Temática: familia

Temática: familia [3]

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Celso Emilio Ferreiro
1982-05-20
Carta de Judith Dellepiane a María del Carmen tras a morte de Carlos Rama e o accidente da familia en México, 20 de maio de 1982
Ver Carta mecanografiada, unha folla (dúas caras), co sobre conservado. Data «México, 20 de mayo de 1982». Encabezamento «Querida María del Carmen». Sinatura «Judith» e posdata manuscrita. Remitente: Judith Dellepiane (Apartado Postal 99/032, México 20 DF); destinataria: María del Carmen (Sra. María del Carmen Tobío, Bonetero 5, Madrid 16). Anexo: sobre de correo aéreo con selos de México («México Exporta»).

Transcripción da Carta de Judith Dellepiane a María del Carmen tras a morte de Carlos Rama e o accidente da familia en México, 20 de maio de 1982 en 20/05/1982

México, 20 de mayo de 1982

Querida María del Carmen, ¿qué te digo que tú no hayas ya imaginado de los tristes días que vengo pasando desde la muerte de Carlos? Te quería haber escrito antes pero el desánimo me lo impedía.
Va a hacer un mes que tuve que desplazarme a este país por un accidente de tránsito en una carretera veracruzana que tuvieron Ruth y familia y los amigos catalanes de Rodrigo. Del mismo resultó muerta una amiga de Ruth que al tiempo era su ayudante oficial en el trabajo. Se trataba de una chica argentina de 28 años, graduada en ciencias políticas. También resultaron siete heridos de los cuales mi nieta Marcela, muy grave y muy delicados con múltiples fracturas de miembros y huesos de la cara mi yerno y un muchacho de Barcelona. Hubo también tres con fracturas leves y por último Ruth, que aunque iba delante, en el asiento del acompañante, por suerte sólo recibió un corte en la frente y una fractura leve en la nariz. Manolo y Rodrigo no sufrieron nada. Ruth y Rodrigo habían comenzado a encontrarse los fines de semana ya que viven en ciudades diferentes, con mucha necesidad de verse, después de la muerte de Carlos. Se fueron con sus amigos en tres autos y ya regresaban a México un domingo por la noche pensando llegar desde la playa a hacer noche en casa de Rodrigo en Jalapa para seguir viaje de día el lunes. Los tres autos llevaban niños y además el que encabezaba la caravana iba en rodage, es decir, con una velocidad adecuada para esas malas carreteras, pero el señor que manejaba la poderosa camioneta que originó el choque iba alcoholizado y dejó su mano, produciendo un choque frontal primero con uno y luego con el segundo auto. Fue tremendo. Inclusive para encontrar auxilio. Por supuesto que los dos autos quedaron completamente fuera de uso, y eso es lo de menos. El de Ruth era un Caribe que había estrenado en enero con Carlos y conmigo. Te puedes imaginar qué afectados hemos quedado todos, sobre todo con la muerte de Marina y la preocupación enorme con Marcelita y Donald. Ahora ya ha desaparecido por suerte el peligro, ya están en casa los dos. Hoy por la mañana tuvieron consulta con el oculista, con pronóstico favorable. Una herida que se había hecho Donald en el ojo, entre otras tantas, cicatrizó, y el párpado inferior de la nena que había quedado de la primera operación con obstrucciones, es perfectamente modificable. Los dos comienzan una serie de cirugías plásticas, pobres.
Todo esto me acongojó, como podrás inferir, y por otro lado me perturbó en esos difíciles momentos en que estoy de organizar una vida (los años que queden) o el tiempo que quede) con todo lo que eso significa de resoluciones y pasos a dar. Además necesito tiempo después de esta conmoción, de esta desolación que me produce la ausencia de Carlos, para estar tranquila, si se quiere ensimismada, pues estoy sola con mis fuerzas, nada más, para asumir ese dolor. Eso requiere un esfuerzo grande, ya lo comprendí en Vallvidrera, cuando salía a caminar para aliviarme, o escuchaba música, pero más bien en soledad.
