Persoa: Rosalía de Castro

Persoa: Rosalía de Castro [8]

Data Material Ver
Data Material Ver
1864-04-06
Carta de Rosalía a Pondal. 1864
Ver [Carta manuscrita con firma autógrafa]

Transcripción da Carta de Rosalía a Pondal. 1864 en 06/04/1864

Mi estimado amigo:
Después de los apuntes biográficos sobre Mourelle que me ha enviado, recibí su atenta carta, que me ha causado gran satisfacción, tanto por la amabilidad con que en ella nos trata, como por saber que sigue V. tan mejorado. En verdad no podía menos de ser así, pues según todas las apariencias, aun cuando se hallase V. un poco delicado, no presentaba ninguno de esos síntomas fatales que el menos entendedor es capaz de conocer. Le diré, pues, ante todo que prosiga cazando y comiendo bien sobre todo, que es lo esencial, y al cabo de algún tiempo espero que llegaremos a verle tan bueno como es de desear. Por mi parte, le puedo asegurar que las aguas de Caldas obraron en mí un verdadero milagro. Pasé todo este invierno (que ha sido crudo) sin un constipado, cosa que en mí casi parece imposible, y si no estoy robusta, que fuera mucho decir, ya no tengo por lo menos aquel semblante demacrado y aquellas mejillas enjutas que me hacían parecer diez años más vieja, ni aquella postración general que me hacía semejante a un mueble inútil. Ahora subo y bajo, corro y paseo sin grande agitación, en resumen, paso tan bien la vida como nunca me atrevería a esperar. Con esto debe V. cobrar inmensas esperanzas, pues no puedo suponer se ponga V. más enfermo que lo estaba yo, a quien Varela juzgaba mujer muerta. Yo misma, a quien todos suponían llena de aprensión, me sentía morir realmente y a pasos agigantados, siendo solo mi gran fuerza de espíritu la que me hacía sostenerme en pie. Verdaderamente estaba mortal, todo lo tenía contra mí, sin ninguna probabilidad favorable, y sin embargo, aquí me tiene V. resucitada, ¡a Dios gracias!
Respecto a trabajar, absolutamente nada, y aun cuando V. se digna hacerme algunos elogios que estoy muy lejos de merecer, y que solo puedo deber a su buena amistad, le aseguro que se pierde muy poco con que yo no escriba. Francamente, no tengo ninguna fe en la gloria y, por otra parte, conozco demasiado mis pequeñas fuerzas. Acaso consistirá en que soy muy ambiciosa, pero es lo cierto que nada de cuanto hice me satisface en lo más mínimo y por eso, después de haber ensayado algunos nuevos trabajos de los cuales quedé muy descontenta, he roto cuanto hice y no volví a coger la pluma. Manolo me riñe algunas veces, pero nada mejor que una conoce hasta donde puede alcanzar. Y como no tengo demasiada paciencia para luchar me abandono, convencida de que poco se pierde. V. sí que debía dedicarse formalmente a hacer algo original, pues aunque mi pobre juicio de nada vale, sin que pretenda devolverle a V. una galantería, le diré, como lo he dicho siempre, que sus versos son los que me hacen sentir más de cuantos en Galicia se escriben. Aun cuando por mero descuido sea V. algunas veces desaliñado, sus versos siempre son versos, y versos de ese género que no puede menos de impresionar, porque encierra ese sentimiento escogido que vibra en el corazón y que solo se encuentra el que ha nacido verdaderamente poeta. Por esto, me atreveré a aconsejarle que, permitiéndoselo su salud, mejor que traducir hiciese cosas originales. En mi opinión, el traducir en verso es un trabajo demasiado penoso y demasiado ingrato; todos, por lo general, se admiran del genio del autor, y jamás del traductor. Es, en fin, un trabajo de abnegación, y cuando se tiene genio pienso que no se debe desperdiciar el vigor de su inteligencia en un trabajo ajeno.
Cuando sea V. viejo, ya es otra cosa, pero en tanto tenga V. fuego en el corazón trabaje V. para alcanzar gloria, y demostrar a las gentes que esta pobre tierra que se llama Galicia también tiene poetas, pues por lo de ahora debemos confesar que, respecto a ese punto, nos encontramos flojos.
Manolo se halla en Madrid, desde noviembre, y vive para lo que a V. se le ofrezca, [en] Calle del Gato, nº 4 cuarto 2º. Hoy me escribe que piensa venirse en todo este mes, pero como las cosas de Madrid son cosas de Corte, no sé si en realidad podrá cumplir lo que promete. El ofrecimiento que V. le hace con tanta franqueza, y por el cual le doy las más sinceras gracias, pienso que ha de ser muy de su agrado, y yo estaría muy lejos de oponerme a una cosa que así le complace a él, como a un amigo como V. Quede, pues, sentado que por mi parte no habrá el menor inconveniente en que VV. pasen juntos parte del verano, siendo por el contrario una gran satisfacción para mí el que V. le honre de tal modo con su aprecio. Le he dado parte del recibo de su carta y de sus apuntes: hoy le escribiré las señas con que se ha de dirigir a V. y pienso que pronto sabrá V. de él directamente.
Nada más le digo, sino que me alegraré progrese en su salud, y que eche lejos de sí toda aprensión. Con el buen método de vida que ha emprendido pronto le veremos en buen camino, y en ello sentirá una verdadera satisfacción, la que le estima con la mayor sinceridad, afectísima amiga,
Q. B. S. M.
Rosalía Castro de Murguía
Santiago. Abril 6 de 1864


1947-07-26
R. Otero Pedrayo: A paisaxe galega, as súas leis e tipos
Ver [gravación sonora de voces de persoas dixitalizada a partir de soporte físico analóxico]

Transcripción da R. Otero Pedrayo: A paisaxe galega, as súas leis e tipos en 26/07/1947

[Antón Alonso Pérez:] Esta casa, donde tanto se ama a nosa patria e tanto se ten traballado e se traballa por éla, pol-o seu prestixio e pai-a sua cultura, énchese hoxe de ledicia, e honrase, outamente, coa presenza el-este querido e admirado intelectual galego, incansable traballador elas nosas letras e ela nosa historia, doctor Ramón Otero Pedrayo. O Centro Galego, a quen lle debemos o patrocinio ela visita que nos fai, tuvo a xentileza de adicamos a espléndida regalía dunha conferencia cio noso eminente compatricio; xentileza que aquilatamos en toda a súa outa importancia, e a quen lle quedamos moi agradecidos Señores: Esta casa fundouse baixo o siño da cultura. As entidades que a integran, levan feito moito por ela, en Galicia, dende os albores d-este século. Non é extra­ño, pois, que nós batalláramos arreo por que éla alcan­zara unha maior amplitude, unha máis fina calidade e unha densidade máis consistente. En boa hora o diga­mos, parece que a nosa coleitividade está tomando a lumiosa estrada da outa cultura, da que está en déficit, se tomamos en conta o que fan outras colonias extranxeiras. Cabéunos en sorte a nós falar d-esta ourentazón no aito conmemorativo do centenario dos Má1tires de Canal. Alí dixemos que era unha necesidade imperiosa fomentar, esparexer e defender a cultura por­que soio por éla os pobos son grandes, estimados, diñificados e inmo1tales. Hay que estimular a nosa lite­ratura, mediante a creación de impo1tantes premias para os seus diversos xéneros; hay que orgaizar exposicións ela nosa a1te; hay que editar obras funclamentaes elas nosas letras; hay que estimular a proclucción da nosa música; hay que subvencionar institucioes culturaes; hay moito, moito que facer n-este senso. Felizmente, a nosa máisima e poderosa asociazón mutualista, está tomando unha concreta e acertada direición cultural, que merecerá o tiduo de beneméri­ta ela nosa Patria, se continúa facéndoa; a ela se achegarán outras entidades e particulares que suma­rán os seus aportes ao noso enriquecemento cultural. ¿Qué será elas nosas institucioes coleitivas dentro de 50 ou 100 anos? ¿Qué ficará cl-élas? Probablemente, nada. Pero, poden inmortalizarse élas, e os seus dirixentes, se deixan tras de sí, unha fecunda, positi va e lumiosa labor cultural. Non esquenzamos, seño­res, que cando se lembra a Horacio, a Propercio ou a Virxilio, a simpática, proteitora e paterna! figura de Mecenas, aparece a sua veira, como dicindo: a min tambén me corresponde un pouco ela súa gloria; eque, como os esgreuios poetas que el protexéo, non morrerá máis; como tampouco morrerá noso paisa­no, o Conde de Lemos, porque está Ceruantes Saavedra, co seu xenio, para inmortalizal-o. Señores: Presentar eiquí a conterraneo tan precla­ro, non é cousa, certamente, doada; o menos, para min. Por outra parte, a súa obra non é de todo iiforada entre nós. GALICIA, noso se manaria, con frecuenza espalla os seus traballos maxistrales. Pro, a costume é imperiosa, e nos obriga a clásica presentación. Otero Pedrayo é bome de multiples matices cultu­ra/es. Máis que un intelectual moderno, especilizado, pero de limitadas perspectivas, parece un bome do Renacimiento, pol-as suas inquedanzas espirituales e oseu afan de saber e de inquirii? cuxo arquetipotam.bén encarna o gran Leo nardo. Pro, enténdase ben;non é inteleitual puro, encastelado na sua torreebúrnea; alleo ao prosaico e cotidiano vivir; como o"clerc" que nos deseña Xulián Benda. Pedrayo é unbome que vive a vida do seu pobo, que estuda os seusproblemas, non doados de resolve,? que pon toda asua intelixencia na solución, é inclusive á sua vida; eo que vale máis: a sua liberdade. Otero Pedrayo é unbamaravillosa, equilibrada amalgama de razón esentimento que nos dá esa rara persoa/idade de sabiabumanista, tan escasa hoxe en día. O home que nos honra coas sua visita é doctor en dereito e filosofía e letras; cadeirádego; direitor de Ins­titutos docentes; membro honorario de numerosas entidades culturaes extranxeiras; novelista de mañifica prosa, e raras dotes de ouseruación; poeta inspirado; historiador seria e veraz; ensaista de enxúndia; crítico agudo; perspícuo e sagaz comedió­grafo e artista sempre. Estas son as facetas ben talla­das da sua persoa/idade de home e de pensador. Pro, por riba d-estas exceicionaes condicioes, está o pa­triota insobornable; o home que permaneceu e per­manece fidel á patria, á sua cultura e ó seu espri.to.Señores: Perdonádeme o esvaído do meu esbozo e vállame a vosa indulxencia, Doctor Otero Pedrayo: está vostede na súa casa e na súa tribúa.

