guerra y sus desastres, el temor que da una política reaccionaria y el sabor de la Traición... Para cada tema, otras dimensiones, otras miras, otros objetivos. Todo muy importante desde aquí, quizá mucha más importancia que la que tiene de veras.
No hablan nada de la exposición de Luis. El museo de Basilea es verdaderamente importante. Nosotros, me apunta Esther, sólo vimos 3 Juan Gris. ¿Habrá cambios? Recordamos a CRANACH, que tú no mencionas. También nos impresionó el primitivo suizo, sobre todo Holbein –magnífico–. En cambio, no comparto totalmente tu opinión sobre Basilea, que nos pareció bastante insulsa –no así la parte del R[h]in que en este momento se me aparece corriendo bajo un puente que sale de cerca de la vieja y reconstruida mil veces Catedral. De acuerdo también con respecto a Max Bill, pensando en todas las veces que importamos “movimientos Max Bills”, sin que puedan arraigar aquí. Me dolería menos que esos movimientos fuesen contemporáneos, y no tan tardíos, como llegan a Bs. As.
En ésta, pocas novedades: la llegada y salida de Ike [Eisenhower], un viejo con cara colorada y simpática que viene a confirmar el trabajo de su gerente en la Argentina: “F” [Frondizi]. Ya estamos hundidos del todo.
Otras cosas no hay. Gracias muy especiales por los envíos, nuestro viaje sigue en pie y para la misma fecha: Octubre. ¿Nos veremos allí o aquí?
Esther agrega un kilométrico abrazo –casi tan grande como el mío.

Hasta la próxima

Lipa

[Escrito na marxe esquerda:] Creímos que se habían marchado de Basilea. Ponemos esta carta el 15/3. Esperamos los encuentre todavía. Un abrazo. Lipa.


TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Seoane, LuísSeoane, MaruxaDíaz Pardo, IsaacOtero Pedrayo, RamónPaz-Andrade, ValentínCarballo Calero, RicardoDieste, RafaelVarela, LorenzoArias “Mimina”, CarmenGarcía-Sabell, DomingoFernández del Riego, FranciscoDíaz, XoséCastelao, Cuadrado, ArturoDónega, MarinoGerstein, MarikaMuñoz Manzano, CarmenNúñez Búa, XoséLaxeiro, Scheimberg, SimónVázquez Freire, José LuísGil Varela, ÁlvaroRey Romero, JoséDíaz Arias de Castro, CamiloSofovich, BernardoPiñeiro, RamónFrontini, NorbertoBurd, LipaPicasso, PabloLifschitz, RafaelBlanco Amor, EduardoBaltar Domínguez, AntonioGerstein, NoemíBaudizzone, LuísBurd, EstherColmeiro, ManuelLifschitz, EmmaRónai Pal, PauloOtero Espasandín, XoséNogueira, FedericoRodríguez de Prada, PilarFernández-Albalat Lois, AndrésFalcini, LuísDíaz Arias de Castro, RosendoMaside, CarlosAlvajar, AmparoSuárez, MarcialLifschitz, CarlosPondal, EduardoDieste, Mireia Temáticas: Fondo: Luís Seoane depositado na Fundación Luís Seoane. artesliteraturaartes visuaisColección: Isaac Díaz Pardo e Luís Seoaneespazos artísticos Colección: Otero Pedrayo e Carballo Calero A nova Sargadelosautores/asmigracións Fondo: Valentín Paz-Andrade no seu arquivo persoalemigraciónpolíticamedios de comunicaciónprensa escritaFábrica de Porcelanas La MagdalenaColección: Paulo Rónai con Paz-AndradeHistoria da Literatura Galega ContemporáneahistoriaGalería Boninoartes escénicasNadal [festa]Álbum de GaliciaColección: Valentín Paz Andrade con Isaac Díaz PardocineGalería Sargadelos de BarcelonaviaxeexiliopremiosradioEdiciós do CastroenfermidadeSeminario de Estudos GalegosExposición de Luís Seoane. Colonia. 1967Pedrón de OuroInsectarioCeltia S. A.PescanovaCuadernos del Seminario de Estudios Cerámicos de SargadelosMundial de Fútbol de 1978defunciónsHomenaje a la Torre de HérculesA galecidade na obra de Guimarães RosaCastelao na luz e na sombraMar de histórias: antologia do conto mundial Epistolario de Ricardo Carballo CaleroPoliclínico da RosaledaExposicion de Luís Seoane. Madrid. 1967Exposición de Luís Seoane. Bonn. 1967Martín Fierro

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