Esta carta parece que nunca debería enviársela a nadie, pero te digo que el hecho de que la esté haciendo es ya promisorio.
Mañana se cumplen tres meses de la muerte de Carlos y es como si hubiese pasado sólo un día larguísimo y penoso. Estoy de lo más desorientada con el sentido del tiempo y ni me acuerdo de cuál era que hablaba Tomas Mann pero a mí me parece sólo un día 90 largos días tan tristes para mí, y en cambio aquellos tres o cuatro días que pasábamos a veces en Madrid con Carlos y en que tantas veces nos encontramos con ustedes y otros amigos, se me hacen largos, como felices temporadas. ¡Extraño! ¿no?
Mi idea era llamarte por teléfono al pasar por Madrid, lo mismo que a Dolly Onetti que me lo había pedido, pero no me había dado cuenta que la escala era en Lisboa esta vez. Los días antes insistí llamando a tu casa y ya el segundo número daba señal de ocupado. Pasó lo mismo con Fondo de Cultura E. a donde tenía suma necesidad de hablar.
No te imaginas cómo extraño a Carlos. Teníamos un diálogo permanente y a veces sin palabras. Casi que no he vuelto a comentar nada con nadie. Aquí los chicos (y yo) hemos estado inmersos en el desgraciado asunto del choque, muerte, salud, secuelas, recuperación. Estos días, ayer y hoy queriendo salir un poco del tema compré los Viajes de Gulliver, el libro completo, no el compendiado para niños que estaba en la casa, y lo estamos leyendo en voz alta con mi nieto. Lo pasamos bien. Que él tome lo divertido del texto y yo lo que pueda.
En fin, ellos tienen organizado y controlado todo en estos momentos y yo apenas se vaya suavizando todo regreso a Barcelona. También me perturba la separación. Me quedaré unos días con Angel en USA ya que él, por asunto de sus documentos personales no ha podido salir del país y no sabe aún por cuanto tiempo estará en esa situación. Yo no tengo ningún deseo de andar viajando más, pero sí de verlo así que le pedí que vaya a N. York que es escala obligada de mi pasaje en vez de tener que trasladarme a Washington.
Me imagino que Constanza hizo un buen viaje y regresó de EEUU. ¿O iba a pasar una temporada? Rodrigo en cuanto pueda regresa a España, pero la situación está poco propicia para él. Hasta que no haga su doctorado no tendrá allá suficientes oportunidades. Y aquí, a su vez, no puede hacerlo pues él y su compañera son las máximas autoridades en psicología en la Univ. de Xalapa. Con ellos agregan experiencia a la psicología impartida allí, que hasta la llegada de ellos era sólo la conductista. Además los dos trabajan también en la Clínica psiquiátrica por la mañana y no encuentran tiempo para otra cosa. Si estuvieran en México sería diferente, pero a la vez aquí hace tiempo que no admiten profesores extranjeros en sus organismos centrales, a no ser que se trate de celebridades o visitantes a corto plazo. Ellos necesitan descentralizar sus servicios universitarios, y toda la gente aspira a la capital. Esta capital, por otra parte, Rodrigo encuentra invivible.
¿Cómo están Miguelito y familia? Ruth y Rodrigo envían muchos recuerdos afectuosos para todos ustedes.
Espero y deseo que tus trabajos y los de Luis vayan adelante y lo mismo la salud. ¿Es que ya caminas sin ninguna molestia?
Como el correo entre México y España es lentísimo no sé si ésta te encontrará ya en vacaciones. Creo que estaré recién a fines de junio o principios de julio en casa. Lo de mi trabajo va encaminado. Veremos qué puedo hacer. A veces me entra una desconfianza ilimitada en mis fuerzas. Junto con Luis recibe un abrazo con todo mi afecto
Judith