[Ramón Otero Pedrayo:] Miñas donas, meus señores: Estou conmovido deica o máis fondo das miñas entrañas, ó sentir as palabras emozoadas con que fun presentado neste fogar aceso do sentimento de Gali­cia. Porque todo o que eiquí se dixo fai un intre, de filósofo, de pensador, de novelista, de estético da lingua galega, de artista, todo iso significa unha arelanza, unha aspiración, unha figura hipotética e ideal da que eu estou moi lonxe de encher as súas proporciós. Oh! Iso quixen eu selo, alá cando tiña ambicións, e cando nos primeiros tempos de adoles cencia saía polas terras de Galicia e trataba de pescudar no misterio das penedías célticas e no bruar do mar e nos queixumes dos pinas e no silencio das aldeas antigas e na consella que vagueaba polos claustros das catedrales e dos mosteiros, algo do misterio da nosa ialma antiga e nova, creadora e sempre inmortalizadora das esencias da saudade. Pero eu non conseguín nada diso. Eu son un home que chego xa ós lindeiros da velleza, co esprito cangado e co corpo carigado, máis co esprito aceso, soñando con voltar a aqueles días de adolescencia en que soñaba ser algo pra ofrendalo no vello i eterno altar da nosa Galicia. Pode ser no meu xentil presentador un acerto, que foi presentar­me como home leial das esencias eternas da saudade e da arte e do pensamento da nosa terra. Porque eu, que é certo que teño asistido a moitas cátedras, que frecuentei moitos cursos universitarios, que lin moitos libros e que tamén me teño aburrido fondamente con moitos libros dos chamados maxistrales, eu, se algo sei, ¿sabed?s onde o aprendín? Non foi na aula da universidade nin foi en empingorotados cursos aca­démicos, foi nos camiños antigos da nosa terra e nos longos silencias aldeáns. Neses silencias aldeáns que están ritmados e que están acompañados pola lembranza dos que foron e pola esperanza dos que serán. Porque toda Galicia, dende Ortegal ó Miño, dende as serras escuras dos Ancares, deica a libre beleza das ondas e das furnas, e dos cabos e dos litorales da beiramar de oucidente, toda Galicia é un templo de belleza, de reflexión, de melancolía, en donde parece que hasta as cousas materiales, os arboredos e os penedos, as montañas e os vales, os ríos e os promontoiros que miran porse ó sol, pare­cen que están libertados da pesadume material das cousas, que xa non son terra nin pedra nin arboredo nin cousa material e transitaria, sinón que están car­gados dun esprito xigante, dun esprito que algunhas veces nos parece triste como esprito xenial de Prometeos vencidos pero que no seu vencimento do destino teñen sempre aquel carácter humán, de sufrimento, de idealidade, de pensamento para triun­far ó final dos tempos. Eu señores, escollín como tema desta diserta­ción ante vós, algo que me é moi querido e que é moi íntimo pra o meu pensamento e pra miña soidade, que é falar da paisaxe de Galicia. Galicia é estimada pola maior parte das xentes como unha terra fermosa, como unha terra gasalleira. Claro está, que moitos cios que salen, sobre todo neste tempo que é vran no hemisferio norte, pra Galicia, están pensando nunha terra moi mimosa, moi ercle, moi gasalleira, donde se toman magníficas comidas, cloncle o marisco non é caro, en doncle é moi doce e moi grato o estar no porto contemplando como coa mañá salen as barcas pescantinas como blan­ cas pombas polo mar, e saben apreciar máis que nacia eso. Son esas (...) as xentes que teñen un sentido meramente voluptuoso e cómodo da vicia. Mais Galicia ten unha poesía moito máis fonda que esta. Galicia non é unha terra de turismo en doncle se contempre un claustro románico ou unha fermosa posta de sol pensando na boa comida que agarda dentro duns instantes. Galicia é necesario achegarse a ela, como se achega un a un templo e ós númenes deste templo; a grandeza e o destino deste templo está pintado nos seus paisaxes. Un paisaxe non se pode comprender como un fondo do teatro, como o fondo das decoraciós que se poden pór neste escenario inmóbil, un fondo que non cambia nun­ ca, que sempre é o mismo desde o .tempo de Prisciliano, e desde o tempo de Décimo Iulio Bruto ou do Mariscai Pedra Pardo de Cela hasta os nosos . clías. Pra que, sobre ese fondo escenográfico for­ mado polas montañas e polos bosques, polo sucalco e polas encostas, e dunha vez pra sempre se desenvolvan os grandes temas da traxedia ou ela comedia da historia dos homes, non. O paisaxe hai que sentilo como algo que vive, como algo que evoluciona, como algo que se clesenrola, e que se está facendo e que nunca se fai por completo. Agora que, diredes, ¿cales son as forzas, cal é a diná­ mica, cal é a enerxía que produce esas variacións e que leva ó paisaxe nun devalar, nun galgar coma as ondas cio mar contra os cons ela costa, sempre pra unha forma que ensoña. Esas forzas, unhas, son forzas naturales, cósmicas, telúricas, propias da natureza e cio mundo inorgánico, outras, son as forzas de vida, i outra, a máis paciente de todas, a que está sometida aparen­ temente ás outras pero que tamén sabe guialas e enroitalas, é a forza cio home, a forza do intelecto humán. É, sencillamente, a historia en loita co medio ambiente, o home afirrnánclose na natureza. Contemplemos unha paisaxe de Galicia, contem­ plemos unha paisaxe sinxela. Imos imaxinala: a paisaxe da Terra Chá de Vilalba ou de Castro de Rei de Lugo. É unha planura cuberta de toxeiras e de uces. Os abidueiros forman unhos bosques brancos como se foran fantasmas de druídas. Eses arbres fermosos cantados polo noso vate Noriega Varela, que morreu, que baixou á coviña da beiramar cántabra, inda fai tan pouco tempo, eses arbres forman algo apaixoado, algo fantástico durante a luz do luar, como se foran a luz das alboradas e como se fora a luz vaga e romántica do luar concretado nun florecer tenro e verde. É unha paisaxe sinxela, é unha paisaxe que non evoca grandezas e ó fondo, vese ó lonxe, o trazo azul da Serra dos Ancares. Ese paisaxe variou moito no transcurso dos tempos. Ese paisaxe estase facendo, é un paisaxe do que chamamos alá "gándara". Unha gándara é unha terra que aínda está sen formar; as augas non se organizan en regueiros, non teñen canles nin cauces por onde decorrer. Forman unhas extensións lenturentas que lles chaman "illós" sobre as cuales se reflexan as nubes, como sobre vellos espellos crebados no chan. Esa terra está suxeita a un ritmo, a un devalar, a unha evolución maina, lenta, de pouco ritmo, de pouca enerxía. É posible que den­ tro de moito tempo, cando o chamamento do nivel de base que determina o equilibrio e a erosión das augas traballe un pouco máis, entonces eses cauces, esas canles que agoran son dubidosas na superficie da Terra Chá, na tona da Terra Chá de Lugo esmaltaC. ..)unha musculosa de roca granítica nunha basta polifonía e cando chegue o inverno e a serra aparece polas mañás vestida con muceta branca de doutor en teoloxía cios montes. Esa serra vive unha existencia apaixoada, unha existencia que puidéramos chamar xeoloxicamente romántica, porque os regueiros, un simple fío de auga obrigado pola pendente e pola resistencia das rocas, canta constantemente. E por eso cando nas cidades, con esa sensibilidade ciudadán, pensa moita xente que é duro, que é triste, que é terrible o inverno das aldeas, o inverno das monta­ ñas, eu penso que entonces é cando as montañas viven enerxicamente e van creando nesa traxedia da loita, nesa traxedia de conseguir as formas, a súa fi­ gura e van !abourando o sen destino. De maneira que nós temos que imaxinamos a paisaxe como unha cousa que se está facendo, e por iso dentro das paisaxes podemos imaxinar diferentes tipos: unhos son dun movimento ceibe, outros dun movimento da de centeos e abedueiras, se forme máis fortemente e entonces eses regos canten e se orgaice unha rede hidrográfica e se orgaice unha nova topografía. En troques contemplemos unha serra das graníticas, cio cerne de Galicia, como é a Serra de San Mamecle, a Serra da Martiñá, que eu enxergo tódalas mañáns dende a miña casa na aldea de San Pedro de Trasalba nas terras de Ourense, de Amoeiro, señalando o nor­ te como un fito. Unha serra en forma piramidal, azul, exenta e libertada das outras formas máis escuras que a envolven predestinada ós cumes. manso. Unhas forman rexias completamente independizadas das terras que arrodean como son certos arquipiélagos montañosos. Na Galicia podemos esculcar estudiando moi friamente a íntima compenetración do xenio do traballo, do xenio das forzas da terra, estudiando as diferentes formas de cultivo, como se vai orgaizando a Galicia dos centeos e a Galicia das viñas, a Galicia de beiramar e a Galicia do interior. Podemos a forza de estucliar, a forza de exemplos e sobre todo a forza de calcar cos nosos pés as vellas laxes dos camiños, de rubir polos sendeiros aldeáns, de vivir nos silencias nocturnos das aldeias e cios campos, podemos chegar a entender algo desa traxedia das formas que se van facendo. Desa Divina Comedia cósmica ela natureza, desa en que o axente principal é a enerxía cio pueblo galego, que desde os primeiros momentos de historia, desde os albores dunha responsabilidade e dunha conciencia histórica naquel recuncho idealista de Ouciclente, vén traballando dura roca pizarreña, vén traballando dura terra de gra para facer aquel xardín das viñas e dos eidos e por eso, en ningún aspecto, en ningún recuncho deica os curutos máis ergueitos cio corpo material e físico ela nosa terra de Galicia non se pode considerar nunca tan lonxana e á parte a acción cio traballo humán. Por eso é unha elas terras máis fondamente humanizadas da vella Europa, ela Europa creaclora, sufriclora, sempre mártir e sempre reitora dos destinos da humanidade e dos seus ideales. (. ..) temos que considerar a sufriclora, a patente, a heroica roca pizarreña coa que enche os seus faceres compactos coa súa pureza, cos seus drieclos, coa súa esperanza de loita, grande parte de Galicia, forma serras enteiras. Os vales son máis estreitos, as monta­ ñas son máis duras. Non ofrecen esa clozura de for- Estas leies pocleríamolas concretar en tres ou catro formas, ambiciosamente. É moi difícil crear unha lei xeneral das formas. Unha delas, a que ve calquera que conecta co mapa de Galicia, que teña recorrido as súas diferentes bisbarras, é para min esta: toda Galicia, na súa unidade morfolóxica, obedece á atracción cio At­ lántico. O Atlántico manda, o ouciclente manda. Mirade idealmente no voso cerebro, enxergacle a feitura da carta xeográfica de Galicia. Unha especie de Fontán ideal que se dibuxa nas almas. Considere­ mos pola parte ourental, basta os confins de Asturias e de León, a grande masa das serras pizarreñas que baixan desde as moles as1:urianas e que baixan desde a Terra de Fonsagrada pola Cruz cio Restelo deica os confins de Portugal, xuntánclose pola Serra Seca, pola serra do Eixe, polas terras de Viana e cio Bolo, coas serras Seguncleiras e con aquela fonte cios Tres Rei­ nos, que siñala o lugar onde interferen, o punto en clonde interferen os dominios históricos de Portugal, de Galicia e de León. Toda esa masa de rocas pizarreñas é unha Galicia como un prólogo doutra Galicia que mira cara a Oucidente. A roca pizarreña é moi diferente á roca granítica, da terra de gra, a roca de gra, o granito... mas, esa cousa donda, agarimosa, materna! que teñen as montañas da Barbanza, que teñen as montañas das Medas, que teñen as serras de Pontevedra, que teñen as montañas de Bergantiños. Os vales son estreitos porque alí aínda están loitando as augas. Inda hai unha loita terrible entre as augas e os fíos, como se foran os fíos dunha serra están serrando, están traballando a entradar as rocas e estas rocas que non se queren deixar vencer e por iso hai fíos agudos de rocas pizarreñas e por iso hai outos píncalos e por iso en inverno cando brúan tódalas torrenteiras, aquelo dá unha impresión dunha épica. É unha terra, unha roca xove, unha roca que está nun estadia heroico. Máis tamén as augas que nacen alí, as augas cio Si!, as augas de moitos ríos e afluen­ tes do Miño, as augas de outros que van buscar o Cantábrico, esas augas todas que nacen en fonteliñas sinxelas, nacen xa con unha arelanza, ¿sabedes cal é esa arelanza? Ir ó Atlántico. Así como moitos galegos desde nenos teñen o ensoño da posta do Sol e dos camiños de Ouciclente así tamén a maior parte das fonteliñas das nosas montañas, elas fillas da neve e elas fillas da chuvia, todas nacen e saben que ó nacer a súa primeira cántiga, o seu primeiro e queixumoso parolar no silencio dos ermos e no silencio elas gándaras, baixo o luar druídico e amigo, é soñando co Atlántico. Soñando coa chamada de Oucidente. E conforme imos camiñando desde o Este para a posta do sol, camiñando polo rumba cio sol, vemos como as formas de Galicia se van orgaizando, corno os vales se van facendo máis pronunciados e máis xenerosos, como as montañas ceden un pouco naquela loita heroica que teñen na Galicia pizarreña, e ó integrarse co feldespato co cuarzo e coa mica xa toman unhas formas que ó lonxe parecen as graves cabezas dos petrucios. Unhas formas de trono, unhas formas de altar, unhas formas de cadeira, en onde se sentan os xenios inmortales ela nosa fantasía e dos símbolos antigos da nosa raza. E por iso conforme nos vamos achegando ó Atlán­ tico, a Galicia vaise ofrecendo abertamente con to­ dos os caraiteres ela súa ialma e así temos unha sinxela comparación entre a terra do Salnés, ou a terra de Bergantiños ou a terra de Soneira, ou as terras das Baías, elas Rías Baixas comparadas coas terr a s de V iana do Bolo ou coas terras de Fonsagracla, algo como a diferencia que hai entre a primeira arte dos gregos, cando Apoio a penas se clesglosaba da columna e cando Venus aínda tiña un hermetismo fenício e un hermetismo ourental, comparado despois coa xenerosidade do Apoio in­ fante vestido de sol na illa de Delas presidindo o glorioso concerto das musas e coas Venus xa feitas cunha louzanía e xa feitas cun canon constante e eterno de beleza. Por eso nós consideramos que esta lei de atrac­ ción cio Atlántico que chama polas augas, que chama polas formas, que chama polas xentes, que chama pola saudade é a primeira que integra á nosa terra. É a primeira lei formativa, porque a Galicia foi esculturada i é esculturada polas ondas, esculturada poas ondas do mar e esculturada polas chuvias. E as chuvias son fillas do Atlántico. As nubes que enxergamos dende o interior de Galicia, todas elas conservan aínda a forma da onda onde se forma­ ron. Por eso non se pode comprender a Galicia invernal, igual que esta Galicia de arestora, destes días do centro e do cumio do verán en que parece que tódolos paisaxes se orgaizan dunha maneira olimpicamente serea, en donde as colleitas están maduras, en donde preside a candea de ouro aceso dos castiñeiros. Ese fermoso ouro que no cerne do vran lembra aqueles primeiros ouros mañanceiros ó comenzo da primaveira e dos días de xiadas de outono, cos toxales cantados por Noriega Varela. Cando calan os muíños e cando as xentes teñer que ir lonxe a moer e a procurar o seu pan. Pois ben, apesar de todo iso, agora sentimos igualmen­ te a atracción do Atlántico en todo o tempo. Puidéramos establecer outra clasificación dos paisaxes de Galicia según o seu ritmo, según o ím­ petu e a enerxía do seu devalar, según o triunfo e a resistencia que ofrecen a esta atracción do Atlánti­ co que por igual chama ás correntes do Miño en cuio fluire se poden distinguir espiritualmente o sabor de tóclalas fontes e o acento e o canto de tódolos regueiros que o integran, e igual nas for­ mas cio releve montesío. Outra clasificación que puicléramos ofrecervos e que podíase desarrollar dunha maneira maxistral se un tuvera a categoría de profesor e a categoría didáctica, científica que me autorizara a facer esta exposición, sería en seguir un criterio estratigráfico. Teríamos paisaxes de ribeira ou de vai, en primeiro término; despois teríamos os paisaxes d a bocarriberia; logo teríamos o s paisaxes d e monta­ ña e derradeiramente os paisaxes ela serra. Na nosa terra, eu teño aprendido pola miña experencia que é de moita importancia o distinguir ben o paisaxe da serra do paisaxe de montana. A serra sempre se aparece na nosa terra agasalleira, na nosa terra fonclamente humanizada, se aparece como unha cousa illacla, aparece sempre como for­ mas de arquipiélago. A serra coas súas lembranzas antigas, coa súa soedade, coa súa fermosura tamén, nobre e fidalga dos montes, aparece como a cúpu­ la, como píncaro dentro das zonas montañesas. Porque a montaña vive enerxicamente a vida la­ bradora e a vicia dos pastores. En troques hai un termo, este das "bocarribeiras" que precisa dunha explicación: todos temos o sentimento ela serra, todos temos o sentimento da montana. Claro está, que dentro ela Galicia, terra tan matizada, terra tan infinitamente matizada en que as formas se trocan unhas en outras constante­ mente, que dentro dunha mesma parroquia apare­ cen moitos tipos de paisaxe. Porque na parte de enriba, das campanas enriba, das campanas de arri­ ba como moitas veces se di, ó millar dominan os cotas, ou dominan os petoutos, e soamente o ara­ do canta chocando coa roca inferior de pequenas heredades de centeo e dominan os antigos castiñeiros, namentres que a moi pouco tempo de alí, a moi poucos pasos de alí aparecen xa as encostas vestidas e bendecidas de vicies e de froumentos piñeirales. Dentro de Galicia é moi difícil establecer clasificacións absolutas porque a nosa terra é unha terra constante de interferencias cios aspectos va­ riados do paisaxe. Pero convén establecer un con­ cepto exacto do que significa esta elas bocarribeiras. A bocarribeira é unha palabra que se usa moito nas terras ourensás e tamén nas terras de Pontevedra para siñalar as encostas. É clicir, esas baixadas, esas caídas da montaña cara á ribeira. Alí dá moi ben o sol, cando a bocarribeira está nunha exposición fa­ vora ble; alí clanse tódolos productos; alí aproveitanse moi ben toda a enerxía e todo o que pode favorecer da rede hidrográfica. Así é que ve­ mos que ese término de bocarribeiras está case sempre seguido por unha fita de parroquias labregas de densa e de forte poboación. E moitas vilas se establecen na bocarribeira dominando ós seus pés os vales. E dentro dos vales1 temos unha variedade ex­ traorclinaria de tipos: os vales ideales de Galicia, da Galicia meridional, da Galicia quente do sur, da Galicia donde aíncla hai lembranza dos antigos cul­ tivos e da antiga densidade elas ribeiras e cios culti­ vos dos óleos, temos os ribeiros do Miño, os ribeiros de Avia, os ribeiros de vai de Baronceli, ou de Monterrei ou de Verín e os ribeiros do Sil. Imos a lembrar un pouco estes ribeiros arestora que xa se están preparando as vellas viñas de Beade e de Pazos de Arenteiro e de Ribadavia e de Leiro e de Cabreiroá e de todos os Ribeiros, para que apareza ese especie de mago, esa especie de xenio misterioso que eu nunca vin pero que os labregos antergos dicen que o ven e eu... (...) verdadeiramente poéticos como vós sabedes tan ben coma min e tedes a lembranza ela vicia elas aldeas galegas. Craro está que no outono, no outono cando se recollen as colleitas e cando van devecendo os días e cando a gran levantada do sol vaise conve1tendo máis ben nunha luz amiga, nunha luz de lámpara protectora cios estucliosos e dos ensoñaclores, entón, no outono, é cando se espiritualizan máis os aspectos cios paisaxes de Galicia. Pero tamén convén falar tamén de falar deses aspectos do verán. E eisí temos que cando empeza o tintor é cando as tibeiras empezan a pensar na posibilidade ela venclima. E clende estes ribeiros xa recoñecidos na época dos plioiros de Beacle e de Armenteira, na époça: daqueles escritores cio tempo barroco en que se levantGu o Obradoiro ela cateclral de Santiago, onde non faltan os follatos e os pámpanos ela vicie como elemento decorati­ vo e fermoso, a primacía, con moito respecto para tódolos demais Ribeiros, lévaos a Ribeira de Avia. E a Ribeira de Avia domina nestes elementos e factores ela paisaxe: a roca granítica, o cultivo ela vide, o esforzo cios homes, estas tres cousas. O te1Teno é ingrato, o te1Teno é duro; alí hai que labrar a pico naquel sábrego que conse1va na súa entrana aquela paciente forza que despois se estila nos máis fermosos viñedos de Galicia. I así aqueles acios pe­ chos, aqueles acios