[manuscrito ao pé:] Y además siempre mi agradecimiento por las cartas, recortes, llamadas telefónicas y vuestra presencia amiga.


1985-00-00
José Rubia Barcia: Unha vida contada 09
Ver Fragmento de entrevista sonora posteriormente dixitalizada

Transcripción da José Rubia Barcia: Unha vida contada 09 en 00/00/1985

José Manuel González Herrán.- Planteas otra cosa que también me interesaba: este país ya no es tu país. Si mis datos no están equivocados, tu regreso, digamos vacacional, a España se empieza a regularizar en torno al setenta y cinco.

José Rubia Barcia.- La primera vez vine a Portugal, y mi familia me visitó en Portugal, y fui objeto de persecución en Portugal. Mi hermano tenía –¿te lo conté?– contacto con la policía de aquí; mi familia, mis padres, mis hermanos y tal fueron a Portugal, a vivir conmigo un año en Portugal. Eso fue tan pronto…, yo no era ciudadano americano todavía, fue en el cincuenta y cinco o cincuenta y seis cuando vine por primera vez a Europa, y, llegué a Lisboa con un visado y un pasaporte que me había conseguido mi suegro. Yo no podía ir al consulado español a solicitar un pasaporte; además era enemigo acérrimo del régimen y no me lo iban a dar, de modo que mi suegro fue al consulado español y le dijo al cónsul: «Usted ya sabe quién es mi yerno, él no va a venir aquí, pero quiere ir a Portugal y no a España, pero no tiene pasaporte». Yo estaba indocumentado, no podía moverme en el mundo, no podía hacer nada. Se había resuelto mi problema inmigratorio, es decir, ya era residente legal en los Estados Unidos, y tenía permiso para viajar y no tenía garantía de poder volver. Pero yo dije: «No puedo esperar más». Habían pasado veinte años, por lo menos, que yo no había visto a mis padres y ya no podía esperar más. Mis padres no conocían a mi mujer, no conocían a mis dos niñas, que eran chiquititas. Es decir, corro el riesgo de no poder entrar en los Estados Unidos, pero ya tenía preparada la cosa para una posible entrada en México o en Cuba; ya los representantes de Cuba y de México me dijeron: «Si hay dificultad, inmediatamente nosotros intervenimos y te vienes para acá». Entonces cogí un barco y me vine con mi familia y mi suegro. Pero para el billete necesitaba un pasaporte, mi suegro fue al consulado, le habló al cónsul español y el cónsul español le dijo: «Mire, yo sin más, sin autorización y sin nada, le voy a dar un pasaporte». Y le dio un pasaporte: con ese pasaporte vine a Portugal, me instalo y alquilamos un piso, viene la familia y tal… Llevaba cinco o seis meses en Portugal, cuando la policía secreta me llama y me dice que no puedo seguir en Portugal, que tengo que salir de Portugal. No sé si la embajada insistió o no en que se me echara de Portugal; gente de España vino a verme y tuve algunas entrevistas con gente de España y, no sé si la policía secreta, que era al parecer bastante ágil, se puso en contacto con la embajada y tal. Estaba de embajador Nicolás Franco. Entonces mi hermano ya había estado allí, pero ya había vuelto para aquí, y le llamé, y vino, le dije lo que pasaba, que se me expulsaba de Portugal, que yo no sabía si con la expulsión necesitaba una autorización de salida de la embajada española, que me autorizaran a salir de Portugal; e incluso la policía portuguesa podía entregarme a las autoridades españolas. De modo que la situación era muy delicada. Entonces mi hermano me dijo: «Yo no dije de volver a entrar en España a nada; pero si se te ha ocurrido que te traigan a España, a mí el jefe de la policía de Ferrol me ha dicho que hay que provocarte un accidente en la carretera». Eso me dice mi hermano: «Ten cuidado, porque hay esta cosa...». Eso indica cómo molestaba yo en el extranjero al régimen. Y, ya en vista de eso, dije: «A ver si me voy a Francia, si me dejan salir voy a Francia. Vete tú que conoces a esta gente en el consulado, a ver influye, tu influencia…». Él fue al consulado, a la embajada española y arregló que me permitieran salir de Portugal. Me permitieron salir de Portugal y, entonces, me fui a París y, al poco tiempo, de París volví a los Estados Unidos. Fue mi primera experiencia en el cincuenta y siete. Pero más adelante, ya tengo la ciudadanía americana, y han pasado ya unos años, cuando me decido a venir a España de visita, pero mi visita a España fue una visita para ver a mi familia y nada más. Me instalé en Madrid e, inmediatamente, un policía todos los días delante del hotel donde yo estaba, y a donde yo iba me seguía por todas partes, de modo que estaba vigilado y tal... Había el peligro de que me detuvieran o me acusaran de lo que fuera, pero decidí correr ese peligro.

José Manuel González Herrán.- Probablemente existiría la sospecha, crees tú, de que conspirabas o tenías contactos con la posible oposición clandestina.

José Manuel González Herrán.- Yo no sé lo que pensarían, pero si sé que asignaban un policía secreto. Hablé con él: «Quiero facilitarle su labor, de modo que si usted quiere yo le digo de antemano a dónde voy, y a quién veo, y así tiene usted la información» (un poco irónicamente). Y el hombre, desconcertado con mi actitud: qué hombre tan raro… Pero no vi a nadie políticamente en España, ni hablé en España con nadie políticamente; vine exclusivamente a ponerme en contacto con mi familia y nada más. Invité a mi familia a que fuera a Madrid a pasar las primeras navidades conmigo; fue toda mi familia y estos chicos eran chiquititos entonces. De modo que siempre, mientras vivió Franco, no sé si vine dos o tres veces, siempre de incógnito, siempre sin… Pero al mismo tiempo, activo en la política de fuera y combatiendo al régimen desde afuera. De modo que salían artículos míos, a veces muy violentos; algunos hay recogidos en el libro, publicados aquí, muy cerca de la muerte de Franco, contra Franco y contra el régimen.

José Manuel González Herrán.- Me acuerdo de uno de ellos, a raíz de los fusilamientos de septiembre del setenta y cinco.