que buscan os melros de inverno, e que buscaron de outono, e que buscaron os fidalgos, e que buscaron os próceres doutro tempo, e que fixo o viño branco, o Riberio, célebre nas mesas ela Rúa Nova de Santiago, e célebre nas mesas inglesas, e nas mesas de todo o mundo, débese a esta roca dura, a esta pedra que é unha especie de te1Ta sabregosa, a esto que é sempre fresco e que os vellos viñaclores daquela ten-a collen coas súas maus esgrevias esa roca e sinten nela, como si latexara, o cerne corazón do Ribeiro antiguo, ten-a sempre fo1te, ten-a sempre fidalga, ten-a sempre riseira en donde non faltan os elementos a1tísticos cios pazos, cios prioratos, cios cipreses. En doncle as igrexas e as pan-oquias son bastas, en doncle o Avia vai clescendenclo elegantemente cunha gracia doneei, como si fora un fidalgo cios montes que baixara a gozar coa ribeira e a escoitar o cántico cios reiseñores que naqueles salgueirales de Lei.ro cantan como en ningures en Galicia. Esta terra cio Avia ilustre, que ten por capital aquela vila románica de Ribaclavia en cloncle cantou a poesía tamén galaico-portuguesa doutros tempos, merece a nosa lembranza por consiclerala como unha ten-a que chegou xa ó seu equilíbrio histórico e ó seu equilíbrio xeográfico. Porque o Avia xa non traballa duramente o roquedo porque ten vencido a resistencia elas rocas. E as rocas e os penedos que culminan naquela fantasía prometeica e titánica ela Pena Carneira están xa afeitos ó traballo do home e hai un consorcio, hai unha paz, hai unha iden­ tificación fonda entre ª raza e a terra, entre o esforzo que traballa os penedos e que lle fai producir aqueles viños e aquelas grandezas florales i esta misma roca. Temos aquí, polo tanto, unha cousa lograda, unha cousa perfecta: estas paisaxes que son propias elas vellas terras de vella cultura e de antiga civilización. En troques, si vamos a outras terras de Galicia, alí encontramos terras pobres, alí atoparemos como a loita está aínda nos primeiros estadias, está nunha época heróica. Vamos a lembrar un instante unha rexión da costa de Galicia, iso que se ten chamado o arco finistérrico-bergantiñán, que vai dende o Cabo de Finisterre deica á Torre de Hércules da Coruña. Aquela é a terra que foi celebrada polo bardo Pondal. Polo bardo cuias estrofas fai unhas intres encheron dunha ledicia antiga e eterna, encheron como un vento de espranza inmorredoira as nosas almas e refrescaron as nosas frentes no recinto deste teatro ... (...)Panda!, o dos ideales puros, de onde de tanto en tanto aparece unha rebentadela de trigaes con esa cor do ouros antergos, con esa cor que sola teñen os vellos ouros que aparecen nos torques, nas mámoas e nos túmulos dos antigos celtas. Pondal foi o alumno daquelas soedades. El viu o mar de Niñóns, el sentiu como o golpe de onda ía esculturando o vello cabo, el viu como os piñeirales parecían os descendentes de Breogán que na nativa costa xuntados están. "Parécelles entón intrépido campás, pensan que no combate murmuran o siñal, en escadrón formados cal xente de Breogán, en falanxe de fen-o ben tecida, que se dispón a loitar." I esa terra de Bergantiños enfréntase ó mar coas costelas e co tórax e un poderoso peito de rocas. Abonda dicir os nomes dos cabos e das puntas e das furnas. Alí o San Adrián, o Roncudo, o Monte Negue, o Vilán, a Vuitra, o Touriñán, o Finisterre ... Eu teño percorrido aquela costa moitas veces. Eu lémbrome con amor de cando íba dende Muxía, a que foi canta­ da por Rosalía de Castro, da que dixo Pondal con epítetos homéricos que era a seca, a areosa, a triste, onde está a marabillosa pedra de Nosa Señora da Barca, camiñando polo caído, pola punta de Buitra para chegar ó cabo Touriñán, o cabo que señala o oucidente, como siñalando unhas destinos gloriosos. Alí non son as rías azules da rexión das Rías Baixas de Galicia, nin é aquel marabilloso artellamento e aquela riqueza de formas da Ría de Arousa, en donde nun corto tramo temos tódalas gracias e atopamos todas as fermosuras do mar e da terra: as veigas milleirentas, os fermosos deltas, os regatos cantareiros, a onda da marea suave e doneei máis fermosa que os antigos e mitolóxicos pares de Grecia, que sube dondamente e que enche basta os piñeiros i os piñeirales, non. Alí temos unha naturaleza dura, temos un roquedo forte, temos que ningún intre nin de inverno nin de vran detense de combatir a onda contra as rocas. É unha loita fermosa, unha loita épica porque, ¿cal é máis grande das dúas? ¿a roca ou a onda? A onda non é nada sen a roca porque a onda non ten forma; a onda significa o infinito e o sinxelo, loita e desea ter unha forma e para ter unha forma ten que sufrir e da mesma maneira que o xenio creador das letras ou das artes, ten que sufrir ó topar coa resisten­ cia da lingua pra a poesía, coa resistencia do mármore e do bronce pra a estatuaria, coa resistencia da pedra pra a arquitectura. E así ten algo de a1tista aquel noso mar do Finisterre que loita sempre por teñir unha forma e, por outra parte, a roca-pedra, a roca sometida a toda a traxedia da vida, a roca sempre martirizada e cravuñada polos fríos da xiada, pola chuvia, polo vento, polo arado, polo traballo dos homes tamén sen ese impulso ariético, sen ese cincel do mar non tería forma. Así, en ce1ta maneira, se houbera un grande poeta, un Milton ou un Dante, que tuvera dentro dos concep­ tos da súa imaxinación e dentro do domínio e da maes­ tría do seu verso, o poder desta mitoloxía das forzas da nosa costa de Galicia, entón teríamos cecais aquel poe­ ma épico dos destinos da nosa raza o dos destinos de Oucidente, aquel poema que soñaron tantos vates. Deles Pondal, porque el, meus queridos irmáns, eu moitas veces lendo ese pequeno libro, eses sinxelos versos tan cheos de vento e de mar, de espranza de inmortalidade dos Queixumes dospinas, non vexo alí aquel abismo sórdido que quixo pór o poeta. Senón que vexo algo como anuncio, ou como fragmento desa vasta poesía cósmica dos celtas que inda estamos esno oucidente de Europa. perando . Dentro da nosa terra de Galiza podemos atopar todos estes tipos de paisaxes. Temos establecida a lei da atracción do Atlántico, temos establecida a lei da sucesión estatigráfica das formas... ( ...) Chaos de Amoeiro. Aquel camiño é como cin­ cuenta mil outros camiños que hai na Galicia, mais chegado ó seu conceito, é un camiño vello. É un camiño sabio, é un camiño que vai ó p1incipio, ó comén, pouquiño a pouco, porque as costas débense subir así; pero que chegando un pouco máis alto, chegando á altura de Fechos e chegando á altura de Trasalba, entón o camiño deixa aquela pesadume de zocos que tiña nos pés, e empeza a cantar e empeza a coner cara á fonte dos Frades e cara ó espallamento dos hornizontes de Amoeiro con10 si nacera. unha nova xuventude no corazón. Ese camiño, ¿cantos séculos terá? ¿quen o fixo ? ¿quen o creou? Probablemente nós que nos inclinamos con tanto entusiasmo diante dun monumento antiguo, que contemplamos con respeto e con veneración o enigma dun anaco de cerámica da época dos castros, non con­ sideramos que eses camiños, que son fatales, que son necesarios, que van buscando unha fonda, que van buscando unha ribeíra, son tan antigos como o home. Que son obras verdadeiramente prehistóricas e nós non facemos máis que seguir aquela sencla que nos indica­ ron os antigos e que por alí pasaron tóclalas xenera.cións: as heróicas, as que deixaron un nome na historia e esoutras xeneracións que perante séculos inteiros tiveron cecais a so1te de non deixar un nome, nin un epitafio, nin unha lembranza, pero que han de vivir eternamen­ te no agradecimento infinito de todos porque elas !abouraron escuramente, heroicamente, facendo a épi­ ca ela nosa terra, a roca e a terra inmo1tal de Galicia. Este camiño vai deixando atrás os meandros do Miño. O Miño, entre Ourense e Ribaclavia, é un río maxistral, é un río solemne; parece un Nilo. É un río que non pensa que o agarden despois alá por Arbo e por Filgueira e polas Neves unhas rocas puras coas que ten que loitar e que máis adiante o agarda o pé do facho inspirado de Santa Tegra, a mo1te. E coa mo1te, a resurección; e coa resurrección, a lembranza poética. Agárdao o bico salgado, o mito da mo1te representado pola loita do mar. E por Santa Cruz de Anabaldo, por Barbantes, por Ourense, o Miíi.o é un río repousado que se vai gozan­ do moi finamente como un lector de memorias anti­ guas a reflexar os arciprestes e os conxuntos graciosos e barrocos das aldeas, dos pazos e dos vellos viíi.edos. Agora xa desapareceron do vai do Miíi.o e do Ribeiro de_ Avia e dos Ribeiros do Si!, aqueles camiíi. o s emparreados que había dinantes. Porque dinantes que a agricultura se fixera tan industrial como o é agora, en que había un sentido máis estético, en que non se vivía tan axiíi.a, os campesiíi.os e os viíi.adores tiíi.an a gala en decorar as liíi.as dos altos esteos, e entón as parras tif1an toda a opulencia e toda a gracia e toda a facbendía dunha grande cousa chea de ledicia e os camiíi.os todos estaban sombreados. Eran tan altas aquelas paneiras que por debaixo cabían os cabaleiros nos seus cabalos e collían os carros máis outos; aquelo era unha ledicia, neste tempo do vran andar debaixo daquelas parreiras e ir por aqueles camiíi.os fondos que eran como claus­ tros verdes, que eran leitosos recunchos de vexetación en cloncle o sol tiíi.a a gracia de xogar ás escondedelas coa herba e coas flores do chan. Pouco a pouco o camiño vai vencendo á encosta. E vaina vencendo con tino, e vai subindo por aquelas (. .. ) e con mil gracias pra os coches i están moi ben avisadas i están moi ben feitas e van ó seu desti­ no sin ter ningún entreteñimento no camiíi.o. Os nosos camiños vellos teíi.en outra maneira de ser. Non van tan axiña, non teñen tanta prisa. Van seguramente porque saben que neste mundo o importante non é precisamente chegar senón desfroitar das incidencias do camiño e demais. Porque teñen que rendir corte­ sía e porque teíi.en que enxergar os fermosos paisaxes, porque teíi.en que deteñerse de vran diante dos pazos de arboredos e diante das fontes agarimosas e, sobre todo, habedes de observar que eses camiños ó pasar diante das igrexas e cios cemiterios parece que calan, parece que as mismas arroiadas en eles non son tan sonantes nin tan durantes como noutros tramos do terras pizarreíi.as. ¿Quen pasou 1 Pasaron noutro tempo as xentes que levaban o pan da montaña para vendelo na ribeira, pasaban as frutas e pasaban os pelexos con que levaban os arrieiros o viño das ribeiras para venclelo na montaíi.a, nese intercambio de montaña e ribeira que é tan antigo como a historia, que é tan antigo como a conciencia de Galicia. Por alí pasaron os fidalgos que iban ás súas terras, por alí pasaban os monxes de Oseira que tiíi.an as súas rentas e que tiñan os seus prioratos de Santa Cruz de Arrabaldo e íban camiíi.anclo despois o com­ pás das súas cabalgaduras, pasando a Ponte dos Frades entre Trasalba e Parada e cruzaban os Chaos de Amoeiro e iban xa para as terras de Cea en cloncle o bico fai frente ó frío da montaíi.a... seu andar e parece que ofrecen un respeto, parece que ofrecen unha lembranza e unha oración a eses verdes cemiterios onde dormen as xeneracións campesías cuberto sempre dunha herbiña mol, dunha herbiña espiritualizada como a ...... , naquela terra acolledora que comeu e que fixo a terra outra vez; e que ó mesmo tempo liberta eses corpos e os espritos dos nosos antergos, houbera un sentimento indirecto do templo da saudade e do templo da lembranza. A;{ habedes de ver que o paisaxe galego, en tódalas súas formas, en tódalas súas infindas meditacións, pode ser representado como unha cousa que se vai facendo. ¿Quen sería capaz de facer a historia do paisaxe de Galicia? Imos imaxinar nada máis uns cantos tra­ mos desta historia. Imaximenos a época primitiva dos celtas. Inda as aguias romanas non habían espallado as súas azas sobre os nosos hourizontes. A Galiza era unha terra cuberta de bosque. Existían poucos piñeiros; o piñeiro que hoxe enche máis das tres cuar­ tas partes de Galicia, de tal maneira que cada terra está adormecida e está exaltada polo himno unánime dos queixumes dos pinas, ningús tan fermoso como os de Bergantiños, ningús tan fondamente azules como o daqueles vales da Mahía que nacen ó pé da Ferradura e do castro de Santa Susana de Santiago, entón o piñeiro nos tempos primeiros e basta moi entrada a Eclade Media parece que estaba reducido ás costas meridionales de Galicia. Dominaba a carballa, dominaba o castiñeiro, do­ minaban estes arbres que teñen unha entrana fonda na nosa historia e na nosa paisaxe. Sol11etidos ás variaciós estacionales, porque así como o piñeiro pódese identificar cunha impersonalidade, sempre verde, pouco abedente ós ciclos e ós cambias dos campesiños, os outros obedecen, e pintan, no seu aspecto, na súa cor, e no mesmo tremor das súas follas, o que pasa no ambente circundante dos ciclos campesíos. Entón non había pola noite outras luces que as fogueiras, que se acendían nos castros. Os castros ocupaban as alturas. O paisaxe parecía entonces, se­ guramente, máis escuro, máis denso, máis receoso. Faltaban dúas grandes cousas sen as cales é difícil que nós podamos imaxinamos a paisaxe de Galicia: faltaban os piñeirales, faltaban outras prantas que despois foron vindo pouco a pouco, faltaban os camiños. Despois, conforme foron andando os tempos, xa o castro vestiuse co castelo e foron nacendo nos an­ típodas das antiguas eminencias onde se alzaban os altares dos druidas, foron florecendo as igrexas. Ese é un intre marabilloso da historia de Galicia. A penas se pode señalar en ningunha parte con absoluta pre­ cisión e, sen embargo, sentímolo en todas partes. ¿Como? Onde existía o culto druídico ou o culto das divinidades e os númenes feudales en calquera coto, en calquera outura da Galicia, pouco a pouco foise instalando alí a ermita e a parroquia. Pódese decir que non existe case ningunha igrexa das antergas de Galicia que non esté afontada en donde noutrora se ergueu un castro. (. ..) da nosa terra. Outras que se arreconchaban no fondo de vai das rexións campesías, e todas con esa organización de ter as hortas máis próximas, máis lonxe os terrenos destinados ós cereales, ó millo es­ pecialmente, e máis lonxe os terrenos coas reservas do toxo e das diferentes cousas que fan falta na eco­ nomía aldeá. Moitas desas parroquias teñen unha figura radian­ te, outras teñen unha figura estratificada e descolga­ da; outras están concentradas nun sólo pobo, outras están espalladas en mil lugarciños pequenos. Porque parece que por unha parte a morfoloxía cio terreno, que é tan variada e tan prolixa e tan orixinal e tan sorprenclente. E noutro lado, doutra parte, unha certa arelanza e unha certa tenclencia ela nosa raza, tende a establecerse sempre en pequenas incliviclualiclacles. Por eso, é tan grande a revolución que fixeron os novos meclios de comunicación: as estradas. Desde o momento en que hubo un sistema, desde a época cios Borbóns, clende a carretera xeneral de Galicia de Carlos III, a que entra polos portos de Valcarcel e vai cruzando os planaltos de Lugo e pasa polas murallas de Lugo e pasa pola Fonte Castellana e chega a Coru­ ña, que foi durante moito tempo a soila carrc;tera moderna que había na nosa terra, desde ese momen­ to moitas parroquias antigas trocaron completamente a súa estructura. E hoxe vese en moitas parroquias que empeza a triunfar a forma liña!, e ó largo elas estradas aparecen xa as casiñas novas, pimpantes, con outras necesicla­ cles, con outra luz. Aparecen xa inclepenclizaclas cio castro, o recinto antigo ela parroquia vai quedando esquenciclo e, moitas veces, a igrexa xa non é igrexa senón que preside o lugar cios mortos, o toco dorinitionis, como clicen as liturxias de igrexa. De maneira que poderíamos establecer o momen­ to en que se estableceron os castelos e as igrexas e sempre é infinitamente máis respetable a igrexa que o castelo. Sempre temos unha dor cando desaparece unha igrexa románica. Sempre temos un sentimento cando por algunha circunstancia ela vicia as vellas pedras dunha construcción venerable teñen que esborrallarse e des­ aparecer ou se fai esto vanclalicamente. En troques eu sei clecirvos que eu non sinto grande cousa a desaparición dos castelos. Son moi fermosas as torres ela Limia. É fantástica aquela acrópolis de Monterrei dominando ó vai de Verín e de Baronceli.Toclos estes castelos están ligados á Crónica de Vasco de Aponte de Galicia, están ligados outros á Historia compostelana. Mais o c a s telo non e s t á identificado, non f l orece espontaneamente na natureza. Dá a sensación dunha lanza que se afinca no chan pra significar unha soberanía. Eu sei, en troques, que a igrexa e a ermita, como a aldeia, como mesmo o pazo campesiño, que xa xurden ela terra e, moitas ve­ ces, incla que teñan desaparecido, incla que os camiños da vicia teñan levado as enerxías cios devalares cios nosos días por outros regueiros ou por outros rumbos, sempre quecia unha lembranza ela parroquia ou da aldea ela abandonada, de tal maneira que moitas veces camiñando por un fondo camiño de Galicia, sentimos na sombra do si­ lencio, un recendo que nos chega non sabemos de donde; e esculcamos na vexetación espesa que recubre as vellas pedras e vemos que alí está para saludarnos, para embalsamarnos o camiño, para falamos de un destino de poesía, de un destino de paz, a flor do cabrinfollo, a flor da madresel­ va, que sempre é amiga dos camiñantes e dos soñadores. E con esto meus amigos vou a terminar esta conferencia, que non é conferencia porque eu non teño ciencia suficiente nin preparación para enseñarvos o desenvolvemento dese tema da paisaxe de Galicia. E nada máis quixen suscitar e iniciar algunhas veces no voso esprito e na vosa lembranza, non o amor da terra de Galicia e o seu recordo constante que ese sei moi ben que están afincados nos vosos peitos, senón que meditedes un pouco sobre o que sintades cada un das vosas parroquias, das vosas terras para que inda amedes máis esa terra e para que sintades como ela mesma é en si unha fermosa obra de arte. Podíase escribir un libro titulado "Galicia: obra de arte". É dicir, non fan falta de Galicia que se levanten novos abaloiras. Hai que sentir o paisaxe considerado como algo vivente en donde están estructuradas as paixóns dos homes, algo, todo o que pasou na vida, todo o que pasou basta no pensamento está rexistrado no paisaxe. E por eso debemos ter no camiño, no pazo de piñeiros, na disposición vella da aldea, na m'aneira como a cidade, sexa Betanzos, o fon­ do prestixioso e romántico dos seus esteiros, sexa Lugo, ergueita como unha acrópolis tentadora e orgullosa dos horizontes montesíos, sexa Ouren­ se ou sexa Santiago tendidas cara ó solpor xenerosamente como se foran grandes altares das vísperas e do oficio de horas de poniente, sexa Vigo, que cada día vai imperando máis coa beleza das súas novas construccións e vai interpretando marabillosamente ese concepto tan noso de in­ terferencia de vicia campesía coa vida cidadán; de cidade que é ó mesmo tempo campo basta o punto que non se pode establecer unha zona diferenciadora para que sintades como a Galicia é eso: unha fermosa obra de arte, unha fermosa obra de fe, unha arte e unha fe que non están rematadas. Porque rematar significa morrer. Porque defi­ nir significa terminar. E Galicia estase facendo. E ó estarse facendo así pensa sempre nun tempo de suparación, nun tempo ideal que ha de vir al­ gún clía para consolar esas labores inmensas, e para premiar ese infindo sentimento da eternidade. Esta arelanza infinita de saudade que é o ca­ racterístico cios nosos paisanos traballando a terra, que é o xenio cios nosos poetas pensando nos futuros, que é o sentimento de inmortalidade que fai igual as formas das montañas, dos espritos e ideas coas xentes, non se consideren ligados á historia senón que iban sempre nunha esperanza de super, de transistoría imorrecloira. E con esto, meus amigos e irmaos, eu salúdovos a todos, desexándovos que sempre sexades os mesmos que tendes sido e quedo a vosa disposición coa miña pequena conocimento das cousas de Galicia, cos meus pequenos libros que eu ofrenclo ó altar da terra de Galicia e pedíndovos perdón polas horas ou polos minutos que arestora vos teño roubado ó voso sentimento ela patria e ela terra.