José Rubia Barcia.- Sí, de los muchachos estos del GRAPO. Al mismo tiempo que hacía eso, llegó a California un barco de guerra americano, y unos muchachos se declararon desertores y se salieron del barco; yo fui su defensor en los Estados Unidos, busqué abogados, ayudé…, y conseguí que no se les mandara a España. Y ataqué violentamente a los Estados Unidos, y ataqué violentamente a México, de modo que ya no es la adhesión. A mí no me importaba ser ciudadano americano, y, de hecho, lo aproveché para atacar las cosas que no me gustaban en el país en el que yo vivía, y no me persiguieron por eso; con el macarthismo, sí; después no me persiguió nadie por eso. De modo que mi actitud ya era un poco por encima de la problemática de un país determinado o del otro de más allá, era una lucha contra la injusticia y no contra unas cosas personificadas en unos individuos. De modo que otra vez es un síntoma eso de que estaba sur la mêlée, por encima de la cosa temporal e inmediata, y pensaba más ya en una humanidad más justa y mejor que la humanidad que nos tocaba vivir.

José Manuel González Herrán.- ¿Qué impresión (aunque sé que eso es muy difícil de simplificar) te produjo la sociedad española y la gente española con la que trataste en los diez últimos años, en los que has podido tener ocasión de hablar, no sólo con la familia sino con otras gentes?

José Rubia Barcia.- Mira, algunos de los intelectuales –no voy a mencionar nombres–, algunos de los intelectuales más destacados…, me han ocurrido cosas desagradables con algunos de los grandes nombres españoles, una vez que me puse en contacto con ellos; y algunas cosas en el terreno personal agradables. Pero no podía adherirme… Cuando se me invita para que colabore para los Cuadernos para el Diálogo, por ejemplo; yo renuncio a colaborar en los Cuadernos para el Diálogo: yo no podía creer que podía haber posibilidad de diálogo entre lo que yo sentía, pensaba, etcétera, y lo que ocurría en el interior de estas gentes que proponían la misma cosa. Algunos de los proponentes de eso… (lo recuerdo y aun así somos amigos), hubo una correspondencia mía con Aranguren…, y ahora voy a Madrid y como con Aranguren, porque lo considero una bellísima persona, etcétera; pero no pude estar de acuerdo con su actitud de convivencia y olvido; yo no podía hacer eso, me lo impedían mis entrañas; no mi cabeza, mis entrañas me impedían eso. De modo que mis vueltas a España han sido todas…, diría, más de sufrimiento que de conmiseración por la problemática de la vida española, por muchas razones. Es éste de ahora el primer viaje de los que he hecho a España…, es éste el primer viaje en que me encontré con jóvenes, no con gente mayor, con jóvenes con los que me he entendido perfectamente; es decir, los jóvenes con quien estuve en contacto en San Sebastián, en Bilbao, en Madrid, en Santander y aquí me han devuelto la fe en España. Pero lo anterior, no. Nada: no importa que haya sido gente que ha luchado, que no ha luchado…, gente arrepentida o que ha cambiado…, es gente con la que no he podido entenderme. Puedo tener una conversación cordial, pero no confusión de sentimientos, simpatía profunda, la esperanza en ellos la he perdido ya hace muchos años y no he podido recobrarla.


TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Avilés de Taramancos, AntónLombao, CristinaRubia Barcia, JoséGonzález Herrán, José ManuelOtero Pedrayo, RamónCastelao, Rama, Carlos M.Díaz, AvelinoRama, ÁngelAller, Ramón M.Lago Pita, PabloPuente González, ManuelCrestar, AntónGonzález López, EmilioBlanco Amor, EduardoConde de Gondomar, Ferreiro Míguez, Celso EmilioPrisciliano, Castro, Rosalía deSeoane, LuísPerozo, Xosé AntonioFerrer, San VicenteMeilán Martínez, ManuelDellepiane, JudithAlonso Amat, FernandoAlonso Ríos, AntónUnamuno, Miguel deLugrís González, UrbanoGarcía-Sabell, DomingoSeárez, José Antonio deFranco, FranciscoCabanillas, RamónSalvat i Ferré, RicardTobío Fernández, LoisPorteiro García, María XoséXoana I “a Tola”, García Lorca, FedericoSoler, Mª del CarmenPiñeiro López, RamónPrada, RodolfoFernández Osorio-Tafall, Bibiano Temáticas: entrevistaliteraturapoesíauniversidadeguerradocenciaemigraciónteatrosaudademigraciónsretornointegración socialsociedadeidentidaderadiofamiliaGalegovídeoProxectorSecundarioUniversitarioconferenciaspatrimonio culturallinguaestudosembaixadasexiliointelectuaislibroshistoriaLingua. LiteraturafísicaCiencia. Tecnoloxíaastronomía e astrofísicaÁlbum de GaliciaColección: Carlos M. Rama – Lois Tobíomemoriasculturapolíticamorriñacomunicaciónhomenaxeslingua galegaobra literariaObra poética [libro de Seoane]formaciónGuerra Civil española (1936-1939)ideoloxíainfanciaraíces

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