1958-06-24
Carta de Scheimberg a Seoane. 1958
Ver [Carta manuscrita]

Transcripción da Carta de Scheimberg a Seoane. 1958 en 24/06/1958

París (Hôtel Quai Voltaire), 24 de junio [1]958

Amigo Seoane:

Me he tomado esta tarde unas pequeñas vacaciones para escribirle. Pensaba hacerlo en Santander, antes de abandonar España –para despacharle la carta desde Hendaya, por temor a que fuera abierta y que la mención de nombres de los amigos de España pudiera crearles a estos alguna molestia (lo sucedido a a Del Riego es para tenerlo en cuenta); pero las cosas se dieron en tal forma que no pude cumplir con mi deseo. Al llegar a París, el día 19, me enteré de la muerte de Maside y Vd. no se imagina todo lo que me ha conturbado esta noticia. Aunque sólo cambié con él algunas palabras, pues su estado de salud (como se lo dije a Vd. en una postal despachada desde Santiago) le impedía casi hablar y no había mejorado, cuando unos días después fui a despedirme de él, su muerte me impresionó como si se hubiera tratado de un viejo amigo mío. Y es que todos sus amigos, nada más que por serlo nosotros de Vd., nos recibieron, a Aida y a mí, como si hubiéramos sido amigos de toda la vida. Y yo se lo agradezco ahora. Si en toda España no me he sentido en ningún momento extraño, en Santiago nos hemos sentido, Aída y yo, como en n/ propia casa. Cuánta cordialidad y calor humanos hemos hallado en sus amigos! Era a nosotros, si, pero era principal y fundamentalmente a Vd. a quien agasajaban. Aquí –es decir, en Galicia–, se lo quiere a Vd. talvez como a ninguno. Y yo me alegro de que así sea... Cuando cruzamos el Miño, en la frontera que separa a Portugal de España, a Aída y a mí se nos apretó el corazón y casi lloramos de emoción. El Miño, para Aída y para mí, era muchas cosas juntas: era Rosalía de Castro (cuya tumba visitamos e Santiago, en compañía de Bouza Brey) y era Unamuno, en sus Andanzas y visiones de España y Portugal y eran Vds., Vd. y Maruja. Veníamos de Coimbra, donde durante tres días nos sentimos por un momento estudiantes –aunque un poco maduros– Aída y yo y participamos de los festejos de la Quema de las Cintas, tan particulares y tan llenas de encanto. El paisaje era el mismo (Portugal y Galicia forman casi una unidad –no sólo geográfica, sino idiomática) y, sin embargo, nos pareció distinto. Y lo es en verdad. El paisaje parece que se adulzara y el ser humano es más hondo. Sí, creo que se trata de eso en realidad. En el portugués, talvez, haya siempre algo de teatral, como en el andaluz –aunque en menor medida–; en el hombre gallego no hay nada de teatral. Daría la impresión que se mueve siempre como si estuviera entrecasa, con naturalidad, pero con una naturalidad llena de señorío... Pero, por Dios!, no es de eso de lo que yo quería hablarle, sino de la cordialidad de que nos rodearon sus amigos a Aída y a mí. Con Del Riego y su mujer, Evelina, pasamos dos días deliciosos en Vigo... Y sólo estaba en mi plan quedarnos allí algunas horas! Pero quién se separa así como así, de las personas tan agradables e inteligentes ambos, que rivalizan en agasajarlo a uno? Con Evelina caminamos la ciudad y con ambos, conocimos las comedurías típicas y hablamos de tantas cosas que nos eran comunes. Y luego, Santiago... Llegamos allá el 22 de mayo a eso de las 8 de la noche. Dejamos n/ equipaje en el hotel España y salimos a caminar, Aída y yo, debajo de los soportales, a meternos la ciudad en el alma. Es una ciudad viva, donde las piedras llenas de ancianidad no son un obstáculo. El encargado del hotel se empeñó en que esa misma noche me comunicara con Maside y me presentó para eso a un sobrino de éste, un estudiante que está cursando, creo que el último año de sus estudios de medicina y es aficionado a la pintura. Se llama Carlos. A él le entregué la carta suya para Maside –y por él me enteré de la gravedad del estado de su tío. El pobre no quiso dejar de cumplir con su pedido y comprometió al doctor Bouza Brey para que nos acompañara a todas partes. No creo que muchos hayan tenido un más entendido guía que nosotros. Con él caminamos de arriba abajo Santiago. Y a cada momento, nos repetía: “No dejen de decirle a Seoane que conocieron la calle del Preguntoiro y la iglesia de la Ánimas, y..., y....” así toda la ciudad. En el Instituto de Estudios Folclóricos nos presentó a a P. Jesús Carro. Qué viejecito simpático! Allí en el Instituto guardan todas las cosas que Vd. publica. Por primera vez, creo que no me habría costado ningún esfuerzo decirle padre a un cura, a pesar de mi natural resistencia a hacerlo (y de aquellas palabras del Evangelio que dicen más o menos: “No me llaméis padre; Padre hay uno sólo, y está en el cielo”). Sólo la Catedral la quisimos visitar sin Bouza Brey. Qué majestuosa fábrica romana [sic] la Catedral de Santiago! Y luego, su Pórtico de la Gloria... No menos de seis veces volvimos a verla, a distintas horas y tratando, yo, de no dejarme llevar por recuerdos o sugestiones literarias.... Tiene talvez razón Unamuno cuando dice que aquí no se puede, como con el gótico, hacer literatura. Ni aquí caben distracciones. Y, sin embargo, dos misas importantes que allí, en la Catedral, escuchamos –la que se celebra el 23 de mayo en recordación de la batalla de Clavijo, y una misa del Episcopado (creo que el 25), carecieron de unción mística...
Pero vuelvo a sus amigos. El día 24 estuvimos con el matrimonio García Sabell. Le dejé su carta en el consultorio y unas horas más tarde nos llamó al hotel para que fuéramos a tomar el café a su casa. Qué persona extraordinaria es el doctor García Sabell (y qué hermosa y agradable su esposa)! Había muchas personas a la mesa y se habló de muchas cosas –y de todas era de ver y oír con qué precisa exactitud hablaba García Sabell. Al llegar a la casa y ver allí tanta gente reunida casi lamenté haber ido, pero luego sentí –después de casi 3 horas– tener que marcharme. Tiene una extraordinaria biblioteca con raras y lujosas ediciones de literatura y de arte, y pinturas y dibujos seleccionados con un finísimo gusto. Como recuerdo de ese día, para Vd., hizo firmar a los presentes una foto en que él –García Sabell– está en su Consultorio, con la pared del fondo cubierta con los estampados que le editó Bonino a Vd.. No se la envié desde España –y sí lo hago ahora, por temor a que se perdiera. El único que allí desentonaba era un socialista ,Tarul o Marul, que decía una sarta de banalidades en un tono que habría envidiado Lerroux –y a quién García Sabell había pedido que me informara sobre las cosas de España. En un momento dado, García Sabell le corto el discurso para mostrarnos la biblioteca y las pinturas, y todo terminó bien... Felizmente en España hemos tenido mejores informantes que ese presuntuoso y trasnochado socialista: lustrabotas, mozos de café, un changador en La Coruña, un maquinista de la RENFE en el camino de Salamanca a Madrid, un conductor de automóvil en Santander, etc., etc. En la misma mesa de García Sabell, un señor Briones de Villa García de Arosa. Estos socialistas tan fuera de época y que no sirven ni para colgarlos de la pared! (Ahora, al releer las firmas, veo que se llamaba Martul)... Pero me estoy perdiendo en detalles sin interés. Abandonamos Santiago, Aída y yo, con verdadera pena, dejando amigos y cariños. Y me fui a despedir de Maside, sin sospechar que se nos moriría pocos días después. Para Vd. me mandó un gran abrazo, un emocionado abrazo. Ahora, al transmitírselo, pienso que él presentía que era el último...
Y luego según n/ desfile precipitado: La Coruña, con su Torre de Hércules, a cuyo faro ascendí hasta el punto más alto –celebrando así a mi manera lo que Vd. celebró en dibujos de sabia caligrafía y Rafael Alberti en emocionados versos; León, cuya catedral sigue siendo un milagro de ligereza, y su Igl. de San Marcos –de un románico sobrio y cuya capilla funeraria conserva en su cúpula unos frescos sólo equiparables a los del Museo de Arte antiguo de Barcelona. Y luego más, Zamora –en que todo, o casi todo, es románico y en la que el reloj del tiempo pareciera haberse detenido. Y Salamanca, que para mí estaba llena de recuerdo de Unamuno; y, sin embargo, en esta España de Franco sólo se ha salvado de él el hermoso busto en bronce de Victorio Macho (y una cabeza en bronce, de la misma obra, en Madrid, en la Academia de San Fernando). Con quienes intenté hablar de Unamuno, o no sabían mucho de él, o temían hacerlo, y hasta el aula donde en 1920 le escuché dictar una de sus clases de filología ha desaparecido. Sólo el chófer que nos condujo de Santander a Irún tuvo un recuerdo emocionado para Unamuno; y era nada más que un obrero del volante!.. En Madrid estuvimos con Maíztegui (políticamente muy bien ubicado) a quien hicimos llegar su carta y con quien caminamos y hablamos mucho. Debo volver sobre las emociones experimentadas frente a Goya, y Velázquez, y el Greco? En cada sitio nos fuimos despidiendo como si fuera la última vez que vamos a verlo. En Madrid, al salir de San Antonio de la Florida, visitamos una vez más el Manzanares y con Aída nos juramentamos que volveríamos, sí, a España –pero acompañando a los españoles del exilio y para danzar todos juntos sobre los podridos restos de Franco... Yo no sé si se puede crear sobre el odio; pero cuando pienso nada más que en lo que en España tenemos oído sobre este grotesco payaso de la historia que es Franco, empiezo a creer que el odio es casi un deber. Odiar, sí, y hasta la muerte. Hay que formar el gran ejército del odio contra los enemigos de la vida. Cómo se comprendería en España a un nuevo [Mateo] Morral! Pensándolo serenamente, ya sé que no sirve de mucho el atentado individual; pero qué satisfacción se sentiría si alguien hiciese estallar por los aires a esa carroña. O es que solamente los tiranos tendrán derecho a disponer de la vida de los demás y nos hemos de horrorizar si alguien les revienta a ellos los huesos? Desvarío, pero, Seoane, hay que haber oído todo lo que llevamos oído en España y pensar en este pobre pueblo que se muerde los codos de rabia ante su propia impotencia –y que nos venga luego con reflexiones académicas sobre la buena táctica política. El atentado individual, sí, ya lo sé, no es solución –pero a veces puede ser una lección; y el tiranicidio, en cualquier caso y en última instancia, siempre será una medida de higiene para el mundo... Desgraciadamente creo que habrá Franco para rato –y solamente un vuelco total en la política internacional podría precipitar su caída. Se producirá ese vuelco? Lo espero. Pero, cuándo?.. Yo he recogido datos sobre lo que ganan los obreros y los empleados en España y lo que cuestan los artículos de primera necesidad. Pensaba mandárselos a Vd., pero, después de reflexionarlo, me parece tonto hacerlo. De qué le serviría a Vd.? Bástele eso: el pueblo está cada vez peor y las cárceles no se vacían. Todos los días se filtran noticias de nuevos procesos y nuevas condenas, mientras los rufianes de la prensa ensayan nuevos ditirambos para el Gran Payaso. Es un asco! Y termino, Seoane. Lea en los diarios españoles la “interviú” que acaba de hacerle a Franco un periodista de Le Figaro; produce náuseas...
De otras cosas quería hablarle, y ya ve, siempre se cae en lo mismo. Pero algún día eso deberá terminar. Terminar... Es lo único que ya nos queda por pedir.
Si en otro momento llego a estar más tranquilo (y aquí, en Francia, con De Gaulle, no es como para estarlo) le escribiré de otras cosas. Esta vez, perdóneme. Sepan, Vd. y Maruja, que están en nuestro corazón –y que, para Vds. y para nosotros, deseamos un mejor porvenir.

Los abrazamos

Scheimberg

P. D. He retenido esta carta hasta hoy, 25, y al fin me decido a mandarla; no sabría que cambiar en ella, o si destruirla del todo. Esto lo dejo a su arbitrio…Y adiós.

S.
1. O autor éstase a referir ás obras Por tierras de Portugal y España (1911) e Andanzas y visiones españolas (1922) , mesturando os títulos.


1971-07-10
Carta de Seoane a Rafael e Emma Lifschitz. 1971
Ver [Carta mecanografada]

Transcripción da Carta de Seoane a Rafael e Emma Lifschitz. 1971 en 10/07/1971


Buenos Aires, 10 de Julio de 1971

Queridos Emma y Rafael:

Acabamos de recibir una noticia que nos afectó mucho, la del fallecimiento de Payró. Ayer nos llamó por teléfono desde Hamburgo Tomás Negri* para decírnosla y no dejamos de pensar en ella. Payró era muy amigo nuestro. Escribió sobre mí alguna de las páginas que más agradezco y pienso que fue una gran personalidad en la Argentina actual y en lengua española, pues era, no solamente un notable historiador de arte, sino también un gran crítico y un gran escritor. Fue, en verdad, un hombre extraordinario en ciertos aspectos, de amistad difícil, mucha gente sentía ante él una gran timidez, parecía una hombre adusto, frío, y era lo contrario; amaba su libertad como amaba la libertad de los demás y en política. Creo que su pérdida es grande para la vida intelectual de Buenos Aires. Además, de difícil sustitución. Romero Brest es inteligente, sabe mucha historia del arte, está informado, etc., pero le falta la seriedad y el rigor intelectual de Payró y, sobre todo, de la sensibilidad de Payró. Además, escogió hace años el peor de los caminos para quien se dedica a la crítica e historia del arte, adherirse al último movimiento artístico por banal y tonto que sea como si esto a su edad renovase las glándulas. El mundo de baratijas que se ofreció en los últimos años en la mayoría de las galerías de arte del mundo deslumbraron, o parecieron deslumbrar, a Romero Brest y esto le resta ecuanimidad para la historia y la crítica artística. Y ¿si no es Romero Brest quién puede sustituir a Payró, ocupar el lugar respetado que él ocupaba? De todas maneras, lo que uno siente es la ausencia para siempre del amigo, del hombre de humor tímido que lo hacía extraño, interesado por todas las cuestiones de la vida y capaz de grandes renuncias. Una personalidad para quien fue vital el diálogo y, en los últimos años, lo concretaba sobre todo con José Luis Romero y González Lanuza.
Yo estoy trabajando, quizás poco para lo que es habitual en mí, pero es posible que me haga falta un período así de lectura y descanso para volver a las andadas. De todas maneras, hice una cabeza de las grandes de Rosalía de Castro, la gran poeta gallega del siglo XIX y algunos objetos nuevos. Pienso hacer, quizás la comience en estos días, una cabeza de Casals, además de gran violoncelista un ejemplo de lealtad a unos ideales. También hicieron en Vigo con cinco estampas mías, cinco reproducciones en serigrafía que tienen mucho éxito. Con todo, extrañamos a los amigos de Buenos Aires y a Buenos Aires. Hemos estado en sitios distintos, algunos que no conocíamos de la costa gallega, en uno que se llama Caaveiro en los últimos días, con un monasterio medieval en ruinas en un paisaje montañoso de belleza inaudita, kilómetros de bosques de robles, avellanos y castaños, en el que hubiésemos deseado concentrar a nuestros amigos. Fue un monasterio, creo que de templarios, aquellos monjes guerreros y banqueros de la Edad Media y ahora, en ruinas, sólo queda como ejemplo de enclavamiento de un monasterio que debía sufrir en su aislamiento las asechanzas de los invasores vikingos y normandos, o de los piratas ingleses que se internaban cuando podían. Nos alegramos mucho de vuestra experiencia europea, de que el viaje hubiese resultado tan feliz y de la compañía de Esther y Lipa, tan extraordinarios amigos. El lunes vamos a esperar a Lázaro Goldstein que viene de París a pasar unos días con nosotros. Creo que vino a Europa a un congreso de ingenieros, según me pareció entenderle por teléfono, y estos días está por aquí Geno Díaz*, que estuvo con nosotros.
Nos sorprendió mucho la noticia del suicidio de Alberto Brodesky* ¿Qué motivos podía tener él para tomar esa determinación?
Escribir así, largo, con noticias como lo habéis hecho esta vez, no sabéis cuanto os lo agradecemos.

Un abrazo grande para los cuatro, Emma, Rafael, Carlos y Eduardo, y para todos los amigos a quienes iremos escribiendo, de Maruja y mío:

[Seoane]


1971-08-13
Carta de Seoane a Sofovich. 1971
Ver [Carta mecanografada co logotipo do Laboratorio de Formas]

Transcripción da Carta de Seoane a Sofovich. 1971 en 13/08/1971


La Coruña, 13 de agosto de 1971

Sr. D. Bernardo Sofovich
Buenos Aires

Queridos amigos:

Nos alegramos mucho del éxito profesional de Bernardo, de sus sesenta años cumplidos, del viaje al Brasil, de las cartas que nos enviaron y de la proximidad del viaje que prometen a Galicia. Pasearemos juntos por algunos sitios extraordinarios. Lázaro Goldstein estuvo unos días con nosotros, apenas una semana, algo menos creo, y le hicimos ver Santiago como hay que verlo en su gloria románica y barroca, con peregrinos que sólo se parecen a los del medioevo en la fertilidad de sus barbas, más turistas que peregrinos, y cubierta la ciudad de nubes y leyendas. Le acompañamos a un monasterio barroco en la montaña. Galicia conserva más de medio centenar de monasterios semirruinosos que serían el orgullo de cualquier país europeo. Los famosos castillos del Loire, tan pulcros, no son competencia para estos monasterios y castillos gallegos cubiertos en parte de maleza, de musgo y de bellas y nerviosas lagartijas que escapan atacadas de pudor de sólo mirarlas tomar el sol. Pero Galicia es, como Irlanda y Sicilia, un país moribundo de Europa, lo afirma un sociólogo italiano, con una tercera parte de su población emigrada y olvidada del centralismo. Van ustedes a ver un pueblo celta de hace más de 2000 años y astilleros que hacen barcos de trescientas mil y pico de toneladas y paisajes de costa con bosques que tienen kilómetros de extensión y caballos salvajes. Un país de gentes apacibles, sin crímenes, sin más ladrones que sus políticos y sus hosteleros y con los más bellos ojos verdes del universo céltico. Veremos juntos algunas de las fuentes donde las hadas transformadas en monstruos esperan al joven que las desencante, pues los encantamientos de hadas y príncipes no fueron exclusiva de Alemania y de Jean Cocteau. Les aguardamos. Por mi parte, continúo trabajando. Hice algunas nuevas piezas de porcelana y además de la jarra-busto de Rosalía de Castro, hice la de Pablo Casals. Al mismo tiempo, hice algunas ilustraciones para libros de amigos y me estuve ocupando del Museo Carlos Maside inaugurado el año pasado. Lo ampliamos con una nueva sala y con una galería de exposiciones importantes, que se inaugura con una de grabados de Picasso y Miró el día 20 de este mes. Todo esto es lo que me hizo atrasar mi correspondencia. Debo carta a todos los amigos. Conocía al dibujante Sabat de Primera Plana que luego dejó, hijo del escritor uruguayo Sabat Ercastey y desde luego con un gran talento, y le agradezco los dibujos que me envió de él. De Buenos Aires se publicaron aquí muchas noticias políticas nada gratas, muy peronistas. En cuanto a este asunto de Perón, tomaré por mi parte una actitud que algunos supondrán de viejo. Pero yo no puedo transigir con quien pudo hacer algo por lo menos una reforma agraria y no la hizo y se considera revolucionario; con quien ordenó la muerte o dejó que mataran a muchos obreros y estudiante; el último, creo, el abogado Ingalinella en Rosario. Con quien fue nazi o partidario de Hitler y de Mussolini y es... no quiero decir ahora más. Su rencor le hace utilizar desde lejos a unas masas ingenuas en contra de sus propios intereses a fuerza de declaraciones contradictorias, de manifiestos absurdos, atizando divisiones partidarias en beneficio no sabe uno de qué fin. Aquí nadie entiende el peronismo de los argentinos. Siquiera este general hubiese sido como Velasco Alvarado, el del Perú, pero no es, es alguien que hizo en la Argentina mientras tuvo tesoro que derrochar, de rey mago, acompañado de una hada madrina, de alguien que alimentaba todas las esperanzas con su sonrisa de felicidad, y que imitaba a Mussolini –uno de sus ídolos– en cuanto a riqueza de disfraces. Todos esos que miran para atrás en política, ¿por qué no releen los discursos de Perón si no los recuerdan? ¿Por qué no se publican sus discursos para los jóvenes que no gustan de informarse? Esto no es tampoco una defensa de los políticos que le siguieron y que hicieron posible esta nostalgia. En todo caso, es una lágrima que suelto por todas las ilusiones que voy perdiendo por los ideales que parecen marchitarse en uno a fuerza de verlos traicionados y desfigurados por aquellos en quienes uno creía.
Termino esta carta. No quiero escribir más de estas cuestiones. Me da asco el Perón de Madrid. Tartarín de Puerta de Hierro. Dejándonos en ridículo a los argentinos con sus multitudes de visitantes que vienen a arrodillarse y esperar de su boca la bendición consagratoria del pequeño puesto en el sindicato o en su partido. Y estoy contra todos los que le siguieron en el poder hasta hacerlo pasar por bueno. Perdóneme Elsa y Bernardo.
Sentí las muertes de los amigos a quienes se refieren: Policastro, Pacenza, Nalé Roxlo, Payró, sobre todo sentí a Payró, fue un verdadero amigo mío al que debo juicios importantes sobre mi obra. Pocos días antes había recibido una muy bella carta suya en la que me narraba recuerdos de su infancia europea. Ahora sí termino. Escríbannos. Aguardamos las cartas de los amigos. Dígannos cuando viajan.

Un fuerte abrazo de los dos para los dos:

[Seoane]


1981-00-00
Contribucións de Murguía a El Museo Universar e a súa influencia en Rosalía de Castro
1983-00-00
Placa na igrexa de Santo Ildefonso de Madrid en lembranza da voda de Rosalía de Castro e Manuel Murguía, celebrada o 10 de outubro de 1858
2019-00-00
«O presidente da República que prologou as Follas novas de Rosalía. Notas a unha relación de Emilio Castelar coa cultura galega (Pardo Bazán vs. Murguía)»
TERMOS CLAVE DO FONDO Persoas: Seoane, LuísSeoane, MaruxaCabanas, ConstantinoPeña, Marina de laCañas, PilarMurguía, ManuelValcárcel, MarcosDíaz Pardo, IsaacCarro García, XesúsCastelao, Faraldo, AntolínBouza Brey, FermínPiñeiro, RamónCastro Gerpe, BlancaDieste, RafaelLence-Santar, EduardoCaneiro, HoracioGonzález López, EmilioOtero Pedrayo, RamónLapa, Manuel RodriguesPicasso, PabloVarela, LorenzoMartín, ElenaGonzalez, MalenaVillares, RamónGarcía-Sabell, DomingoArias “Mimina”, CarmenScheimberg, SimónRisco, VicenteMartínez López, RamónBarreiro Fernández, Xosé RamónGonzález, FlorCarballo Calero, RicardoFraguas, AntonioFalcini, LuísLorenzo Fernández, XaquínSofovich, BernardoPortela Silva, ErmelindoVillar Ponte, AntónFernández del Riego, FranciscoPayró, JulioCunqueiro, ÁlvaroTomé, AlbaCastro, Rosalía deFilgueira Valverde, XoséCabeza de León, SalvadorSenén, FelipeParga Pondal, IsidroPaz-Andrade, ValentínGonzález García-Paz, Sebastián Temáticas: GalegoProxectorvídeoSecundarioFondos de Radio Nacional de España en GalicialiteraturaUniversitarioÁlbum de Galiciapolítica Fondo: Luís Seoane depositado na Fundación Luís Seoane. historia contemporáneaartesprensa escritaartes visuaishistoria medievaletnografíaemigraciónentrevistarelixiónespazos artísticosautores/asnacionalismopatrimonioarqueoloxíaxeografíasocioloxíahistoria antigahistoria modernaasuntos particularestradiciónHistoria. XeografíaLingua. Literaturafiloloxía e lingüísticaantropoloxíaArquivística, biblioteconomía e documentaciónmedios de comunicaciónCamiño de Santiagofiloloxía galego-portuguesaciencias económicas e empresariaisciencia política e da administraciónColección: Isaac Díaz Pardo e Luís SeoaneÁlbum Nóshistoria e institucións económicasmigraciónsAgora. Conferencias e conversas no CCGnacionalismo galegoArtes plásticas, deseño, música, danza e deportelinguaantropoloxía socialGuerra Civil española (1936-1939)

Warning: Unknown: 2 result set(s) not freed. Use mysql_free_result to free result sets which were requested using mysql_query() in Unknown on line 0